Amancio Williams y la Casa Curutchet

Gardinetti, Marcelo

Arquitecto, Editor de Tecnne · La Plata, Argentina

Resumen

El proceso de materialización de la Casa Curutchet en La Plata evidencia una articulación compleja entre concepción proyectual y resolución técnica, mediada por la intervención de Amancio Williams como intérprete local del anteproyecto de Le Corbusier. A partir de documentación limitada, Williams desarrolló una metodología basada en el redibujo analítico, que permitió reconstruir críticamente el sistema espacial y ajustar su coherencia constructiva. Sus modificaciones, centradas en la transparencia del vestíbulo, la reconfiguración de la circulación vertical y la inversión del sistema estructural mediante vigas superiores, reforzaron la continuidad espacial y la legibilidad tectónica del conjunto. La aplicación rigurosa del Modulor organizó la métrica del edificio, mientras que la estandarización de componentes consolidó una lógica constructiva precisa. La obra resultante se configura como una síntesis entre teoría y técnica, donde la figura del intérprete adquiere un rol determinante en la definición material y conceptual del proyecto moderno.

Palabras clave: Casa Curutchet, Amancio Williams, Le Corbusier, arquitectura moderna, Modulor.

Reconstrucción Crítica y Materialización de un Manifiesto Moderno

Marco contractual y selección de Amancio Williams

La génesis de la Casa Curutchet en la ciudad de La Plata se inscribe en un proceso de transferencia cultural que articula el ámbito de producción proyectual europeo con el contexto rioplatense, mediado por condicionantes técnicos y operativos derivados de la distancia. El encargo, promovido por el Dr. Pedro Curutchet, cirujano de formación académica, integraba un programa mixto de vivienda y consultorio que requería una organización precisa de circulaciones, jerarquías espaciales y relaciones entre lo público y lo privado. En este marco, la obra asumía también una dimensión representativa: su materialización debía expresar una adscripción explícita a los postulados de la arquitectura moderna.

Ante la imposibilidad de supervisar la ejecución en sitio, Le Corbusier remitió el 28 de septiembre de 1948 una nómina de profesionales locales con capacidad para interpretar los principios de su obra. Entre ellos figuraban Amancio Williams, el equipo Ferrari-Kurchan, Antonio Bonet y Gómez Gavazzo. La designación de Williams consolidó una articulación operativa que resultó decisiva para la traducción del anteproyecto en un edificio construido, manteniendo la coherencia entre la concepción original y su resolución material.

La elección de Williams respondió a afinidades disciplinares vinculadas a la comprensión de la estructura como generadora de forma, al manejo de la modulación y a la precisión en el desarrollo técnico del proyecto. En la correspondencia posterior, Le Corbusier reconoció en Williams una capacidad destacada para organizar el espacio mediante decisiones claras, en un contexto donde advertía limitaciones en la producción contemporánea europea. La intervención de Williams se caracterizó por un proceso de redibujo analítico que permitió ajustar el sistema de pilotis, la configuración de la fachada y la resolución de los entrepisos, garantizando la continuidad entre la lógica proyectual y la ejecución constructiva. Su participación estableció un control riguroso sobre las operaciones de obra, asegurando que cada componente respondiera a la estructura conceptual definida en el proyecto original.

2. Metodología de la Reinterpretación: El Dibujo como Herramienta Crítica

El proceso de materialización de la Casa Curutchet se inició con una operación de desmontaje intelectual de la documentación recibida desde Francia, compuesta apenas por dieciséis planos generales y doce fotografías de una maqueta de estudio. Para Amancio Williams, la dirección de obra no representaba un acto de administración técnica, sino una labor de configuración arquitectónica que demandaba una reconstrucción crítica del proyecto (Merro Johnston, 2009). La metodología adoptada por su equipo se estructuró a través del dibujo manual como El redibujo operó como un instrumento central de análisis proyectual, en tanto permitió que la reiteración sistemática del trazo funcionara como un mecanismo de comprensión de la estructura espacial y de las intenciones implícitas en el anteproyecto de Le Corbusier. Este proceso de descomposición gráfica facilitó la identificación de vacíos de información y la formulación de ajustes que reforzaban la coherencia interna del sistema sin alterar sus principios formales. La operación no se limitó a la reproducción, sino que implicó una lectura crítica de la modulación, la relación entre estructura y cerramiento, y la articulación de los distintos niveles.

En septiembre de 1949 se produjo un punto de inflexión en este proceso, cuando Williams solicitó precisiones sobre el funcionamiento del Modulor, en función de su incidencia en la organización proporcional del proyecto. En respuesta, Le Corbusier envió una regla de papel de 2,26 metros, concebida como instrumento de verificación directa del sistema. Su incorporación permitió establecer un patrón dimensional que ordenó la definición de alturas, entrepisos y elementos de fachada, consolidando una correspondencia entre escala humana y estructura construida.

La elaboración de más de doscientos planos de detalle evidencia la intensidad de este procedimiento. Cada componente fue desarrollado con un alto grado de precisión, desde la cimentación hasta los dispositivos de cierre, integrando criterios de proporción, repetición y ajuste constructivo. El dibujo asumió así una función operativa, al mediar entre el rigor formal del proyecto original y las condiciones técnicas de la industria local, lo que derivó en una serie de adecuaciones que afectaron la configuración espacial y la resolución material del conjunto.

Casa Curutchet, Hall de Acceso modificación de Amancio Williams

3. La Reconfiguración de la Promenade: El Vestíbulo y la Transparencia Fenomenal

En la secuencia de la promenade architecturale, el acceso se configura como un umbral donde se articula la transición entre la escala urbana y la interioridad doméstica. En el anteproyecto de Le Corbusier, este sector se resolvía como un volumen prismático de mampostería ciega, asimilable a un zaguán tradicional. Su condición opaca y la penumbra resultante establecían una separación marcada respecto del espacio público, reforzando una lógica de ingreso introvertida.

A partir de un análisis de la continuidad espacial del conjunto, Williams identificó una disonancia entre este dispositivo y la planta baja libre definida por pilotis y superficies onduladas. La compacidad del volumen interrumpía la lectura fluida del plano base y alteraba la relación entre estructura, vacío y recorrido. En consecuencia, propuso sustituir el cerramiento macizo por una envolvente vidriada, transformando el vestíbulo en un volumen transparente integrado al espacio circundante.

Esta operación introdujo un régimen de transparencia que permite la superposición perceptiva de planos, en línea con lo que Colin Rowe conceptualiza como transparencia fenomenal. El vestíbulo deja de operar como límite para asumir una condición de filtro, donde la percepción se construye a partir de reflejos, continuidades visuales y variaciones lumínicas. La materialización como pan de verre reorganiza la experiencia del acceso: la mirada atraviesa el volumen y anticipa la profundidad del conjunto, mientras el claroscuro del nivel inferior adquiere una mayor complejidad.

Estudios posteriores han señalado la correspondencia entre esta solución y ciertas alternativas exploradas en etapas preliminares del proyecto en París. La aceptación de la modificación por parte de Le Corbusier confirma la coherencia de la intervención, al reconocer que la transparencia del acceso permite articular una transición lumínica progresiva hacia el piano nobile. De este modo, el plano base consolida una continuidad espacial que se proyecta en sentido vertical mediante una circulación regulada por una métrica precisa.

4. Métrica y Ritmo de la Circulación Vertical

La reconfiguración del sistema de circulación vertical constituyó uno de los principales puntos de divergencia respecto del esquema inicial, y pone en evidencia un enfoque proyectual orientado a reforzar la coherencia entre recorrido, estructura y organización espacial. En la propuesta de Le Corbusier, la escalera incorporaba un primer tramo perpendicular al eje longitudinal de la vivienda, lo que introducía una inflexión en la secuencia de ascenso. Williams objetó esta disposición por considerar que interrumpía la continuidad del desplazamiento y no se correspondía con la lógica de las plantas libres. En su reformulación, estableció un desarrollo estrictamente longitudinal, ajustando los puntos de llegada en cada entrepiso y alineando el movimiento vertical con la direccionalidad general del conjunto (Merro Johnston, 2009).

Sobre esta base geométrica, Williams introdujo una modulación diferenciada en los peldaños, mediante la variación controlada de huellas y contrahuellas. Este recurso, ya ensayado en la Casa sobre el Arroyo, permitió graduar la intensidad del ascenso: los tramos inferiores, vinculados a áreas de uso más público, presentan una pendiente más pronunciada, mientras que en los niveles superiores la inclinación se atenúa, acompañando la transición hacia ámbitos de mayor privacidad (Williams, 1950). La escalera se configura así como un dispositivo que articula no solo niveles, sino también condiciones de uso y percepción.

La definición dimensional del conjunto se rigió por una aplicación estricta del Modulor, particularmente de la serie azul. La altura total de la caja de escalera se estableció en 9,58 metros, en tanto que el ancho de los tramos y la altura de las barandillas ciegas se fijaron en 86 centímetros. A su vez, la reducción del espesor de las losas en los descansos a 27 centímetros contribuyó a una percepción de ligereza, al desvincular visualmente la escalera de la estructura portante principal. Esta precisión métrica en el desarrollo vertical encuentra correspondencia en la organización de los planos horizontales, donde los niveles de habitación se definen mediante una lógica tectónica igualmente rigurosa.

Casa Curutchet, ingreso a la rampa. propuesta de Amancio Williams

5. Tectónica de los Planos Horizontales: El Sistema de Vigas Invertidas

La modificación más significativa introducida por Williams en el sistema estructural se sitúa en la configuración de los entrepisos. En el anteproyecto procedente del estudio de Le Corbusier, las losas nervadas de 40 centímetros de espesor incorporaban vigas inferiores vistas, lo que obligaba a la incorporación de cielorrasos suspendidos para resolver la ocultación de la estructura resistente y de las instalaciones. Esta disposición fragmentaba la lectura del plano horizontal, al introducir una doble estratificación entre soporte y acabado.

Williams invierte este esquema mediante la reubicación de las vigas por encima de la losa de hormigón armado. Esta operación reorganiza la sección constructiva y permite resolver el intradós como una superficie continua, sin interrupciones visuales. El resultado es una lectura homogénea del plano de cielorraso, que refuerza la autonomía de los horizontes interiores como elementos compositivos fundamentales del espacio.

La inversión estructural habilita además la incorporación de un suelo técnico intermedio. Williams diseña un sistema de piso elevado apoyado sobre pequeños puntos de apoyo de mampostería, generando un vacío accesible entre la losa estructural y el plano de uso. Este espacio intersticial permite alojar instalaciones y canalizaciones sin afectar la continuidad del hormigón armado, introduciendo una lógica de mantenimiento desacoplada de la estructura principal. El espesor total del conjunto se mantiene en 40 centímetros, mientras que la altura libre de 2,26 metros en los espacios habitables establece una correspondencia directa con la modulación del Modulor y con los ritmos de circulación vertical.

Sin embargo, la solución presenta tensiones en las superficies expuestas. La presencia de vigas sobre la losa en las terrazas condiciona el comportamiento del drenaje, generando acumulaciones de agua en determinados puntos. El propio Dr. Curutchet señaló la aparición de encharcamientos vinculados a pendientes insuficientes y a la obstrucción de sumideros por sedimentos, lo que evidencia una fricción entre la precisión del sistema constructivo y las exigencias climáticas del sitio.

Aun con estas limitaciones, la continuidad de los planos horizontales se mantiene como uno de los principios rectores del proyecto. La inversión estructural permite preservar la nitidez de los cielorrasos y consolidar una relación directa entre fachada, interior y control ambiental, donde la lógica tectónica se articula con la organización espacial del conjunto.

6. Paisaje Escultórico en la Cubierta: Objetos Técnicos y Estandarización

El tratamiento de la planta de techos en la Casa Curutchet reorganiza una superficie inicialmente concebida como ámbito técnico y de escasa definición espacial, transformándola en un sistema de piezas con fuerte carga plástica. Williams entiende este nivel superior como una prolongación del campo compositivo del edificio, donde los elementos de servicio adquieren autonomía formal sin perder su integración estructural.

El depósito de agua se resuelve como un volumen bicilíndrico de clara referencia a tipologías industriales, en particular a los silos, incorporando una presencia vertical que equilibra la horizontalidad dominante de la terraza. En paralelo, se desarrollan lucernarios tubulares de doble tapa destinados a la ventilación e iluminación cenital de los espacios sanitarios. Estos dispositivos se ajustan a la lógica métrica del Modulor, con alturas normalizadas de 1,40 y 2,26 metros, lo que permite su integración dentro de un sistema proporcional continuo (Merro Johnston, 2009).

Este principio de estandarización se extiende al conjunto de cerramientos y carpinterías. Williams redefine el pan de verre mediante paños de vidrio correderos de 0,86 metros, eliminando elementos de encuadre innecesarios para reforzar la continuidad visual entre interior y exterior. La modulación unificada permite articular una correspondencia rítmica entre los distintos componentes de fachada, en relación con lo que Lapunzina (1997) denomina las tres articulaciones principales del alzado: pilotis, carpinterías y brise-soleil.

El ajuste a la medida de 0,86 metros establece una métrica homogénea que ordena tanto la composición como la fabricación de los elementos, acercando el sistema constructivo a una lógica de estandarización industrial. Este criterio se verifica también en dispositivos específicos como el portón de garaje de doble movimiento, diseñado para adaptarse con precisión a la pendiente de la rampa de acceso.

La atención extrema al detalle técnico, llevada hasta el nivel de cada mecanismo, intensifica la coherencia del sistema constructivo, aunque introduce una carga operativa significativa en la gestión de la obra. En este punto, la búsqueda de exactitud constructiva se convierte en un factor determinante en la evolución del proceso de ejecución.

7. La Ruptura Contractual: Conflicto entre Rigor Metodológico y Urgencia Pragmática

La relación profesional entre el Dr. Pedro Curutchet y Amancio Williams concluyó en septiembre de 1951, una vez finalizada la estructura de hormigón armado del volumen posterior. La ruptura se produce en el marco de una creciente tensión entre dos lógicas de proyecto: por un lado, la metodología de Williams, basada en una depuración progresiva y en la verificación exhaustiva de cada solución técnica; por otro, las exigencias de orden temporal y económico del comitente, que presionaban por la habilitación de la vivienda en plazos definidos.

En este contexto, el 11 de septiembre de 1951 el Dr. Curutchet solicita garantías de habitabilidad para marzo de 1952, planteando un cronograma cerrado que condicionaba el desarrollo de la obra. Williams considera que dicha exigencia compromete los niveles de precisión constructiva requeridos por el proyecto, y responde el 21 de septiembre de 1951 aceptando su desvinculación. En su comunicación, señala la imposibilidad de sostener una conducción responsable bajo restricciones temporales que afectaran la consistencia técnica del conjunto.

El Dr. Curutchet, en desacuerdo con la dinámica del proceso, caracteriza posteriormente la gestión de Williams como excesivamente lenta y poco eficiente, y procede a su reemplazo por el arquitecto Simón Ungar. La decisión marca el cierre de una etapa de desarrollo intensivo del proyecto, aunque no interrumpe la continuidad material de la obra.

En efecto, la construcción se apoya de manera decisiva en el corpus técnico elaborado durante la dirección de Williams, particularmente en los más de doscientos planos de detalle que definieron el sistema estructural, las carpinterías y la organización de los espacios. Este conjunto documental garantiza la permanencia de la coherencia proyectual en las fases posteriores de ejecución.

A pesar de su interrupción, la colaboración deja como resultado una obra donde la figura del intérprete adquiere un peso determinante en la configuración del proyecto, situándose en un plano de incidencia intelectual equiparable al del autor inicial dentro del proceso de materialización arquitectónica.

8. Conclusión: La Reconstrucción Crítica como Legado Contemporáneo

La relevancia de la Casa Curutchet dentro de la cultura arquitectónica contemporánea se explica, en gran medida, por el alcance del trabajo desarrollado por Amancio Williams, cuya intervención excede la mera resolución constructiva para configurarse como una reconstrucción analítica del proyecto original. Su participación introduce una lectura sistemática del anteproyecto de Le Corbusier, mediante la cual la propuesta adquiere una mayor densidad técnica y una precisión material que refuerza su coherencia interna.

En este proceso, la operación sobre el vestíbulo y su transformación en un plano de transparencia redefine la relación entre interior y exterior bajo la lógica de la transparencia fenomenal. La reconfiguración de la circulación vertical, basada en una modulación rítmica derivada de experiencias previas como la Casa sobre el Arroyo, introduce una continuidad espacial que articula los distintos niveles de la vivienda. A su vez, la inversión del sistema estructural reorganiza la sección constructiva, asegurando la legibilidad de los planos horizontales y su autonomía respecto del soporte técnico.

Estas intervenciones no alteran el enunciado original del proyecto, sino que lo precisan mediante decisiones constructivas que afinan su lógica espacial. En este sentido, la obra resultante puede entenderse como una síntesis entre concepción teórica y verificación técnica, donde la interpretación proyectual adquiere un papel activo en la definición del objeto arquitectónico.

Desde una perspectiva urbana, la Casa Curutchet se integra en la trama de La Plata sin diluir su condición de objeto autónomo. Su relación con el paisaje pampeano se establece a través de una serie de mediaciones formales y técnicas que articulan el volumen construido con el entorno inmediato. El uso del Modulor como sistema de coordinación dimensional permitió además ajustar la obra a ciertas restricciones normativas, evidenciando una lectura operativa de la regulación urbana existente.

En conjunto, la Casa Curutchet se consolida como un caso singular dentro de la arquitectura moderna, en el que la reconstrucción crítica realizada por Williams funciona como soporte estructural del proyecto. Su valor reside en la capacidad de articular precisión técnica, interpretación proyectual y adaptación contextual dentro de un mismo sistema arquitectónico.

Marcelo Gardinetti

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Marcelo Gardinetti

Arquitecto, editor de Tecnne. Ver perfil ORCID

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