Gardinetti, Marcelo
Arquitecto, Editor de Tecnne · La Plata, Argentina
Resumen
El texto aborda la crisis ontológica de la arquitectura contemporánea, caracterizada por la primacía de la imagen y la disolución de la presencia material del edificio, planteando la necesidad de restituir una experiencia perceptiva auténtica. El análisis se centra en el pensamiento y la obra de Peter Zumthor, examinados a través de una conversación crítica que explora los fundamentos fenomenológicos de su praxis. A partir de la relación entre memoria biográfica, materialidad y construcción, el texto estudia cómo la experiencia sensorial —táctil, acústica y visual— configura la arquitectura como fenómeno vivido. Se analizan conceptos clave como la atmósfera, la precisión constructiva y la ética del ensamblaje, en diálogo con referencias a Joseph Beuys y la música de Johann Sebastian Bach. La investigación examina además la crítica de Zumthor a la arquitectura entendida como signo, proponiendo en su lugar una arquitectura de presencia, donde el detalle, la estructura y el material articulan un todo coherente. Se concluye que su obra establece un modelo disciplinar basado en la fidelidad a la materia y la construcción, donde la arquitectura recupera su condición de realidad tangible y experiencia significativa.
Palabras clave: fenomenología arquitectónica, Peter Zumthor, experiencia sensorial, materialidad en arquitectura, teoría arquitectónica contemporánea.
1. Fundamentos de la praxis arquitectónica según Peter Zumthor
Tecnne: Profesor Zumthor, en su corpus teórico usted otorga una importancia estratégica a la memoria, alejándola de cualquier deriva nostálgica para situarla como un cimiento estrictamente proyectual. Me interesa indagar en esa transición entre la vivencia inconsciente del espacio en la infancia y la práctica reflexiva del arquitecto que «sonda» esos recuerdos. ¿Cómo logra que esas imágenes primordiales, el tacto de un metal, la luz de una estancia ordinaria, se conviertan en la base de una atmósfera saturada de realidad?
Peter Zumthor Cuando me detengo a pensar en arquitectura, las imágenes que emergen en mi mente no son abstracciones técnicas ni esquemas teóricos, sino realidades vividas que conservan un saber anterior a cualquier formación académica. Existe una distinción fundamental entre el conocimiento que he adquirido con el paso del tiempo sobre la disciplina y esas imágenes de mi infancia, cuando habitaba la arquitectura sin reflexionar sobre ella. Para mí, proyectar es, en esencia, un acto de sondear recuerdos para recuperar la presencia más obvia de las cosas. Aquella cocina en casa de mi tía, por ejemplo, no tenía nada de especial; era una cocina ordinaria, pero su atmósfera ha quedado fundida para siempre con mi representación de lo que «es» una cocina. Recuerdo la inflexible dureza de las pequeñas baldosas hexagonales de color rojo oscuro en el suelo y el olor singular a pintura al aceite que emanaba del armario. No hay nada metafórico en ello; es la densidad de lo real lo que busco. En el proceso proyectual, trato de encontrar esa exactitud situacional donde todo parece tener su lugar y su forma justa, permitiendo que el usuario experimente ese asomo de plenitud que le haga pensar: «esto ya lo he visto alguna vez», a pesar de que la obra sea absolutamente nueva y distinta.
Tecnne: Esa búsqueda de la exactitud sensorial parece extenderse incluso a la dimensión acústica y táctil de los tránsitos. Usted ha descrito con minuciosidad la resistencia de un picaporte o el sonido de una puerta al cerrarse. ¿Hasta qué punto el oído y el tacto son herramientas de conocimiento arquitectónico tan rigurosas como la vista?
Peter Zumthor Son absolutamente esenciales. Aún creo sentir en mi mano aquel picaporte de metal en el jardín de mi tía, con una forma parecida al dorso de una cuchara. Agarrar ese trozo de metal era el signo de entrada a un mundo de sentimientos y aromas variados. No era un objeto decorativo, era un umbral táctil. Del mismo modo, el sonido de los guijarros bajo mis pies o el brillo suave de la madera de roble en una escalera bien fregada constituyen los cimientos de los estados de ánimo que trato de evocar. El oído registra la identidad de un espacio de manera implacable. Pienso en el particular sonido que cada puerta emite al cerrarse: algunas lo hacen de un modo suave y elegante, otras con un fino y justo chirrido, y otras con una dureza intimidante o magnífica. Si un arquitecto ignora estas cualidades, está construyendo un decorado, no un cuerpo vivo. El dibujo no debe ser una mera copia de una idea, sino una herramienta para que, a través de la imaginación, podamos oír y tocar lo que todavía no existe pero ya comienza a hacerse en el espíritu.
2. Materialidad y lenguaje de la construcción
Tecnne: Pasando de la memoria a la inmanencia de la construcción, usted problematiza la relación entre el material y su exégesis cultural. Observamos en su obra una afinidad con el Arte Povera y las acciones de Joseph Beuys, donde el material parece liberarse de significados accesorios. ¿Cómo puede un material adquirir ese «brillo» o resonancia poética sin caer en el uso epidérmico o puramente decorativo?
Peter Zumthor Los materiales, por sí mismos, no son poéticos. No existe una cualidad estética intrínseca en la piedra, la madera o el acero que garantice el sentido de una obra. La cualidad poética surge únicamente cuando se generan las relaciones formales y de sentido pertinentes dentro del objeto arquitectónico. En esto, las lecciones de Joseph Beuys y del Arte Povera son fundamentales: ellos emplean el material de un modo preciso y sensorial, enraizado en un saber ancestral que libera la esencia propia de la materia, despojándola de cualquier mediación cultural que la eclipse. En mi trabajo, intento que el material hable un lenguaje propio. El sentido surge cuando logramos suscitar significados que solo son perceptibles en ese objeto específico y de esa manera particular. Debemos preguntarnos incesantemente qué puede significar un material en un determinado conjunto. Si la respuesta es correcta, el material puede aparecer bajo una nueva luz, adquiriendo una resonancia y un brillo que trasciende su uso habitual, permitiendo que la arquitectura brote de las cosas y vuelva a las cosas.
Tecnne: Esa resonancia de la que habla parece exigir una estructura interna de gran claridad. Usted ha comparado la arquitectura con la transparencia estructural de la música de Johann Sebastian Bach. ¿Cómo se traslada esa capacidad de seguir «hilo a hilo» el tejido compositivo al arte de ensamblar un edificio concreto?
Peter Zumthor La música de Bach es asombrosa porque su construcción es de una transparencia absoluta. Es posible seguir, uno a uno, los elementos melódicos, armónicos y rítmicos sin perder por ello la percepción de la composición como un todo, donde toda particularidad encuentra su sentido. Para mí, el núcleo de toda tarea arquitectónica reside precisamente en el acto de construir. Es aquí, cuando se levantan y se ensamblan los materiales concretos, donde la arquitectura pensada se convierte finalmente en parte del mundo real. Siento un respeto profundo por el arte del ensamblaje, por el saber de los constructores e ingenieros. Proyectar es configurar un todo con sentido a partir de muchas particularidades. La arquitectura solo alcanza su verdad cuando se manifiesta como testimonio de la capacidad humana de construir cosas concretas, donde la estructura subyacente es tan clara que el usuario puede barruntar las reglas que determinan su existencia.
Tecnne: Existe una dimensión ética en ese «trabajo meticuloso» del artesano que usted reivindica. A menudo se percibe en sus obras que hay, literalmente, mucho trabajo encerrado. ¿Cree usted que el cuidado y el esfuerzo humano quedan depositados en la materia de tal forma que el habitante puede sentirlos sin mediación intelectual?
Peter Zumthor Es una representación que se acerca a los límites de la reflexión sobre el valor de una obra, pero estoy convencido de que es así. Muchas veces, cuando me conmueve un edificio, una pieza literaria o un cuadro, es porque percibo que el trabajo se conserva realmente dentro de las cosas que salen bien. El meticuloso cuidado y el saber de la persona que lo ha hecho laten en el objeto. No es algo que se pueda explicar solo mediante la razón; es una vibración. Si un edificio logra conmover de la misma forma que una balada de John Coltrane o el timbre de una voz humana, es porque el ensamblaje de sus partes ha sido realizado con una devoción que trasciende la utilidad. La arquitectura tiene su propio ámbito existencial y mantiene una relación especialmente corporal con la vida; por ello, el esfuerzo invertido en su construcción es lo que le otorga su peso en el mundo.

3. Tranquilidad perceptiva y experiencia espacial
Tecnne: Frente a esta integridad de la construcción, usted se muestra crítico con el paisaje de la posmodernidad y lo que define como un «mundo artificial de signos». En una era donde la arquitectura se utiliza como mensaje publicitario o gesto arbitrario, ¿cómo puede el edificio recuperar su función de «cobertura y trasfondo de la vida»?
Peter Zumthor Vivimos en una era de arbitrariedad donde la comunicación de masas produce un ruido visual constante. Las cosas se muestran a menudo solo como signos de otras cosas, mientras que la verdadera cosa permanece oculta. Robert Venturi decía aquello de que «Mainstreet is almost all right», pero esa aceptación de la inhospitalidad de nuestra época me resulta ajena. Mi visión es que la arquitectura no debe ser ni mensaje ni signo. Un edificio debe ser un receptáculo sensible para el ritmo de los pasos en el suelo, para la concentración del trabajo o el sosiego del sueño. Cuando la composición de un edificio se basa en desarmonías, fragmentaciones o ritmos rotos para transmitir un mensaje ideológico o formal, la curiosidad se disipa en cuanto se comprende el enunciado. Lo que queda entonces es la pregunta sobre la utilidad del objeto para la vida práctica. Prefiero una arquitectura que se retire y permita la tranquilidad de la percepción.
Tecnne: Esa tranquilidad de la percepción a la que alude parece requerir que el objeto «descanse en sí mismo». ¿Es esta la vía para trascender la tiranía de los símbolos y alcanzar lo que usted llama la «cosa verdadera»?
Peter Zumthor Precisamente. Cuando contemplamos objetos o edificios que parecen descansar en sí mismos, nuestra percepción se vuelve sosegada y sin aristas. El objeto no nos impone un enunciado; simplemente está ahí. En ese vacío de la percepción, sin prejuicios ni afán de posesión, puede emerger en el espectador un recuerdo que procede de lo hondo del tiempo. Ver el objeto significa ahora barruntar el mundo en su totalidad. En las cosas corrientes de la vida cotidiana reside una fuerza especial; solo hay que mirarlas el tiempo suficiente para verlas. La arquitectura debe ofrecer una resistencia a la inhospitalidad mediante la creación de objetos que no sean portadores de mensajes artificiales, sino cuya presencia sea obvia y tranquila. Trascender los signos es permitir que la realidad aparezca de nuevo ante nosotros.
Tecnne: En este contexto de rigor, el detalle adquiere una dimensión ontológica que lo aleja de lo ornamental. Usted afirma que un detalle logrado es el que conduce a la comprensión del todo. ¿Podría explicar esa «fuerza mágica» que emana de elementos aparentemente ínfimos, como dos clavos en un umbral?
Peter Zumthor Los detalles no son decoración. No deben distraer ni entretener; su misión es fortalecer la serena presencia de la obra. Son estadios intermedios que determinan el ritmo formal y la finura de la medida del edificio. Deben expresar lo que exige la idea fundamental: tensión, ligereza, fricción o solidez. Pensemos en esos dos clavos en el suelo que mantienen firmes las placas de acero junto a un umbral desgastado; si están bien colocados, pueden desencadenar sentimientos profundos porque pertenecen a la esencia del objeto y revelan el cuidado puesto en la unión de los materiales. En toda creación cerrada en sí misma se aloja una fuerza mágica; es el encanto de un cuerpo arquitectónico plenamente desarrollado donde cada junta y cada ensamblaje están allí para servir a la idea del todo.

4. La anatomía del dibujo
Tecnne: Es revelador que usted prefiera el carácter objetivo de los planos de obra frente a la seducción de los dibujos de proyecto. ¿Existe en el dibujo técnico una «anatomía» que prefigura la vibración interna del edificio, casi como si se tratara de la construcción de un instrumento musical?
Peter Zumthor Absolutamente. Los dibujos de proyecto a menudo intentan convencer o seducir, pero los planos de obra son detallados y objetivos. Se caracterizan por la certidumbre; parecen decir: «esto se hará exactamente así». Tienen el carácter de dibujos anatómicos que muestran el misterio de la tensión interna: las geometrías ocultas, la fricción de los materiales y el trabajo humano incorporado. Las estructuras portantes de una casa deben estar dispuestas de tal forma que pongan al cuerpo arquitectónico en un estado de vibración interna. Los violines se construyen de esta manera, y un edificio debería aspirar a esa misma tensión vital. Si la estructura vibra correctamente, el edificio se convierte en un cuerpo sensible que no necesita retórica personal para ser.
Tecnne: Pasando de la anatomía del edificio a su inserción en el territorio, usted utiliza la metáfora de «arrojar una piedra al agua» para describir la intervención en un lugar preexistente. ¿Cómo logra lo nuevo estimular una visión renovada de lo antiguo sin destruir la esencia de la situación histórica?
Peter Zumthor Intervenir en una situación histórica es un acto de gran responsabilidad. El objetivo es que el nuevo edificio quede soldado de manera natural con la forma e historia del lugar. Al arrojar la piedra, el agua se arremolina y vuelve a asentarse; la perturbación es necesaria para que el estanque ya no sea el mismo, pero la piedra debe encontrar su sitio. Un edificio que es aceptado en su entorno parece decir: «soy como tú me ves, y pertenezco a este lugar». Para lograr esto, lo nuevo debe poseer propiedades que entren en una relación de tensión con lo que ya está allí, creando un nuevo sentido. Se trata de observar el mundo de la construcción con precisión y asir lo que es valioso, corrigiendo lo que estorba para que lo nuevo y lo viejo dialoguen en una nueva totalidad.
Tecnne: En este proceso de creación de sentido, usted cita a John Berger y su concepto del «sistema radial» de la rememoración. ¿Cómo puede un edificio ser, simultáneamente, un objeto personal, político, dramático e histórico sin perder su unidad formal?
Peter Zumthor Berger explica que lo recordado no es un punto final en una línea, sino un sistema radial donde numerosos estímulos convergen. Un edificio debe ser capaz de hablar de múltiples maneras al sentimiento y a la razón. Para que una obra sea vista en términos que abarquen lo cotidiano y lo histórico, debe respetar el proceso de rememoración del usuario. Esto se logra dotando a la arquitectura de una densidad que permita diferentes accesos a la «cosa». Si el edificio es coherente con su construcción y su lugar, se convierte en un sistema radial de significados que ancla la experiencia humana al espacio, permitiendo que el habitante encuentre sus propias conexiones con el mundo.

5. Razonamiento práctico y ética constructiva
Tecnne: Frente a la falta de valores comunes en la actualidad, usted aboga por una «arquitectura de razón práctica». ¿Es esta una forma de resistencia contra lo visionario o lo excesivamente teórico que a menudo ignora las necesidades fundamentales del habitar?
Peter Zumthor Soy partidario de una arquitectura de razón práctica porque estos tiempos de transformaciones constantes no permiten grandes gestos vacíos. Hay pocos valores comunes que todos compartamos, por lo que debemos construir sobre aquello que todos aún podemos conocer, entender y sentir. La razón práctica consiste en contemplar con precisión el mundo de la construcción y responder de modo exacto y crítico a las preguntas sencillas del lugar y el uso. No me interesa la realidad de las teorías desprendidas de las cosas; me interesa la realidad de la tarea constructiva concreta. La arquitectura debe ser un objeto que no exponga nada, sino que sea algo, una morada verdadera para el ser humano.
Tecnne: Entrando en el ámbito de la estética pura, usted se refiere a la belleza como una «dura pepita», citando a William Carlos Williams. Si la máquina —y por extensión el edificio— es algo que no debe tener partes superfluas, ¿cómo se concilia esa dureza con la capacidad de conmover?
Peter Zumthor La belleza no tiene partes superfluas; es una sustancia concentrada que surge de la precisión. William Carlos Williams decía que no hay ideas si no es en las cosas. Yo procuro permanecer duro junto a la cosa, confiando en que el edificio, si se ha pensado con la suficiente precisión para su lugar y su función, despliegue su propia fuerza sin necesidad de añadiduras artificiales. La belleza es una «dura pepita» porque posee un núcleo de verdad inatacable. En mi trabajo no intento producir emociones de manera forzada, sino dejar que las emociones se expandan a través de la exactitud de los objetos. Solo cuando se alcanza ese grado de concentración y verdad, la arquitectura puede considerarse lograda.
Tecnne: Esta búsqueda de la precisión nos lleva a la paradoja de Leopardi que Italo Calvino analiza: el poeta de lo vago solo puede ser el poeta de la precisión. ¿Es necesario un rigor técnico extremo para alcanzar esa atmósfera indeterminada y poética que caracteriza a sus espacios?
Peter Zumthor Exactamente. Calvino concluye que para hacernos gustar de la belleza de lo indeterminado se exige una atención extremadamente precisa y meticulosa en la definición de los detalles, en la selección de los objetos y en la iluminación de la atmósfera. Si quiero que un espacio tenga una cualidad mágica o «vaga» que conmueva al visitante, debo ser implacable con las medidas, las juntas y la materialidad. La profundidad y la riqueza de estratos de significado no se proyectan de forma abstracta; emergen de las propias cosas cuando se las conoce con precisión y se deja que ejerzan sus derechos. La fuerza de un edificio brota de su fidelidad a las leyes propias de la materia y de la tarea constructiva.
6. Conclusión: presencia y realidad en la arquitectura
Tecnne: Finalmente, hablemos de la relación entre realidad material y construcción conceptual que genera la experiencia de la obra. Usted cita a Inger Christensen para sugerir que la belleza surge a menudo de la conciencia de una ausencia. ¿Es la arquitectura, en última instancia, un ejercicio de nostalgia por una plenitud que siempre nos falta?
Peter Zumthor En la experiencia de la belleza se nos hace consciente una ausencia. Aquello que me conmueve contiene ambas cosas: gozo y dolor. El gozo por la forma lograda y el dolor por lo que falta. Como dice Martin Walser: «Cuanto más le falte a uno, más hermoso puede hacerse lo que uno ha de movilizar para soportar esa ausencia». La arquitectura es materia concreta, pero la chispa de la obra de arte solo se enciende entre la realidad de las cosas y la imaginación. Esa «dura pepita de la belleza» es una forma de compensar nuestra fragilidad. La belleza real a menudo contiene esa pátina de melancolía, una conciencia del transcurso del tiempo y de la vida humana que ha pasado por los lugares.
Tecnne: Para concluir, profesor Zumthor, en un mundo que celebra lo inesencial, ¿cuál es la misión última de la arquitectura como estrategia de praxis arquitectónica basada en la fidelidad a la materialidad y a la función?
Peter Zumthor La arquitectura debe reflexionar sobre sus tareas originarias. No es un vehículo para símbolos ajenos a su esencia. En una sociedad que se desgasta en significados superficiales, la arquitectura debe oponer resistencia hablando su propio lenguaje: un lenguaje de presencia, integridad y silencio. Mi objetivo es que, al final del proceso, el arquitecto pueda retirarse, dejando atrás un edificio que sea por sí mismo, que sirva para habitar como una parte natural del mundo de las cosas. La arquitectura debe ser un objeto que no exponga nada, sino que sea algo; un cuerpo sensible que garantice la realidad de la vida pasada y presente. Nuestra ética es responder con exactitud crítica a las preguntas del lugar, manteniendo la fidelidad a las cosas y permitiendo que la obra, en su estar callado, ofrezca una morada verdadera. Solo a través de esta honestidad material y formal puede la arquitectura recuperar su capacidad de ser, sencillamente, real.
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El corpus proyectual y teórico de Peter Zumthor evidencia que la arquitectura alcanza su sentido pleno cuando conjuga memoria, materialidad y construcción meticulosa, garantizando una experiencia perceptiva auténtica y ética. Su obra demuestra que la atención al detalle, la transparencia estructural y la fidelidad a la materialidad permiten al edificio sostenerse como un objeto real, independiente de signos arbitrarios o artificios estéticos, y establece un modelo de praxis arquitectónica donde la función, la estética y la ética coexisten de manera integrada.
Fuente: Zumthor, Peter. «Pensar la arquitectura» Barcelona: Editorial Gustavo Gili, 2004.
Imágenes de portada: EFE-Martin-Ruetschi
Cómo citar este artículo:
Gardinetti, Marcelo. «La fenomenología de la arquitectura: una conversación con Peter Zumthor.» Tecnne N° 16, 2026.
DOI: https://doi.org/10.6084/m9.figshare.31402980.
Disponible en: https://bit.ly/zumthor-interview
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