Gardinetti, Marcelo
Arquitecto, Editor de Tecnne · La Plata, Argentina
Resumen
El texto aborda la problematización del lenguaje arquitectónico a fines del siglo XX, centrada en la inestabilidad entre significante y significado desde el posestructuralismo, particularmente a partir de Jacques Derrida. Analiza el Museo Judío de Berlín de Daniel Libeskind como un caso donde la arquitectura se configura como sistema semántico que incorpora la ausencia como componente material. El edificio se organiza mediante dos directrices geométricas disociadas —línea fragmentada y zigzag— que estructuran un campo espacial discontinuo, atravesado por un vacío longitudinal sin función expositiva. Este vacío, junto con fracturas y espacios inaccesibles, se interpreta desde la noción de índice desarrollada por Peter Eisenman a partir de Rosalind Krauss, donde la arquitectura actúa como huella de una ausencia irreductible. El recorrido articula tres ejes vinculados a continuidad, exilio y Holocausto, integrando referencias culturales como Walter Benjamin y Arnold Schönberg. Se concluye que la obra construye un sistema tridimensional de signos en el que la memoria se inscribe mediante discontinuidades, estableciendo una relación inestable entre forma, historia y significado.
Palabras clave: arquitectura deconstructivista, Museo Judío Berlín, índice arquitectónico, memoria y espacio, Daniel Libeskind.
Memoria y vacío como índice en el Museo Judío de Berlín
La posición crítica adoptada por determinados arquitectos hacia finales del siglo XX frente al historicismo posmoderno se sustentó en un marco teórico de alta complejidad, nutrido por aportes multidisciplinares vinculados al posestructuralismo, en particular por las formulaciones de Jacques Derrida. En este contexto, la reflexión arquitectónica se orientó hacia una reconsideración del espacio como construcción semántica, en la que la relación entre significante y significado deja de entenderse como estable. El análisis no se limita a las estructuras presentes, sino que incorpora las ausencias como componentes activos, así como los rastros que estas dejan en la configuración material.
El Museo Judío de Berlín, proyectado por Daniel Libeskind, constituye un caso significativo dentro de este marco conceptual. La arquitectura se plantea como un sistema comunicativo en el que la dimensión narrativa se articula a través de un lenguaje formal complejo. La envolvente y la organización interior integran una serie de elementos que remiten a la presencia histórica de la comunidad judía en Berlín y a su aniquilación durante el Holocausto. En este sistema, adquiere centralidad un vacío longitudinal que atraviesa el edificio en toda su extensión, configurándose como un espacio sin función expositiva directa, cuya condición silenciosa y continua introduce una tensión estructural en el conjunto.
La interpretación de esta operación puede vincularse con el concepto de índice desarrollado por Peter Eisenman a partir de las reflexiones de Rosalind Krauss1. Desde esta perspectiva, la noción de lenguaje arquitectónico se problematiza al cuestionar la estabilidad de los contextos históricos y la correspondencia unívoca entre signo y objeto. El índice no se define como representación directa, sino como huella material que remite a otra cosa ausente. En consecuencia, la arquitectura deja de afirmarse como presencia autónoma y se configura como un sistema en el que la materialidad incorpora la ausencia como condición constitutiva.
En este sentido, el edificio de Libeskind puede entenderse como una estructura indexical, en la que el vacío, las fracturas y las discontinuidades no remiten a una significación cerrada, sino que operan como rastros de una ausencia irreductible. La presencia construida se presenta, así, atravesada por aquello que no puede ser plenamente representado, estableciendo una relación inestable entre forma, memoria y significado.


Geometría y narrativa en el Museo Judío
En el proyecto del Museo Judío de Berlín, Daniel Libeskind establece un sistema de organización basado en dos directrices geométricas: una línea recta fragmentada en múltiples segmentos y una línea en zigzag susceptible de prolongación indefinida. Ambas operan como estructuras autónomas que no convergen en una síntesis formal, sino que se disocian para configurar un campo espacial discontinuo, donde el vacío adquiere un rol constitutivo. Este vacío longitudinal atraviesa el edificio como una traza rectilínea que interrumpe la continuidad del volumen, estableciendo una relación constante entre fragmentación y ausencia.
El proceso generativo se apoya en una serie de principios estructurantes que trascienden la referencia a vestigios físicos. Entre ellos, destaca la construcción de una matriz geométrica no regular basada en triángulos interrelacionados, que remite a una figura comprimida y distorsionada asociada a la estrella de David. A esta operación se superpone una cartografía conceptual en la que el arquitecto traza líneas que conectan las localizaciones de figuras relevantes de la cultura alemana y judía, entendidas como nodos de una red histórica. Este sistema produce una constelación abstracta que articula la planta del edificio. Asimismo, el proyecto incorpora referencias a la ópera Moisés y Aarón de Arnold Schönberg, en la que se plantea la tensión entre lo enunciable y lo inefable, y al texto One Way Street de Walter Benjamin, cuya estructura fragmentaria encuentra correspondencia en la organización espacial del recorrido.
El acceso al museo se realiza a través de la Kollegienhaus, edificio barroco preexistente que actúa como umbral tipológico. Desde allí, una escalera desciende a un nivel subterráneo donde se articulan tres ejes axiales que estructuran la experiencia. El primero, de mayor longitud, conduce a la denominada escalera de la continuidad, cuyo desarrollo ascendente atraviesa los espacios expositivos hasta alcanzar los niveles superiores, introduciendo una lectura vinculada a la persistencia histórica. El segundo eje se dirige hacia un jardín configurado mediante una retícula de estelas de hormigón sobre un plano inclinado, donde la alteración del equilibrio corporal produce una inestabilidad perceptiva asociada a la experiencia del exilio. El tercer eje conduce a la Torre del Holocausto, un volumen de gran altura, cerrado y escasamente iluminado, en el que las condiciones materiales —masa, temperatura y luz— configuran un espacio de percepción restringida.
El vacío central, que recorre longitudinalmente el edificio, es atravesado en distintos niveles por pasarelas que conectan las salas expositivas, estableciendo relaciones visuales y espaciales entre zonas accesibles y áreas vedadas. La presencia de espacios inaccesibles refuerza la dimensión indexical del proyecto, en la que la ausencia se manifiesta como componente activo de la configuración arquitectónica. En el exterior, el volumen mantiene correspondencias métricas con el edificio preexistente, particularmente en la altura de cornisa, e integra los elementos naturales existentes en el sitio. La envolvente metálica, sometida a procesos de oxidación, presenta aberturas dispuestas según la matriz lineal subyacente, estableciendo una relación directa entre la geometría abstracta y la materialidad construida.
El conjunto se configura como un sistema tridimensional de signos en el que la arquitectura articula una secuencia espacial vinculada a la tradición, el exilio y el Holocausto. Las incisiones en la envolvente, junto con la fragmentación volumétrica, introducen una lectura discontinua que remite a una interrupción en la historia urbana. La obra se presenta así como una estructura material en la que la memoria se inscribe mediante operaciones geométricas y tectónicas, configurando un campo de relaciones donde la ausencia se mantiene como condición persistente.
Conclusión: arquitectura como inscripción de la ausencia
El Museo Judío de Berlín consolida una operación arquitectónica en la que la materialidad no se orienta a representar un contenido estable, sino a sostener una tensión constante entre presencia y ausencia. En la propuesta de Daniel Libeskind, el vacío deja de ser residuo espacial para constituirse en elemento estructurante que articula tanto la organización geométrica como la secuencia perceptiva del recorrido. Esta condición redefine el estatuto del espacio arquitectónico, que deja de entenderse como contenedor funcional para operar como dispositivo crítico de memoria.
La incorporación de la noción de índice, en línea con Peter Eisenman, permite interpretar la obra como un sistema de huellas que remiten a una ausencia no representable. Las discontinuidades formales, las interrupciones del recorrido y la inaccesibilidad de ciertos espacios configuran una sintaxis arquitectónica que evita la clausura del significado. En este sentido, la obra no transmite un relato unívoco, sino que construye un campo de interpretación abierto, donde la experiencia corporal activa procesos de lectura fragmentaria.
La relevancia del edificio radica en su capacidad de inscribir la memoria en la propia lógica constructiva, desplazando la representación hacia una materialidad que incorpora la pérdida como condición persistente y operativa.
Marcelo Gardinetti









Referencias:
1 “la idea de un lenguaje arquitectónico se vuelve problemática cuando asume que cualquier contexto histórico es una entidad estable. Puesto que se supone que la representación arquitectónica constituye una relación estable entre un signo y su objeto, la idea del índice en arquitectura intenta minar la idea de que su lenguaje es una presencia física decidible con una relación univoca con un significado. Krauss ha sugerido que la importancia del índice contrarresta la presencia abrumadora de un objeto, en sentido de que se trata de un rastro de otro objeto, y no un signo o una representación de la cosa en sí. Así, en arquitectura un índice trata de negar la presencia pura mediante la representación de un estado de ausencia en la presencia.” (Eisenman,2011 p. 232)
Notas complementarias:
“La ampliación del Jüdisches Museum de Berlín (1988-1999) de Daniel Libeskind (1946), tiene una forma retranqueada y retorcida, es una agresiva e hiriente forma autónoma, mónada de la ausencia, el exterminio y el exilio, pliegue que expresa la acumulación de una tensión interior, comprimida, a punto de estallar o abrirse. Este proyecto, compuesto de formas violentadas, como una estrella de David destrozada o con un rayo de fuego, tiene antecedentes en obras del mismo Libeskind, como su instalación Lines of fire en Ginebra (1988), y se asemeja a piezas de Matthias Goeritz, especialmente la escultura en forma de serpiente de su Museo del Eco (1952). En esta obra, Libeskind continúa la nueva tradición de la arquitectura textual inventada por Peter Eisenman. En esta ocasión las claves están en los textos y las obras de autores judíos contemporáneos: la literatura de E. T. A. Hoffmann inspira el laberinto en el jardín formado por 49 pilares de hormigón alineados e inclinados; hay referencias también a la ópera inacabada Moisés y Aarón de Arnold Schónberg, a las poesías de Paul Celan y a los breves ensayos que Walter Benjamín dedica al laberinto de sus recuerdos de juventud en Berlín recopilados en su libro Dirección única.» Además, sus volúmenes angulosos y puntiagudos están llenos de cortes y agujeros como los que Lucio Fontana imprimía en sus lienzos. Lamentablemente, la museografía que se ha impuesto en el interior del edificio de Libeskind, abigarrada y redundante, contradice las intenciones del autor”. ( Montaner, 2008)
«El Museo Judío de Berlín, abierto al público en 2001, exhibe la historia social, política y cultural de los judíos en Alemania desde el siglo IV hasta la actualidad, presentando e integrando explícitamente, por primera vez en la Alemania de la posguerra, las repercusiones del Holocausto. El nuevo edificio está situado junto al edificio original del Tribunal de Justicia de Prusia, que se terminó de construir en 1735 y que ahora sirve como entrada al nuevo edificio. El diseño de Daniel Libeskind, creado un año antes de la caída del Muro de Berlín, se basaba en tres puntos de vista: es imposible entender la historia de Berlín sin comprender las enormes contribuciones de sus ciudadanos judíos; el significado del Holocausto debe integrarse en la conciencia y la memoria de la ciudad de Berlín; y, finalmente, para su futuro, la ciudad de Berlín y el país de Alemania deben reconocer el borrado de la vida judía en su historia. El visitante entra en la Kollegienhaus barroca y luego desciende por una escalera a través del dramático Vacío de Entrada, hacia el subsuelo. El edificio existente está ligado a la nueva ampliación, a través del subsuelo, preservando así la autonomía contradictoria de las viejas y nuevas estructuras en la superficie. El descenso conduce a tres rutas axiales subterráneas, cada una de las cuales cuenta una historia diferente. La primera conduce a un callejón sin salida: la Torre del Holocausto. El segundo sale del edificio y entra en el Jardín del Exilio y la Emigración, recordando a aquellos que se vieron obligados a abandonar Berlín. El tercero y más largo, traza un camino que conduce a la Escalera de la Continuidad, y luego a los espacios expositivos del museo, enfatizando la continuidad de la historia. Un vacío atraviesa el plan en zigzag del nuevo edificio y crea un espacio que encarna la ausencia. Se trata de una línea recta cuya impenetrabilidad se convierte en el eje central en torno al cual se organizan las exposiciones. Para desplazarse de un lado del museo al otro, el visitante debe cruzar uno de los 60 puentes que se abren a este vacío«. (Daniel Libeskind, Jewish Museum Berlin)
Bibliografía
Eisenman, Peter. Diez edificios canónicos: 1950-2000. Barcelona: Editorial Gustavo Gili, 2011.
Libeskind, Daniel. «Between the Lines: The Jewish Museum, Berlin». Research in Phenomenology 22, n.º 1 (1992): 82-87. https://doi.org/10.1163/156916492X00089.
Libeskind, Daniel. «Jewish Museum Berlin». Libeskind. Accedido el 4 de noviembre de 2019. https://libeskind.com/work/jewish-museum-berlin/.
Montaner, Josep María. Sistemas arquitectónicos contemporáneos. Barcelona: Editorial Gustavo Gili, 2008.
Willemeit, Thomas. Musik und Architektur bei Daniel Libeskind. Archithese, 1998.
Young, James E. «Daniel Libeskind’s Jewish Museum in Berlin: The Uncanny Arts of Memorial Architecture». Jewish Social Studies 6, n.º 2 (2000): 1-23.
Fotografías galería: ©Bitter Bredt
Foto principal: ©Günter Schneider
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