Renneria se plantea como un ejercicio prospectivo que examina la integrada de la arquitectura y el urbanismo a los desafíos contemporáneos de la vivienda en entornos alpinos. Situado en el límite difuso entre ciudad y paisaje, el proyecto de NOA formula un modelo de asentamiento que articula movilidad de baja intensidad, infraestructura verde productiva y una estructura social diversificada. En este sentido, el proyecto opera como un manifiesto construido que ensaya nuevas formas de habitar, donde la morfología arquitectónica, converge con la dimensión comunitaria y la memoria agrícola para delinear un horizonte de urbanidad más sostenible y contextualizada.
Renneria: Un Manifiesto Arquitectónico para el Futuro Urbano en los Dolomitas
A las puertas de Bolzano, en la encrucijada entre el tejido urbano consolidado y el paisaje alpino, NOA postula un laboratorio a escala real para el futuro de la vida comunitaria. El proyecto Renneria es una ambiciosa tesis construida que responde al acuciante desafío de la vivienda en Tirol del Sur. Lo hace proponiendo un modelo de desarrollo basado en «movilidad blanda, espacios verdes agrícolas integrados y una rica gama de servicios públicos», una visión que busca establecer nuevos estándares en calidad de vida, responsabilidad ambiental y cohesión social.
Situado en Pineta di Laives, sobre un terreno de 13 hectáreas, el proyecto toma su nombre del Maso Renner, una granja tradicional del siglo XIV. Esta denominación es una declaración de intenciones que ancla la propuesta en la memoria rural de Tirol del Sur. La identidad agrícola del lugar se convierte en el lecho conceptual y funcional sobre el que se edifica todo el desarrollo, transformando la historia en infraestructura viva. Los promotores, Luca y Matteo Gazzini, reconocen la «fuerte vocación constructiva» del emplazamiento, concibiendo el proyecto como una «continuación natural del asentamiento existente», una integración respetuosa en lugar de una imposición.
La aparente complejidad del proyecto se destila en una visión de cuatro pilares, articulada por el fundador de NOA, Lukas Rungger, que sirve como brújula conceptual para cada decisión de diseño:
• Residencial: Se proponen tipologías de vivienda diversas e inclusivas, diseñadas para acoger a una comunidad heterogénea.
• Cultural: La creación de nuevas instituciones, como bibliotecas y laboratorios, busca estimular la vida intelectual y creativa del barrio.
• Comunal: A pesar de su escala, Renneria aspira a mantener la atmósfera de un pueblo, fomentando la interacción y el sentido de pertenencia.
• Colaborativo: Los huertos urbanos se convierten en el núcleo de una dimensión participativa, invitando a los residentes a reconectar con la tierra y entre sí.
Esta visión conceptual encuentra su manifestación física en una estrategia de diseño urbano que teje un ecosistema comunitario resiliente y vibrante.
El plan maestro de Renneria se fundamenta en un principio de proximidad funcional, tejiendo un ecosistema urbano donde viviendas, lugares de trabajo, escuelas y servicios se entrelazan para priorizar a las personas sobre los vehículos. La estrategia de movilidad es central para este enfoque: un anillo perimetral canaliza la circulación de vehículos privados hacia aparcamientos subterráneos, liberando las calles internas para servicios esenciales. Este modelo de bajo tráfico redefine la calle como un espacio para la socialización y el verdor, consolidado por tres kilómetros de carriles para bicicletas que conectan el barrio.






Las tres plazas públicas
Esta deliberada pacificación del espacio viario culmina en la creación de tres plazas públicas que, en palabras del arquitecto de NOA, Andrea Dal Negro, constituyen el «corazón palpitante de la vida pública». Funcionando como auténticas salas de estar al aire libre, cada una posee un carácter definido:
1. Plaza Sur: Concebida para albergar un mercado, se convertirá en un punto de encuentro para la compra de productos frescos y locales.
2. Plaza Central: Actuará como un centro vibrante de tiendas y cafés, el epicentro de la actividad social y comercial del barrio.
3. Plaza Norte: Se enfocará en la educación y la juventud, acogiendo un centro de cuidado infantil, talleres, residencias estudiantiles, una cafetería, un bar y espacios de entretenimiento, consolidándose como un polo de conocimiento y creatividad.
Esta cuidadosa jerarquización de los espacios públicos se ve reforzada por un lenguaje arquitectónico que dialoga directamente con el paisaje y la función, dotando al conjunto de una coherencia tectónica y visual.
La idea arquitectónica central de Renneria es tan simple como poderosa: extruir el terreno para transformarlo en arquitectura habitable. En lugar de imponerse sobre el paisaje, los edificios emergen de él, como si el propio suelo se elevara para crear espacios de vida, preservando las curvas de nivel existentes. Esta intención da como resultado una «transición fluida entre la ciudad y el paisaje», minimizando el impacto visual y generando una profunda sensación de arraigo. Este concepto se materializa en volúmenes revestidos con lamas de madera, cuya disposición configura un sutil pero deliberado lenguaje tectónico que comunica la jerarquía cívica del barrio: horizontales para los edificios residenciales, verticales para los públicos.


Estrategias de diseño pasivo
Las estrategias de diseño pasivo son clave en la composición. Como explica Andrea Dal Negro, «los edificios varían en altura para preservar las vistas panorámicas y están orientados estratégicamente para maximizar la luz natural y la ventilación». Culminando los volúmenes, los tejados verdes se diseñan como «jardines colgantes accesibles», equipados con áreas de relajación y espacios sociales.
Estos tejados cumplen una doble función: ofrecen un valioso espacio recreativo adicional y actúan como un elemento fundamental de la infraestructura verde, mejorando el rendimiento energético y la biodiversidad. Esta simbiosis entre estética y función conecta el lenguaje arquitectónico con su profundo fundamento en la sostenibilidad.
En Renneria, la infraestructura verde es el pilar sobre el que se construye la identidad y la funcionalidad del barrio. La agricultura urbana, heredera directa del Maso Renner, establece una «profunda continuidad con la identidad histórica del lugar» y funciona como un «auténtico catalizador comunitario». Huertos urbanos, tejados cultivados y frutales se convierten en centros educativos y redes de alimentación local, materializados en la creación de una «escuela agrícola única en su tipo». Es esta infraestructura verde la que hace posible la visión pedagógica del proyecto: el barrio entero se transforma en un «aula distribuida», donde los más de 70.000 m² de «verde profundo» (deep green), jardines educativos, árboles frutales, hierbas, biotopos y plantas ornamentales se integran en el itinerario pedagógico. El verde se organiza estratégicamente, con un jardín lineal al oeste que actúa como barrera acústica y visual, y la activación de corredores ecológicos como el paseo panorámico hacia el mirador de Seit.
Este profundo compromiso con la sostenibilidad se extiende de manera coherente al programa funcional y social, sentando las bases para una comunidad verdaderamente integrada. La resiliencia de Renneria reside en un programa diverso diseñado para construir una comunidad socialmente rica y autosuficiente. El programa se cuantifica en un equilibrio preciso entre densidad y servicio, materializado en las siguientes cifras clave:
• Unidades Residenciales: Aproximadamente 800.
• Programa Funcional: Servicios de barrio, guarderías, un hotel de 4 estrellas superior, tiendas, espacios de entretenimiento y restauración.
• Densidad Edificatoria: 2,2 m³/m².
Más allá de las cifras, la dimensión social del proyecto es primordial. Se ha puesto especial atención en la construcción de una comunidad inclusiva, dedicando unidades de vivienda a grupos específicos como fuerzas del orden, personal sanitario, estudiantes, personas mayores e individuos con necesidades habitacionales específicas. Esta política es una estrategia activa para fomentar la diversidad social y garantizar que Renneria sea un barrio para todos, un lugar donde diferentes generaciones y profesiones puedan convivir y enriquecerse mutuamente.
Renneria trasciende la definición de un simple proyecto de vivienda para proponerse como un manifiesto tangible. A través de la fusión de historia y futuro, la priorización de la vida comunitaria sobre el tráfico y la integración de la agricultura como pilar social y educativo, NOA ha diseñado no solo un lugar para vivir, sino un ecosistema para prosperar. Como concluye Lukas Rungger, Renneria aspira a ser «un laboratorio urbano de innovación, un modelo capaz de combinar crecimiento, calidad de vida y respeto por el medio ambiente». Este espíritu ha sido reconocido a nivel internacional con su selección como uno de los cuatro finalistas mundiales en la categoría «Future Projects – Urban Design» del World Architecture Festival 2025. En una era que exige soluciones urbanas a los desafíos de la densidad, la sostenibilidad y la cohesión social, Renneria ofrece un prototipo convincente de cómo la arquitectura, al servicio de la comunidad y la naturaleza, puede forjar un futuro más equitativo y humano.
©tecnne
Imágenes: ©NOA
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