Gardinetti, Marcelo
Arquitecto, Editor de Tecnne · La Plata, Argentina
Resumen
El texto examina críticamente la evolución del Código de Ordenamiento Urbano de La Plata y sus efectos sobre la morfología, el patrimonio y la estructura territorial de la ciudad. A partir de una lectura histórica del proyecto fundacional higienista, el análisis identifica una progresiva disociación entre planificación urbana y gestión normativa, asociada al avance de dinámicas especulativas y a la flexibilización de los instrumentos regulatorios. La densificación del casco urbano, la sustitución tipológica y la expansión periférica fragmentaria alteraron las relaciones originales entre espacio público, tejido residencial y paisaje vegetal. El trabajo también examina las consecuencias ambientales y funcionales derivadas de las modificaciones normativas, particularmente en relación con el asoleamiento, la infraestructura vial, el drenaje urbano y la saturación de servicios. Finalmente, el estudio plantea la necesidad de recuperar una planificación integral sustentada en criterios técnicos, ambientales e históricos, capaz de restablecer la coherencia morfológica y la habitabilidad urbana de la ciudad.
Palabras clave: urbanismo higienista, morfología urbana, Código de Ordenamiento Urbano, patrimonio arquitectónico, especulación inmobiliaria.
Crisis contemporánea del proyecto urbano fundacional
La configuración original de La Plata, concebida bajo los principios del higienismo decimonónico, constituyó uno de los episodios más consistentes del urbanismo racionalista de fines del siglo XIX. La precisión geométrica de la traza, el sistema diagonal que articula la circulación y la distribución equidistante de plazas y parques configuraron un modelo urbano orientado a la salubridad, la legibilidad espacial y el control del crecimiento. Esta estructura permitió que la ciudad obtuviera reconocimiento internacional en la Exposición Universal de París de 1889, donde fue distinguida como “Modelo de Ciudad Higienista”.
La permanencia parcial de ese trazado fundacional contrasta con las transformaciones que afectan actualmente al tejido urbano. La distancia entre el proyecto original y las dinámicas contemporáneas evidencia un proceso sostenido de deterioro normativo y fragmentación territorial. Aquello que había sido concebido como un sistema urbano integrado, articulado entre espacio público, escala residencial y paisaje, enfrenta hoy presiones derivadas de la densificación inmobiliaria y de la flexibilización de los instrumentos de control urbano.
En este contexto, los intentos institucionales por incorporar a La Plata en la lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO, sustentados en la preservación de la traza y de los edificios fundacionales, se desarrollan en tensión con las condiciones materiales del territorio. La inclusión de la ciudad en la lista de Patrimonio en Peligro elaborada por la World Monuments Fund expone el grado de vulnerabilidad alcanzado por el conjunto urbano. El señalamiento no se limita a la pérdida de edificios aislados, sino que advierte sobre la alteración de la escala histórica, la discontinuidad del paisaje y la erosión de las relaciones espaciales que estructuraban el proyecto original.
El diagnóstico formulado por la organización identifica una secuencia prolongada de modificaciones en la política urbana local y de ordenanzas patrimoniales con escasa capacidad operativa. La superposición de excepciones normativas, junto con la ausencia de mecanismos eficaces de preservación, favoreció procesos de sustitución edilicia que alteraron la morfología residencial y debilitaron la cohesión ambiental de la traza histórica. La contradicción entre el discurso institucional de preservación y las operaciones de desarrollo promovidas sobre el territorio evidencia una disociación entre planificación y gestión urbana.
Este proceso modifica la relación entre el habitante y el entorno construido. La pérdida gradual de referencias arquitectónicas y espaciales afecta la continuidad de la memoria urbana y transforma la percepción colectiva de la ciudad. El deterioro patrimonial no responde únicamente a intervenciones aisladas, sino a una estructura normativa que, durante décadas, priorizó la rentabilidad del suelo por sobre la preservación del valor cultural, ambiental y tipológico del tejido fundacional.

Densificación, expansión periférica y fragmentación socio-espacial
Para comprender la configuración actual de La Plata resulta necesario examinar la evolución de los instrumentos normativos que regularon su crecimiento urbano. La ciudad contemporánea constituye el resultado acumulativo de decisiones legislativas que, durante décadas, modificaron progresivamente las condiciones morfológicas y funcionales previstas en el proyecto fundacional. La transformación del tejido urbano no respondió a una planificación integral sostenida, sino a una secuencia discontinua de regulaciones que habilitaron procesos de densificación y expansión con escasa articulación territorial.
Las primeras alteraciones significativas comenzaron a consolidarse hacia mediados del siglo XX, cuando la flexibilización normativa y la presión del mercado inmobiliario promovieron la construcción en altura dentro del casco fundacional. Este proceso se desarrolló sin una evaluación proporcional de la capacidad infraestructural, de las condiciones ambientales ni de los efectos sobre la escala urbana heredada. La incorporación de edificios de mayor volumen modificó gradualmente la relación entre llenos y vacíos, alteró las condiciones de asoleamiento y ventilación, y produjo una sustitución tipológica que debilitó la homogeneidad residencial característica de la traza original.
De manera simultánea, la expansión periférica operó como complemento estructural de la densificación central. El crecimiento hacia las áreas suburbanas no siguió criterios de equilibrio territorial ni de optimización de servicios urbanos. Por el contrario, se configuró mediante loteos fragmentarios y urbanizaciones de baja cohesión, impulsadas principalmente por la valorización diferencial del suelo. Esta dinámica desplazó progresivamente a los sectores de menores ingresos hacia periferias con déficits persistentes de infraestructura, transporte y equipamiento urbano.
La distribución demográfica actual evidencia esa fragmentación socioespacial. Mientras el casco urbano concentra una proporción minoritaria de la población, la mayor parte de los habitantes reside en un territorio periférico discontinuo y heterogéneo, caracterizado por distintos grados de precariedad urbana. La expansión extensiva del área urbanizada produjo una estructura dispersa que incrementa las dificultades de conectividad, encarece la provisión de servicios públicos y profundiza las desigualdades territoriales.
En este escenario, el mercado inmobiliario asumió un papel determinante en la producción material de la ciudad. La debilidad de los mecanismos estatales de regulación permitió que las lógicas de rentabilidad incidieran directamente sobre la organización del territorio, subordinando criterios de habitabilidad y cohesión urbana a procesos de valorización económica del suelo. Como resultado, la estructura urbana comenzó a reflejar con creciente claridad las diferencias de poder adquisitivo entre sectores sociales, consolidando áreas con niveles desiguales de acceso a infraestructura, espacio público y calidad ambiental.
La persistencia de estas condiciones reinstala la necesidad de recuperar la planificación urbana como instrumento técnico y político de ordenamiento territorial. En términos disciplinares, la planificación constituye una herramienta de articulación entre crecimiento, infraestructura, preservación patrimonial y equidad espacial. Su ausencia favorece procesos fragmentarios; su implementación exige continuidad institucional, capacidad regulatoria y una lectura integral de las relaciones entre forma urbana, dinámica social y paisaje construido.
Transformación normativa y pérdida de planificación integral
La planificación urbana constituye un instrumento técnico y político orientado a ordenar el crecimiento de la ciudad en función de criterios de habitabilidad, accesibilidad y equilibrio territorial. Su formulación implica definir objetivos colectivos, establecer horizontes temporales y coordinar las relaciones entre infraestructura, densidad, movilidad, paisaje y uso del suelo. En el caso de La Plata, este concepto ha sido progresivamente reducido a una lógica administrativa centrada en la delimitación de zonas y en la regulación de indicadores constructivos, desligada de una visión integral del territorio urbano.
La planificación exige una definición precisa de las finalidades del desarrollo urbano y de los mecanismos necesarios para alcanzarlas. Supone, además, continuidad institucional y capacidad de proyección a largo plazo. Sin embargo, gran parte de las intervenciones normativas aplicadas sobre la ciudad respondieron a criterios coyunturales vinculados a la valorización inmobiliaria del suelo. La zonificación dejó de operar como herramienta de organización espacial para convertirse, en numerosos casos, en un sistema de asignación diferencial de rentas urbanas.
Esta lógica afecta directamente la construcción del hábitat colectivo. La gestión urbana se concentra en la administración fragmentaria de parámetros edificatorios mientras pierde capacidad para formular un modelo de ciudad coherente. Como consecuencia, las decisiones sobre densidad, alturas máximas y ocupación del suelo se modifican con frecuencia y sin articulación con estudios integrales de infraestructura, movilidad o impacto ambiental. La inestabilidad normativa debilita la continuidad morfológica del tejido y altera las relaciones de escala que estructuran el paisaje urbano.
La situación de los estadios emplazados en el Bosque constituye un ejemplo representativo de estas contradicciones. Las sucesivas modificaciones administrativas y la ausencia de criterios estables derivaron en soluciones arquitectónicas híbridas, escasamente integradas al entorno paisajístico y desvinculadas de una reflexión territorial de conjunto. La tensión entre equipamiento de gran escala, espacio público y preservación ambiental quedó subordinada a decisiones parciales y discontinuas, incapaces de consolidar un criterio urbano consistente.
Un fenómeno similar puede observarse en las reiteradas modificaciones de las alturas permitidas dentro del casco urbano. La alteración constante de estos parámetros, incluso durante una misma administración municipal, introduce distorsiones volumétricas que afectan la homogeneidad tipológica y la continuidad espacial de las manzanas. La sustitución indiscriminada de tejidos residenciales de baja altura por edificaciones de mayor escala transforma las condiciones de asoleamiento, ventilación y relación entre espacio construido y vacío urbano.
La ausencia de un plan director con capacidad regulatoria favorece la proliferación de excepciones normativas y consolida una lógica de intervención fragmentaria. En este contexto, la excepción pierde su carácter extraordinario y comienza a funcionar como mecanismo ordinario de producción urbana. El resultado es un paisaje heterogéneo, sometido a operaciones aisladas que debilitan la coherencia formal de la ciudad y erosionan progresivamente las cualidades ambientales y patrimoniales que definieron históricamente a La Plata.
Alteraciones morfológicas y deterioro ambiental del tejido urbano
La relación entre normativa urbana, radiación solar y configuración morfológica constituye uno de los factores centrales en la definición de las condiciones de habitabilidad. En términos disciplinares, la altura de las edificaciones mantiene una relación proporcional con el ancho de las vías públicas, ya que dicha correspondencia permite garantizar niveles adecuados de asoleamiento, ventilación e iluminación natural sobre el espacio urbano y las unidades residenciales. Esta articulación entre sección de calle y volumen construido resulta determinante para la calidad ambiental del tejido y para la preservación del arbolado urbano, componente estructural de la identidad paisajística de La Plata.
La traza fundacional de la ciudad incorporó estos principios mediante una relación equilibrada entre espacio edificado, forestación y dimensión de las avenidas y calles. La presencia continua de especies arbóreas, además de contribuir a la regulación térmica y a la absorción de contaminantes, definió históricamente la percepción espacial del casco urbano. Sin embargo, las modificaciones introducidas por el Código de Ordenamiento Urbano alteraron esa lógica al desvincular las alturas edificatorias de las condiciones físicas de la calle y subordinarlas principalmente a criterios de zonificación y valorización del suelo.
Esta transformación normativa produjo efectos directos sobre la morfología residencial. La incorporación de alturas excesivas en parcelas centrales, combinada con restricciones severas sobre el corazón de manzana, generó configuraciones edilicias en las que las mejores condiciones ambientales se desplazan hacia el contrafrente. Como consecuencia, los espacios orientados hacia la vía pública, responsables de construir la relación entre edificio y ciudad, pierden calidad de asoleamiento y ventilación en beneficio de superficies interiores destinadas a maximizar el rendimiento inmobiliario.
La inversión de estas condiciones altera principios elementales de composición urbana. Tradicionalmente, la fachada principal constituía el plano de articulación entre espacio privado y espacio público, organizando visual y ambientalmente la continuidad de la calle. En cambio, la normativa vigente favorece volumetrías que fragmentan el frente urbano y debilitan la coherencia del bloque. El resultado es una sucesión de piezas autónomas cuya lógica responde principalmente a la ocupación intensiva del lote y no a la construcción de una estructura urbana integrada.
Las consecuencias exceden el plano estrictamente formal. La pérdida de radiación solar sobre veredas y fachadas modifica las condiciones microclimáticas del espacio público, afecta el desarrollo del arbolado y reduce la calidad ambiental de las viviendas. La densificación sin criterios bioclimáticos también incrementa la dependencia de sistemas artificiales de climatización, profundizando problemas energéticos y ambientales asociados al funcionamiento edilicio contemporáneo.
Estas transformaciones evidencian la ausencia de criterios técnicos estables en la formulación normativa. La regulación urbana deja de operar como instrumento de equilibrio entre densidad, espacio público y condiciones ambientales, y pasa a responder a procesos de valorización inmobiliaria de corto plazo. La morfología resultante carece de continuidad tipológica y pierde capacidad para construir una imagen urbana coherente, debilitando tanto la calidad espacial del tejido residencial como la relación histórica entre arquitectura, calle y paisaje vegetal que caracterizó a La Plata.
Infraestructura urbana, movilidad y sobrecarga funcional
La sostenibilidad funcional de una capital administrativa depende de la articulación entre planificación territorial, infraestructura de movilidad y localización de los equipamientos institucionales. En La Plata, la concentración de organismos provinciales dentro del casco fundacional consolidó un esquema monocéntrico que incrementa diariamente la presión sobre una estructura circulatoria limitada. El ingreso masivo de trabajadores, usuarios y vehículos provenientes de otros municipios produce niveles de congestión que exceden la capacidad operativa de la red vial y afectan tanto la movilidad general como la calidad ambiental del espacio urbano.
La configuración original de la ciudad, concebida para una escala demográfica y administrativa considerablemente menor, enfrenta dificultades para absorber flujos metropolitanos contemporáneos sin una reorganización funcional del territorio. La acumulación de dependencias estatales en áreas centrales intensifica la demanda de estacionamiento, incrementa los tiempos de desplazamiento y concentra actividades sobre sectores ya sometidos a procesos de densificación edilicia. Esta superposición de cargas funcionales evidencia la ausencia de una política coordinada entre los distintos niveles de administración pública.
En este contexto, la descentralización de oficinas gubernamentales hacia áreas periféricas con acceso directo a rutas y autopistas aparece como una alternativa de reorganización territorial. La relocalización de equipamientos administrativos permitiría redistribuir flujos, reducir la presión sobre el casco urbano y mejorar las condiciones de accesibilidad para usuarios provenientes de otras localidades. Este tipo de operaciones exige una lectura integral de las relaciones entre movilidad, infraestructura y estructura urbana, evitando que el centro histórico continúe funcionando como único nodo de concentración institucional.
La experiencia desarrollada por la Universidad Nacional de La Plata ofrece un antecedente significativo en esa dirección. La relocalización progresiva de algunas facultades hacia sectores menos congestionados constituye una intervención orientada a desconcentrar actividades y redistribuir centralidades urbanas. Más allá de sus alcances específicos, estas operaciones evidencian la posibilidad de implementar políticas territoriales de largo plazo cuando existe continuidad institucional y una visión prospectiva del crecimiento urbano.
Las limitaciones de la normativa municipal también resultan evidentes en relación con la infraestructura de transporte y estacionamiento. La exención de construir cocheras en parcelas menores a quince metros de frente produce efectos particularmente críticos en una ciudad cuyo parcelamiento histórico se organiza mayoritariamente sobre lotes de diez metros de ancho. En términos prácticos, gran parte de los nuevos edificios en altura quedan dispensados de incorporar espacios de guardado vehicular, trasladando esa demanda al espacio público.
La consecuencia directa es la saturación progresiva de la vía pública y la intensificación de conflictos vinculados a la circulación y permanencia vehicular. La ausencia de estacionamiento suficiente no constituye únicamente un problema funcional; también modifica la calidad espacial de la calle, reduce la disponibilidad de áreas de uso común y deteriora las condiciones de movilidad peatonal. La normativa, en este caso, renuncia a anticipar los efectos derivados del aumento de densidad y delega la resolución de las cargas infraestructurales al mercado inmobiliario.
Este tipo de disposiciones revela una disociación entre producción edilicia y capacidad de soporte urbano. Los grandes desarrollos residenciales incorporan nuevos habitantes y actividades sin que exista una correspondencia proporcional con las infraestructuras necesarias para sostenerlas. La presión sobre redes viales, servicios y espacio público se incrementa de manera acumulativa, mientras la regulación urbana pierde capacidad para coordinar densidad, movilidad y calidad ambiental dentro de una estructura urbana coherente.
Flexibilización normativa y vulnerabilidad territorial
La regulación estatal del espacio urbano cumple una función central en la preservación del dominio público y en el equilibrio entre interés colectivo y desarrollo privado. En términos urbanísticos, el espacio público constituye un componente estructural de la ciudad, no únicamente por su función circulatoria, sino también por su capacidad de articular relaciones sociales, ambientales y paisajísticas. En La Plata, sin embargo, diversas intervenciones recientes evidencian una pérdida progresiva de control estatal sobre operaciones que alteran las condiciones morfológicas y jurídicas del tejido urbano.
Entre los casos más representativos se encuentran proyectos edilicios que exceden las alturas permitidas e incorporan elementos construidos sobre el espacio aéreo de avenidas públicas. La autorización o tolerancia de este tipo de intervenciones introduce un precedente significativo, ya que desplaza los límites tradicionales entre propiedad privada y dominio público. La ausencia de definiciones institucionales claras frente a estas ocupaciones evidencia la fragilidad de los mecanismos de control urbano y la creciente flexibilización de los instrumentos normativos.
En este contexto, el Código de Ordenamiento Urbano pierde parte de su función reguladora y comienza a operar como un sistema sujeto a excepciones y negociaciones particulares. Las modificaciones introducidas en distintos períodos muestran una tendencia orientada a ampliar capacidades constructivas sin una evaluación integral de sus impactos sobre infraestructura, paisaje y calidad ambiental. La normativa deja entonces de constituirse como un marco estable de planificación para transformarse en un dispositivo adaptable a demandas específicas del mercado inmobiliario.
Las consecuencias de este proceso exceden el plano formal y afectan directamente las condiciones de funcionamiento de la ciudad. La intensificación de densidades en áreas cuya infraestructura presenta capacidades limitadas produce desequilibrios acumulativos sobre redes hidráulicas, servicios urbanos y sistemas de movilidad. La relación entre crecimiento edilicio y soporte infraestructural, principio básico de la planificación urbana, aparece progresivamente debilitada.
Estas tensiones fueron señaladas oportunamente por la Suprema Corte de Justicia de la Provincia de Buenos Aires, que advirtió sobre los riesgos derivados de las modificaciones normativas aplicadas al código urbano y sobre su impacto potencial en la capacidad de soporte de la ciudad. Pese a ello, las reformas aprobadas en 2010 consolidaron un esquema de densificación intensiva que avanzó sin una articulación suficiente con estudios hidráulicos, ambientales y territoriales. El antecedente de la inundación de 2008 ya había evidenciado la vulnerabilidad de amplios sectores urbanos frente a fenómenos climáticos extremos y a la insuficiencia de las infraestructuras de drenaje.
La inundación ocurrida posteriormente expuso de manera crítica las limitaciones de ese modelo de crecimiento. La impermeabilización acelerada del suelo, la ocupación intensiva de parcelas y la alteración de las condiciones naturales de escurrimiento incrementaron la presión sobre cuencas hídricas históricamente sensibles. La expansión edilicia avanzó sobre una estructura territorial cuya lógica ambiental había sido insuficientemente considerada por las políticas urbanas contemporáneas.
En este sentido, la gestión del riesgo aparece estrechamente vinculada a las decisiones normativas y a la capacidad del Estado para establecer límites compatibles con las condiciones físicas del territorio. La planificación urbana no se restringe a la regulación de indicadores constructivos; implica también interpretar dinámicas ambientales, prever escenarios de crecimiento y coordinar densidad con infraestructura. Cuando estas variables se disocian, la ciudad pierde capacidad de adaptación y aumenta su exposición frente a situaciones de vulnerabilidad hídrica y ambiental.
Fragmentación urbana y crisis del paisaje arquitectónico
El paisaje urbano contemporáneo de La Plata puede leerse como el resultado acumulativo de intervenciones fragmentarias y de una sostenida pérdida de coherencia en las políticas de ordenamiento territorial. La ciudad evidencia un proceso de transformación que afecta tanto su estructura física como las relaciones históricas entre espacio público, vegetación y tejido construido. Las modificaciones introducidas sobre elementos característicos de la traza fundacional, entre ellas la reducción de las ramblas históricas para ampliar superficies destinadas al tránsito vehicular, alteran componentes esenciales de la configuración paisajística original y debilitan la escala peatonal que definió históricamente al casco urbano.
Estas intervenciones se complementan con la incorporación de equipamiento urbano heterogéneo y con operaciones de mantenimiento que privilegian recursos visuales inmediatos por sobre soluciones estructurales. La reiterada utilización de tratamientos superficiales, como la pintura de cordones o troncos de árboles, funciona como indicador de una gestión centrada en acciones de impacto perceptivo limitado, mientras persisten déficits vinculados a infraestructura hidráulica, movilidad y mantenimiento integral del espacio público. En consecuencia, el paisaje urbano comienza a reflejar discontinuidades materiales y formales que afectan la lectura unitaria de la ciudad.
La transformación del perfil urbano permite reconstruir, en términos morfológicos, las distintas etapas de intervención administrativa sobre el territorio. La coexistencia de tipologías inconexas, volumetrías dispares y operaciones parciales evidencia la ausencia de criterios sostenidos de planificación. El tejido pierde continuidad compositiva y se configura mediante fragmentos autónomos que responden a lógicas sectoriales antes que a una visión integral de la ciudad.
Este escenario adquiere relevancia dentro del debate arquitectónico y urbanístico contemporáneo porque expone las consecuencias derivadas de la desvinculación entre práctica profesional, responsabilidad pública y dimensión territorial. Cuando la producción arquitectónica se orienta predominantemente por procesos especulativos y la normativa urbana pierde capacidad regulatoria, la ciudad comienza a deteriorar sus condiciones ambientales, patrimoniales y funcionales. La degradación del hábitat no surge únicamente de intervenciones aisladas, sino de la acumulación de decisiones que alteran progresivamente las relaciones entre densidad, infraestructura y paisaje.
La experiencia platense también evidencia la necesidad de recuperar instrumentos de planificación sustentados en criterios técnicos, ambientales e históricos. La preservación de la identidad urbana requiere comprender la ciudad como una estructura compleja, donde patrimonio construido, espacio público, forestación e infraestructura forman parte de un mismo sistema territorial. La ausencia de esta perspectiva favorece procesos irreversibles de fragmentación y pérdida de calidad ambiental.
En este contexto, la reconstrucción de un proyecto urbano para La Plata demanda acuerdos institucionales y sociales capaces de restablecer una relación equilibrada entre crecimiento, preservación y habitabilidad. La normativa urbana recupera entonces su función central como herramienta de ordenamiento colectivo y no únicamente como mecanismo de regulación inmobiliaria. La posibilidad de revertir el deterioro del paisaje urbano depende, en última instancia, de consolidar una planificación con continuidad política, sustento técnico y capacidad para reinterpretar críticamente los principios que dieron origen a la ciudad.
Marcelo Gardinetti
Fotografías: ©Marcelo Gardinetti
TECNNE | Arquitectura, pensamiento crítico y práctica cultural ©Marcelo Gardinetti 2026 – Todos los derechos reservados.
El contenido de este sitio web se encuentra protegido por la legislación vigente en materia de propiedad intelectual e industrial. Salvo en los supuestos expresamente previstos por la ley, queda prohibida su reproducción, distribución, comunicación pública o transformación sin la autorización previa del titular de los derechos correspondientes. Las imágenes y fotografías reproducidas se utilizan exclusivamente con fines informativos, críticos y educativos, en el marco de la divulgación de obras artísticas y arquitectónicas de relevancia cultural. En todos los casos, proceden de fuentes de acceso público en línea, se presentan en baja resolución, carecen de idoneidad para usos comerciales y van acompañadas de la correspondiente mención de autoría, sin que ello implique desconocimiento alguno de los derechos de propiedad intelectual que les son inherentes. Los esquemas y bocetos que acompañan los artículos han sido elaborados por el autor a partir de material fotográfico preexistente, con una finalidad analítica e interpretativa, reconociendo explícitamente la autoría original de las obras representadas y respetando íntegramente los derechos que las protegen.