BIBLIOTECADocumentos

Adalberto Libera, Casa Malaparte

Adalberto Libera, Casa Malaparte, tecnne

«…» En el año 1938, el escritor periodista Curzio Malaparte (1898-1957) pide a Adalberto Libera que realice unos bocetos preliminares para su casa en Punta Massullo, Capri. La casa, a la que el escritor llamó una casa como yo, fue construida siguiendo el proyecto original de Libera, desarrollado posteriormente por Amitrano, un constructor de Capri, y por el propio Malaparte. Apenas utilizada como tal, la casa fue donada a la República Popular de China por Curzio Malaparte, pasando después a ser sede de una fundación que la destinó a albergar exposiciones. Este proyecto fue realizado cuando Libera tenía 35 años y coincidiendo con el Palacio de Congresos de Roma, un edificio en el que también se dispone un teatro al aire libre en la cubierta. Cualquier consideración de la Villa Malaparte ha de partir necesariamente de la importancia de su emplazamiento, excepcionalmente en la arquitectura de Libera, fuera de la ciudad. En lo más alto de un acantilado sobre el Mediterráneo, la casa se levanta mirando hacia el sol, transmitiendo un especial sentimiento de distancia y orientación, mientras acentúa con su presencia la inaccesibilidad de ese lugar excepcional.

El lugar elegido por Malaparte no es simplemente un lugar donde la naturaleza puede ser contemplada, sino sentida en toda su plenitud. El sol y el agua se convierten en mundos envolventes de la arquitectura, sumergiéndola en ellos, mientras ésta extiende su dominio por el territorio más allá de sus límites, dejando huellas en forma de escaleras talladas directamente sobre la roca. La naturaleza como drama, al tiempo en constante movimiento y absolutamente paralizada, aparece aquí como condición esencial de una arquitectura que está sobre ella, participa en ella y también se opone a ella. Pero la naturaleza es, en la Villa Malaparte, ante todo mítica, literaria. De la colaboración Libera-Malaparte surge una construcción inquietante marcada por su profunda ambigüedad como objeto, ambigüedad que penetra en la arquitectura en virtud de ese carácter mítico de la naturaleza. Adorno generaliza esta conexión entre lo mítico y lo natural cuando dice:

«La belleza natural es el mito traspuesto a la imaginación [ … ] todo el mundo cree bello el canto de los pájaros y, sin embargo, hay algo terrible en el canto de los pájaros, signo de desgracias [ … ]. La ambigüedad de la belleza natural tiene su origen en la ambigüedad de los mitos2»

Adalberto Libera, Casa Malaparte, tecnne

Como respuesta a ese singular marco natural, cuya belleza deriva de la grandiosidad con que se produce el encuentro entre la tierra, el cielo y el mar, Libera proyecta un edificio que parece seguir las mismas leyes formativas de la naturaleza; la casa aparece como un reflejo geometrizado del perfil de la roca sobre la que se asienta, casi como una formación cristalográfica surgida del propio acantilado como consecuencia de un cataclismo. La pureza de su geometría, la oblicuidad de su perfil, su color blanco destacando sobre el gris de la roca, así lo confirman. Pero~ al mismo tiempo, la Villa Malaparte responde fielmente al concepto de forma monumental, en este caso dando vida a un programa doméstico, tal como es entendido por Adalberto Libera.

Como señala Vieri Quilici en su monografía del arquitecto, «la confrontación entre el principio tectónico (tipo estructural-arquitectónico) y la conformación volumétrico-objetual (imagen plástica) constituye el fundamento del método compositivo de Libera, que se resume en el principio de integridad del programa constructivo-figurativo, un principio esencialmente sintáctico a través del cual la arquitectura se afirma como monumental». Tal principio, puntualiza Quilici, «es contrario al mimetismo que tiende a reproducir sobre el sitio operaciones análogas a aquellas que existen a su alrededor, ya que la estructura formal de la obra busca mostrar la esencia individual del tipo, convirtiéndose al mismo tiempo en una condición irrepetible del lugar en que se asienta»3.

Así, en la Villa Malaparte, bajo esta aparente sumisión a las fuerzas naturales, Libera tratará también de hacer confluir la geometría y la emotividad, de hacer corresponder la complejidad a lo estricto de la forma y la temporalidad a la naturaleza metafísica del objeto arquitectónico, de lograr, como concluye Quilici, «el mito idealista de la integridad».

La Villa Malaparte hace destacar en el paisaje su potente unidad, tanto tipológica como simbólica, presentándose como una caja cerrada que se proyecta desde la oblicuidad de la gran escalera-graderío hacia el abismo. El edificio, geométricamente complejo, se identifica con su cubierta -teatro al aire libre, plataforma de despegue hacia el sol, fondo de ceremonias rituales, orientada hacia el mar y hacia la tierra- como se identifica también con el trazo preciso de su perfil, como una forma sin volumen.

El le confiere su imagen heroica, de ascenso hacia el triunfo, dejando de lado todo lo demasiado humano -de ahí su ausencia de base- para reencontrar su esencia intemporal. El tiempo aparece detenido, tanto en la casa como en la naturaleza circundante, con formas abismales paralizadas y amenazantes. A pesar de su posición preeminente en el montículo, produce en su interior la sensación de una cueva, la idea más primitiva de vivienda, de lugar. subterráneo y casi sumergido, como señala John Hejduk cuando, además de destacar su conexión con el mundo de los sacrificios y rituales primitivos, se refiere a ella como laberinto, como tumba4.

Si, como decíamos, los mitos son los que constituyen la base de la relación de la Villa Malaparte con la naturaleza circundante, son también los mitos los que van a. determinar su configuración como arquitectura, en este caso en el sentido de símbolos arquetípicos cuya organización, como afirma el crítico Northrop Frye, «toma la forma de dos mundos contrapuestos identificados con lo deseable y lo no deseable, lo bueno y lo malo, lo apocalíptico y lo demoníaco»5.

En el interior de la casa, aparecen dos puertas, la antítesis mítica entre el bien y el mal, y desde la gran sala y a través de estas dos puertas somos conducidos en un movimiento sin retorno mientras los huecos, irregularmente repartidos y de diferentes tamaños, abren el interior hacia un mundo de formas naturales abrumadoras e inalcanzables, hacia un verdadero abismo.

Detengámonos ahora sobre las características de los elementos que definen la arquitectura de la casa -la base, la cubierta, la entrada, los huecos- que responden sin excepción a esta voluntad de afirmación de una forma íntegra, monumental, sobre el espectáculo de una naturaleza mitificada, teatralizada. El edificio carece de base, surge directamente de la irregularidad de la roca, desprendiéndose de lo más humano —«los pies son lo más humano», dice Roland Barthes6—, y haciéndose eco con su perfil ascendente de la forma del acantilado del que señala el punto más alto. Pero, aun cuando este perfil geometrizado sea una prueba de su voluntad heroica y de su aspiración a lo intemporal y arquetípico, permanece esa otra componente asociada al crecimiento natural, cataclismático, de la roca que da origen a una forma geométricamente más pura. La cubierta no corona la casa, se identifica con ella; accesible y doblemente orientada, es un simple fondo para el libre juego de las fuerzas de la naturaleza y el movimiento del sol. La entrada indiferenciada se encuentra en un lugar incierto, disimulada entre los demás huecos, sin embargo, multitud de caminos escalonados confluyen hacia ella. Los huecos, variados en su posición y en su tamaño, mantienen la integridad volumétrica de la casa ocultándonos su contenido; desde dentro son simples marcos para la contemplación del espectáculo de la naturaleza, absolutamente cerrados como corresponde a lo que se encuentra inmerso en el mundo nada dominable de lo natural. «…»

María Teresa Muñoz

Extracto de: Muñoz, María Teresa, “La casa sobre la naturaleza” Revista Arquitectura N°269 (1987), 20-31

Artículo relacionado: Libera y Malaparte, atributos de reciprocidad

Notas:

2 ADORNO, Theodor W.: Teoría estética; op. cit.

3 QUILICI, Vieri: Adalberto Libera, l’architettura come ideale; Officina Edizioni, Rome 1981.

4 HEJDUK, John: «Casa come me. Cable from Milan», en Domus n.º 605, abril 1980.

5 FRYE, Northrop: Anatomy of Criticism; Princeton University Press, Princeton, N. J. 1971.

6 BARTHES, Roland: Mitologías; Siglo XXI Editores, S. A., Madrid 1980. Editions du Seuil, París 1957.

Fotografías: Portada: ©Sean Munson, Interior: ©Saravia Ortiz

TECNNE | Arquitectura y contextos  ©Marcelo Gardinetti. Todos los derechos reservados