Zaha Hadid y la experimentación arquitectónica en Tokio

Gardinetti, Marcelo

Arquitecto, Editor de Tecnne · La Plata, Argentina

Resumen

El artículo examina la producción temprana de Zaha Hadid en Japón durante la década de 1980, situando sus proyectos como un laboratorio de exploración formal y espacial dentro de un contexto urbano caracterizado por la alta densidad y la fragmentación programática. A través del análisis del Edificio Azabu-Jyuban, el Edificio Tomigaya y el Restaurante Moonsoon, el texto identifica operaciones proyectuales vinculadas a la compresión espacial, la verticalización funcional y la manipulación del vacío urbano. La investigación relaciona estas obras con las influencias suprematistas y constructivistas presentes en la formación de Hadid, destacando la transición desde una arquitectura gráfica y especulativa hacia soluciones construidas de mayor complejidad tectónica. El artículo también aborda la relación entre geometrías no ortogonales, continuidad espacial y materialidad experimental, señalando cómo el contexto japonés permitió consolidar un lenguaje arquitectónico basado en fluidez, tensión estructural y percepción cinética del espacio contemporáneo.

Palabras clave: Zaha Hadid, arquitectura japonesa contemporánea, deconstructivismo arquitectónico, espacialidad urbana, geometría no ortogonal.

Influencia suprematista y construcción del lenguaje proyectual

La producción temprana de Zaha Hadid se desarrolló bajo la influencia de las vanguardias rusas de comienzos del siglo XX, particularmente del Suprematismo de Kazimir Malevich. Su aproximación a estos referentes se articuló a partir del dibujo como instrumento de exploración formal y conceptual. En este contexto, la obra Dissolution of a Plane (1917) operó como una referencia directa para la formulación de una arquitectura basada en la fragmentación del plano, la superposición de geometrías y la disolución del volumen compacto. Estas operaciones introducían una noción espacial vinculada a la inestabilidad, la fluidez y la suspensión del objeto arquitectónico respecto del suelo.

En 1972 ingresó a la Architectural Association School of Architecture, institución que durante ese período promovía metodologías orientadas a la experimentación proyectual y a la revisión crítica de los postulados modernos. La influencia de docentes como Elia Zenghelis y Rem Koolhaas resultó decisiva en la consolidación de una postura arquitectónica interesada en los sistemas abiertos, la discontinuidad espacial y la reinterpretación de la ciudad contemporánea. Su incorporación en 1978 al Office for Metropolitan Architecture (OMA), donde participó en el proyecto para el Parlamento Holandés en La Haya, reforzó esa formación crítica y experimental.

En 1980 fundó su estudio en Londres e inició una etapa caracterizada por una producción predominantemente gráfica. Los proyectos de este período se desarrollaron mediante pinturas y perspectivas axonométricas de fuerte abstracción, alejadas de los sistemas convencionales de representación técnica. El interés por el Constructivismo ruso adquirió entonces una dimensión operativa dentro de su proceso proyectual. La arquitectura pasó a concebirse como un campo de investigación visual en el que la geometría se fragmentaba y las relaciones espaciales escapaban a la composición ortogonal y a la estabilidad del volumen unitario.

El concurso internacional para el club The Peak, en Hong Kong, obtenido en 1982, constituyó un punto de inflexión en esta etapa. Aunque el proyecto no llegó a construirse, sintetizó gran parte de las exploraciones desarrolladas hasta entonces. La propuesta se organizaba mediante planos oblicuos y cuerpos fragmentados que parecían deslizarse sobre la topografía montañosa, generando una composición en tensión con la gravedad y con las nociones tradicionales de masa y soporte. Las axonometrías del proyecto funcionaban simultáneamente como representación y como mecanismo generador de la forma arquitectónica.

A pesar del reconocimiento obtenido en concursos internacionales, Hadid atravesó durante esos años una etapa con escasa materialización construida. En 1986 desarrolló dos proyectos para Tokio: el Edificio Azabu-Jyuban, ubicado en el distrito comercial de Roppongi, y el Edificio Tomigaya. Ambos trabajos evidencian un proceso de ajuste entre sus investigaciones gráficas y las exigencias programáticas y urbanas del contexto metropolitano japonés. En ellos comienza a observarse una transición desde la composición pictórica hacia sistemas espaciales de mayor definición tectónica y constructiva.

Zaha Hadid, The Peak, 1983, tecnne
Zaha Hadid, The Peak, 1983, ©Zaha Hadid Architects

Contexto urbano japonés y recepción de la experimentación formal

El contexto japonés constituyó un campo de experimentación determinante para el desarrollo del lenguaje arquitectónico de Zaha Hadid. La estructura metropolitana de ciudades como Tokio, caracterizada por la alta densidad, la fragmentación del tejido urbano y la superposición intensiva de programas, ofrecía condiciones particularmente receptivas para arquitecturas alejadas de la composición ortogonal convencional. A ello se sumaba una cultura arquitectónica abierta a la exploración formal, capaz de incorporar procesos tecnológicos avanzados dentro de marcos normativos estrictos y sistemas urbanos de elevada complejidad.

En este escenario, Hadid encontró un contexto adecuado para desarrollar investigaciones espaciales basadas en la discontinuidad geométrica, la distorsión del plano y la descomposición del volumen unitario. Sus propuestas comenzaron a establecer vínculos más directos con la lógica dinámica de la metrópolis japonesa, donde las relaciones entre infraestructura, circulación y densidad producían configuraciones urbanas de gran inestabilidad visual y programática.

El interés por una arquitectura post-suprematista adquirió entonces una dimensión operativa más precisa. Los sistemas compositivos no ortogonales y las secuencias espaciales fragmentadas encontraban correspondencia tanto en la condición metropolitana de Tokio como en ciertos principios de la arquitectura doméstica japonesa, particularmente en su flexibilidad organizativa, la modulación del espacio interior y la transformación continua de los límites entre recintos. Esta convergencia permitió que las exploraciones gráficas desarrolladas durante los años anteriores comenzaran a desplazarse hacia formulaciones arquitectónicas con mayor definición espacial y constructiva.

La coexistencia entre tradición cultural y desarrollo tecnológico, característica del contexto japonés de la década de 1980, amplificó el alcance conceptual de su obra. La arquitectura dejó de operar exclusivamente como especulación visual para aproximarse a sistemas capaces de articular complejidad programática, circulación y estructura dentro de configuraciones espaciales de carácter dinámico y no lineal.

Edificio Azabu-Jyuban, Tokio (1986): Densidad urbana y estrategias de compresión espacial

El proyecto para el Edificio Azabu-Jyuban, desarrollado por Zaha Hadid en el distrito comercial de Roppongi, surge a partir de las condiciones extremas de un lote residual de aproximadamente 4 x 16 metros, inserto en un tejido urbano de alta densidad y fuerte presión programática. La reducida superficie disponible obliga a concentrar las funciones en sentido vertical y a concebir la sección del edificio como principal mecanismo de organización espacial.

La propuesta se estructura mediante una secuencia de estratos comprimidos, articulados por vacíos parciales y expansiones puntuales que introducen variaciones en la percepción interior. La composición queda dominada por dos elementos portantes de carácter lineal: un muro metálico de cuarenta metros de altura que define el límite longitudinal del volumen y un muro de hormigón perforado que contiene el núcleo de circulación vertical. Este último incorpora aberturas de dimensiones variables, dispuestas con precisión sobre el plano estructural. Hadid las describía como “ventanas joya”, en referencia a su condición simultánea de dispositivo lumínico y elemento de exhibición.

Entre ambos planos estructurales se insertan dos superficies vidriadas que funcionan como muros cortina cromáticamente diferenciados, uno azul y otro blanco. Estas envolventes se desplazan de manera ascendente y divergente, alterando la lectura estática de la fachada y produciendo una composición basada en tensiones diagonales y desplazamientos progresivos. La fachada deja de operar como límite plano y adquiere una condición dinámica, definida por la superposición de planos inclinados y variaciones de profundidad.

En el nivel de acceso, una marquesina sobredimensionada se proyecta sobre el espacio público y establece una transición directa entre la calle y el interior. Su presencia introduce una operación simultáneamente estructural y urbana, al extender el edificio hacia la acera y enfatizar el ingreso dentro de un entorno caracterizado por la congestión visual y la compacidad edificatoria.

La circulación vertical organiza la experiencia espacial del proyecto. Una escalera lineal recorre toda la altura del edificio e incorpora interrupciones programadas que derivan en rellanos expandidos y balcones intermedios. Estos espacios actúan como áreas de exposición, espera o interacción, integrando circulación y programa en una secuencia continua. La sección se convierte así en el principal instrumento compositivo, permitiendo introducir variaciones espaciales dentro de una envolvente extremadamente restringida.

Desde una perspectiva conceptual, el edificio puede interpretarse como una exploración sobre las posibilidades espaciales del lote mínimo dentro de la metrópolis japonesa. La combinación de estructura lineal, envolventes tensadas y circulación activa transforma la limitación dimensional en un mecanismo generador de forma y experiencia arquitectónica. El proyecto anticipa, además, varias operaciones que posteriormente adquirirían mayor desarrollo en la obra construida de Hadid, particularmente el uso de geometrías dinámicas y la fragmentación del volumen como recurso de organización espacial.

Edificio Tomigaya, Tokio (1986): Intersticio urbano y levitación programática

El Edificio Tomigaya, proyectado por Zaha Hadid sobre un solar de 12 x 15 metros inserto en un tejido residencial compacto de Tokio, desarrolla una investigación espacial centrada en las relaciones entre volumen construido, vacío urbano y permeabilidad visual. Frente a la densidad parcelaria característica del contexto metropolitano japonés, el proyecto propone una operación de liberación del plano de suelo mediante la elevación del volumen principal, concebido como un pabellón acristalado suspendido sobre un espacio intermedio de uso público o semipúblico.

Esta decisión reorganiza el vínculo entre edificio y ciudad a partir de una reducción deliberada de la ocupación en planta baja. El vacío generado bajo el volumen elevado introduce una instancia de expansión espacial dentro de un entorno dominado por la continuidad edificatoria y la compresión funcional. La intervención adquiere así una dimensión urbana precisa: el edificio no ocupa completamente el lote, sino que incorpora una zona de transición capaz de extender visual y espacialmente el espacio público circundante.

La planta baja se retrae respecto de los límites del solar mediante una operación curva que modifica la rigidez de la alineación parcelaria y permite incorporar una escalera de acceso junto con un pozo de luz. Ambos elementos conducen hacia niveles inferiores parcialmente enterrados, destinados a oficinas y áreas comerciales. Estos espacios subterráneos presentan una configuración abovedada y reciben iluminación cenital a través de superficies pavimentadas con vidrio translúcido. El tratamiento del plano horizontal resulta central en la composición: la superficie se pliega, se perfora y se separa del terreno para introducir continuidad lumínica y espacial entre los distintos niveles del edificio.

El volumen superior se resuelve como un pabellón transparente de envolvente continua, definido por grandes superficies vidriadas y una estructura mínima que reduce la presencia visual de los elementos portantes. La cubierta, de geometría flexible y ligera, acentúa la sensación de suspensión y refuerza la condición etérea del conjunto. La transparencia de la envolvente diluye los límites entre interior y exterior, produciendo una espacialidad abierta que contrasta con la densidad material y visual del entorno inmediato.

El proyecto desarrolla así una relación con el contexto basada en la articulación espacial antes que en la continuidad formal. Hadid introduce una arquitectura que establece vínculos activos con la ciudad mediante operaciones de vaciamiento, elevación y permeabilidad, sin recurrir a mecanismos de mimetización tipológica. El Edificio Tomigaya sintetiza varias de las investigaciones presentes en su producción japonesa de mediados de los años ochenta: la manipulación topográfica del plano, la descomposición del volumen compacto y la integración entre circulación, estructura y luz natural como componentes simultáneos del sistema arquitectónico.

Restaurante Moonsoon, Sapporo (1988): Exploraciones tridimensionales y contrastes programáticos

El Restaurante Moonsoon, ubicado en Sapporo y finalizado en 1988, constituye la primera obra construida de Zaha Hadid. El proyecto marca la transición entre sus investigaciones gráficas de carácter especulativo y una producción arquitectónica materializada, trasladando al espacio construido varias de las operaciones formales y perceptivas desarrolladas previamente en sus dibujos y pinturas. Concebido como una intervención interior dentro de una estructura preexistente, el restaurante establece una relación de contraste entre la estabilidad del contenedor arquitectónico y la configuración dinámica del espacio interior.

La organización del proyecto se estructura a partir de una dualidad conceptual y atmosférica entre dos áreas programáticas diferenciadas. La planta baja, destinada al comedor, se asocia a la noción de “hielo”. El espacio se define mediante una composición monocromática basada en superficies reflectantes, mesas de vidrio transparente y una escalera realizada en vidrio óptico. La geometría interior recurre a configuraciones trapezoidales y líneas oblicuas que intensifican la percepción de direccionalidad y compresión espacial. La transparencia de los materiales y la continuidad visual entre planos producen una atmósfera fría y controlada, donde la luz se convierte en un componente activo de la composición.

En oposición a este nivel inferior, la planta alta alberga el bar y se organiza bajo la categoría simbólica de “fuego”. La materialidad adquiere mayor densidad visual mediante el empleo de cerámica negra y superficies oscuras que absorben la luz. El mobiliario incorpora formas biomórficas y respaldos curvos en tonalidades rosadas y púrpuras, cuya configuración remite a figuras ondulantes y ascendentes. La espacialidad resultante es más envolvente y táctil, definida por contrastes cromáticos y una percepción menos lineal del espacio. La relación entre ambos niveles introduce una secuencia vertical basada en oposiciones de temperatura, luminosidad y densidad material.

La articulación entre las dos plantas se produce mediante un elemento escultórico central denominado “Orange Peel”, una estructura helicoidal de fibra de vidrio que atraviesa el interior del restaurante. Su desarrollo ascendente organiza visualmente el espacio y actúa como núcleo de conexión entre los distintos ámbitos. La torsión progresiva de la pieza y su transición cromática, desde tonos grises en la base hacia rojos y amarillos en la parte superior, refuerzan la narrativa térmica planteada por el proyecto y consolidan la continuidad conceptual entre ambos programas.

Desde el punto de vista material, el restaurante explora la capacidad expresiva de las superficies mediante el uso de acero inoxidable cepillado y vidrio óptico texturado por procesos de extrusión. Estas operaciones introducen variaciones visuales y táctiles que alteran la uniformidad de los materiales industriales, produciendo una tensión entre precisión geométrica e irregularidad superficial. El detalle constructivo adquiere así un papel central en la configuración perceptiva del espacio, desplazando la neutralidad asociada al interiorismo moderno hacia una arquitectura interior definida por la densidad sensorial, la fragmentación geométrica y la construcción simbólica de la atmósfera.

Japón como laboratorio experimental del lenguaje de Hadid

Los proyectos desarrollados por Zaha Hadid en Japón durante la década de 1980, entre ellos el Edificio Azabu-Jyuban, el Edificio Tomigaya y el Restaurante Moonsoon, constituyen un conjunto de investigaciones proyectuales que anticipan numerosos procedimientos presentes en su producción posterior. Insertos en contextos urbanos de alta densidad y fuerte fragmentación funcional, estos encargos permitieron ensayar operaciones espaciales basadas en la compresión programática, la discontinuidad geométrica y la articulación dinámica entre circulación, estructura y envolvente.

En cada uno de estos proyectos, las restricciones del solar y la complejidad del entorno metropolitano fueron utilizadas como condiciones generadoras de forma. Hadid desarrolló sistemas de circulación vertical activa, introdujo vacíos intermedios dentro de tejidos compactos y manipuló el plano de suelo como elemento arquitectónico capaz de conectar niveles, dirigir recorridos y modular la percepción espacial. La elevación parcial de los volúmenes, el uso de envolventes tensadas y la incorporación de superficies transparentes o reflectantes consolidaron un lenguaje arquitectónico centrado en la continuidad espacial y en la percepción cinética del movimiento.

El contexto japonés resultó particularmente significativo para esta etapa de transición entre representación especulativa y materialización construida. La coexistencia entre tradición espacial, densidad urbana y desarrollo tecnológico ofreció un marco adecuado para trasladar al ámbito arquitectónico investigaciones previamente desarrolladas mediante dibujos y composiciones pictóricas. En este proceso, la arquitectura dejó de operar exclusivamente como exploración gráfica y comenzó a definirse a través de sistemas tectónicos, relaciones programáticas y secuencias espaciales concretas.

Aunque varios de estos proyectos permanecieron sin construir o se desarrollaron a pequeña escala, su relevancia reside en la capacidad de condensar principios metodológicos que posteriormente adquirirían mayor complejidad en obras de escala internacional. La fragmentación del volumen, la distorsión de la geometría ortogonal y la integración continua entre estructura, circulación y superficie aparecen ya formuladas como componentes centrales de su pensamiento arquitectónico.

El período japonés permite identificar con claridad la consolidación de una lógica proyectual propia. Las obras desarrolladas durante esos años introducen una reinterpretación de la arquitectura como sistema dinámico de relaciones espaciales, en el que el edificio se entiende menos como objeto autónomo que como campo de tensiones, recorridos y transformaciones perceptivas. En este sentido, la experiencia japonesa constituye un momento decisivo en la formación de las bases espaciales, tectónicas y conceptuales que definirían la trayectoria internacional de Hadid dentro de la arquitectura contemporánea.

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Marcelo Gardinetti
Marcelo Gardinetti

Arquitecto, editor y director de Tecnne desde 2011.
Investigador en teoría y crítica de la arquitectura moderna y contemporánea.
La Plata, Argentina.
ORCID: https://orcid.org/0000-0002-6679-7951

Artículos: 1214