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Las folies

Bernard Tschumi, Parc de La Villette, tecnne

Jacques Derrida, Point de folie — Maintenant l’architecture

Parte 4 [viene de: Arquitectura de la arquitectura]

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MAINTENANT tomaremos la medida de las folies de lo que otros llamarían el inconmensurable híbrido de Bernard Tschumi y de lo que ofrece a nuestro pensamiento. Estas folies desestabilizan el sentido, el significado del significado, el conjunto significativo de esta poderosa arquitectura. Cuestionan, dislocan, desestabilizan o deconstruyen el edificio de esta configuración. Se dirá que son una “locura” en esto. Porque en un polemos sin agresión, sin el impulso destructivo que aún traicionaría un afecto reactivo dentro de la jerarquía, ellos luchan con el significado mismo del significado arquitectónico, tal como nos ha sido legado y como aún lo habitamos. No debemos evitar la cuestión: si esta configuración preside lo que en Occidente se llama arquitectura, ¿no la arrasan estas folies? ¿No conducen al desierto de la “anarquitectura”, un grado cero de escritura arquitectónica donde esta escritura se perdería, en adelante sin finalidad, sin aura estética, sin fundamentos, sin principios jerárquicos, sin significación simbólica, en una prosa hecha de volúmenes abstractos, neutros, inhumanos, inútiles, inhabitables y sin sentido?

Precisamente no. Las folies afirman, y comprometen su afirmación más allá de esta aniquiladora y secreta repetición nihilista de la arquitectura metafísica. Entran en el MAINTENANT del que hablo; mantienen, renuevan y reinscriben la arquitectura. Reviven, quizás, una energía que fue infinitamente anestesiada, amurallada, enterrada en una fosa común o en la nostalgia sepulcral. Porque hay que empezar por subrayar esto: la carta o marco metafísico cuya configuración se acaba de esbozar era ya, se podría decir, el fin de la arquitectura, su “reinado de los fines” en la figura de la muerte.

Esta carta había venido a acusar a la obra, impone normas o significados que eran extrínsecos, si no accidentales. Convirtió sus atributos en una esencia: la belleza formal, la finalidad, la utilidad, el funcionalismo, el valor habitable, su economía religiosa o política, todos los servicios, tantos predicados no arquitectónicos o meta-arquitectónicos. Al retirar el MAINTENANT de la arquitectura -a lo que sigo refiriéndome de esta manera, usando un paleónimo, para mantener un atractivo amortiguado- al dejar de imponer estas normas ajenas a la obra, las folies devuelven la arquitectura, fielmente, a lo que la arquitectura, desde la víspera misma de su origen, debería haber firmado. El MAINTENANT del que hablo será esta, la más irreductible, firma. No contraviene la carta, sino que la introduce en otro texto, incluso la suscribe, e invita a otros a suscribir lo que más tarde llamaremos un contrato, otro juego del rasgo, de la atracción y la contracción.

Una proposición que no hago sin precauciones y advertencias.

Aún así, la señal de dos puntos rojos:

– Estas folies no destruyen. Tschumi siempre habla de “deconstrucción/reconstrucción”, particularmente en lo que respecta a la folia y la generación de su cubo (combinaciones formales y relaciones de transformación). Lo que se cuestiona en The Manhattan Transcripts es la invención de “nuevas relaciones, en las que los componentes tradicionales de la arquitectura se descomponen y reconstruyen a lo largo de otros ejes”. Sin nostalgia, el acto más vivo de la memoria. Nada, aquí, de ese gesto nihilista que cumpliría con un cierto tema de la metafísica; ninguna inversión de valores dirigida a una arquitectura antiestética, inhabitable, inutilizable, simbólica y sin sentido, una arquitectura simplemente dejada vacía tras la retirada de los dioses y los hombres. Y las folies, como la locura de Los Ángeles en general, son todo menos un caos anárquico. Sin embargo, sin proponer un “nuevo orden”, ubican la obra arquitectónica en otro lugar donde, al menos en su principio, su impulso esencial, ya no obedecerá a estos imperativos externos. La “primera” preocupación de Tschumi ya no será organizar el espacio en función o en vista de normas económicas, estéticas, epifánicas o tecno-utilitarias. Estas normas serán tomadas en consideración, pero se encontrarán subordinadas y reinscritas en un lugar del texto y en un espacio que ya no dominan en última instancia. Al empujar la “arquitectura hacia sus límites”, se hará un lugar para el “placer”; cada folie será destinado a un “uso” determinado, con sus propias finalidades culturales, lúdicas, pedagógicas, científicas y filosóficas. Hablaremos más adelante sobre sus poderes de “atracción”. Todo esto responde a un programa de transferencias, transformaciones o permutaciones sobre las cuales estas normas externas ya no tienen la última palabra. No habrán presidido el trabajo, ya que Tschumi las ha plegado en la operación general.

– Sí, doblado. ¿Qué es el pliegue? El objetivo de restablecer la arquitectura en lo que debería haber sido específicamente suyo no es reconstituir una simple arquitectura, una arquitectura simplemente arquitectónica, a través de una obsesión purista o integradora. Ya no se trata de salvar lo propio en la inmanencia virginal de su economía y de devolverlo a su presencia inalienable, una presencia que, en última instancia, no es representativa, no es mimética y sólo se refiere a sí misma. Esta autonomía de la arquitectura, que pretendería así conciliar un formalismo y un semanticismo en sus extremos, sólo cumpliría con la metafísica que pretendía des-construir. La invención, en este caso, consiste en cruzar el motivo arquitectónico con lo que es más singular y más paralelo en otros escritos que son ellos mismos atraídos por dicha locura, en su plural, es decir, escritos fotográficos, cinematográficos, coreográficos e incluso mitológicos. Al igual que The Manhattan Transcripts demonstruido (lo mismo ocurre, aunque de manera diferente, con La Villette), un montaje narrativo de gran complejidad explota, fuera de la narración que las mitologías contrajeron o borraron en la presencia hierática del monumento “memorable”. Una escritura arquitectónica interpreta (en el sentido nietzscheano de interpretación activa, productiva, violenta, transformadora) acontecimientos que están marcados por la fotografía o la cinematografía.  Marcados: provocados, determinados o transcritos, capturados, en todo caso siempre movilizados en una escenografía de paso (transferencia, traducción, transgresión de un lugar a otro, de un lugar de escritura a otro, injerto, hibridación). Ni arquitectura ni anarquitectura: trans-arquitectura. La tiene fuera del acontecimiento; ya no ofrece su trabajo a los usuarios, creyentes o moradores, a los contempladores, estetas o consumidores. En cambio, apela al otro para que invente, a su vez, el evento, la firma, la consignación o la contraseña: avanzado por un avance del otro y MANTENIENDO la arquitectura.

(Soy consciente de un murmullo: pero este acontecimiento del que usted habla, que reinventa la arquitectura en una serie de “únicas onzas” que son siempre únicas en su repetición, ¿no es lo que ocurre cada vez no en una iglesia o un templo, ni siquiera en un lugar político, no en ellos, sino COMO en ellos, reviviéndolos, por ejemplo, en cada misa cuando el cuerpo de Cristo, etc., cuando el cuerpo del Rey o de la nación se presenta o anuncia? ¿Por qué no, si al menos podría volver a ocurrir, pasar a través de la arquitectura, o incluso hasta ella? Sin aventurarme más en esta dirección, aunque todavía reconozco su necesidad, sólo diré que las folclóricas arquitectónicas de Tschumi nos hacen pensar en lo que TOMA LUGAR cuando, por EJEMPLO, el evento eucarístico pasa por [transir] una iglesia, ici, MAINTENANT [aquí, ahora], o cuando una fecha, sello, el rastro del otro son finalmente colocados en el cuerpo de piedra, esta vez en el movimiento de su desaparición).

Bernard Tschumi, Parc de La Villette, tecnne
Bernard Tschumi, Parc de La Villette, tecnne

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Por lo tanto, ya no se puede hablar de un momento propiamente arquitectónico, la impasibilidad hierática del monumento, este complejo hileomórfico que se da de una vez por todas, no permitiendo que aparezca ningún rastro en su cuerpo porque no ofrecía ninguna posibilidad de transformación, permutación o sustitución. En los folies de los que hablamos, por el contrario, el acontecimiento experimenta sin duda esta prueba del momento monumental; sin embargo, lo inscribe también en una serie de experiencias. Como su nombre indica, una experiencia atraviesa: viaje, trayectoria, traducción, transferencia. No con el objeto de una presentación final, un cara a cara con la cosa misma, ni para completar una odisea de la conciencia, la fenomenología de la mente como un paso arquitectónico. El recorrido por las folias está indudablemente prescrito, de un punto a otro, en la medida en que la cuadrícula de puntos cuenta con un programa de posibles experiencias y nuevos experimentos (cine, jardín botánico, taller de vídeo, biblioteca, pista de patinaje, gimnasio). Pero la estructura de la cuadrícula2 y de cada cubo -porque estos puntos son cubos- deja la oportunidad de la casualidad, la invención formal, la transformación combinatoria, el vagabundeo. Tal oportunidad no se le da al habitante o al creyente, al usuario o al teórico de la arquitectura, sino a quien se dedica, a su vez, a la escritura arquitectónica: sin reservas, lo que implica una lectura inventiva, la inquietud de toda una cultura y la firma del cuerpo. Este cuerpo ya no se limitaría a con- carecer para caminar, circular, pasear por un lugar o por senderos, sino que transformaría sus movimientos elementales dándoles lugar; recibiría de este otro espaciamiento la invención de sus gestos.

Bernard Tschumi, Parc de La Villette, tecnne
Bernard Tschumi, Parc de La Villette, tecnne

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La Folie no se detiene: ni en el monumento hierático, ni en el camino circular. Ni la impasibilidad ni el ritmo. La serialidad se inscribe en la piedra, el hierro o la madera, pero esta serialidad no se detiene ahí. Y había comenzado antes. La serie de Trials (experimentos o pruebas de artista) que ingenuamente se llaman esbozos, ensayos, fotografías, modelos, películas o escritos (por ejemplo, lo que se reúne por un tiempo en este volumen) pertenece plenamente a la experiencia de las folies: folies at work. Ya no podemos darles el valor de documentos, ilustraciones suplementarias, notas preparatorias o pedagógicas-horses d’oeuvre, en fin, o el equivalente de los ensayos teatrales. No – y esto es lo que ap- pera como el mayor peligro para el deseo arquitectónico que aún nos habita. La masa inamovible de piedra, el plano vertical de vidrio o de metal que habíamos tomado como objeto mismo de la arquitectura (die sache selbst, o “la cosa real”), su eficacia insustituible, se aprecia MANTENIDA en el voluminoso texto de múltiples escritos: superposición de un Wunderblock (para señalar un texto de Freud-y Tschumi expone la arquitectura al psicoanálisis, introduciendo el tema de la transferencia, por ejemplo, así como el esquiz), cuadrícula del palimpsesto, textualidad supersedimentada, estratigrafía sin fondo que es móvil, ligera y abisal, foliada, foliiforme. Foliado locura, follaje y folle [loco] para no buscar consuelo en ninguna solidez: ni en el suelo ni en el árbol, ni en la horizontalidad ni en la verticalidad, ni en la naturaleza ni en la cultura, ni en la forma ni en el fundamento ni en la finalidad. El arquitecto que una vez escribió con piedras ahora coloca litografías en un volumen, y Tschumi habla de ellas como folies. Algo se teje a través de esta foliación cuya estratagema, además de coincidencia, me recuerda la sospecha de Littré. En cuanto al segundo significado de la palabra folie, el de las casas que llevan el nombre de sus firmantes, el nombre de “el que las ha hecho construir o del lugar en que se encuentran”, Littre’ se arriesga a lo siguiente, en nombre de la etimología: “Normalmente se ve en esto la palabra locura [folie]. Pero esto se vuelve incierto cuando uno encuentra en los textos de la Edad Media: foleia quae erat ante domum, y domum foleyae, y folia Johannis Morelli; uno sospecha que esto implica una alteración de la palabra feuillie o feuillée [follaje]”. La palabra folie ya no tiene sentido común: ha perdido incluso la tranquilizadora unidad de su significado. Las folies de Tschumi sin duda juegan con esta “alteración” y superponen, contra el sentido común, el significado común, este otro significado, el significado del otro, del otro lenguaje, la locura de esta asemántica.

Jacques Derrida    

Bibliografía:

Jacques Derrida, “Point de folie — Maintenant l’architecture” Essay accompanying the portfolie Bernard Tschumi, La Case Vide: La Villette 1985 (London: Architectural Association, 1986)

[Continúa en: El lenguaje de la deconstrucción]

Notas:

2 TRAME, Fr., n., trama, telaraña, hilo; también trama, conspiración; (fot. engr.) pantalla.

Portada: Bernard Tschumi, L’invention du parc

Imágenes: ©Bernard Tschumi

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