Análisis arquitectónico de la estación Halley VI como infraestructura territorial
Gardinetti, Marcelo
Arquitecto, Editor de Tecnne · La Plata, Argentina
Tecnne · Año 2026, n.º 51
Resumen
El artículo examina la relación entre desarrollo técnico, expansión colonial y producción arquitectónica a partir de la Halley VI Antarctic Research Station (2013), diseñada por Hugh Broughton Architects y AECOM sobre la plataforma de hielo Brunt. El análisis reconoce la complejidad constructiva del proyecto, conformado por módulos autosuficientes montados sobre esquís con sistema hidráulico que permiten su relocalización periódica en respuesta a la dinámica del hielo. Al mismo tiempo, sitúa esta obra dentro de la continuidad histórica iniciada con la Operación Tabarin (1944), cuyo origen respondió a objetivos geopolíticos y militares antes que científicos. Desde esta perspectiva, la técnica constructiva se interpreta como un mecanismo de consolidación territorial, en el que la resolución arquitectónica y tecnológica contribuye a materializar formas de presencia estatal en la Antártida. La sofisticación formal del conjunto, por tanto, no desplaza su dimensión política, sino que participa en su configuración. El estudio articula aportes de la crítica sobre colonialismo arquitectónico, geopolítica antártica y habitabilidad en entornos extremos para proponer una interpretación de la arquitectura como práctica inseparable de las relaciones entre técnica, poder y territorio. Finalmente, plantea un conjunto de proposiciones teóricas transferibles a otros contextos donde la producción arquitectónica interviene en procesos de ocupación, representación y control espacial.
Palabras clave: Halley VI, arquitectura antártica, geopolítica antártica, colonialismo arquitectónico, infraestructura científica, Operación Tabarin.
Arquitectura, técnica y territorialidad en la Antártida
El presente artículo adopta un enfoque que integra la crítica historiográfica con el análisis arquitectónico. La investigación combina el estudio técnico del proyecto —sistema constructivo, programa funcional y soluciones ambientales— con el examen del contexto geopolítico e histórico que condiciona su producción y funcionamiento. Las fuentes primarias comprenden documentos oficiales del British Antarctic Survey (BAS), la memoria del proyecto elaborada por Hugh Broughton Architects y AECOM, y los tratados internacionales aplicables al continente antártico. Las fuentes secundarias corresponden a estudios especializados sobre geopolítica antártica (Beck 1986; Dodds 2002; Berkman 2002; Joyner 1992), teoría crítica de la arquitectura (Tafuri 1973; Leach 1997; Weizman 2007), colonialismo y producción del espacio (Mitchell 1988; Rabinow 1989; Avermaete, Karakayali y von Osten 2010), y habitabilidad en entornos extremos (Palinkas 2001; Pallasmaa 1996).
La investigación parte de la hipótesis de que la sofisticación técnica de la Halley VI no neutraliza su función como dispositivo de presencia territorial, sino que incrementa su capacidad operativa y su eficacia como infraestructura de ocupación permanente. A partir de esta premisa, el artículo organiza el análisis en nueve secciones que relacionan las características arquitectónicas del edificio con los procesos históricos, geopolíticos y disciplinares que explican su implantación y su significado.

Técnica constructiva y consolidación territorial
La historia de la arquitectura moderna registra numerosos casos en los que la racionalidad técnica y el discurso científico se articularon con proyectos de organización territorial. La infraestructura ferroviaria construida en África, Asia y América durante el siglo XIX, los sistemas de ingeniería hidráulica implantados en las colonias británicas de Egipto e India y los trazados urbanos desarrollados en las ciudades coloniales del norte de África constituyen ejemplos documentados de cómo la tecnología desempeñó, simultáneamente, funciones productivas, administrativas y de control espacial. En estos procesos, la técnica respondió a intereses económicos, militares y políticos que condicionaron la organización del territorio antes de la materialización de las obras arquitectónicas (Mitchell 1988; Rabinow 1989).
La Halley VI Antarctic Research Station plantea esta problemática en un contexto geográfico extremo y dentro de un marco histórico distinto, aunque reproduce una lógica comparable. Su elevada complejidad técnica, desarrollada para garantizar el funcionamiento permanente en uno de los entornos ambientales más exigentes del planeta, se integra en una secuencia histórica de ocupación cuya génesis corresponde a objetivos militares y geopolíticos. El edificio requiere, por tanto, una lectura en dos escalas complementarias: como respuesta arquitectónica a las condiciones físicas de la plataforma de hielo y como infraestructura que materializa una política de permanencia en un territorio sujeto a reclamaciones soberanas. Esta doble condición constituye un rasgo característico de la arquitectura de frontera y proporciona un marco adecuado para su análisis disciplinar.
El Tratado Antártico de 1959, vigente desde 1961 y suscrito inicialmente por doce Estados, estableció el continente como un espacio destinado a la investigación científica y a la cooperación internacional (Joyner 1992). No obstante, el tratado suspendió los efectos jurídicos de las reclamaciones territoriales existentes sin resolverlas. El artículo IV dispone que ninguna actividad desarrollada durante su vigencia puede interpretarse como reconocimiento, renuncia o menoscabo de tales reclamaciones. En consecuencia, Gran Bretaña, Argentina y Chile mantienen reivindicaciones superpuestas sobre sectores del continente, mientras que la continuidad de sus programas científicos adquiere relevancia como expresión de presencia estatal. La Halley VI se inserta en este proceso al prolongar una red de instalaciones iniciada en 1944, cuyo establecimiento respondió originalmente a consideraciones geopolíticas.
Esta interpretación se inscribe en una tradición de la crítica arquitectónica que examina la producción del espacio como un fenómeno inseparable de las relaciones de poder. Tafuri (1973) sostuvo que la arquitectura moderna debe analizarse en función de las estructuras económicas, políticas e ideológicas que condicionan su producción, cuestionando la noción de autonomía disciplinar. Weizman (2007) amplió esta perspectiva desde la geografía política al demostrar que decisiones proyectuales como la localización de infraestructuras, la organización de redes técnicas o la implantación de los edificios producen efectos directos sobre la configuración del territorio. Estos aportes permiten situar la Halley VI en un marco interpretativo que integra el análisis arquitectónico con las dimensiones históricas y geopolíticas que explican su implantación y funcionamiento.

Operación Tabarin y continuidad de la presencia británica
La presencia británica en la Antártida como cuestión geopolítica antecede en varias décadas a la construcción de la Halley VI. En 1944, durante la Segunda Guerra Mundial, el gobierno británico organizó la Operación Tabarin, una expedición secreta cuyo propósito declarado consistía en impedir el acceso de embarcaciones enemigas a los fondeaderos antárticos y consolidar la reclamación británica sobre las Dependencias de las Islas Falkland (Malvinas). La documentación institucional del British Antarctic Survey (BAS), organismo responsable de la administración de las bases antárticas británicas, identifica la investigación científica como una actividad complementaria respecto de esos objetivos militares y geopolíticos.
«The British Government established its first stations in the Antarctic as part of the wartime expedition known as Operation Tabarin in 1944. Its aims were to deter access to anchorages by enemy ships and to strengthen Britain’s claim to the Falkland Islands Dependencies. This also provided an opportunity to undertake scientific research.» (British Antarctic Survey, documento institucional)
La formulación establece una jerarquía explícita entre las finalidades de la expedición. La investigación científica aparece como una consecuencia derivada de una operación concebida inicialmente con fines militares y de afirmación soberana. Esta secuencia permite comprender el origen de la presencia británica en la región y proporciona un marco para interpretar las infraestructuras desarrolladas con posterioridad, incluida la Halley VI. Esta lectura no constituye una reconstrucción retrospectiva, sino que deriva de la caracterización histórica realizada por la propia institución responsable de la continuidad del programa antártico británico.
La primera base Halley fue instalada en 1956 en el contexto del Año Geofísico Internacional (1957-1958), como parte de una expedición organizada por la Royal Society. Su implantación prolongó la ocupación iniciada con la Operación Tabarin, aunque bajo un marco institucional orientado a la investigación científica. Desde entonces, la estación fue sustituida de manera sucesiva mediante las versiones Halley I a Halley V, todas afectadas por el progresivo enterramiento provocado por la acumulación de nieve. Este comportamiento de la plataforma de hielo puso de manifiesto una condición ambiental persistente que el proyecto de la Halley VI buscó resolver mediante un sistema estructural móvil y relocalizable. La evolución constructiva de la base expresa, por tanto, dos procesos simultáneos: el perfeccionamiento técnico de la infraestructura y la continuidad material de una ocupación mantenida durante más de siete décadas mediante la renovación periódica de sus edificios.
El contexto de soberanía en el que se emplaza la estación adquiere una dimensión adicional a la luz del derecho internacional. Desde 1965, la Asamblea General de las Naciones Unidas considera la cuestión de las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur como un caso de descolonización pendiente e insta a la Argentina y al Reino Unido a reanudar las negociaciones sobre la soberanía. Esta posición ha sido reiterada por el Comité Especial de Descolonización en resoluciones posteriores. En este marco jurídico y político, la construcción y el mantenimiento de infraestructura permanente en sectores antárticos vinculados a reclamaciones territoriales superpuestas de Argentina, Chile y el Reino Unido pueden analizarse como parte de las formas mediante las cuales los Estados sostienen su presencia efectiva en el territorio, además de responder a requerimientos científicos y operativos.
La plataforma Brunt como soporte arquitectónico dinámico
La Halley VI se emplaza sobre la plataforma de hielo Brunt, en la costa del mar de Weddell, aproximadamente a los 75° de latitud sur. Este emplazamiento impone condiciones ambientales de elevada exigencia para el diseño arquitectónico y la ingeniería estructural: temperaturas invernales que alcanzan los -56 °C, vientos sostenidos superiores a 100 km/h, un período de oscuridad continua cercano a cuatro meses por año y una acumulación anual de nieve de varios metros de espesor. A ello se suma el desplazamiento horizontal de la plataforma de hielo hacia el océano, estimado en aproximadamente 400 metros por año, de modo que toda infraestructura construida sobre ella permanece en movimiento respecto del continente. Estas condiciones configuran un escenario en el que las nociones convencionales de cimentación, permanencia y estabilidad requieren ser replanteadas.
En este contexto, la estación fue concebida como una infraestructura capaz de adaptarse a la dinámica del medio físico. Su funcionamiento depende tanto de la resistencia de la estructura frente a las condiciones climáticas como de su capacidad para ser relocalizada cuando la evolución de la plataforma lo exige, manteniendo la autonomía operativa durante largos períodos sin reabastecimiento exterior. La movilidad constituye, por tanto, un requisito funcional del proyecto y no un recurso excepcional. La plataforma Brunt experimenta procesos periódicos de fractura y desprendimiento de grandes masas de hielo (calving), que modifican continuamente la configuración del emplazamiento. Entre 2016 y 2017, el avance de una grieta de gran escala, conocida como Halloween Crack, motivó el traslado completo de la Halley VI hacia una posición más segura, verificando en condiciones operativas la eficacia del sistema de módulos desplazables previsto en el proyecto (Hodgson et al. 2018). Este episodio confirmó que la movilidad estructural constituía una condición indispensable para garantizar la continuidad de la estación.
La naturaleza dinámica del soporte físico introduce, además, una dimensión relevante para el análisis territorial del edificio. A diferencia de la arquitectura asentada sobre un sustrato geológicamente estable, la Halley VI se implanta sobre una plataforma flotante cuya configuración, extensión y posición varían de forma permanente como consecuencia de los procesos glaciológicos. En este sentido, la infraestructura mantiene una presencia continuada en un espacio cuyos límites físicos son variables y cuyo soporte material se transforma de manera constante. Esta condición no modifica el marco jurídico definido por el Tratado Antártico ni las reclamaciones de soberanía existentes, pero sí incorpora una dimensión espacial singular al análisis geopolítico: la arquitectura sostiene la permanencia institucional sobre un territorio cuya materialidad se encuentra en permanente desplazamiento y transformación.

Sistema modular, movilidad y adaptación estructural
Hugh Broughton Architects, en colaboración con AECOM como responsable de la ingeniería estructural y de instalaciones, desarrolló para la Halley VI un conjunto compuesto por ocho módulos interconectados, siete de ellos concebidos para desplazarse de forma independiente. Cada volumen está resuelto mediante una estructura metálica de doble envolvente que optimiza el aislamiento térmico frente a las condiciones extremas del emplazamiento. Los módulos se apoyan sobre patas hidráulicas de acero rematadas con esquís de fibra de vidrio, un sistema que permite elevar progresivamente la estructura sobre la acumulación de nieve y desplazarla horizontalmente mediante vehículos de tracción cuando las condiciones de la plataforma de hielo requieren su relocalización. La solución integra en un único sistema estructural la estabilidad, la adaptabilidad y la capacidad de movimiento.
La configuración modular responde directamente a los problemas observados en las versiones precedentes de la estación. Las bases Halley I a Halley V fueron concebidas como estructuras fijas o semifijas que terminaron sepultadas por la acumulación progresiva de nieve, circunstancia que obligó a su abandono o sustitución con elevados costos operativos y ambientales. La Halley VI incorpora la movilidad desde la fase de concepción del proyecto, transformándola en un principio organizador que condiciona la estructura portante, la modulación del conjunto y su funcionamiento. La posibilidad de relocalización deja así de constituir una respuesta excepcional para convertirse en una condición permanente de la arquitectura.
Esta concepción permite establecer un vínculo con las Walking Cities de Ron Herron (1964). En ambos proyectos, la capacidad de desplazamiento forma parte de la definición misma del edificio y condiciona su organización espacial y tecnológica. Herron imaginó megaestructuras autónomas capaces de trasladarse mediante sistemas mecánicos, integrando soporte estructural, infraestructura y espacios habitables en una única unidad móvil. La Halley VI comparte esta premisa conceptual, aunque la desarrolla desde un enfoque estrictamente constructivo. La movilidad no responde aquí a una especulación proyectual, sino a una exigencia derivada del comportamiento de la plataforma de hielo, resuelta mediante sistemas estructurales convencionales adaptados a un entorno de alta complejidad ambiental.
La organización funcional del conjunto se articula mediante un gradiente entre las áreas de uso colectivo y los espacios especializados. El módulo central, identificado por su color rojo, concentra los ámbitos de convivencia, reunión y recreación, esenciales para la vida comunitaria durante el invierno polar. Los módulos laterales, de color azul, albergan los laboratorios, dormitorios, salas de control y espacios destinados a las instalaciones técnicas. La diferenciación cromática responde a criterios de orientación y seguridad operativa, facilitando la identificación de los distintos volúmenes en condiciones de baja visibilidad. La estación dispone de capacidad para alojar hasta cincuenta y dos personas durante la campaña estival y dieciséis durante el invierno austral, período en el que el aislamiento obliga a mantener un elevado grado de autonomía energética, logística y alimentaria.

Habitabilidad, autonomía e infraestructura científica
La autonomía operativa de la Halley VI comprende los sistemas de abastecimiento energético, producción de agua, provisión alimentaria y comunicaciones. La estación utiliza generadores diésel como fuente principal de energía, complementados por sistemas de recuperación de calor que incrementan la eficiencia térmica del conjunto. El abastecimiento de agua se resuelve mediante la fusión controlada de nieve en instalaciones integradas a los módulos, mientras que las comunicaciones dependen de enlaces satelitales que garantizan tanto la transmisión continua de datos científicos como el contacto permanente con los equipos de apoyo ubicados en el Reino Unido. Estas infraestructuras permiten mantener el funcionamiento de la estación durante prolongados períodos de aislamiento y constituyen un requisito indispensable para su operación en un entorno sin redes de soporte externas.
El programa arquitectónico incorpora, además, criterios derivados de los estudios sobre habitabilidad en entornos extremos. Las investigaciones sobre comportamiento humano en estaciones antárticas muestran que la convivencia prolongada en espacios confinados, combinada con la ausencia de luz natural durante el invierno polar y las restricciones para desarrollar actividades en el exterior, favorece la aparición de estrés, fatiga psicológica y conflictos interpersonales (Palinkas 2001). En este contexto, la configuración espacial y las condiciones ambientales interiores adquieren un papel relevante en el desempeño operativo de la comunidad residente.
La organización funcional de la Halley VI responde a estas exigencias mediante una clara diferenciación entre los ámbitos destinados al trabajo científico, la vida privada y los espacios de convivencia. El módulo central concentra las áreas comunes y se caracteriza por una mayor altura libre, una iluminación más intensa y condiciones espaciales concebidas para favorecer la interacción social durante los períodos de confinamiento. Los sistemas de iluminación artificial fueron diseñados para mitigar los efectos del fotoperíodo extremo sobre el ritmo circadiano de los ocupantes. Desde esta perspectiva, los planteamientos de Pallasmaa (1996) sobre la dimensión sensorial de la arquitectura adquieren especial pertinencia. La atención a la luz, la materialidad, la acústica y la escala trasciende consideraciones de confort para convertirse en un componente que incide directamente en la habitabilidad y en el bienestar psicológico de los usuarios.
La actividad científica desarrollada en la estación se concentra principalmente en la meteorología, la física atmosférica y el estudio de la capa de ozono estratosférica. Un antecedente significativo fue el descubrimiento del agujero en la capa de ozono realizado en la estación Halley IV por investigadores del British Antarctic Survey en 1985 (Farman, Gardiner y Shanklin 1985), cuyos resultados contribuyeron a la formulación del Protocolo de Montreal de 1987. Este episodio confirma la relevancia científica de las investigaciones desarrolladas en la base. Al mismo tiempo, permite distinguir dos planos analíticos complementarios: el valor del conocimiento producido y las condiciones históricas, institucionales y geopolíticas que hacen posible esa producción. Es sobre este segundo aspecto donde se concentra la presente investigación.
Ciencia y presencia estatal en el Sistema del Tratado Antártico
El Tratado Antártico de 1959 estableció un régimen jurídico internacional que suspendió los efectos de las reclamaciones territoriales preexistentes sin resolverlas. El artículo IV dispone que ninguna actividad realizada durante la vigencia del tratado puede interpretarse como reconocimiento, renuncia o menoscabo de tales reclamaciones. Esta formulación permitió consolidar un marco de cooperación científica entre los Estados signatarios y, al mismo tiempo, preservar las posiciones soberanas existentes. En este contexto, la continuidad de las actividades científicas y el mantenimiento de infraestructura permanente adquirieron una relevancia particular como formas de presencia estatal en el continente.
Diversos estudios sobre la geopolítica antártica han señalado que, en este escenario, la actividad científica y la política territorial mantienen una estrecha relación. Beck (1986) analizó el papel desempeñado por las bases nacionales en la continuidad de las reclamaciones soberanas, argumentando que la distinción entre investigación científica y presencia política resulta, en numerosos casos, difícil de establecer. Berkman (2002) sostuvo que el Sistema del Tratado Antártico no elimina la competencia territorial, sino que la canaliza mediante un marco institucional orientado a la cooperación internacional. Desde la geografía política crítica, Dodds (2002) examinó la cartografía antártica y las narrativas nacionales como instrumentos de construcción territorial, señalando que las representaciones cartográficas incorporan decisiones sobre denominaciones, escalas y proyecciones que participan en la producción simbólica del espacio.
En el caso de la Halley VI, la articulación entre investigación científica y presencia territorial encuentra un antecedente explícito en la documentación institucional del British Antarctic Survey sobre los orígenes de la Operación Tabarin. Dichos documentos indican que la expedición fue organizada con objetivos geopolíticos y militares, mientras que la investigación científica se incorporó como una actividad complementaria. Las sucesivas reconstrucciones de la estación, incluida la Halley VI, pueden interpretarse como parte de la continuidad material de esa presencia, adaptando la infraestructura a las exigencias técnicas del emplazamiento sin alterar la función institucional de mantener una ocupación permanente del territorio.
Esta interpretación adquiere una dimensión adicional al considerar el contexto de las reclamaciones superpuestas entre el Reino Unido, Argentina y Chile. Tras el conflicto del Atlántico Sur de 1982, el Reino Unido mantuvo el control efectivo de las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur, mientras que las diferencias sobre la soberanía continuaron siendo objeto de posiciones contrapuestas en el ámbito internacional. En este escenario, la Halley VI puede analizarse simultáneamente como infraestructura destinada a la investigación científica y como un elemento material de la presencia continuada del Reino Unido en un espacio sujeto a disputas de soberanía. Desde esta perspectiva, la arquitectura participa en la construcción territorial no únicamente por las funciones que alberga, sino también por su capacidad para sostener una ocupación permanente mediante infraestructura especializada.

Arquitectura y responsabilidad en territorios en disputa
La teoría arquitectónica ha incorporado en las últimas décadas una reflexión sostenida sobre la relación entre producción del espacio, conflicto territorial y responsabilidad profesional. Los debates en torno a la construcción en territorios disputados, los procesos de renovación urbana asociados al desplazamiento de población y la participación de arquitectos en el diseño de infraestructuras militares o penitenciarias han ampliado el campo de análisis de la disciplina, incorporando variables históricas, jurídicas y políticas que trascienden la resolución técnica del proyecto. En este marco, Leach (1997) sostiene que la arquitectura difícilmente pueda considerarse una práctica políticamente neutra, dado que toda intervención sobre el espacio habitado produce efectos sociales y territoriales. Desde esta perspectiva, el análisis arquitectónico requiere examinar no solo las cualidades formales y constructivas de las obras, sino también las condiciones en las que estas son concebidas e implementadas.
Weizman (2007) profundizó esta línea de investigación mediante el estudio de la arquitectura en el conflicto israelí-palestino, demostrando cómo decisiones proyectuales relacionadas con la implantación de infraestructuras, la configuración de redes de circulación o la organización del territorio participan activamente en procesos de control espacial. Su noción de «política de la verticalidad», entendida como la administración integrada del subsuelo, la superficie y el espacio aéreo, ofrece una herramienta conceptual aplicable al contexto antártico, donde las cuestiones de soberanía también involucran el espacio aéreo, la plataforma continental y los recursos asociados al medio marino.
La Halley VI puede analizarse desde este marco teórico como una infraestructura que articula exigencias técnicas, científicas y territoriales. El proyecto desarrollado por Hugh Broughton Architects y AECOM resuelve con precisión los requerimientos estructurales, funcionales y ambientales propios de una estación científica emplazada sobre una plataforma de hielo en movimiento. Su reconocimiento por parte del Royal Institute of British Architects (RIBA) y su frecuente inclusión en los estudios sobre arquitectura para entornos extremos reflejan la calidad de sus soluciones proyectuales. Sin embargo, estas cualidades no agotan las posibilidades de interpretación del edificio. La estación forma parte de un proceso histórico de ocupación institucional que precede a su construcción y condiciona su significado dentro del sistema territorial antártico.
En consecuencia, el estudio de la Halley VI requiere integrar el análisis técnico y formal con la dimensión histórica y geopolítica que explica su implantación. Este enfoque no implica atribuir responsabilidades individuales a los proyectistas ni formular valoraciones de carácter moral sobre su actuación profesional. El objetivo consiste en ampliar el campo de interpretación de la obra, incorporando los factores institucionales y territoriales que intervienen en su producción. Desde esta perspectiva, la arquitectura se entiende como una práctica cuya materialización resulta inseparable de los contextos históricos, políticos y espaciales en los que se desarrolla.
Evolución de la arquitectura antártica y singularidad de Halley VI
La arquitectura antártica posee una trayectoria que se remonta a las expediciones científicas y exploratorias de comienzos del siglo XX. Las cabañas construidas por las expediciones de Ernest Shackleton y Robert Falcon Scott entre 1907 y 1912, actualmente conservadas por el Antarctic Heritage Trust, representan una etapa inicial caracterizada por estructuras de madera de reducido tamaño, concebidas para una ocupación temporal y bajo condiciones de disponibilidad material muy limitadas. La comparación con la Halley VI permite reconocer un siglo de transformaciones en los sistemas constructivos, las tecnologías ambientales y las condiciones de habitabilidad. Al mismo tiempo, evidencia la continuidad de una práctica en la que la arquitectura ha constituido un instrumento material para sostener la presencia institucional en el continente antártico.
A partir de la segunda posguerra, el incremento de la actividad científica y el interés geopolítico por la Antártida favorecieron la construcción de numerosas estaciones nacionales. La mayor parte adoptó sistemas modulares o prefabricados, condicionados por restricciones logísticas comunes: la imposibilidad de obtener materiales en el lugar, la necesidad de transportar todos los componentes desde el continente y la limitada ventana estacional disponible para las tareas de montaje. El estudio comparado de estas tipologías ha adquirido creciente relevancia dentro de la historia de la arquitectura, particularmente en el contexto de las investigaciones sobre cambio climático y sobre la evolución de la infraestructura científica en regiones polares.
Dentro de este panorama, la Halley VI destaca por la integración entre sistema estructural, organización funcional y composición arquitectónica. La modulación constituye el principio que ordena el conjunto, definiendo unidades constructivas claramente identificables cuya articulación produce una secuencia espacial jerarquizada entre los ámbitos colectivos y los espacios destinados a funciones especializadas. El volumen central, identificado cromáticamente en rojo, organiza la vida comunitaria y actúa como núcleo de distribución, mientras que los módulos laterales albergan los laboratorios, las áreas residenciales y las instalaciones técnicas. Esta disposición permite compatibilizar la autonomía funcional de cada volumen con el funcionamiento unitario de la estación.
La elevación de los módulos sobre patas hidráulicas rematadas en esquís configura una relación particular entre el edificio y la superficie de hielo. La estación evita el contacto permanente con el sustrato y mantiene una separación física que responde, en primer término, a la necesidad de controlar la acumulación de nieve y facilitar los desplazamientos periódicos del conjunto. Al mismo tiempo, esta condición define una imagen arquitectónica claramente reconocible dentro del paisaje antártico. La volumetría, la modulación y la diferenciación cromática favorecen la identificación de la estación en un entorno caracterizado por la homogeneidad visual del hielo y la nieve, contribuyendo tanto a la orientación y seguridad de los usuarios como a la construcción de una identidad formal asociada a la infraestructura científica británica.
La visibilidad de la Halley VI también forma parte de su proyección institucional. Las imágenes difundidas de la estación, especialmente aquellas que destacan el contraste entre el volumen central rojo y el paisaje polar, han contribuido a consolidarla como una referencia de la arquitectura en entornos extremos. En este sentido, la representación visual del edificio trasciende la documentación técnica y participa en la construcción de una imagen pública de la actividad científica desarrollada en la Antártida. Considerada desde una perspectiva geopolítica, esa dimensión comunicacional puede entenderse como un componente adicional de la presencia institucional que la infraestructura materializa en el territorio.
Técnica, discurso y construcción territorial
La presentación pública de proyectos como la Halley VI suele privilegiar su dimensión técnica y científica, inscribiéndolos en una narrativa centrada en el avance del conocimiento y en la capacidad de la arquitectura para responder a condiciones ambientales extremas. Esta interpretación resulta consistente con las características del proyecto. Sin embargo, cuando constituye el único marco de lectura, tiende a relegar los procesos históricos, institucionales y políticos que explican la implantación de este tipo de infraestructuras. La revisión conjunta de estas dimensiones permite ampliar la comprensión del edificio y de las funciones que desempeña dentro del sistema territorial antártico.
La concepción de la técnica como un ámbito independiente de las relaciones políticas posee una extensa tradición intelectual vinculada al pensamiento positivista del siglo XIX. Comte (1830-1842) identificó el progreso científico como la forma más desarrollada del conocimiento humano, diferenciándolo de las disputas propias de la metafísica y la política. Durante el siglo XX, esta interpretación fue revisada desde diversos campos de estudio. La teoría crítica, la sociología de la ciencia y la tecnología (Latour 1987; Winner 1980) y los estudios poscoloniales coincidieron en señalar que los sistemas técnicos incorporan decisiones sociales e institucionales, responden a determinados marcos de producción y condicionan las formas de uso y apropiación del espacio.
En este contexto, Winner (1980) propuso que los artefactos técnicos pueden expresar relaciones de poder mediante las condiciones materiales que establecen para su funcionamiento. Su conocido análisis de los puentes proyectados por Robert Moses en Long Island ilustra cómo determinadas decisiones de diseño pueden producir efectos sociales y políticos sin que estos se expliciten en el lenguaje formal de la arquitectura o la ingeniería. Aunque la Halley VI responde a un contexto completamente diferente, este planteamiento proporciona una herramienta conceptual útil para examinar las implicaciones territoriales de una infraestructura científica emplazada en un espacio sujeto a reclamaciones de soberanía.
Desde esta perspectiva, la sofisticación constructiva de la Halley VI no constituye un elemento ajeno a su dimensión territorial. La capacidad de mantener una infraestructura científica permanente, adaptable a las transformaciones de la plataforma de hielo y apta para sostener programas de investigación de largo plazo fortalece las condiciones materiales de la presencia institucional en la Antártida. En este sentido, la documentación histórica del British Antarctic Survey sobre la Operación Tabarin permite situar la estación dentro de una continuidad institucional en la que la investigación científica y la permanencia territorial aparecen estrechamente vinculadas desde el origen del programa británico. La arquitectura participa de esta relación al proporcionar el soporte físico que hace posible la continuidad de la actividad científica y, simultáneamente, de la presencia estatal en el territorio.
La historiografía sobre arquitectura y colonialismo ha desarrollado interpretaciones comparables en otros contextos históricos. Los trabajos de Mitchell (1988) sobre la colonización de Egipto y los estudios reunidos por Avermaete, Karakayali y von Osten (2010) acerca de la arquitectura en contextos coloniales muestran que las infraestructuras técnicas pueden analizarse simultáneamente como respuestas funcionales y como instrumentos de organización territorial. Considerada desde este marco, la Halley VI amplía ese campo de reflexión hacia el ámbito antártico y evidencia la utilidad de integrar el análisis arquitectónico con la historia política y la geografía del territorio en el que la obra se inserta.
Arquitectura, técnica y soberanía: aportes para una lectura crítica
El análisis de la Halley VI Antarctic Research Station permite identificar un conjunto de consideraciones de alcance teórico que trascienden el estudio de caso y contribuyen a la reflexión sobre las relaciones entre arquitectura, técnica y territorio en contextos de soberanía disputada.
En primer lugar, el estudio muestra que la sofisticación técnica de una infraestructura no excluye su dimensión política. En el caso de la Halley VI, las soluciones constructivas que garantizan la movilidad, la permanencia y la autonomía operativa constituyen las condiciones materiales que hacen posible el mantenimiento continuado de la actividad científica y de la presencia institucional en la Antártida. Desde esta perspectiva, el desarrollo tecnológico y la función territorial del edificio no aparecen como dimensiones contrapuestas, sino estrechamente articuladas.
En segundo lugar, la investigación pone de manifiesto la importancia de incorporar la trayectoria histórica de una infraestructura al análisis arquitectónico. La continuidad entre la Operación Tabarin de 1944 y las sucesivas versiones de la estación Halley proporciona un marco de interpretación que permite comprender la evolución técnica del conjunto dentro de un proceso institucional de larga duración. Las transformaciones constructivas introducidas en cada etapa responden a nuevas exigencias funcionales y ambientales, sin interrumpir la continuidad de la implantación británica en el sector antártico correspondiente.
En tercer lugar, el caso analizado evidencia que las narrativas centradas exclusivamente en el rendimiento técnico y científico pueden limitar la comprensión de las condiciones históricas e institucionales que hacen posible este tipo de infraestructuras. El énfasis en la innovación tecnológica describe con precisión una parte del proyecto, pero resulta insuficiente cuando se omiten los procesos geopolíticos que explican su origen, su permanencia y su función territorial. Integrar ambas perspectivas permite desarrollar una lectura más completa de la arquitectura antártica.
En cuarto lugar, el régimen establecido por el Tratado Antártico de 1959 configura un escenario singular para el estudio de la relación entre arquitectura y soberanía. La suspensión de los efectos de las reclamaciones territoriales, sin su resolución definitiva, otorga a la actividad científica y a las infraestructuras que la sostienen un papel relevante en la continuidad de la presencia estatal. En este contexto, las estaciones antárticas constituyen un objeto de estudio particularmente adecuado para examinar las interacciones entre producción arquitectónica, cooperación internacional y territorialidad.
Finalmente, la Halley VI adquiere especial interés en el contexto contemporáneo, marcado por la creciente relevancia de la Antártida para la investigación sobre cambio climático, dinámica glaciar y variaciones del nivel del mar. La necesidad de disponer de infraestructuras capaces de garantizar la continuidad de estas investigaciones incrementa el interés disciplinar por este tipo de edificios. Al mismo tiempo, el análisis de la estación confirma que la evaluación de la arquitectura en entornos extremos resulta más completa cuando integra las dimensiones técnicas, ambientales, históricas y geopolíticas que intervienen en su producción y funcionamiento. Desde esta perspectiva, la Halley VI constituye un caso de estudio que contribuye a ampliar la comprensión de las relaciones entre arquitectura, conocimiento científico y construcción del territorio.
Marcelo Gardinetti

Bibliografía
Avermaete, Tom, Serhat Karakayali y Marion Von Osten, eds. 2010. Colonial Modern: Aesthetics of the Past, Rebellions for the Future. Londres: Black Dog Publishing.
Beck, Peter J. 1986. The International Politics of Antarctica. Londres: Croom Helm.
Berkman, Paul Arthur. 2002. Science into Policy: Global Lessons from Antarctica. San Diego: Academic Press.
British Antarctic Survey. s.f. History of Halley Research Station. Documento institucional. Cambridge: Natural Environment Research Council.
Broughton, Hugh y AECOM. 2013. Halley VI Antarctic Research Station. Memoria de proyecto. Londres: Hugh Broughton Architects.
Comte, Auguste. 1830-1842. Cours de philosophie positive. París: Bachelier.
Dodds, Klaus. 2002. Pink Ice: Britain and the South Atlantic Empire. Londres: I.B. Tauris.
Farman, Joseph C., Brian G. Gardiner y Jonathan D. Shanklin. 1985. «Large losses of total ozone in Antarctica reveal seasonal ClOx/NOx interaction». Nature 315, nº 6016: 207-210. https://doi.org/10.1038/315207a0.
Herron, Ron. 1964. «Walking Cities». Archigram, nº 5. Londres: Archigram Group.
Hodgson, Dominic A., et al. 2018. «Moving a research station to a safer site on the Brunt Ice Shelf». Polar Record 55, nº 2: 1-12. https://doi.org/10.1017/S0032247418000621.
Joyner, Christopher C. 1992. Antarctica and the Law of the Sea. Dordrecht: Martinus Nijhoff Publishers.
Latour, Bruno. 1987. Science in Action: How to Follow Scientists and Engineers Through Society. Cambridge, MA: Harvard University Press.
Leach, Neil, ed. 1997. Rethinking Architecture: A Reader in Cultural Theory. Londres: Routledge.
Mitchell, Timothy. 1988. Colonising Egypt. Cambridge: Cambridge University Press.
Palinkas, Lawrence A. 2001. «Mental and Cognitive Performance in the Cold». International Journal of Circumpolar Health 60, nº 3: 430-439. https://doi.org/10.3402/ijch.v60i3.17436.
Pallasmaa, Juhani. 1996. The Eyes of the Skin: Architecture and the Senses. Londres: Academy Editions.
Rabinow, Paul. 1989. French Modern: Norms and Forms of the Social Environment. Cambridge, MA: MIT Press.
Tafuri, Manfredo. 1973. Progetto e utopia: architettura e sviluppo capitalistico. Bari: Laterza. Traducido por Gustavo Gili como Arquitectura y utopía. Design y desarrollo capitalista (Barcelona: Gustavo Gili, 1980).
Weizman, Eyal. 2007. Hollow Land: Israel’s Architecture of Occupation. Londres: Verso.
Winner, Langdon. 1980. «Do Artifacts Have Politics?». Daedalus 109, nº 1: 121-136.
TECNNE | Arquitectura, pensamiento crítico y práctica cultural ©Marcelo Gardinetti 2026 – Todos los derechos reservados.
El contenido de este sitio web se encuentra protegido por la legislación vigente en materia de propiedad intelectual e industrial. Salvo en los supuestos expresamente previstos por la ley, queda prohibida su reproducción, distribución, comunicación pública o transformación sin la autorización previa del titular de los derechos correspondientes. Las imágenes y fotografías reproducidas se utilizan exclusivamente con fines informativos, críticos y educativos, en el marco de la divulgación de obras artísticas y arquitectónicas de relevancia cultural. En todos los casos, proceden de fuentes de acceso público en línea, se presentan en baja resolución, carecen de idoneidad para usos comerciales y van acompañadas de la correspondiente mención de autoría, sin que ello implique desconocimiento alguno de los derechos de propiedad intelectual que les son inherentes. Los esquemas y bocetos que acompañan los artículos han sido elaborados por el autor a partir de material fotográfico preexistente, con una finalidad analítica e interpretativa, reconociendo explícitamente la autoría original de las obras representadas y respetando íntegramente los derechos que las protegen. Tecnne emplea herramientas de inteligencia artificial generativa como apoyo en tareas de investigación documental y redacción asistida. Todo contenido es revisado, verificado y editado bajo responsabilidad exclusiva del autor. Ver [política editorial].