Piezas contrapuestas

El pasado como único protagonista, Dolores Gómez Macedo

Por Marcelo Gardinetti

Fotografía: Dolores Gómez Macedo

Abril de 2015

“…el edificio está conectado con la historia, ha evolucionado de la misma manera  como el Partenón evolucionó a partir de una generación de templos anteriores.” Bernard Tschumi

Diseñar el Museo de la Acrópolis en Atenas, significa el desafío de reconocer un pasado omnipresente, la puesta en valor de las preexistencias (hallazgos arqueológicos de la colina de la Acrópolis y sus inmediaciones) y a la vez lograr expresar una nueva presencia arquitectónica en la ciudad.

 Para conocer y entender aún más, el proyecto de Bernard Tschumi con Michalis Fotiadis, se hace necesario una breve reseña de una ciudad tan antigua, con un vastísimo patrimonio histórico, arquitectónico y simbólico de la Grecia clásica.

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Atenas… eterna, frágil, pero viva…

Caminar por las calles de Atenas, implica dejarse sorprender por permanentes testimonios de un pasado glorioso… de una ciudad que fue cuna de la democracia, la justicia, el arte y la belleza. Y donde, la sublime imagen de la colina sagrada de la Acrópolis, es la referencia constante en el recorrido.

Así, se nos aparece el emplazamiento de la antigua Agora, flanqueada con los pórticos, con sus diversos edificios, como el dominante Templo de Hefesto, entre otros. Luego, el teatro de Dionisios, el edificio de Odeón de Herodes Ático, más allá el templo de Zeus Olímpico, etc.

El pasado nos envuelve y al seguir subiendo, llegamos a la Acrópolis de Pericles: con los Propileos su gran entrada y junto a ella, el templo de Atenea Niké. Pero, es al ingresar, donde se nos impone por un lado la magnificencia del templo del Partenón y por otro la sutileza del pequeño templo Erectión, con su sus cariátides.

Desde lo alto e imbuidos de una atmósfera muy particular, podemos contemplar el volumen del Museo, que con sus contundentes dimensiones, geometría y superficies acristaladas, se destaca en la trama urbana.

Se halla situado en el barrio de Makrigianni, sobre el paseo peatonal Dionisio Areopagita,  que es el eje de los recintos arqueológicos y junto al edificio Weiler de mediados del siglo XIX.

Su configuración responde a tres necesidades básicas: el contacto visual con los monumentos de la Acrópolis, lograr exponer en tres niveles las piezas trasladadas desde la roca sagrada, otras que estaban guardadas y reliquias de hasta 2500 años de antigüedad y también adaptar el edificio a las excavaciones arqueológicas realizadas en su base.

Así, las exposiciones se despliegan en tres niveles, al que se añade un cuarto, sobre el que está asentado. En la planta baja, la Sala de Klitias (laderas) de la Acrópolis, con piezas provenientes de los santuarios y objetos de la vida cotidiana; en el primer nivel la Sala de las Obras Arcaicas, con esculturas que pertenecieron a los primeros grandes templos de la Acrópolis, las kores (estatuas votivas), relieves de mármol, jinetes, etc.; y en el ultimo nivel la Sala del Partenón, donde se destacan los relieves del friso que representa la procesión de las Panateneas.

La exposición se enriquece nuevamente, al regresar al primer piso, donde nos encontramos con piezas únicas como el artesonado de los Propileos, las esculturas de la balaustrada del Templo Atenea Niké y las Cariátides del Erectión.

Las salas se pueden visitar en un recorrido planteado de forma cronológica, donde el hormigón, el vidrio y el mármol, definen los espacios con la sobriedad necesaria, para albergar piezas y esculturas tan únicas y universales.

Las grandes superficies vidriadas de las envolventes, permiten por una parte, mantener el vínculo con ese excepcional contexto histórico y arquitectónico, que pasa a ser parte del Museo y por otro asegura la presencia de la luz natural, para iluminar y destacar las esculturas.

Construir algo nuevo en una franca coexistencia con lo viejo, con lo más prístino de una civilización, supone una faceta retrospectiva, donde sólo desde el más profundo conocimiento y de una sensibilidad comprometida, es posible abordarlo.

El diálogo con el pasado, se logra a partir de su implantación, de los materiales empleados y de evocar la historia en cada espacio, pero desde un lenguaje contemporáneo, bajo el concepto de continuidad.

El Museo así, con su propia lógica arquitectónica, no sólo conserva y muestra un pasado glorioso en espacios cuidadosamente diseñados para tal fin; sino que también establece una relación casi simbiótica con la Acrópolis, su motivo de existencia.

Dolores Gómez Macedo, 2015©

Fotografías: ©Dolores Gómez Macedo

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Escrito en: Arquitectura
Autor: Marcelo Gardinetti
Fotografía: Dolores Gómez Macedo
Cite: Dolores Gómez Macedo, Piezas contrapuestas; Tecnne
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