Maison à Bordeaux de Rem Koolhaas: Análisis Espacial, Estructura y Programa Doméstico

Gardinetti, Marcelo

Arquitecto, Editor de Tecnne · La Plata, Argentina

Resumen

La Maison à Bordeaux (1998), proyectada por Rem Koolhaas junto a Office for Metropolitan Architecture, constituye una de las obras residenciales más significativas de finales del siglo XX por su integración de estructura, programa, tecnología y experiencia espacial. Concebida para un propietario con movilidad reducida, la vivienda transforma la accesibilidad en un principio organizador capaz de redefinir las relaciones entre cuerpo, movimiento y arquitectura. El proyecto se estructura mediante tres estratos autónomos vinculados por una plataforma hidráulica móvil que funciona simultáneamente como medio de circulación y espacio habitable. Esta condición introduce una dimensión dinámica que altera la configuración espacial de la casa y convierte el desplazamiento en un componente fundamental de la experiencia doméstica. La obra establece además un diálogo crítico con la tradición moderna, reinterpretando la promenade architecturale, la relación entre arquitectura y máquina, y los mecanismos de observación del paisaje. Su relevancia radica en demostrar cómo la complejidad programática y la innovación tectónica pueden integrarse en una arquitectura capaz de responder a condiciones específicas sin reducir la riqueza espacial del habitar.

Palabras clave: Maison à Bordeaux, Rem Koolhaas, promenade architecturale, accesibilidad arquitectónica, arquitectura residencial contemporánea.

Contexto y Génesis Conceptual del Proyecto

La Maison à Bordeaux, proyectada por Rem Koolhaas y la Office for Metropolitan Architecture (OMA) a finales de la década de 1990, ocupa una posición relevante en la evolución de la vivienda unifamiliar contemporánea. La obra se distancia de las aproximaciones formalistas y de las tendencias minimalistas dominantes en ese período para plantear una revisión crítica de los modelos residenciales convencionales. En la trayectoria de Koolhaas, el proyecto traslada al ámbito doméstico cuestiones desarrolladas previamente en investigaciones sobre la complejidad programática y la coexistencia de múltiples sistemas espaciales. La vivienda se concibe como una estructura capaz de modificar las relaciones entre el habitante, el espacio y el movimiento, incorporando mecanismos arquitectónicos que transforman la experiencia cotidiana del entorno construido.

El origen del encargo estuvo determinado por una circunstancia específica: la condición de movilidad reducida de su propietario tras un grave accidente automovilístico. Esta situación exigía una respuesta arquitectónica que excediera los criterios habituales de accesibilidad. El proyecto abordó la discapacidad no como una limitación funcional que debía compensarse mediante adaptaciones puntuales, sino como un factor generador de una nueva organización espacial.

La experiencia previa del cliente en una residencia histórica del centro de Burdeos resultó decisiva en la formulación del programa. Las escaleras, los desniveles y la compartimentación característica del tejido urbano medieval restringían sus desplazamientos y condicionaban su relación con el espacio doméstico. Frente a esa situación, la solicitud de una “casa compleja” en lugar de una vivienda convencional (Koolhaas/OMA) expresaba la voluntad de habitar un entorno capaz de ofrecer diversidad espacial, variación perceptiva y libertad de recorrido.

La respuesta arquitectónica consistió en la construcción de un sistema estratificado en el que estructura, programa y tecnología operan de manera integrada. La vivienda se organiza como una secuencia de plataformas diferenciadas que establecen relaciones variables entre los distintos niveles y sus usos. En este contexto, la movilidad deja de entenderse únicamente como un problema técnico y se convierte en un principio generador de la composición arquitectónica. La Maison à Bordeaux configura así un entorno doméstico donde los mecanismos constructivos y espaciales amplían las posibilidades de ocupación, percepción y experiencia del habitante.

Rem Koolhaas Maison a Bordeaux vista

Implantación Topográfica y Construcción del Paisaje

La implantación de la Maison à Bordeaux en las colinas que dominan el valle del Garona responde a una lectura atenta de las condiciones topográficas, paisajísticas y normativas del lugar. El emplazamiento ofrece amplias vistas sobre el paisaje circundante y la silueta urbana de Burdeos, situando la vivienda en una posición de observación privilegiada. Esta condición paisajística estuvo acompañada por una serie de restricciones urbanísticas que limitaron la altura de la edificación a nueve metros y exigieron una integración visual compatible con las características cromáticas del entorno.

La respuesta proyectual desarrollada por OMA se apoyó en una organización horizontal de los volúmenes y en una cuidadosa relación entre arquitectura y topografía. El volumen superior, revestido en hormigón pigmentado en tonos rosados, establece una continuidad visual con la coloración de los suelos y de la piedra caliza característica de la región. Esta decisión material permitió reducir el impacto perceptivo de la construcción en el paisaje sin alterar la claridad geométrica que caracteriza la composición general del conjunto.

Durante el proceso de diseño, el equipo exploró distintas alternativas para conciliar la complejidad programática de la vivienda con los requerimientos de accesibilidad. Entre las opciones estudiadas figuraban sistemas de apilamiento convencional y recorridos continuos mediante una rampa de gran desarrollo longitudinal, una solución que remite a algunas investigaciones de Le Corbusier sobre la promenade architecturale. Sin embargo, la extensión necesaria de dicho recorrido hubiera incrementado considerablemente la ocupación del terreno y condicionado el desplazamiento cotidiano del usuario.

La solución finalmente adoptada consistió en organizar la vivienda como la superposición de tres niveles autónomos articulados por una plataforma elevadora móvil. Este recurso permitió concentrar el programa sin fragmentar la continuidad funcional de la casa. Al mismo tiempo, cada estrato establece una relación específica con la topografía y el paisaje: el nivel inferior se inserta parcialmente en el terreno y aprovecha la condición masiva de la roca; el nivel intermedio prolonga el plano del jardín y actúa como espacio de transición; el volumen superior se proyecta hacia el horizonte mediante amplias aperturas que incorporan las vistas del valle a la experiencia doméstica. La circulación vertical se convierte en uno de los principios organizadores de la composición arquitectónica.

Organización Programática y Autonomía de los Estratos Espaciales

La organización espacial de la Maison à Bordeaux se estructura mediante la superposición de tres niveles claramente diferenciados, cada uno definido por condiciones materiales, espaciales y programáticas específicas. Esta disposición establece distintos grados de privacidad y autonomía funcional, permitiendo la coexistencia de usos domésticos diversos dentro de una composición unitaria. La vivienda no se desarrolla como una secuencia continua de espacios, sino como la articulación de tres estratos con lógicas propias, conectados mediante sistemas de circulación convencionales y por la plataforma elevadora que constituye el elemento central del proyecto.

El nivel inferior se inserta parcialmente en la ladera y concentra los espacios vinculados a la vida cotidiana y a los servicios domésticos, entre ellos la cocina, la bodega, áreas técnicas y espacios de estancia. Su relación directa con el terreno determina una espacialidad caracterizada por la masa, la inercia térmica y una iluminación controlada. Diversos patios excavados introducen luz natural y ventilación, al tiempo que organizan las relaciones entre las distintas dependencias. Estos vacíos funcionan como elementos de transición que delimitan ámbitos de uso diferenciados y regulan la percepción del espacio. La materialidad predominante y la condición semienterrada del nivel refuerzan su vinculación física con la topografía.

Sobre esta base se dispone el nivel intermedio, concebido como una planta abierta delimitada por cerramientos acristalados de gran formato. Este estrato alberga las principales áreas de reunión y convivencia, incluyendo la sala de estar, el comedor y espacios de trabajo. La transparencia de la envolvente diluye los límites entre interior y exterior, incorporando visualmente el jardín y el paisaje del valle a la experiencia doméstica. La continuidad visual y la flexibilidad funcional convierten este nivel en el núcleo relacional de la vivienda. La luz natural adquiere aquí un papel determinante, modificando constantemente la percepción de los espacios a través de reflejos, transparencias y variaciones atmosféricas.

El nivel superior adopta una configuración formal y material distinta. Se presenta como un volumen prismático de hormigón pigmentado que contiene las áreas destinadas al descanso y la vida privada. Su organización interna distingue los espacios de los padres y de los hijos mediante recorridos y accesos diferenciados. Frente a la transparencia del nivel intermedio, este volumen se caracteriza por una envolvente más cerrada y controlada. Las perforaciones circulares practicadas en la fachada introducen luz natural y establecen relaciones visuales selectivas con el entorno. En lugar de ofrecer vistas panorámicas continuas, estas aberturas encuadran fragmentos específicos del paisaje, produciendo una experiencia visual basada en la selección y la secuencia de perspectivas.

La composición de los tres niveles establece una gradación entre masa y ligereza, apertura y resguardo, continuidad y concentración. Cada estrato desarrolla una relación particular con el emplazamiento: el nivel inferior se integra en la topografía, el intermedio prolonga visualmente el jardín y el superior se orienta hacia el horizonte. Esta diferenciación programática y espacial constituye uno de los principios organizadores fundamentales de la vivienda y explica la singularidad de su configuración arquitectónica.

La Plataforma Hidráulica como Núcleo de Articulación Arquitectónica

El elemento organizador de la Maison à Bordeaux es una plataforma elevadora de aproximadamente 3 x 3,5 metros accionada mediante un sistema hidráulico. Su función excede la de un mecanismo convencional de circulación vertical, ya que forma parte activa del programa arquitectónico y participa en la configuración espacial de la vivienda. Concebida como una estancia móvil, la plataforma integra el espacio de trabajo del propietario y le permite desplazarse entre los distintos niveles sin interrumpir sus actividades cotidianas.

La incorporación de este dispositivo introduce una dimensión variable en una estructura aparentemente estable. A diferencia de un ascensor tradicional, que permanece contenido dentro de un núcleo técnico, la plataforma modifica las condiciones espaciales de cada planta según su posición. En el nivel inferior se vincula con las áreas de servicio; en la planta intermedia se integra en el espacio social como una prolongación de la superficie habitable; y en el nivel superior se incorpora a la suite principal, donde funciona como estudio y área de trabajo.

El recorrido vertical de la plataforma está acompañado por una biblioteca desarrollada a toda altura, configurando una sección dinámica en la que almacenamiento, circulación y ocupación se articulan en un único sistema. Este elemento refuerza la continuidad visual entre los distintos estratos de la vivienda y subraya la importancia de la sección como herramienta fundamental del proyecto.

La movilidad de la plataforma produce transformaciones espaciales concretas. Su desplazamiento genera vacíos temporales en los entrepisos, altera la continuidad de las superficies y modifica la relación entre los recintos adyacentes. La casa deja de entenderse como una organización fija de plantas superpuestas para operar como una estructura capaz de reconfigurar parcialmente sus condiciones internas a lo largo del tiempo.

Desde una perspectiva conceptual, el sistema hidráulico constituye el principal mecanismo de articulación entre accesibilidad, programa y forma arquitectónica. La circulación vertical deja de ser un problema técnico resuelto mediante dispositivos auxiliares y adquiere un papel central en la organización del proyecto. La plataforma conecta los distintos ámbitos domésticos, garantiza la autonomía de uso del propietario y convierte el movimiento en un componente constitutivo de la experiencia espacial. En este sentido, la vivienda se define tanto por sus elementos construidos como por las transformaciones producidas por el desplazamiento continuo de este dispositivo móvil.

Rem Koolhaas Maison a Bordeaux, Croquis

Relectura Contemporánea de la Promenade Architecturale

La Maison à Bordeaux puede interpretarse dentro de la tradición del promenade architecturale, un concepto que Ingrid Böck (2015) identifica como un componente fundamental en la producción teórica y proyectual de OMA. Al igual que en la obra de Le Corbusier, el movimiento constituye un mecanismo de organización espacial que articula recorridos, encadena secuencias perceptivas y construye una experiencia arquitectónica basada en la transformación continua de las perspectivas. Sin embargo, la interpretación desarrollada por Koolhaas se distancia de los principios de orden, claridad compositiva y economía formal característicos de la modernidad clásica. En su lugar, incorpora discontinuidades, superposiciones programáticas y sistemas de circulación múltiples que responden a condiciones funcionales específicas.

Los antecedentes de esta concepción espacial pueden rastrearse en las observaciones de Auguste Choisy sobre la Acrópolis de Atenas, donde el desplazamiento del observador produce una sucesión de vistas oblicuas y relaciones visuales cambiantes. Le Corbusier incorporó estas ideas en proyectos como la Villa Savoye y la Maison La Roche-Jeanneret, integrándolas con su interés por la arquitectura árabe, cuya comprensión espacial, según sus propias palabras, se produce a través del recorrido y la experiencia directa del movimiento (Le Corbusier, 1930). En estas obras, la rampa funciona como un elemento ordenador que estructura la secuencia espacial y establece una continuidad perceptiva entre los distintos niveles.

En la Maison à Bordeaux, Koolhaas retoma esta tradición desde una lógica distinta. El recorrido arquitectónico ya no se organiza mediante un único eje dominante, sino a través de la coexistencia de sistemas de circulación diferenciados. La plataforma elevadora, la escalera de caracol y los recorridos convencionales generan experiencias espaciales diversas y permiten interpretar la vivienda desde múltiples puntos de vista. La sección arquitectónica adquiere así un protagonismo equivalente al de la planta, convirtiéndose en el principal soporte de las relaciones entre movimiento, programa y percepción.

Esta reinterpretación también se manifiesta en la relación crítica que el proyecto establece con algunos principios asociados a los Cinco Puntos de la Nueva Arquitectura. Mientras que los pilotis de Le Corbusier respondían a una lógica de regularidad estructural y abstracción geométrica, la Maison à Bordeaux emplea un sistema de apoyos heterogéneo que expresa las tensiones específicas de su configuración constructiva. Del mismo modo, la ventana longitudinal es sustituida por una serie de perforaciones circulares que establecen relaciones visuales selectivas con el paisaje. En lugar de ofrecer una visión continua del horizonte, estas aberturas encuadran fragmentos concretos del entorno y construyen una percepción secuencial basada en la alternancia entre apertura, control visual y profundidad.

La obra no plantea una revisión literal de los postulados modernos, sino una reinterpretación adaptada a nuevas condiciones programáticas, técnicas y corporales. El movimiento continúa siendo el instrumento que articula la experiencia arquitectónica, aunque ya no se expresa mediante la continuidad lineal característica de las villas corbusieranas. En la Maison à Bordeaux, la circulación se fragmenta, se mecaniza y se diversifica, convirtiéndose en un sistema capaz de responder simultáneamente a la complejidad funcional de la vivienda y a las necesidades específicas de sus habitantes.

Movilidad, Máquina y Experiencia Espacial

Un aspecto significativo en la relación entre la Maison à Bordeaux y la tradición moderna reside en la influencia del automóvil como elemento organizador de la experiencia espacial. En la Villa Savoye, Le Corbusier incorporó las dimensiones y el radio de giro del vehículo como parámetros de diseño que determinaron la configuración de la planta baja. La llegada en automóvil formaba parte de una secuencia continua de aproximación y recorrido que culminaba en la rampa interior, integrando circulación mecánica y promenade architecturale en una única experiencia espacial (Böck, 2015). Del mismo modo, diversas aperturas del nivel superior establecían una relación visual con el paisaje que evocaba la percepción encuadrada propia del desplazamiento automovilístico.

La Maison à Bordeaux retoma esta asociación entre movilidad y arquitectura desde un contexto técnico y programático diferente. El acceso a la vivienda incorpora el movimiento del vehículo como parte de la secuencia de llegada, estableciendo una continuidad conceptual entre los desplazamientos exteriores y los sistemas de circulación internos. En este caso, la movilidad adquiere una relevancia particular debido a las condiciones físicas del propietario, para quien el automóvil y la plataforma elevadora constituyen dispositivos complementarios de autonomía y desplazamiento.

La relación entre ambos mecanismos resulta especialmente significativa. El recorrido horizontal que conduce a la vivienda encuentra un correlato en el movimiento vertical de la plataforma hidráulica que articula los tres niveles de la casa. Si en la Villa Savoye el automóvil organizaba la aproximación al edificio y la rampa estructuraba la experiencia interior, en la Maison à Bordeaux la plataforma asume una función equivalente como elemento articulador del programa y de la percepción espacial. La circulación deja de ser un recorrido lineal para convertirse en una secuencia de posiciones variables dentro de una estructura tridimensional.

Esta reinterpretación también se manifiesta en el tratamiento de las aberturas. Frente a la continuidad visual asociada a la ventana horizontal moderna, Koolhaas introduce sistemas de encuadre más selectivos que regulan la relación con el paisaje. Las perforaciones y aperturas del volumen superior construyen vistas específicas y dirigen la atención hacia determinados fragmentos del entorno. La vivienda opera así como un dispositivo de observación en el que la percepción del paisaje se encuentra mediada por elementos arquitectónicos que controlan la orientación, la profundidad y el alcance visual.

La analogía con la máquina, recurrente en el pensamiento moderno, adquiere en este proyecto una dimensión distinta. Ya no se expresa principalmente a través de la estandarización formal o de la estética industrial, sino mediante la integración de mecanismos que amplían las posibilidades de uso, circulación y percepción del espacio doméstico.

Sistema Estructural y Equilibrio de Fuerzas

La resolución estructural de la Maison à Bordeaux constituye uno de los aspectos más singulares del proyecto, ya que permite materializar la aparente suspensión del volumen superior sin comprometer la apertura espacial de la planta intermedia. La propuesta desarrollada por OMA se basa en un sistema de apoyos y elementos de estabilización que distribuye las cargas de manera no convencional, alejándose de esquemas estructurales simétricos o de una lectura directa de los esfuerzos.

El volumen superior de hormigón se apoya sobre tres elementos principales que organizan el comportamiento estructural del conjunto. Uno de ellos corresponde al núcleo asociado a la escalera de caracol, cuya posición desplazada respecto del centro geométrico de la planta introduce una condición de asimetría deliberada. Esta decisión genera importantes solicitaciones derivadas del voladizo y obliga a incorporar mecanismos complementarios de estabilización.

Para controlar estas cargas, una gran viga de transferencia se dispone longitudinalmente sobre la cubierta del volumen superior. Este elemento recoge parte de los esfuerzos generados por la configuración estructural y los redistribuye hacia un sistema de anclaje compuesto por un tensor de acero fijado al terreno. El tensor trabaja principalmente a tracción y contribuye a contrarrestar los momentos producidos por el desplazamiento de las cargas, garantizando la estabilidad global del edificio. En el extremo opuesto, un soporte metálico en forma de “L” completa el sistema resistente y proporciona apoyo adicional al volumen suspendido.

La combinación de estos elementos permite liberar gran parte de la planta intermedia de apoyos verticales convencionales. Como consecuencia, el nivel social adquiere una notable continuidad espacial y visual, reforzada por la transparencia de la envolvente acristalada. La estructura deja de funcionar exclusivamente como un sistema técnico oculto y participa activamente en la construcción de la experiencia arquitectónica.

La materialidad contribuye a intensificar esta condición. El bloque superior de hormigón expresa visualmente su carácter masivo y monolítico, mientras que los elementos metálicos y las superficies reflectantes de la escalera reducen su presencia perceptiva dentro del espacio. Esta combinación genera una tensión entre peso y ligereza, estabilidad y suspensión, que constituye uno de los rasgos más reconocibles de la obra.

La estructura actúa como un componente inseparable de su organización espacial y formal. La disposición asimétrica de los apoyos, la utilización de elementos trabajando a tracción y la liberación del nivel intermedio permiten que la lógica resistente se convierta en parte visible de la arquitectura. En consecuencia, la estabilidad del conjunto surge de un equilibrio cuidadosamente calculado entre fuerzas opuestas, haciendo de la estructura un elemento central en la definición de la vivienda.

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Arquitectura, Accesibilidad y Transformación del Habitar

Desde una perspectiva conceptual, la Maison à Bordeaux propone una interpretación de la accesibilidad que se distancia de los modelos residenciales basados exclusivamente en la eliminación de obstáculos físicos. El proyecto incorpora la condición de movilidad reducida del propietario como un parámetro generador de la organización arquitectónica, integrándola en la estructura espacial, programática y tecnológica de la vivienda. La respuesta de Koolhaas no consiste en simplificar el entorno doméstico, sino en desarrollar un sistema capaz de mantener la diversidad de experiencias espaciales y la complejidad funcional propias de una vivienda contemporánea.

En este sentido, la plataforma móvil adquiere una relevancia que trasciende su función mecánica. Su presencia permite al habitante acceder a la totalidad de la casa y participar activamente en las distintas actividades domésticas sin que la movilidad reducida determine una segregación programática. La tecnología se incorpora como un componente estructural de la experiencia espacial, ampliando las posibilidades de uso y relación con el entorno construido.

La organización general de la vivienda refuerza esta condición mediante una distribución diferenciada de usos y recorridos. La superposición de estratos programáticos y la coexistencia de distintos sistemas de circulación permiten compatibilizar las necesidades específicas del propietario con la autonomía del resto de los habitantes. La escalera de caracol, la plataforma elevadora y los recorridos horizontales configuran una red de desplazamientos que admite formas diversas de ocupación y uso del espacio.

Esta disposición evita que la vivienda quede definida exclusivamente por criterios asistenciales. Los espacios mantienen su identidad doméstica y conservan la complejidad funcional propia de una residencia familiar. Cada nivel desarrolla condiciones de uso particulares y ofrece distintos grados de privacidad, favoreciendo la coexistencia de dinámicas individuales y colectivas dentro de una misma estructura arquitectónica.

La Maison à Bordeaux plantea así una reflexión sobre la relación entre arquitectura, cuerpo y tecnología. La accesibilidad deja de entenderse como una adaptación añadida a una tipología preexistente y se convierte en un principio organizador del proyecto. A través de esta integración, la vivienda explora nuevas formas de habitar en las que los sistemas técnicos participan activamente en la construcción de la autonomía, la experiencia espacial y las relaciones sociales que se desarrollan en el ámbito doméstico.

Vigencia Crítica de la Maison à Bordeaux en la Arquitectura Contemporánea

La Maison à Bordeaux ocupa una posición singular dentro de la producción residencial de finales del siglo XX debido a su capacidad para integrar programa, estructura, tecnología y experiencia espacial en un sistema arquitectónico unitario. El proyecto articula una compleja relación entre masa y transparencia, estabilidad y movimiento, permanencia y transformación. A través de la interacción entre llenos y vacíos, espacios excavados y volúmenes suspendidos, OMA construye una organización capaz de responder a requerimientos funcionales específicos sin renunciar a la intensidad formal y perceptiva de la arquitectura.

La relevancia de la obra también reside en la manera en que incorpora la movilidad como principio generador del proyecto. La condición física del propietario no se aborda mediante soluciones añadidas a una tipología preexistente, sino que interviene directamente en la definición de la estructura espacial, los sistemas de circulación y la configuración programática de la vivienda. Como resultado, la accesibilidad deja de constituir una cuestión exclusivamente técnica para convertirse en un factor determinante de la forma arquitectónica.

Desde una perspectiva disciplinar, la casa puede interpretarse como una revisión crítica de diversos temas asociados a la tradición moderna: la promenade architecturale, la relación entre arquitectura y máquina, la integración del paisaje en la experiencia doméstica y la capacidad de la técnica para transformar las condiciones del habitar. Sin reproducir de manera literal estos referentes, Koolhaas los reinterpreta a partir de un contexto contemporáneo caracterizado por la superposición de programas, la diversidad de recorridos y la incorporación de sistemas tecnológicos activos en la configuración del espacio.

Más de dos décadas después de su construcción, la Maison à Bordeaux continúa siendo un caso de estudio relevante por la precisión con la que vincula requerimientos funcionales, investigación espacial y experimentación estructural. Su aportación no radica únicamente en las soluciones técnicas empleadas, sino en la manera en que estas participan en la definición de una arquitectura capaz de adaptarse a condiciones específicas sin reducir la complejidad de la experiencia doméstica. La vivienda constituye una reflexión sobre las relaciones entre cuerpo, tecnología y espacio construido, así como sobre el potencial de la arquitectura para reorganizar las formas de habitar a través de una comprensión integrada de estas variables.

Marcelo Gardinetti

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Marcelo Gardinetti
Marcelo Gardinetti

Arquitecto, editor y director de Tecnne desde 2011.
Investigador en teoría y crítica de la arquitectura moderna y contemporánea.
La Plata, Argentina.
ORCID: https://orcid.org/0000-0002-6679-7951

Artículos: 1225

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