Entre finales de la década de 1960 y los primeros años de la de 1970, Florencia se consolidó como un ámbito determinante en la reformulación de los marcos conceptuales de la arquitectura, al confluir en un mismo tiempo la crisis del Movimiento Moderno, la politización del espacio universitario y la circulación internacional de nuevas culturas mediáticas y tecnológicas. Este artículo analiza las condiciones históricas, institucionales y culturales que propiciaron la aparición del Gruppo 9999 en el seno de la Arquitectura Radical italiana, reconstruyendo el entramado intelectual que facilitó el desplazamiento desde una noción de proyecto centrada en la autonomía formal hacia enfoques de carácter relacional. El estudio se apoya en el examen crítico de fuentes primarias y secundarias para identificar los mecanismos mediante los cuales el contexto florentino favoreció la convergencia entre crítica cultural, experimentación pedagógica y aproximaciones vinculadas a una sensibilidad postindustrial emergente. En este sentido, la ciudad operó como un laboratorio teórico y práctico donde se pusieron en cuestión los límites disciplinarios de la arquitectura, al tiempo que se ensayaron nuevas formas de interacción entre espacio, tecnología y comportamiento social. Desde esta perspectiva, la experiencia del Gruppo 9999 se inscribe en un marco más amplio de revisión de los fundamentos del habitar, anticipando debates actuales relacionados con las ecologías espaciales, la sostenibilidad y la reconsideración del rol del arquitecto frente a los sistemas productivos y culturales contemporáneos.
Introducción: Florencia 1960–1972: laboratorio radical de una modernidad en crisis
Durante la década de 1960, la arquitectura occidental atravesó un proceso de revisión profunda asociado a la crisis del ideario moderno y a la necesidad de reformular sus fundamentos teóricos en el contexto de la posguerra. En Italia, esta situación derivó en una crítica estructural al objeto arquitectónico y a su rol dentro de la sociedad de consumo y los sistemas tecnocráticos emergentes, con Florencia como uno de los principales focos de articulación intelectual y pedagógica. En este marco, el Gruppo 9999 definió una posición específica al incorporar la dimensión ecológica y la mediación tecnológica como ejes centrales de una reconsideración del habitar.
El análisis sostiene que el colectivo desarrolló una postura anticipatoria al formular una crítica sistemática al consumo masivo, sustituyendo la lógica de acumulación por una integración dinámica entre naturaleza, tecnología y vida cotidiana. Desde esta perspectiva, la arquitectura fue entendida como un dispositivo operativo, orientado menos a la producción de edificaciones permanentes que a la configuración de sistemas capaces de sostener la vida en equilibrio con los procesos naturales. Catharine Rossi ha interpretado esta posición como una manifestación del denominado “modo pastoral”, entendido como una reformulación de la arcadia, en la que la simplificación material y la referencia a lo primordial operan como contrapeso a la alienación propia de la modernidad tecnológica.
La formación académica desarrollada en la Facultad de Arquitectura de Florencia resultó determinante en la configuración de este enfoque. La influencia de docentes como Leonardo Ricci y Leonardo Savioli contribuyó a consolidar una concepción del espacio entendida como campo de interacción, en la que el usuario adquiere un papel activo en la transformación de los componentes arquitectónicos. Savioli, en particular, promovió la noción de “espacio de involucramiento” y una arquitectura abierta, flexible y modificable, en la que la representación deja de operar como imagen estática para convertirse en una realidad en permanente actualización.
Bajo este marco teórico y pedagógico, el Gruppo 9999 cuestionó el principio funcionalista según el cual la forma se subordina a la función, orientando su investigación hacia la función simbólica del espacio y hacia procesos de descondicionamiento frente a la centralidad de la posesión material. La noción de “no-arquitectura”, formulada en el contexto de la Arquitectura Radical, expresó la voluntad de desplazar la disciplina hacia prácticas capaces de erosionar las estructuras de poder inscritas en el entorno construido, reivindicando la creatividad individual como una capacidad inherente y no como un código reservado a una élite cultural. Esta posición se apoyó en una lectura del primitivismo que identificaba en los saberes no intelectuales y en las formas de conocimiento ancestral una alternativa a la lógica alienante de la sociedad industrial.
La proyección internacional del grupo se consolidó en 1972 con su participación en la exposición Italy: The New Domestic Landscape en el Museum of Modern Art de Nueva York, donde el proyecto Vegetable Garden House (Casa Orto) fue reconocido por su planteamiento de una relación simbiótica entre espacio doméstico y naturaleza. Intervenciones como la transformación de la discoteca Space Electronic en un entorno productivo mediante la introducción de huertos habitables materializaron una concepción del espacio como sistema ecológico activo, en el que la tecnología se reorienta hacia la reducción del impacto ambiental y la regeneración de los ciclos naturales. En conjunto, la producción del Gruppo 9999 puede leerse como un laboratorio conceptual que anticipó debates actuales en torno a sostenibilidad, economía circular y la reformulación ética del habitar en relación con la biosfera, situándose en la confluencia entre experimentación radical y reflexión crítica sobre los límites de la modernidad.

2. Florencia como laboratorio de la Arquitectura Radical
2.1 Florencia en los años sesenta
El contexto florentino de la década de 1960 se definió por una tensión constante entre la densidad de su herencia histórica y la necesidad de una reforma pedagógica y epistemológica de la disciplina arquitectónica. La Facultad de Arquitectura de Florencia se constituyó en uno de los principales escenarios de este proceso, al albergar una de las primeras y más prolongadas ocupaciones estudiantiles en Italia, iniciada en 1963 y culminada, en su fase más intensa, con una huelga de ochenta y cinco días en 1968. Este clima de contestación excedió la dimensión estrictamente política y se orientó hacia una revisión crítica de los valores disciplinares, con el objetivo de desplazar la arquitectura de su autonomía formal hacia una práctica vinculada a la experiencia cotidiana y al compromiso social.
En este marco, docentes como Leonardo Savioli y Leonardo Ricci desempeñaron un papel central al impulsar un modelo pedagógico basado en la integración entre teoría, práctica proyectual y artes visuales. Savioli introdujo el concepto de spazio di coinvolgimento, entendido como un espacio en el que el proyecto abandona su condición representacional para configurarse como una estructura abierta, susceptible de ser activada y transformada por la acción del usuario. El diseño se concibió así como una realidad en proceso, caracterizada por la interacción directa entre cuerpo, espacio y dispositivo arquitectónico.
Bajo esta influencia se conformaron colectivos como Archizoom y Superstudio, cuya producción temprana se articuló en torno a una lectura crítica de la superproducción y el consumo. La exposición Superarchitettura, celebrada en 1966, operó como un punto de inflexión al proponer una arquitectura que incorporaba la ironía como estrategia de desmitificación de los lenguajes modernos y de los valores asociados al progreso técnico.
La relativa debilidad de una industria constructiva local actuó, de forma paradójica, como un factor que amplió los márgenes de experimentación conceptual, al reducir la presión del encargo y del mercado inmobiliario. En este contexto, Florencia se consolidó como un nodo de intercambio internacional, conectando las investigaciones tecnológicas de Archigram con las propuestas espaciales de Yona Friedman y con las exploraciones del Metabolismo japonés, configurando un campo de debate en el que la arquitectura se entendió como sistema abierto, adaptable y relacional.
2.2 El impacto de la inundación de 1966
La inundación del río Arno en noviembre de 1966 constituyó un acontecimiento decisivo en la reformulación del imaginario de la arquitectura radical florentina. El episodio fue interpretado por numerosos arquitectos como la manifestación de un colapso de la racionalidad urbana moderna, al poner en evidencia la vulnerabilidad de una ciudad históricamente estructurada según principios de orden geométrico, proporción y control técnico. La irrupción del agua y del lodo en el tejido urbano renacentista produjo una imagen de desarticulación simbólica del monumento, leída como un proceso de desmonumentalización que alteró la relación entre arquitectura, suelo y memoria histórica.
Cristiano Toraldo di Francia describió este fenómeno como una separación simbólica entre los edificios históricos y su basamento tectónico, una condición que permitía imaginar una ciudad en la que lo monumental parecía flotar sobre un soporte inestable y mutable. Esta imagen contribuyó a erosionar los valores de permanencia y estabilidad asociados a la cultura arquitectónica oficial, habilitando un campo de reflexión orientado hacia prácticas que cuestionaban los fundamentos disciplinarios tradicionales.
En este marco interpretativo, el barro que cubrió Florencia fue asumido como una metáfora del agotamiento de los debates académicos desvinculados de la realidad social y ambiental. La catástrofe favoreció la emergencia de posiciones vinculadas a la noción de “no-arquitectura”, entendida como un desplazamiento del proyecto hacia formas de acción orientadas a liberar al individuo de estructuras espaciales percibidas como inhibidoras. De manera simultánea, el evento reforzó la crítica a los modelos de desarrollo urbano ajenos a los equilibrios ecosistémicos, impulsando al Gruppo 9999 a formular propuestas centradas en la idea de eco-supervivencia.
La inundación operó así como un catalizador de una conciencia ecológica incipiente, en la que la naturaleza comenzó a ser considerada no como un elemento subordinado al artificio urbano, sino como un sistema de referencia frente a la lógica de la ciudad de las mercancías. Esta orientación se tradujo en proyectos de fuerte carga especulativa, como Salvataggio di Venezia, donde el grupo planteó la sustitución de los canales por superficies verdes continuas, invirtiendo el signo del progreso industrial y proponiendo una relectura del territorio desde parámetros ambientales y biológicos.
Desde esta perspectiva, la catástrofe de 1966 puede entenderse como un punto de inflexión ético más que como un episodio exclusivamente material. La experiencia del Arno contribuyó a consolidar una concepción de la arquitectura como mediadora entre la biosfera y dispositivos tecnológicos de alta complejidad, reorientados hacia la reducción del impacto ambiental. En conjunto, la Florencia de los años sesenta, situada entre la densidad de su legado monumental y la fragilidad revelada por el desastre, ofreció un contexto propicio para una generación que redefinió el proyecto arquitectónico como una herramienta para modelar comportamientos y relaciones, y no únicamente como una práctica orientada a la producción de objetos construidos.

3. El entorno académico y político
3.1 La Facultad de Arquitectura de Florencia
La academia florentina desempeñó un papel decisivo en la legitimación de las prácticas experimentales que desembocaron en la Arquitectura Radical. Este proceso se articuló, en gran medida, a través de la labor docente de Leonardo Ricci y Leonardo Savioli, figuras centrales en la reformulación de los modelos pedagógicos de la Facultad de Arquitectura de Florencia y reconocidos como referentes de una nueva etapa de investigación proyectual de vanguardia. Bajo su orientación, los programas de estudio priorizaron el análisis de problemáticas sociales y el desarrollo de la creatividad intelectual, incorporando con frecuencia un imaginario tecnológico como instrumento para ampliar los horizontes de la imaginación arquitectónica.
En el curso de Arquitectura de Interiores y Diseño, impartido por Savioli entre 1966 y 1970, se introdujo el concepto de spazio di coinvolgimento, formulado como una crítica a la concepción del espacio entendido exclusivamente como representación. El espacio fue planteado como una realidad activa, susceptible de ser modificada y activada mediante la participación directa del usuario, desplazando el proyecto hacia una condición abierta y procesual. Las dinámicas pedagógicas promovidas en este ámbito incorporaron referencias a lenguajes provenientes de las artes visuales, en particular el Pop Art y el Arte Programado, entendidos como herramientas para problematizar la relación entre percepción, tecnología y entorno construido.
De manera complementaria, Leonardo Ricci dirigió el taller de Diseño Visual como un espacio de formación propedéutica orientado al estudio del proceso proyectual por encima de la definición formal del objeto. El trabajo académico se estructuró a partir de la exploración de relaciones espaciales de complejidad progresiva, mediante la manipulación de puntos, líneas y superficies en configuraciones tridimensionales, con el objetivo de desarrollar una comprensión estructural del espacio y de los sistemas que lo organizan. Este enfoque contribuyó a consolidar una pedagogía centrada en la experimentación, en la que la arquitectura se entendió como un campo de investigación abierto más que como un conjunto de soluciones tipológicas cerradas.
3.2 Protesta estudiantil y crisis disciplinar
En 1963, las facultades de arquitectura de Milán, Turín y Roma habían sido ya ocupadas, configurando un primer cuestionamiento colectivo de un sistema académico considerado obsoleto y desvinculado de la investigación y de los cambios sociales en curso. Sin embargo, fue en Florencia donde este proceso adquirió una resonancia simbólica más amplia, al articular la crítica a los programas docentes con una revisión estructural de la cultura de masas y de los dispositivos de producción cultural asociados a ella.
La ocupación de la Facultad de Arquitectura de Florencia en 1968, prolongada durante ochenta y cinco días, constituyó un punto de inflexión en el que el movimiento estudiantil formuló una demanda explícita de sustitución del modelo pedagógico basado en la transmisión dogmática del conocimiento por una educación participativa, vinculada a los problemas concretos del hábitat y de la transformación social. Esta experiencia consolidó un marco de acción en el que la enseñanza de la arquitectura fue entendida como un campo de responsabilidad colectiva y de intervención crítica.
Las prácticas desarrolladas en este contexto se extendieron más allá del ámbito académico, materializándose en intervenciones urbanas de carácter efímero y experimental. Entre ellas se encuentran los urboeffimeri del grupo UFO, estructuras inflables de polietileno concebidas como dispositivos semióticos de ocupación temporal del espacio público, así como las proyecciones multimedia del Gruppo 9999, que reconfiguraron monumentos históricos como superficies de experimentación perceptiva y mediática. Estas acciones evidenciaron un desplazamiento del proyecto arquitectónico hacia estrategias de comunicación, interacción y relectura crítica del entorno urbano.
3.3 Condiciones productivas y libertad experimental
Como ha señalado Lara Vinca Masini, la ausencia de una demanda operativa sostenida por parte de la ciudad, al no constituir Florencia un centro industrial comparable a Milán o Turín, generó un margen de autonomía conceptual singular dentro del panorama arquitectónico italiano. Al quedar parcialmente desvinculados de los condicionamientos del mercado y de las exigencias asociadas a la materialización inmediata del proyecto, los jóvenes arquitectos dispusieron de un contexto propicio para el desarrollo de una investigación de carácter eminentemente ideativo.
Esta condición favoreció un desplazamiento progresivo desde el interés por el proyecto urbano total hacia una atención concentrada en el objeto arquitectónico, el mobiliario y los dispositivos domésticos como generadores de espacialidad y comportamiento. En coherencia con este giro, los arquitectos vinculados a la Arquitectura Radical cuestionaron los medios tectónicos tradicionales y exploraron estrategias de producción no convencionales, como el montaje, el cine, la instalación y la edición de revistas, entendidas como plataformas de investigación y difusión crítica.
En este marco, la arquitectura dejó de concebirse como un servicio subordinado al sistema productivo para configurarse como una práctica orientada a la evasión de las lógicas dominantes del consumo. Las nociones de “no-arquitectura” y de “arquitectura de evasión” sintetizaron esta posición, al proponer una disciplina centrada en la desactivación de las estructuras espaciales y simbólicas que regulan el comportamiento en la sociedad de consumo, más que en la producción de objetos edificados convencionales.

4. Intercambios culturales y referencias internacionales
La consolidación del Gruppo 9999 como uno de los actores relevantes de la Arquitectura Radical italiana debe entenderse como el resultado de una red compleja de intercambios internacionales y de una genealogía de ideas que circularon a través de viajes, publicaciones especializadas y exposiciones de alcance transnacional. La producción del colectivo se inscribe en lo que se ha definido como la internazionale dell’utopia, un campo de afinidades intelectuales en el que convergieron diversas corrientes críticas orientadas a la reformulación del proyecto arquitectónico.
La formación intelectual del grupo estuvo marcada por dos desplazamientos geográficos de especial relevancia. En 1964, los miembros fundadores emprendieron un viaje a la India con el objetivo de analizar el desarrollo urbano de Chandigarh, concebido por Le Corbusier como un experimento de planificación moderna a gran escala. Posteriormente, en 1967, un segundo viaje a Estados Unidos permitió ampliar este marco de referencias, desplazando el interés desde el estudio de las estructuras académicas de Louis Kahn y Paul Rudolph hacia el contacto directo con las expresiones de la contracultura norteamericana y sus dispositivos espaciales alternativos.
Entre estas influencias, la escena multimedia neoyorquina ocupó un lugar central, en particular el club Electric Circus, situado en Greenwich Village. La visita de Carlo Caldini en 1967 puso al grupo en contacto con el trabajo de Rudi Stern y con el concepto de Ultra-Media, entendido como una integración de imagen, sonido y espacio en entornos inmersivos. Esta referencia operó como detonante del Happening Progettuale realizado en 1968 sobre el Ponte Vecchio, donde se emplearon proyecciones de astronautas y paisajes infraestructurales californianos para ensayar una forma de intervención urbana basada en dispositivos mediáticos, prescindiendo de los materiales tectónicos convencionales.
En el contexto europeo, el Gruppo 9999 incorporó las visiones tecnológicas desarrolladas por Archigram y la aproximación pedagógica de Cedric Price, en particular la noción de una arquitectura reprogramable, capaz de adaptarse a usos variables y no previstos. De este marco se desprende el interés por el espacio como estructura de involucramiento, una idea que encontró resonancia en la didáctica de Leonardo Savioli y que fue integrada en los cursos impartidos en Florencia a finales de la década de 1960.
El colectivo mantuvo asimismo un diálogo sostenido con el denominado fenómeno austríaco, representado por Hans Hollein y Walter Pichler, y con el Metabolismo japonés de Kenzo Tange y Kisho Kurokawa. Estas corrientes compartían el uso del tecnomorfismo y del cambio de escala como estrategias críticas para cuestionar los límites disciplinarios de la arquitectura y su relación con el cuerpo y el territorio. Estas conexiones internacionales se materializaron en iniciativas como la S-Space (Separate School for Expanded Conceptual Architecture), cofundada junto a Superstudio en 1970, y alcanzaron una proyección significativa en la exposición Italy: The New Domestic Landscape celebrada en el Museum of Modern Art en 1972, donde la Vegetable Garden House fue reconocida como un modelo de eco-supervivencia con alcance global.

Conclusión (Parte I)
El análisis del contexto permite sostener que el Gruppo 9999 no se configuró como un fenómeno aislado ni circunscrito al ámbito local, sino como el resultado de una convergencia específica entre la radicalidad cultural florentina, los modelos de pedagogía experimental y una red ampliada de intercambios internacionales. La debilidad de una industria constructiva consolidada, la crisis del objeto moderno como soporte exclusivo del proyecto, la circulación de revistas de alcance transnacional y la politización de la academia generaron un marco propicio para una revisión estructural de los fundamentos disciplinarios.
En este escenario, el proyecto arquitectónico experimentó un desplazamiento progresivo desde la centralidad de la representación tectónica hacia el estudio del comportamiento humano y de los sistemas de mediación ecológica. Esta transición, más que un cambio de lenguaje formal, supuso una reorientación del campo disciplinar hacia procesos relacionales y operativos, en los que el espacio se entendió como un dispositivo capaz de regular interacciones entre cuerpo, entorno y tecnología. Este marco conceptual constituye el eje teórico a partir del cual se articula la segunda parte del artículo.
©tecnne
Imagenes: ©Gruppo 9999
Los sketches que acompañan el presente trabajo fueron elaborados por el autor a partir de imágenes correspondientes al Gruppo 9999, reconociendo explícitamente su autoría original y sin desconocer los derechos de propiedad intelectual que les son inherentes.
TECNNE | Arquitectura y contextos ©Marcelo Gardinetti 2026 – Todos los derechos reservados.
El contenido de este sitio web se encuentra protegido por la legislación vigente en materia de propiedad intelectual e industrial. Salvo en los supuestos expresamente previstos por la ley, queda prohibida su reproducción, distribución, comunicación pública o transformación sin la autorización previa del titular de los derechos correspondientes. – Las imágenes y fotografías reproducidas se utilizan exclusivamente con fines informativos, críticos y educativos, en el marco de la divulgación de obras artísticas y arquitectónicas de relevancia cultural. En todos los casos, las imágenes proceden de fuentes de acceso público en línea, se presentan en baja resolución, carecen de idoneidad para usos comerciales y van acompañadas de la correspondiente mención de autoría, sin que ello implique desconocimiento alguno de los derechos de propiedad intelectual que les son inherentes. – Los esquemas y bocetos que acompañan los artículos han sido elaborados por el autor a partir de material fotográfico preexistente, con finalidad analítica e interpretativa, reconociendo explícitamente la autoría original de las obras representadas y respetando íntegramente los derechos que las protegen.
