Morfología, sintaxis y composición de un conjunto abierto
Gardinetti, Marcelo
Arquitecto, Editor de Tecnne · La Plata, Argentina
Tecnne · Año 2026, n.º 78
Resumen
El Centro Cívico de Santa Rosa, proyectado por Clorindo Testa y sus asociados a partir del concurso de 1955, constituye una intervención arquitectónica de escala urbana cuya configuración se desarrolló mediante la incorporación sucesiva de piezas diferenciadas. Esta primera parte analiza la morfología, la sintaxis compositiva y la organización funcional del conjunto, atendiendo especialmente a la relación entre autonomía de las partes y configuración del todo. La Casa de Gobierno, concebida como una barra tripartita organizada mediante una modulación estructural diferenciada, y la Terminal de Ómnibus, estructurada mediante la repetición de paraboloides hiperbólicos, presentan dos modalidades de agregación formal que permiten reconocer una misma regla compositiva: el contacto entre componentes sin fusión de sus identidades geométricas. El análisis incorpora las condiciones territoriales del concurso, la transformación del anteproyecto y la inversión tipológica respecto del Secretariado de Chandigarh, así como la relación entre programa, sección, recorrido y clima. La hipótesis sostiene que la coherencia del Centro Cívico no depende de una composición unitaria y jerárquica, sino de un sistema capaz de articular partes autónomas mediante reglas de combinación relativamente estables.
Palabras clave: Clorindo Testa; Centro Cívico de Santa Rosa; morfología arquitectónica; composición por agregación; sintaxis arquitectónica; brutalismo argentino; arquitectura moderna.
El Centro Cívico como operación de fundación urbana
El Centro Cívico de Santa Rosa no puede analizarse únicamente como la resolución arquitectónica de un programa administrativo. El concurso convocado en 1955 planteaba una operación de escala urbana: organizar, “casi desde cero”, una nueva pieza de ciudad sobre un terreno de nueve hectáreas, situado en una posición excéntrica respecto del núcleo fundacional (Costa Cabral, 2013). El proyecto de Clorindo Testa debía, por tanto, articular arquitectura, espacio público y estructura urbana en un área donde la trama existente todavía no definía una configuración consolidada. Esta condición permite entender la obra como una intervención institucional y, simultáneamente, como una operación de construcción de ciudad. A pesar de la relevancia que el propio arquitecto le atribuyó, el Centro Cívico ha recibido menor atención crítica que el Banco de Londres (1959) y la Biblioteca Nacional (1962), ambos en la Capital Federal (Costa Cabral, 2009; Costa Cabral y Coradin, 2007).
Este análisis desplaza el foco hacia la configuración arquitectónica del conjunto: su morfología, su sintaxis compositiva, su organización funcional y las relaciones espaciales que establece entre sus distintas piezas. La reconstrucción del proceso histórico y territorial constituye el marco necesario para comprender su desarrollo, pero la interpretación propuesta se concentra en la lógica formal que articula el proyecto. El Centro Cívico se configura mediante la yuxtaposición de volúmenes y partes con autonomía compositiva, antes que mediante su subordinación a una figura unitaria de orden jerárquico. Esta condición puede reconocerse tanto en la escala de los edificios como en la disposición general del conjunto y en las sucesivas ampliaciones que modificaron su configuración. La composición conserva así una estructura reconocible mientras incorpora nuevas piezas, una condición que explica su carácter simultáneamente coherente e inacabado.
La misma lógica adquiere una dimensión urbana cuando se observa la relación entre las piezas construidas, los espacios intermedios y la estructura abierta del conjunto. La ausencia de una composición cerrada permite que cada intervención establezca relaciones específicas con las preexistentes, produciendo una configuración susceptible de transformación. En este sentido, el Centro Cívico puede leerse como un antecedente temprano de una concepción urbana basada en la articulación de fragmentos, próxima a la noción de “ciudad collage” formulada posteriormente por Rowe y Koetter (1978).

Morfología, sintaxis y semántica en la composición arquitectónica
Sostener esta tesis requiere explicitar el instrumental con el que se analizará el objeto. El Centro Cívico será abordado mediante tres niveles complementarios: morfológico, sintáctico y semántico. Cada uno permite aislar un aspecto de la configuración arquitectónica y, en conjunto, establecer relaciones entre la organización de las partes, sus reglas de combinación y los significados que adquiere el conjunto.
El primer nivel es morfológico y atiende a la relación entre las partes y el todo. Mahfuz (1995) plantea que todo proyecto resuelve el problema de organizar volúmenes, aberturas y elementos estructurales dentro de una totalidad reconocible. Esta organización puede responder a una estructura jerárquica, cuando un eje, un volumen o un elemento dominante establece relaciones de subordinación con las partes restantes, o a una lógica de agregación, cuando los componentes mantienen su autonomía geométrica y se articulan mediante yuxtaposición, contacto o adición serial. La oposición entre jerarquía y agregación constituye, en este caso, un instrumento para identificar el modo en que Testa configura tanto los edificios individuales como las relaciones entre ellos.
El segundo nivel es sintáctico y examina las reglas de combinación de los elementos formales, independientemente de los significados que puedan adquirir. Broadbent (1976) distingue en el proceso de diseño un componente sintáctico, referido a las relaciones formales, geométricas y estructurales entre las partes, y un componente semántico, vinculado con aquello que esas relaciones comunican a quien las percibe. Aplicado al Centro Cívico, esta distinción permite separar dos preguntas relacionadas pero diferentes: cómo se articulan la barra, las sombrillas, los cilindros y el muro curvo, y qué significados produce esa articulación en la experiencia espacial del conjunto.
El tercer nivel corresponde al análisis semántico y se desarrolla en dos registros. El primero se vincula con las características que Banham (1966) identifica en el New Brutalism: la construcción de una imagen arquitectónica memorable, la exposición de la estructura y la valoración de los materiales en su condición as found. El segundo se relaciona con la noción de “ciudad collage” formulada por Rowe y Koetter (1978), según la cual una estructura urbana puede constituirse mediante la acumulación de piezas relativamente autónomas, incorporadas en distintos momentos y sin quedar subordinadas a un plan maestro cerrado. Cada componente conserva así parte de la lógica formal y del contexto disciplinar de su propia incorporación.
Estos tres niveles organizan el análisis que sigue. La lectura morfológica permitirá establecer cómo se relacionan las partes y el todo; la sintáctica, identificar las reglas que gobiernan su articulación; y la semántica, examinar los valores arquitectónicos y urbanos asociados con esa configuración. Desde esta articulación será posible interpretar la condición inacabada del Centro Cívico como una consecuencia de su sistema compositivo y no únicamente como el resultado de su desarrollo histórico.

Sitio, concurso y programa del Centro Cívico
Santa Rosa fue fundada en 1892, al término de las campañas militares que consolidaron el control estatal sobre los territorios del sur. Costa Cabral (2013) caracteriza este proceso como el exterminio de las poblaciones indígenas de la región. Décadas después, la provincialización de La Pampa mediante la Ley N.º 14.037 de 1951 planteó la necesidad de concentrar en una sede institucional los organismos de la nueva administración provincial, hasta entonces distribuidos en inmuebles alquilados (Di Liscia, Fernández y Saez, 2019). El terreno destinado al Centro Cívico comprendía aproximadamente 115.000 metros cuadrados y se ubicaba sobre la Ruta Nacional N.º 5, en el límite entre el área urbana consolidada y el campo abierto. Esta condición periférica sería determinante para la implantación del conjunto y para su relación con la estructura urbana existente (Di Liscia, Fernández y Saez, 2019).
Las bases del concurso fueron aprobadas en agosto de 1955, con el asesoramiento del arquitecto Hirsz Rotsait y la organización de la Sociedad Central de Arquitectos. El programa establecía la construcción inmediata de la Casa de Gobierno y, simultáneamente, la definición de una zonificación general para el futuro Centro Cívico, que incorporaría un núcleo cultural y edificios destinados a los poderes Legislativo y Judicial. El programa alcanzaba aproximadamente 15.000 metros cuadrados cubiertos (Di Liscia, Fernández y Saez, 2019). El proceso quedó interrumpido por el golpe de Estado de septiembre de 1955 y se reanudó posteriormente, con la recepción de diecisiete propuestas el 30 de enero de 1956. El jurado, integrado por Borthagaray, Jannello y Vivanco junto con representantes del gobierno provincial, otorgó el Primer Premio al proyecto presentado individualmente por Clorindo Testa (Schere, 2008; Di Liscia, Fernández y Saez, 2019). Davinovic, Gaido y Rossi, colaboradores habituales de Testa, habían decidido no participar debido a su objeción ética ante la ausencia de un plan regulador previo (Costa Cabral y Coradin, 2007). Tras la resolución del concurso, se incorporaron al equipo de proyecto.
El anteproyecto premiado disponía inicialmente los distintos componentes en el perímetro del terreno, estableciendo una ocupación dispersa y una relación directa entre las piezas y el espacio central. La versión aprobada en julio de 1956 concentró la intervención en el sector sudeste y reunió la Gobernación y los Ministerios en un único volumen. Según Muñoa (2017), esta modificación supuso el abandono de la prioridad peatonal presente en la propuesta inicial. Desde el punto de vista morfológico, el cambio resulta significativo: el proyecto pasó de una configuración perimetral y fragmentada a una organización concentrada en torno a una barra de mayor compacidad. Esta transformación no constituye únicamente una reducción del programa, sino una modificación de las relaciones entre volumen, vacío y recorrido que condicionaría la configuración posterior del conjunto.
La obra fue finalmente ejecutada por Mignone & Safar, mediante un contrato firmado en octubre de 1958 (Di Liscia, Fernández y Saez, 2019). La secuencia entre concurso, reformulación del anteproyecto y ejecución permite distinguir tres momentos en la configuración del Centro Cívico: la propuesta urbana inicial, la concentración programática de 1956 y su posterior materialización constructiva. Esta sucesión resulta relevante para el análisis morfológico, ya que permite observar cómo las decisiones adoptadas durante el desarrollo del proyecto modificaron las relaciones entre las partes antes de su consolidación arquitectónica.

Partes autónomas y organización del conjunto arquitectónico
La Casa de Gobierno como composición tripartita
La Casa de Gobierno constituye el componente principal del conjunto. Se trata de un volumen prismático orientado en sentido norte-sur, de 184,495 metros de longitud y 23,08 metros de ancho, organizado en cuatro niveles sobre rasante y un subsuelo que ocupa aproximadamente la mitad de la superficie (Di Liscia, Fernández y Saez, 2019). Su configuración no responde a una masa homogénea, sino a la articulación de tres franjas diferenciadas en sección. El semisótano, de carácter público, establece su relación con el exterior mediante rampas; la planta principal presenta una altura de 5,70 metros y concentra los principales accesos peatonales y vehiculares; los dos niveles superiores alojan las áreas de oficinas. Cada franja establece condiciones específicas de acceso, escala y uso. El edificio se constituye, por tanto, mediante la agregación de partes diferenciadas cuya coexistencia define la totalidad.
Esta organización se prolonga en sentido longitudinal mediante una modulación estructural de 7,875 metros entre ejes de columnas. Las juntas de dilatación subdividen la barra en secuencias de 2-5-2 módulos en el sector de Gobernación y de 3-4-4-3 en el área ministerial (Di Liscia, Fernández y Saez, 2019). La modulación funciona así como una unidad de orden que permite construir el conjunto mediante repetición. La misma relación entre unidad y totalidad que organiza la sección se reproduce en planta, aunque con una diferencia fundamental: mientras las franjas horizontales se distinguen por programa y escala, la trama longitudinal deriva de la repetición de una dimensión estructural constante.
En sección transversal, esta modulación determina un espacio central de aproximadamente 7,08 metros de luz libre, donde se concentran los núcleos de servicios y las circulaciones verticales. A ambos lados se disponen dos fajas de plantas libres destinadas a las áreas de trabajo. La estructura organiza así una relación precisa entre concentración y expansión: los elementos de servicio ocupan la zona central, mientras que las áreas de uso administrativo se desarrollan hacia el perímetro y reciben iluminación natural. La sección no funciona únicamente como respuesta constructiva, sino como un mecanismo de distribución espacial que establece diferentes grados de compacidad dentro de una misma estructura.
Santa Rosa y la inversión tipológica respecto de Chandigarh
La comparación con el Secretariado de Chandigarh de Le Corbusier permite precisar esta organización. Ambos edificios presentan una profundidad de planta comparable, entre 22 y 24 metros, pero difieren en proporción y desarrollo vertical: el Secretariado alcanza nueve niveles y aproximadamente 240 metros de longitud, configurándose como una placa exenta de mayor desarrollo vertical. En Santa Rosa, la barra se extiende horizontalmente y reduce considerablemente su altura, condición que establece una relación distinta con el paisaje de la llanura pampeana.
También difiere la distribución de servicios y circulaciones dentro de la sección. En el Secretariado de Chandigarh, Le Corbusier concentra la circulación en la faja central y dispone los servicios hacia los laterales; Testa invierte esta relación al ubicar los servicios en el centro y liberar las dos fajas perimetrales para las áreas de trabajo (Waisman, 1983). La diferencia no reside únicamente en la distribución funcional, sino en la posición que cada componente ocupa dentro de la estructura espacial. En Chandigarh, la circulación adquiere centralidad; en Santa Rosa, esa posición corresponde a la infraestructura de servicios, mientras que las áreas de trabajo ocupan las franjas de mayor apertura y exposición a la iluminación natural.
Esta inversión modifica la lectura de la sección y, al mismo tiempo, la expresión volumétrica de la pieza. La Casa de Gobierno conserva la condición longitudinal de una barra administrativa, pero su escasa altura y su desarrollo horizontal producen una relación específica con el territorio. La arquitectura se aproxima así a la escala extendida del paisaje pampeano, mientras que el Secretariado de Chandigarh establece una presencia más vertical y monumental dentro de la composición urbana de Le Corbusier.
La Terminal de Ómnibus y la repetición modular
La Estación Terminal de Ómnibus constituye el segundo componente de la primera etapa del conjunto. No estaba incluida en las bases del concurso de 1955 ni en el encargo formulado en 1956, sino que fue incorporada posteriormente como una operación autónoma, aunque desarrollada por el mismo equipo de proyecto y vinculada al conjunto mediante una continuidad formal y material (Di Liscia, Fernández y Saez, 2019). Su organización permite observar otra modalidad de relación entre las partes y el todo.
A diferencia de la Casa de Gobierno, cuya configuración deriva de la diferenciación programática de franjas, la Terminal se estructura mediante la repetición de unidades formalmente equivalentes. El edificio está compuesto por tres líneas de paraboloides hiperbólicos de hormigón de distinta altura: dos series de cuatro unidades destinadas a los espacios de uso, entre ellos boleterías, sala de espera, confitería y depósitos, y una tercera serie de cinco unidades, de menor altura, correspondiente al área de andenes (Di Liscia, Fernández y Saez, 2019).
Cada “sombrilla” constituye una unidad estructural y espacial relativamente autónoma: cuatro láminas de hormigón convergen en un vértice apoyado sobre una columna de sección cruciforme. La totalidad surge de la repetición y yuxtaposición de estas unidades, cuya identidad se mantiene reconocible dentro de la serie. El sistema no requiere un elemento dominante que ordene jerárquicamente las partes; la continuidad se produce mediante la reiteración de un mismo módulo y sus variaciones de altura.
La Terminal presenta, por tanto, una modalidad aditiva diferente de la Casa de Gobierno. En esta última, la totalidad resulta de la diferenciación y articulación de franjas programáticas; en la primera, de la seriación de unidades estructurales equivalentes. Ambas operaciones responden, sin embargo, a una misma concepción compositiva basada en la autonomía relativa de las partes y en su articulación para constituir un conjunto reconocible (Mahfuz, 1995).

Reglas geométricas y relaciones entre las partes
Antes de aplicar este instrumental, conviene observar una condición que la propia arquitectura hace visible. Las juntas de dilatación que organizan la modulación estructural, con secuencias de 2-5-2 módulos en Gobernación y de 3-4-4-3 en el sector ministerial, no mantienen una correspondencia continua a lo largo de la fachada de la barra. El ritmo cambia precisamente en el punto de contacto entre ambas secciones. Testa conserva esta discontinuidad sin introducir un elemento de transición que la oculte o la unifique. La fachada permite reconocer, por tanto, que la barra está compuesta por partes diferenciadas antes de que el análisis morfológico formule esa condición.
Si la morfología permite identificar las partes que constituyen el todo, la sintaxis compositiva, en el sentido que Broadbent (1976) distingue de la dimensión semántica, permite analizar las reglas mediante las cuales esas partes se relacionan formalmente. En la Casa de Gobierno, esta sintaxis articula, sin subordinarlas a un eje único de simetría, al menos cuatro familias geométricas: el prisma longitudinal de la barra, el plano curvo del muro de acceso, los cilindros de los lucernarios que atraviesan las losas y las escaleras helicoidales de hormigón armado. Cada una desarrolla una geometría reconocible y mantiene una relativa autonomía respecto de las restantes. Curtis (1982) identifica una operación semejante en parte de la arquitectura moderna de mediados del siglo XX, cuando la planta libre corbusieriana se traduce en un repertorio de formas escultóricas capaces de establecer relaciones sin quedar sometidas a un único orden axial.
La regla sintáctica predominante puede definirse como contacto sin fusión. El muro curvo de acceso se inserta en la geometría ortogonal de la barra y la interrumpe localmente, señalando el ingreso sin modificar su orden general. Los cilindros de los lucernarios atraviesan las losas, pero mantienen diferenciada su geometría respecto de los planos horizontales. Del mismo modo, el puente que conecta los sectores ministerial y de Gobernación atraviesa un vacío de triple altura y establece una relación lineal entre dos partes que conservan su autonomía espacial y formal. En cada caso, el contacto produce articulación, pero no disuelve las diferencias geométricas entre los componentes.
Esta persistencia de las partes en los puntos de encuentro permite reconocer una composición de carácter aditivo (Mahfuz, 1995). La totalidad no depende de la subordinación de sus componentes a una forma superior que los absorba, sino de la posibilidad de establecer relaciones precisas entre elementos que conservan una identidad propia. La misma condición resulta relevante para comprender la evolución del Centro Cívico a escala del conjunto. Si las piezas originales ya se relacionan mediante contacto sin fusión, la incorporación posterior de nuevos edificios, como la Legislatura de 1976 y la Biblioteca de 2006, puede entenderse como la adición de nuevos componentes a un sistema capaz de admitir diferencias formales sin alterar sus reglas básicas de articulación.
Las fachadas norte y sur hacen visible esta organización con particular claridad. En ellas se distinguen tres resoluciones formales asociadas a la planta de ingreso, la planta semienterrada y los dos niveles superiores. Una grilla de hormigón armado articula parasoles, bloques premoldeados dispuestos según un patrón de llenos y vacíos y superficies de carpintería (Di Liscia, Fernández y Saez, 2019). La envolvente no establece una imagen independiente de la organización interior; por el contrario, hace perceptibles en el exterior las diferencias de sección, programa y modulación que estructuran el edificio.
La fachada funciona así como una superficie de registro de la sintaxis arquitectónica. La diferenciación entre franjas, la variación de los ritmos estructurales y la coexistencia de geometrías autónomas pueden reconocerse en la configuración exterior del volumen. La composición mantiene su unidad sin recurrir a una homogeneización formal: el orden surge de la relación entre partes diferenciadas y de las reglas que regulan sus encuentros.
Distribución programática y secuencia espacial
Inversión funcional y adaptación al clima pampeano
La inversión del esquema distributivo respecto del Secretariado de Chandigarh no constituye únicamente una diferencia en la ubicación de servicios y áreas de trabajo. También establece una determinada relación entre organización espacial y condiciones ambientales. Al concentrar los servicios en la franja central y disponer las áreas de trabajo hacia los laterales, la Casa de Gobierno reserva las posiciones perimetrales para los espacios que requieren iluminación natural y permanencia prolongada (Waisman, 1983). La distribución adquiere así una dimensión ambiental vinculada con las condiciones climáticas de Santa Rosa, caracterizadas por veranos rigurosos y una limitada presencia de vegetación capaz de proporcionar sombra.
La organización programática y la configuración morfológica convergen en esta disposición. La sección no puede entenderse únicamente como resultado de una clasificación funcional previa, ya que la posición de cada programa determina simultáneamente la estructura espacial, las condiciones de iluminación y la relación de las áreas de trabajo con el exterior. La distribución funcional participa, por tanto, en la construcción formal de la barra: concentra los elementos de servicio en el núcleo y libera las franjas laterales, reforzando la continuidad de las plantas de oficinas y su exposición al perímetro.
El ingreso como secuencia de acontecimientos espaciales
La implantación aprovecha una depresión natural del terreno, reduciendo la percepción de la escala del volumen desde los espacios exteriores. El acceso desde la avenida San Martín se desarrolla mediante un recorrido ascendente y aterrazado que atraviesa distintas cotas antes de alcanzar el ingreso principal. La secuencia comprende la rampa exterior, el muro curvo que funciona como umbral, la plataforma semicubierta definida por las sombrillas, el vestíbulo de doble altura y, finalmente, el puente que atraviesa el vacío de triple altura entre los sectores de Gobernación y Ministerios.
La sucesión de estos espacios puede relacionarse con la promenade architecturale corbusieriana, entendida como una organización del edificio a partir del movimiento y de la percepción progresiva de sus espacios. El recorrido alterna situaciones de compresión y expansión, cambios de nivel y variaciones de altura que impiden una percepción simultánea del conjunto. La arquitectura se reconoce así de manera secuencial: cada tramo del itinerario introduce una nueva relación entre cuerpo, estructura y espacio.
Esta secuencia también permite observar, desde la experiencia espacial, la sintaxis aditiva identificada anteriormente. Cada tramo del recorrido articula partes que conservan una identidad formal diferenciada: la rampa exterior encuentra el muro curvo; este se relaciona con la plataforma semicubierta; el vestíbulo conduce hacia el puente que conecta las dos secciones de la barra. El desplazamiento corporal convierte así en experiencia espacial la regla de contacto sin fusión que organiza la composición.
Los lucernarios cilíndricos y las escaleras helicoidales introducen una dimensión vertical dentro de esta secuencia predominantemente horizontal. Los primeros conducen luz cenital hacia el interior y perforan la continuidad de las losas; las segundas incorporan recorridos verticales de geometría curva dentro de una estructura dominada por la ortogonalidad. Ambos elementos funcionan como puntos de inflexión perceptiva y establecen contrastes geométricos dentro de la trama modular.

La experiencia arquitectónica entre cuerpo y territorio
La organización espacial opera simultáneamente en dos escalas. En la escala del cuerpo, establece las condiciones de acceso, desplazamiento y percepción cotidiana del edificio. En la escala territorial, la barra horizontal y el sistema de sombrillas construyen una figura reconocible dentro de un paisaje caracterizado por su extensión y relativa ausencia de accidentes topográficos. El conjunto adquiere así una presencia urbana que no depende de una posición central ni de la proximidad de una trama edificada densa.
Bayón y Gasparini (1977) señalan que el brutalismo latinoamericano del período incorpora recursos de teatralidad espacial vinculados con la construcción de una monumentalidad cívica. En Santa Rosa, esta condición adquiere una expresión particular debido a la relación entre arquitectura y paisaje. Mientras los ejemplos europeos estudiados por Banham (1966) y los Smithson (1965) suelen establecer sus relaciones perceptivas dentro de tejidos urbanos consolidados, el Centro Cívico se recorta sobre la extensión abierta de la pampa. El contraste entre el volumen construido y su entorno amplifica la percepción de sus cambios de escala, sus inflexiones geométricas y la secuencia de espacios que conduce desde el territorio hacia el interior institucional.
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La bibliografía correspondiente a la serie se incluye al final de la segunda parte.
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