Análisis crítico del modelo urbano entre gobernanza, ecología y equidad
Gardinetti, Marcelo
Arquitecto, Editor de Tecnne · La Plata, Argentina
Tecnne · Año 2022, n.º 1
Resumen
Telosa constituye uno de los proyectos urbanos más ambiciosos del siglo XXI al proponer la creación de una ciudad planificada desde cero basada en la propiedad comunitaria del suelo, la sostenibilidad ambiental y la integración de tecnologías avanzadas. El estudio examina su fundamento teórico a partir del georgismo, la ciudad jardín y el nuevo urbanismo, incorporando además los antecedentes de los community land trusts, las company towns, las eco-ciudades y las nuevas ciudades privadas. El análisis identifica una tensión persistente entre las aspiraciones redistributivas del proyecto y las limitaciones institucionales, económicas y ambientales que condicionan su viabilidad. Asimismo, evalúa aspectos relacionados con la gobernanza del suelo, la disponibilidad de recursos hídricos, la agricultura vertical, la autosuficiencia productiva y la concentración de poder en los procesos de urbanización promovidos por actores privados. Se concluye que Telosa representa una propuesta relevante para el debate contemporáneo sobre planificación urbana, aunque su viabilidad dependerá de resolver cuestiones estructurales vinculadas con la gobernanza, la financiación y las condiciones territoriales del emplazamiento definitivo.
Palabras clave: Telosa, urbanismo utópico, community land trust, renta del suelo, sostenibilidad urbana.
Telosa y la tradición de las ciudades planificadas ex novo
A lo largo de la historia del urbanismo moderno, la fundación de ciudades ex novo, en contraste con la transformación progresiva de tejidos urbanos consolidados, ha constituido un campo de experimentación para ensayar modelos sociales, económicos y territoriales alternativos. Telosa se inscribe en esta tradición. El proyecto propone ocupar aproximadamente 600 km² de territorio desértico en Estados Unidos, con posibles emplazamientos en Nevada, Utah, Idaho, Arizona, Texas o la región de los Apalaches, y alcanzar una población inicial de 50.000 habitantes hacia 2030. Sus proyecciones demográficas de largo plazo han sido modificadas por los propios promotores. Las primeras comunicaciones, difundidas en 2021, planteaban una población de cinco millones de habitantes para 2070; publicaciones institucionales posteriores adelantaron ese horizonte a 2050, sin que se haya presentado una justificación técnica que explique dicha revisión. El proyecto fue concebido por Marc Lore, quien atribuye parte de los desequilibrios estructurales del capitalismo estadounidense al régimen histórico de propiedad del suelo, mientras que el diseño urbano fue desarrollado por Bjarke Ingels.
El interrogante que articula este proyecto, y que orienta el presente ensayo, puede formularse del siguiente modo: ¿es posible que la planificación urbana y la innovación tecnológica mitiguen las dinámicas especulativas y excluyentes asociadas históricamente al crecimiento urbano sin modificar el marco político y económico que las produce? La propuesta de Telosa se basa en un mecanismo de captura comunitaria de las plusvalías del suelo, complementado por un conjunto de sistemas urbanos que incluyen generación energética distribuida, agricultura vertical y redes de movilidad de baja huella ambiental. En conjunto, estos componentes buscan articular un modelo urbano con mayores niveles de equidad y sostenibilidad. La hipótesis que guía este análisis sostiene que ambos objetivos presentan tensiones internas que permanecen sin resolver. Estas derivan, por una parte, de las condiciones ecológicas del territorio seleccionado y, por otra, de las limitaciones estructurales del modelo de gestión del suelo que sustenta la propuesta. Como se examina en la sección 11, dichas tensiones continúan vigentes en el estado actual del proyecto.

Las utopías urbanas como fundamento teórico de Telosa
Para comprender Telosa es necesario situarla dentro de la tradición de las utopías urbanas, una corriente de pensamiento proyectual que ha acompañado el desarrollo del urbanismo moderno desde finales del siglo XIX. En su estudio sobre Ebenezer Howard, Frank Lloyd Wright y Le Corbusier, Fishman (1977) señala que las principales utopías urbanas del siglo XX comparten una estructura argumentativa similar: parten de un diagnóstico crítico de la ciudad industrial, caracterizada por la congestión, la insalubridad y la segregación social, para proponer un modelo alternativo capaz de resolver, mediante una nueva organización urbana, problemas que las reformas graduales no habían conseguido superar. Telosa reproduce esta lógica. Su discurso institucional presenta el proyecto como un nuevo referente para la vida urbana y como un modelo destinado a orientar el desarrollo de las ciudades futuras, una formulación que remite, tanto por su alcance como por su lenguaje, a los manifiestos de Howard y Le Corbusier.
La literatura sobre urbanismo utópico también ha identificado las limitaciones recurrentes de este tipo de propuestas. Pinder (2005), en su análisis de las experiencias desarrolladas entre la ciudad jardín y el situacionismo, sostiene que estos proyectos suelen abordar mediante soluciones espaciales y técnicas problemas cuya naturaleza es fundamentalmente política y distributiva. Como consecuencia, el debate sobre el control de los recursos y la toma de decisiones tiende a desplazarse hacia cuestiones de orden morfológico y funcional, como el trazado de la red vial o la distribución de los usos del suelo. Friedmann (2000), por su parte, reconoce el valor del pensamiento utópico como horizonte normativo para la planificación, aunque advierte que su capacidad transformadora depende de la incorporación de mecanismos institucionales de redistribución y no únicamente de una nueva configuración espacial.
Desde esta perspectiva, Telosa introduce un elemento distintivo respecto de otras propuestas urbanas centradas principalmente en la forma, como la ciudad jardín de Howard o la Ville Radieuse de Le Corbusier. El proyecto incorpora la propiedad comunitaria del suelo como instrumento económico e institucional destinado a redistribuir las plusvalías derivadas del desarrollo urbano. Esta característica aproxima la propuesta a las «utopías concretas» descritas por Pinder (2005). No obstante, la consistencia y viabilidad de ese mecanismo constituyen el principal criterio para evaluar el alcance del proyecto, cuestión que será examinada en los apartados siguientes.
Georgismo, captura de plusvalías y propiedad del suelo
El fundamento ideológico de Telosa remite al pensamiento del economista Henry George (1839-1897), cuya obra Progreso y miseria (George, 1935 [1879]) constituye uno de los textos fundacionales de la crítica a la propiedad privada del suelo urbano. George identificó una paradoja que consideraba esencial para comprender la persistencia de la pobreza en las sociedades industriales: el progreso material y tecnológico coexistía con elevados niveles de desigualdad precisamente en los territorios donde la concentración demográfica y la actividad económica alcanzaban mayor intensidad. Atribuyó este fenómeno a la apropiación privada de la renta del suelo, entendida como el aumento de su valor derivado del crecimiento de la población, la inversión en infraestructura y la actividad económica circundante, y no de la acción de sus propietarios. Como respuesta propuso el denominado «impuesto único» sobre el valor de la tierra, destinado a sustituir los gravámenes aplicados al trabajo y al capital y a reintegrar a la colectividad una renta generada socialmente (Bryson, 2007).
La recepción de estas ideas dentro de la economía fue heterogénea. Sandilands (1986) documenta que el georgismo, pese a la amplia difusión que alcanzó a finales del siglo XIX y comienzos del XX, perdió presencia en la economía académica durante el siglo XX debido, por un lado, a su vinculación con movimientos reformistas y, por otro, a las dificultades técnicas que implica aplicar un impuesto exclusivamente sobre el valor del suelo. Su implementación exige distinguir con precisión el valor del terreno del correspondiente a las edificaciones y demás mejoras incorporadas. A pesar de ello, los principios georgistas han recuperado relevancia en la economía urbana contemporánea mediante los instrumentos de captura de valor del suelo (land value capture, LVC). Blanco Blanco, Moreno, Vetter y Vetter (2017), en un estudio publicado por el Banco Interamericano de Desarrollo, sistematizan los principales mecanismos empleados por los gobiernos locales para recuperar parte de las plusvalías generadas por la inversión pública en infraestructura. Entre ellos se encuentran las contribuciones por mejoras, la venta de derechos de edificación y las asociaciones público-privadas, instrumentos que actualmente constituyen una fuente significativa de financiamiento urbano, especialmente en municipios con limitada capacidad fiscal.
La diferencia principal entre la propuesta georgista y los instrumentos contemporáneos de captura de valor radica en su alcance institucional. Mientras George planteó un impuesto permanente aplicado a la totalidad del suelo de una jurisdicción, los mecanismos de LVC suelen operar sobre proyectos o sectores específicos y requieren un marco regulatorio capaz de estimar, recuperar y redistribuir las plusvalías sin desalentar la inversión privada. Telosa ocupa una posición intermedia entre ambos modelos. En lugar de un impuesto administrado por el Estado, propone transferir la propiedad del suelo a una organización comunitaria sin fines de lucro encargada de conservar y reinvertir las plusvalías derivadas del crecimiento urbano en infraestructura y servicios. Este esquema remite a la figura del community land trust (CLT), un modelo de propiedad colectiva cuya evolución y limitaciones resultan fundamentales para evaluar el alcance redistributivo del proyecto.

Community Land Trust: gobernanza y propiedad colectiva del suelo
El modelo de community land trust (CLT) se basa en la separación jurídica entre la propiedad del suelo, que permanece en manos de una entidad comunitaria sin fines de lucro, y la propiedad de las edificaciones construidas sobre él, las cuales pueden venderse, arrendarse o transferirse a particulares mediante contratos de arrendamiento del suelo de largo plazo. Meehan (2014) describe este dispositivo como una forma de «invención social» que reconfigura el régimen de propiedad inmobiliaria con el propósito de preservar de manera permanente la asequibilidad de la vivienda, al sustraer el suelo de las dinámicas especulativas del mercado. DeFilippis, Williams, Pierce, Martin, Kruger y Hadizadeh Esfahani (2019) amplían esta interpretación al sostener que los CLT pueden constituir mecanismos de gobernanza democrática del suelo urbano, ya que sus estructuras institucionales suelen incorporar a residentes, representantes comunitarios y actores públicos en la toma de decisiones sobre el uso del territorio.
La literatura especializada también ha identificado las limitaciones de este modelo. Moore y McKee (2012), en una revisión internacional de experiencias de CLT, señalan que su capacidad para promover una gobernanza comunitaria efectiva depende del contexto institucional y del grado de autonomía concedido a los residentes respecto de los fundadores o financiadores del fideicomiso. En numerosos casos, la participación comunitaria prevista en el diseño institucional convive con una concentración de las decisiones estratégicas en la entidad promotora. Engelsman, Rowe y Southern (2018) alcanzan una conclusión similar a partir del análisis de dos CLT urbanos en Nueva York y Boston. Aunque reconocen su contribución a la provisión de vivienda asequible, advierten que la evidencia empírica disponible sigue siendo limitada, lo que dificulta evaluar su capacidad de replicación y expansión a otras escalas urbanas.
Estas observaciones adquieren especial relevancia en el caso de Telosa. El proyecto propone aplicar este modelo a una escala inédita: la administración del suelo de una ciudad completa, y no de un barrio o un conjunto residencial. Hasta el momento, la evidencia disponible se concentra en experiencias de menor dimensión, por lo que aún no existen estudios que permitan determinar si un community land trust puede gestionar de forma efectiva el suelo de una metrópoli de millones de habitantes sin reproducir las asimetrías de poder que pretende corregir. Esta ausencia de evidencia constituye una de las principales incertidumbres sobre las que se sustenta la propuesta.
La influencia de la ciudad jardín en el modelo urbano de Telosa
El segundo antecedente conceptual de Telosa se encuentra en el movimiento de la ciudad jardín (Garden City), formulado por Ebenezer Howard a finales del siglo XIX. En Garden Cities of To-morrow, Howard (1902 [1898]) presentó su propuesta como respuesta a dos problemas asociados al proceso de urbanización industrial: la congestión y la degradación ambiental de las grandes ciudades, por un lado, y el estancamiento económico y social de las áreas rurales, por otro. Su modelo organizaba el asentamiento mediante una traza concéntrica articulada por bulevares radiales, barrios autónomos de aproximadamente cinco mil habitantes dotados de equipamientos básicos, áreas industriales situadas en la periferia y conectadas por un ferrocarril circular, y un cinturón verde destinado a la producción agrícola y la recreación. Este último cumplía una función estructural al establecer un límite físico para la expansión urbana. En conjunto, la propuesta buscaba integrar las oportunidades económicas y culturales de la ciudad con las condiciones ambientales del medio rural.
Gatarić, Belij, Đerčan y Filipović (2019), en una revisión sobre el origen y desarrollo de las ciudades jardín, identifican dos influencias principales en el pensamiento de Howard. La primera corresponde al geógrafo anarquista Piotr Kropotkin, cuyas reflexiones sobre la descentralización de la industria y la articulación entre modos de vida urbanos y rurales anticiparon transformaciones que posteriormente facilitarían la electrificación y los avances en las comunicaciones. La segunda proviene del economista Alfred Marshall, quien defendió la creación planificada de nuevas ciudades como una respuesta a los costos sociales derivados de la concentración industrial en las grandes metrópolis. Vernet y Coste (2017) sostienen que la principal contribución del modelo de ciudad jardín no reside en su configuración morfológica, hoy ampliamente revisada, sino en dos principios que mantienen vigencia: la contención del crecimiento urbano mediante un cinturón verde y la integración equilibrada de vivienda, empleo y espacios abiertos dentro de unidades urbanas de escala controlada.
Telosa incorpora parte de este legado. La densidad prevista, cercana a ochenta habitantes por hectárea, se sitúa entre la dispersión característica del suburbio estadounidense y las elevadas densidades de numerosas metrópolis asiáticas. Asimismo, el proyecto integra espacios abiertos, vegetación nativa y reservorios de agua como componentes permanentes de la estructura urbana. Sin embargo, existen diferencias sustanciales respecto del modelo de Howard. Mientras la ciudad jardín se concebía como un nodo dentro de una red policéntrica de asentamientos de dimensiones comparables, Telosa se plantea como una ciudad autosuficiente implantada en un territorio desértico y desvinculada de una red urbana regional consolidada. Esta condición introduce exigencias logísticas y ambientales que difieren de las consideradas por Howard en el contexto del paisaje rural inglés para el que fue concebido su modelo.

Nuevo Urbanismo, compacidad y movilidad sostenible
Un tercer antecedente disciplinar de Telosa corresponde al Congreso para el Nuevo Urbanismo (Congress for the New Urbanism, CNU), movimiento surgido en Estados Unidos en 1991 con el propósito de ofrecer una alternativa al modelo de expansión suburbana de baja densidad. Sus planteamientos promueven barrios caminables, de usos mixtos y escala peatonal, organizados en tres niveles de intervención: el barrio, la manzana o la calle, y la región. Ghorra-Gobin (2011) analiza la recepción ambivalente de esta corriente en los ámbitos académicos francófono y anglosajón. Mientras algunos autores la consideran una herramienta eficaz para contrarrestar la dispersión urbana asociada al suburbio de vivienda unifamiliar, otros sostienen que muchos de sus desarrollos construidos han reproducido nuevas formas de segregación residencial mediante urbanizaciones cerradas o de acceso restringido.
La misma autora emplea el concepto de «exurbio» para describir asentamientos residenciales socialmente homogéneos, localizados en entornos rurales y físicamente separados de la ciudad, aunque dependientes de ella desde el punto de vista funcional y económico. Telosa comparte con estos desarrollos la condición de enclave relativamente desvinculado de una red urbana regional consolidada. No obstante, fundamenta esa implantación en objetivos explícitos de sostenibilidad ambiental y autosuficiencia urbana, rasgo que la diferencia de los procesos convencionales de expansión suburbana.
Talen (2000), en un estudio ampliamente citado sobre el nuevo urbanismo, examina la polarización que ha caracterizado su recepción académica y profesional. Según la autora, parte de la crítica académica cuestiona el énfasis del movimiento en el diseño urbano como respuesta a problemas de carácter social, mientras que los profesionales de la planificación valoran principalmente los resultados obtenidos en experiencias concretas frente a la expansión dispersa del sprawl. Talen atribuye esta divergencia a una diferencia de enfoque: las críticas suelen dirigirse a los principios normativos del movimiento, mientras que sus defensores evalúan su desempeño a partir de casos construidos, lo que dificulta un diálogo entre ambas posiciones.
Esta distinción permite contextualizar la propuesta de Telosa. Su diseño urbano incorpora numerosos elementos asociados al repertorio del nuevo urbanismo, entre ellos una trama reticular, bloques de escala contenida, prioridad para la movilidad peatonal y ciclista, vehículos autónomos de baja velocidad y transporte público de acceso libre. Sin embargo, la presencia de estos recursos formales no permite inferir, por sí misma, resultados en términos de cohesión social o inclusión urbana. Como advierte Talen (2000), la relación entre configuración espacial y efectos sociales constituye una cuestión empírica que debe evaluarse en cada contexto.
Estructura urbana, arquitectura e infraestructura ambiental
El plan urbano desarrollado por Bjarke Ingels Group se organiza mediante una trama ortogonal compuesta por bloques relativamente autónomos que integran una oferta diversa de tipologías de vivienda asequible. La estructura de movilidad invierte la jerarquía característica de la ciudad estadounidense de posguerra al otorgar prioridad al peatón y a la bicicleta, seguidos por vehículos autónomos de baja velocidad y un sistema de transporte público de acceso gratuito. Los espacios abiertos, conformados por parques, plantaciones de especies nativas y reservorios de agua, se incorporan de manera continua a la estructura urbana en lugar de concentrarse en áreas periféricas o residuales. Esta disposición retoma el principio formulado por Howard de integrar la infraestructura verde con el tejido construido.
El elemento arquitectónico más representativo del conjunto es el núcleo central, denominado Equitism, compuesto por un grupo de torres cilíndricas que configuran el punto de mayor altura de la ciudad y se complementan con edificios de envolvente ligera y permeable. Entre sus componentes se incluyen granjas aeropónicas integradas a la estructura del edificio. Esta decisión proyectual se inscribe en una línea de investigación consolidada sobre agricultura vertical urbana. Kluczkovski, Hadley, Yap, Ehgartner, Doherty y Denby (2025), en una revisión publicada en Philosophical Transactions of the Royal Society B, sintetizan la evidencia disponible sobre sus posibles aportes, entre ellos la producción local de alimentos frescos, la generación de empleo vinculado a actividades ambientales y la creación de espacios de participación comunitaria. Sin embargo, los autores advierten que una parte importante de la literatura atribuye estos beneficios a la incorporación de la tecnología sin analizar con suficiente detalle las condiciones institucionales y organizativas necesarias para materializarlos ni aportar evidencia empírica sólida sobre sus efectos redistributivos. Esta observación también resulta aplicable a Equitism. La incorporación de agricultura aeropónica puede contribuir a la producción local de alimentos y reforzar el carácter simbólico del edificio, pero no permite anticipar cómo se distribuirán los beneficios económicos y sociales derivados de esa producción entre los habitantes de la ciudad.
Desde el punto de vista técnico, la aeroponía, basada en el cultivo sin sustrato mediante la nebulización de agua con nutrientes directamente sobre las raíces, presenta ventajas comprobadas en términos de eficiencia hídrica respecto de la agricultura convencional, una condición especialmente relevante en un emplazamiento desértico. Al mismo tiempo, requiere sistemas de control ambiental de elevada complejidad y un suministro continuo de energía para garantizar la climatización y el funcionamiento de la nebulización, lo que incrementa la dependencia de la infraestructura eléctrica urbana (Kluczkovski et al., 2025). Equitism complementa este sistema con depósitos elevados de almacenamiento de agua y una cubierta fotovoltaica, integrando en una misma pieza arquitectónica los principales sistemas asociados a la gestión de energía, agua y producción de alimentos en un contexto climático árido.
Antecedentes urbanos: company towns y eco-ciudades
Además de sus referencias explícitas al georgismo, la ciudad jardín y el nuevo urbanismo, Telosa puede analizarse a partir de otra tradición menos visible en su discurso de presentación: la de las company towns, asentamientos planificados, financiados y administrados por una única empresa o promotor privado. Garner (1992), en un estudio de referencia sobre el tema, define la company town como un asentamiento creado y gestionado por una sola iniciativa empresarial. A partir de casos que abarcan desde Lowell, Massachusetts, fundada en 1822 como uno de los primeros complejos industriales planificados de Estados Unidos, hasta los pueblos mineros y madereros de los Apalaches y el oeste del país, el autor muestra que este modelo combinó políticas orientadas al bienestar de los trabajadores con mecanismos de control social y económico que restringían su autonomía. Crawford (1995) desarrolla esta interpretación al señalar que la arquitectura y el urbanismo de muchas company towns, diseñadas en numerosos casos por arquitectos y planificadores de reconocido prestigio, mejoraron las condiciones materiales de vida de sus habitantes al mismo tiempo que consolidaron sistemas de control sobre la vivienda, el comercio y los servicios, administrados por la misma entidad empleadora.
La relación entre este antecedente y Telosa no se basa en una equivalencia directa. A diferencia de las company towns industriales, el proyecto no organiza la ciudad en torno a una empresa empleadora. La comparación resulta pertinente porque, en ambos casos, una entidad privada concentra las decisiones iniciales sobre el trazado urbano, la propiedad del suelo y las condiciones de acceso a la vivienda en un asentamiento fundado ex novo, justificando esa concentración como un medio para alcanzar objetivos de interés colectivo. La principal diferencia radica en que Telosa prevé la transferencia de la propiedad del suelo a una organización comunitaria, mientras que en las company towns la empresa mantenía ese control de manera permanente. No obstante, la literatura sobre los community land trusts revisada en la sección 4 (Moore y McKee, 2012; Engelsman et al., 2018) señala que la transferencia de la titularidad del suelo no implica necesariamente una redistribución equivalente de la capacidad de decisión. Desde esta perspectiva, la tensión entre propiedad, gobernanza y control institucional continúa siendo un aspecto abierto del proyecto.
Un segundo antecedente corresponde a las eco-ciudades contemporáneas, concebidas como asentamientos planificados ex novo bajo la promesa de alcanzar elevados estándares de sostenibilidad ambiental. Entre ellas, Masdar City, en Abu Dabi, constituye el caso más ampliamente estudiado. Cugurullo (2013), en un análisis publicado en Utopian Studies, interpreta este proyecto como una expresión del «negocio de la utopía», al mostrar cómo el discurso de una ciudad con emisiones y residuos mínimos coexistió desde sus inicios con objetivos de desarrollo inmobiliario, atracción de inversión extranjera y posicionamiento internacional del emirato. En un trabajo posterior publicado en Urban Studies, Cugurullo (2016) sostiene que la reducción de las metas iniciales de población y la revisión del cronograma de construcción respondieron no solo a limitaciones técnicas, sino también a la tensión entre la rentabilidad requerida para sostener financieramente el proyecto y los objetivos socioambientales anunciados. El autor identifica esta condición como un rasgo recurrente de los procesos de eco-modernización urbana. Una tensión comparable puede observarse en Telosa, cuyo esquema financiero depende de que la valorización futura del suelo permita financiar la infraestructura urbana y sostener el retorno esperado por quienes aporten el capital inicial.

Recursos hídricos, energía y viabilidad territorial
Entre los principales desafíos que enfrenta Telosa se encuentran la ausencia de suelo fértil para la producción local de alimentos, la indefinición de una base económica capaz de sostener el desarrollo urbano y las condiciones ambientales propias de un emplazamiento desértico, caracterizado por la escasez de agua, la presencia de polvo en suspensión y una elevada amplitud térmica. La literatura sobre urbanización en climas áridos permite examinar estos aspectos con mayor precisión.
En relación con la disponibilidad de agua, Gober (2010), en una revisión publicada en Current Opinion in Environmental Sustainability, señala que las ciudades situadas en regiones áridas presentan una vulnerabilidad creciente frente a la escasez hídrica. Esta condición responde tanto a los efectos del cambio climático sobre la disponibilidad del recurso como al incremento de la demanda asociado al crecimiento urbano. La autora sostiene, además, que la gestión del agua debe analizarse conjuntamente con el consumo energético, ya que la captación, el transporte, el bombeo y el tratamiento requieren una infraestructura de elevado costo energético. A ello se suma el uso de paisajismo irrigado como mecanismo de enfriamiento urbano, práctica que contribuye a reducir las temperaturas locales pero incrementa simultáneamente la demanda de agua. Estas consideraciones permiten matizar una de las principales propuestas de Telosa, basada en el almacenamiento y reciclaje del recurso hídrico. Si bien estas tecnologías pueden disminuir el consumo de agua potable, no eliminan la necesidad de recurrir a fuentes externas de abastecimiento en un territorio con disponibilidad natural limitada.
Esta condición también incide sobre el abastecimiento alimentario. La dependencia de cadenas logísticas de larga distancia incrementa las emisiones asociadas al transporte de mercancías, introduciendo una tensión con el objetivo de reducir el uso de combustibles fósiles. La agricultura aeropónica prevista en el núcleo Equitism puede contribuir a la producción local de determinados cultivos de ciclo corto, como hortalizas de hoja y plantas aromáticas, tal como documenta la revisión de Kluczkovski et al. (2025). Sin embargo, la evidencia disponible indica que estos sistemas continúan restringidos a un conjunto relativamente reducido de especies vegetales y no constituyen, en su estado actual de desarrollo, una alternativa suficiente para abastecer a una población proyectada de varios millones de habitantes.
La definición de una base económica constituye otra cuestión relevante. Crot (2013), en un estudio sobre Masdar City, sostiene que la viabilidad de las eco-ciudades depende de su capacidad para consolidar una estructura productiva diversificada, capaz de sostener el empleo y la actividad económica una vez concluida la etapa inicial de inversión. Cuando este proceso no se consolida, el asentamiento puede depender de aportes continuos de capital externo y encontrar dificultades para alcanzar la autonomía financiera prevista por sus modelos de desarrollo. En el caso de Telosa, la documentación disponible continúa siendo imprecisa respecto de los sectores económicos que generarían empleo estable para una población de gran escala en un territorio desvinculado de cadenas productivas regionales. A la luz del análisis de Crot (2013), esta indefinición constituye una de las principales incertidumbres del proyecto.
Telosa y las nuevas ciudades privadas del siglo XXI
Para situar el caso de Telosa en el contexto de los procesos contemporáneos de urbanización, resulta pertinente considerar la literatura sobre las nuevas ciudades promovidas por iniciativas privadas o semiprivadas. Moser y Côté-Roy (2021), en una revisión sistemática publicada en Geography Compass, identifican más de ciento cincuenta proyectos desarrollados durante las dos primeras décadas del siglo XXI en más de cuarenta países. Las autoras proponen un marco de análisis basado en tres dimensiones recurrentes: el poder, entendido como la concentración de decisiones territoriales en actores ajenos a los mecanismos convencionales de planificación pública; el beneficio, asociado a la valorización inmobiliaria y la captación de inversión; y el prestigio, relacionado con la construcción de capital simbólico para gobiernos, corporaciones o promotores individuales. Estas tres dimensiones permiten interpretar el caso de Telosa. El proyecto concentra inicialmente las decisiones sobre el desarrollo urbano en Marc Lore y la fundación responsable de su implementación; plantea un esquema financiero sustentado en la valorización del suelo y construye una narrativa pública en torno a la posibilidad de ofrecer un nuevo modelo de desarrollo urbano, una lógica comparable a la identificada por Moser y Côté-Roy (2021) en proyectos como Forest City, en Malasia, y King Abdullah Economic City, en Arabia Saudita.
La dimensión tecnológica de Telosa también puede analizarse a partir de la literatura sobre la ciudad inteligente. Hollands (2008), en un estudio de referencia sobre el tema, sostiene que el concepto de «ciudad inteligente» suele emplearse con escasa precisión y que, con frecuencia, funciona como un recurso discursivo que oculta los intereses económicos e institucionales presentes en estos desarrollos. El autor distingue entre proyectos que utilizan la tecnología para ampliar la inclusión social y la participación ciudadana y aquellos que recurren al discurso de la innovación principalmente como mecanismo de promoción urbana y captación de inversiones, dimensión que denomina «emprendedora». En la documentación disponible, Telosa reúne ambos enfoques. Por una parte, plantea mecanismos de gobernanza asociados a Equitism; por otra, incorpora un amplio conjunto de tecnologías, entre ellas vehículos autónomos, agricultura aeropónica, sistemas inteligentes de gestión de residuos y redes logísticas automatizadas. Sin embargo, la información publicada hasta el momento no permite establecer con claridad cuál de estas dimensiones ocupa un lugar predominante en la organización institucional y en la asignación de recursos del proyecto.
Datta (2015), en su estudio sobre Dholera, una ciudad inteligente en desarrollo en el estado de Gujarat, identifica un patrón que también resulta aplicable a Telosa. Según la autora, el discurso de la innovación tecnológica y del futuro urbano puede emplearse para legitimar procesos de urbanización orientados a la atracción de capital financiero, relegando a un plano secundario la participación de las comunidades y el debate sobre el acceso al suelo y las formas de gobernanza. De este modo, cuestiones políticas fundamentales, como las condiciones de acceso a la tierra y la distribución de la capacidad de decisión, quedan subordinadas a objetivos de eficiencia, sostenibilidad e innovación tecnológica. Esta interpretación coincide con la advertencia formulada por Kluczkovski et al. (2025) respecto de la agricultura vertical. Aunque las soluciones técnicas puedan demostrar un elevado grado de desarrollo desde el punto de vista de la ingeniería, los beneficios sociales y distributivos que se les atribuyen dependen de marcos institucionales cuya definición suele recibir una atención considerablemente menor que la descripción de los propios sistemas tecnológicos.

El concepto de telos y el propósito de la planificación urbana
El nombre del proyecto remite a una tradición filosófica que contribuye a contextualizar su planteamiento conceptual. El término griego télos, central en la filosofía aristotélica, designa el fin o propósito hacia el cual se orienta el desarrollo de una acción, una práctica o una comunidad. En la Ética a Nicómaco, Aristóteles sostiene que toda actividad humana persigue un bien y que la polis existe para hacer posible la vida buena de sus miembros, antes que garantizar únicamente su subsistencia material. La adopción de este término como denominación del proyecto expresa la intención de presentar a Telosa como una propuesta orientada a un objetivo cívico, y no exclusivamente como un desarrollo inmobiliario. Esta formulación se inscribe en la tradición de las utopías urbanas descrita por Fishman (1977) y Pinder (2005), en la que el proyecto urbano se plantea como un instrumento para la transformación de la vida colectiva.
Al mismo tiempo, esta referencia filosófica permite identificar una cuestión central para el análisis del proyecto. Si el propósito de la comunidad política consiste en promover el bien común, la evaluación de Telosa depende también de la correspondencia entre ese principio y su organización institucional. En este sentido, adquiere especial relevancia la distribución efectiva de la capacidad de decisión sobre el fideicomiso de tierras, la financiación inicial y el desarrollo urbano. La literatura revisada en este ensayo muestra que la concentración de estas funciones en un número reducido de actores ha constituido un rasgo recurrente tanto en las company towns analizadas por Garner (1992) y Crawford (1995) como en numerosas iniciativas contemporáneas de ciudades nuevas estudiadas por Moser y Côté-Roy (2021). La capacidad de Telosa para traducir su propósito declarado en un modelo de gobernanza compartida constituye, por tanto, uno de los principales criterios para valorar el alcance de su propuesta.
Balance crítico sobre la viabilidad de Telosa
El análisis desarrollado permite situar a Telosa como una propuesta que replantea la relación entre forma urbana, gestión del suelo y equidad social mediante la articulación de una densidad controlada, una combinación de usos, sistemas de movilidad sostenible e infraestructura verde con un modelo de gobernanza orientado a limitar la especulación sobre el suelo urbano. En este sentido, el proyecto retoma una tradición intelectual que incluye el georgismo de Henry George, la ciudad jardín de Ebenezer Howard y el nuevo urbanismo estadounidense, incorporando recursos técnicos contemporáneos como la agricultura vertical aeropónica y los sistemas distribuidos de generación de energía.
La revisión de la literatura especializada permite, sin embargo, identificar varias cuestiones que permanecen abiertas. En primer lugar, los estudios sobre community land trusts (Moore y McKee, 2012; Engelsman et al., 2018; DeFilippis et al., 2019) muestran que la transferencia de la propiedad del suelo a una entidad comunitaria no garantiza, por sí misma, una gobernanza democrática efectiva. Además, la aplicación de este modelo a la escala de una ciudad completa carece todavía de antecedentes suficientemente documentados. En segundo lugar, las investigaciones sobre las company towns (Garner, 1992; Crawford, 1995) y sobre eco-ciudades como Masdar (Cugurullo, 2013, 2016; Crot, 2013) indican que los desarrollos urbanos impulsados por un único promotor suelen enfrentar tensiones entre sus objetivos sociales y ambientales y las condiciones económicas que hacen posible su financiación. La documentación disponible no permite establecer de qué manera Telosa resolverá esta cuestión en su organización institucional. En tercer lugar, las condiciones ambientales de un emplazamiento desértico, analizadas por Gober (2010), imponen restricciones a la disponibilidad de agua y a la producción local de alimentos que las soluciones tecnológicas pueden atenuar, aunque no suprimir. Finalmente, los estudios sobre nuevas ciudades y urbanismo tecnológico (Moser y Côté-Roy, 2021; Datta, 2015; Hollands, 2008) muestran que los discursos sobre innovación, sostenibilidad y participación suelen coexistir con procesos de promoción urbana y captación de inversiones, por lo que su presencia no constituye, por sí sola, evidencia de la existencia de mecanismos institucionales consolidados. Esta observación resulta especialmente pertinente para interpretar la reciente incorporación de iniciativas vinculadas a la construcción comunitaria dentro del desarrollo del proyecto.
Telosa representa una propuesta urbana cuya formulación conceptual presenta un mayor grado de desarrollo que sus definiciones territoriales, institucionales y económicas. La viabilidad del proyecto dependerá, entre otros factores, de la capacidad del fideicomiso de tierras para sostener un modelo de gobernanza efectivamente compartido, de la consolidación de una base productiva compatible con la escala prevista y de la disponibilidad de recursos hídricos y energéticos suficientes para el emplazamiento finalmente seleccionado. En este contexto, la referencia al télos aristotélico adquiere un sentido adicional: la realización del propósito colectivo que el proyecto enuncia dependerá menos de la consistencia de su propuesta arquitectónica que de la capacidad de sus instituciones para materializar, sostener y administrar ese objetivo en el largo plazo, una condición que Friedmann (2000) identifica como fundamental para que el pensamiento utópico trascienda el plano proyectual y adquiera eficacia en la práctica urbana.
©tecnne
Referencias bibliográficas
Blanco Blanco, A., N. Moreno, D. M. Vetter, y M. F. Vetter. 2017. The Potential of Land Value Capture for Financing Urban Projects: Methodological Considerations and Case Studies. Banco Interamericano de Desarrollo.
Bryson, P. J. 2007. «Henry George: The theory of distribution in Progress and Poverty». Review of Business Research 7, n.º 4: 20-24.
Crawford, M. 1995. Building the Workingman’s Paradise: The Design of American Company Towns. Verso.
Crot, L. 2013. «Planning for sustainability in non-democratic polities: The case of Masdar City». Urban Studies 50, n.º 13: 2809-2825.
Cugurullo, F. 2013. «The business of utopia: Estidama and the road to the sustainable city». Utopian Studies 24, n.º 1: 66-88.
———. 2016. «Urban eco-modernisation and the policy context of new eco-city projects: Where Masdar City fails and why». Urban Studies 53, n.º 11: 2417-2433.
Datta, A. 2015. «New urban utopias of postcolonial India: «Entrepreneurial urbanization» in Dholera smart city, Gujarat». Dialogues in Human Geography 5, n.º 1: 3-22.
DeFilippis, J., O. R. Williams, J. Pierce, D. G. Martin, R. Kruger, y A. Hadizadeh Esfahani. 2019. «On the transformative potential of community land trusts in the United States». Antipode 51, n.º 3: 795-817.
Engelsman, U., M. Rowe, y A. Southern. 2018. «Community land trusts, affordable housing and community organising in low-income neighbourhoods». International Journal of Housing Policy 18, n.º 1: 103-123.
Fishman, R. 1977. Urban Utopias in the Twentieth Century: Ebenezer Howard, Frank Lloyd Wright, and Le Corbusier. Basic Books.
Friedmann, J. 2000. «The good city: In defense of utopian thinking». International Journal of Urban and Regional Research 24, n.º 2: 460-472.
Garner, J. S., ed. 1992. The Company Town: Architecture and Society in the Early Industrial Age. Oxford University Press.
Gatarić, D., M. Belij, B. Đerčan, y D. Filipović. 2019. «The origin and development of garden cities – an overview». Collection of Papers – Faculty of Geography at the University of Belgrade 67: 33-43.
George, H. (1879) 1935. Progress and Poverty. Robert Schalkenbach Foundation.
Ghorra-Gobin, C. 2011. «Le New Urbanism, marqueur de fragmentation urbaine?». Cahiers de géographie du Québec 55, n.º 154: 75-88.
Gober, P. 2010. «Desert urbanization and the challenges of water sustainability». Current Opinion in Environmental Sustainability 2, n.º 3: 144-150.
Hollands, R. G. 2008. «Will the real smart city please stand up? Intelligent, progressive or entrepreneurial?». City 12, n.º 3: 303-320.
Howard, E. (1898) 1902. Garden Cities of Tomorrow. Swan Sonnenschein & Co.
Kluczkovski, A., P. Hadley, C. Yap, U. Ehgartner, B. Doherty, y K. Denby. 2025. «Urban vertical farming: innovation for food security and social impact?». Philosophical Transactions of the Royal Society B: Biological Sciences 380, n.º 1935: 20240154.
Meehan, J. 2014. «Reinventing real estate: The community land trust as a social invention in affordable housing». Journal of Applied Social Science 8, n.º 2: 113-133.
Moore, T., y K. McKee. 2012. «Empowering local communities? An international review of community land trusts». Housing Studies 27, n.º 2: 280-290.
Moser, S., y L. Côté-Roy. 2021. «New cities: Power, profit, and prestige». Geography Compass 15, n.º 1: e12549.
Pinder, D. 2005. Visions of the City: Utopianism, Power and Politics in Twentieth-Century Urbanism. Edinburgh University Press.
Sandilands, R. J. 1986. «Natural law and the political economy of Henry George». Journal of Economic Studies 13, n.º 5: 4-15.
Talen, E. 2000. «New urbanism and the culture of criticism». Urban Geography 21, n.º 4: 318-341.
Vernet, N., y A. Coste. 2017. «Garden cities of the 21st century: A sustainable path to suburban reform». Urban Planning 2, n.º 4: 45-60.
TECNNE | Arquitectura, pensamiento crítico y práctica cultural ©Marcelo Gardinetti 2026 – Todos los derechos reservados.
El contenido de este sitio web se encuentra protegido por la legislación vigente en materia de propiedad intelectual e industrial. Salvo en los supuestos expresamente previstos por la ley, queda prohibida su reproducción, distribución, comunicación pública o transformación sin la autorización previa del titular de los derechos correspondientes. Las imágenes y fotografías reproducidas se utilizan exclusivamente con fines informativos, críticos y educativos, en el marco de la divulgación de obras artísticas y arquitectónicas de relevancia cultural. En todos los casos, proceden de fuentes de acceso público en línea, se presentan en baja resolución, carecen de idoneidad para usos comerciales y van acompañadas de la correspondiente mención de autoría, sin que ello implique desconocimiento alguno de los derechos de propiedad intelectual que les son inherentes. Los esquemas y bocetos que acompañan los artículos han sido elaborados por el autor a partir de material fotográfico preexistente, con una finalidad analítica e interpretativa, reconociendo explícitamente la autoría original de las obras representadas y respetando íntegramente los derechos que las protegen. Tecnne emplea herramientas de inteligencia artificial generativa como apoyo en tareas de investigación documental y redacción asistida. Todo contenido es revisado, verificado y editado bajo responsabilidad exclusiva del autor. Ver [política editorial].