Gardinetti, Marcelo
Arquitecto, Editor de Tecnne · La Plata, Argentina
Resumen
El artículo desarrolla tres ejes conceptuales que estructuran el programa teórico del Grupo Austral. El primero corresponde a la reformulación de la estética como condición del proyecto. En este marco, la forma se entiende como un operador activo que organiza el espacio, define relaciones entre partes y orienta la experiencia, en tensión con los criterios de determinación funcional. El segundo eje aborda la articulación entre objeto arquitectónico y estructura urbana. Se examinan nociones como la manzana vertical y la zona cultural, entendidas como dispositivos de ordenamiento que vinculan densidad, programa y configuración volumétrica. Estas operaciones introducen una lectura de la ciudad como sistema continuo, donde la pieza arquitectónica participa de una lógica de conjunto que regula llenos, vacíos y relaciones de proximidad. El tercer eje incorpora el interior del país como ámbito de intervención disciplinar. A través de una lectura tipológica de la arquitectura vernácula, el grupo identifica configuraciones espaciales, sistemas constructivos y modos de implantación que informan el proyecto. Este enfoque amplía el campo de referencia de la arquitectura moderna, integrando saberes locales en la definición de criterios proyectuales.
Palabras clave: estética proyectual, ciudad, territorio, manzana vertical, arquitectura vernácula, tipología, racionalización.
Serie El Grupo Austral · Entrega 03
Los desarrollos posteriores al manifiesto —en particular los cuadernillos del grupo y la revista Tecné, editada entre 1942 y 1944— permiten identificar tres núcleos teóricos que organizan el cuerpo conceptual de Austral. Estos núcleos no se presentan como un sistema cerrado, sino como campos de problematización que establecen un diálogo crítico con posiciones disciplinares contemporáneas. Cada uno introduce desplazamientos en la definición del proyecto arquitectónico, afectando tanto sus fundamentos como sus procedimientos operativos.
En conjunto, estos ejes articulan una revisión de las relaciones entre forma, técnica y programa, al tiempo que amplían el campo disciplinar hacia dimensiones culturales y territoriales. Su formulación no se limita a la enunciación teórica, sino que incide en la construcción de criterios proyectuales, en la definición de escalas de intervención y en la reconsideración de los instrumentos de representación y materialización de la arquitectura.
Primer núcleo: la reformulación de la estética como condición proyectual
El primer núcleo teórico se organiza en torno a una reformulación del problema estético en la arquitectura moderna. Austral invierte la jerarquía establecida por el funcionalismo, desplazando la centralidad de la función hacia la forma, entendida como un campo de exploración conceptual. La estética deja de operar como resultado para constituirse en condición del proyecto, en la medida en que habilita la articulación de variables espaciales, perceptivas y simbólicas dentro de una misma operación proyectual.
El referente inmediato de esta reformulación es el surrealismo, cuya capacidad para activar el inconsciente y superponer registros temporales heterogéneos se traslada al campo arquitectónico. Esta influencia se vincula con los contactos de Antonio Bonet con figuras como Salvador Dalí y Joan Miró, así como con el desarrollo local del movimiento en las obras de Xul Solar, Juan Batlle Planas y Antonio Berni. La difusión del psicoanálisis freudiano en este período —intensificada tras la muerte de Sigmund Freud en 1939— aportó un marco teórico que permeó tanto la cultura especializada como los circuitos de divulgación. Bonet estableció vínculos con el campo psicoanalítico local, en particular con Ángel Garma, cofundador en 1942 de la Asociación Psicoanalítica Argentina.
En términos comparativos, esta posición se distingue de la adoptada por el grupo TECTON en Londres, cuya exploración formal permaneció inscripta en un marco racionalista, sin incorporar procedimientos analógicos derivados del surrealismo. También se diferencia de la producción de Frank Lloyd Wright, con quien Austral comparte la crítica al funcionalismo doctrinario, pero no la incorporación del inconsciente como instancia operativa en el proceso proyectual. En este cruce de referencias, la posición austral adquiere una especificidad dentro del panorama de la arquitectura moderna de entreguerras, al introducir una dimensión estética que redefine las condiciones de producción de la forma arquitectónica.
Segundo núcleo: la articulación entre objeto arquitectónico y estructura urbana
El segundo núcleo teórico se centra en la relación entre el objeto arquitectónico y la estructura urbana. Austral introduce la noción de proyecto como fragmento de un sistema mayor, en el que cada intervención se inscribe dentro de una hipótesis de ciudad futura. Esta concepción, influida por el pensamiento de Le Corbusier, incorpora la escala territorial como variable constitutiva del diseño, estableciendo correspondencias entre la modulación edilicia, las infraestructuras y la organización del tejido urbano.
La resolución del problema metropolitano se formula a partir de la liberación del suelo. El grupo propone la concentración edilicia en estructuras de gran altura —las denominadas «manzanas verticales»— implantadas en un campo continuo de espacios verdes. Esta operación invierte la relación entre llenos y vacíos, otorgando primacía a estos últimos como soporte de la estructura urbana. Los elementos construidos —edificios, piezas monumentales, sistemas de circulación— se disponen de manera autónoma sobre el territorio, configurando un sistema abierto. Su disposición responde a una lógica que combina orden estructural y asociación analógica, en la que las piezas son tratadas como unidades discretas susceptibles de rearticulación (Liernur, 1994).
La propuesta para la Ciudad Universitaria de Buenos Aires, localizada en los terrenos del antiguo Puerto Madero, y el Plan Regulador para Mendoza —desarrollado en colaboración con Le Corbusier y Pierre Jeanneret— constituyen instancias de mayor elaboración de este enfoque. En el caso de la Ciudad Universitaria, el proyecto introduce la noción de «zona cultural» como componente específico de la estructura urbana, incorporando una quinta función a las definidas por la Carta de Atenas. Esta categoría, asociada a la producción de conocimiento y a la actividad cultural, amplía el esquema funcionalista tradicional —basado en habitación, trabajo, recreación y circulación— y redefine el programa urbano en términos más complejos (Liernur, 1994).
Hasta fines de la década de 1930, la arquitectura moderna local había formulado críticas a la ciudad existente sin desarrollar modelos que articularan de manera sistemática la escala edilicia y la escala urbana. Austral introduce esta articulación dentro de un marco teórico explícito, integrando tipología, infraestructura y territorio en una misma operación proyectual. Esta convergencia constituye uno de los aportes específicos del grupo en el contexto de la arquitectura argentina.
Tercer núcleo: la dimensión territorial y el problema del interior del país
El tercer núcleo teórico aborda la dimensión territorial mediante la incorporación del interior del país como ámbito específico de intervención disciplinar. Frente a la concentración demográfica en el área metropolitana, Austral identifica un desequilibrio estructural que requiere respuestas a escala regional. Este planteo se vincula con el giro en el pensamiento de Le Corbusier hacia la noción de los «tres establecimientos humanos», así como con el clima intelectual de la década de 1930, atravesado por la reevaluación del contexto europeo y la proyección de una «esperanza americana». A ello se suma la expansión de la red caminera y del parque automotor, factores que reconfiguran las relaciones entre territorio, producción y asentamiento.
En este marco, la arquitectura vernácula y la vivienda rural son analizadas desde una perspectiva tipológica y constructiva. El interés se centra en su economía de medios, su adecuación climática y su organización basada en la repetición de unidades, entendidas como sistemas modulares. Estas características se interpretan en relación con los principios de la producción industrial, estableciendo una continuidad entre tradición constructiva y racionalización técnica. La casa campesina se examina como un dispositivo en el que convergen tipo, estandarización y reducción a elementos esenciales.
Esta lectura difiere de las aproximaciones de Wladimiro Acosta y Alberto Prebisch, quienes tendieron a abordar lo vernáculo desde una perspectiva formal o simbólica. Austral, en cambio, desplaza el análisis hacia sus condiciones operativas, evitando su utilización como repertorio iconográfico y proponiendo su interpretación en términos de sistema constructivo (Liernur, 1994). De este modo, la tradición se incorpora al proyecto moderno no como referencia estilística, sino como antecedente técnico y organizativo.
Este enfoque introduce un problema que permanece abierto en la historiografía: la relación entre la especificidad cultural y climática del territorio y su posible subordinación a una lógica de racionalización productiva. La lectura de lo vernáculo como antecedente de la estandarización industrial plantea interrogantes sobre el grado en que estas operaciones logran integrar las particularidades locales sin reducirlas a esquemas abstractos. Los prototipos de vivienda rural desarrollados para el concurso del Banco de la Nación Argentina constituyen un campo de verificación de esta tensión, en el que se evidencian tanto la capacidad de sistematización del enfoque como sus límites en términos de adecuación contextual.