OMA, Biblioteca pública de Seattle


“La biblioteca representa, quizá con la prisión, el último de los universos morales incontestados,” explica OMA sobre su acercamiento original a su diseño, creando un edificio que emerge icónico en el contexto. El edificio se propone como una respuesta a la pregunta ¿una biblioteca es? La respuesta… un archivo-almacén de libros, una vidriera para las nuevas tecnologías de la información, un lugar para el aprendizaje, la reflexión, el debate, un lugar para el conocimiento. La conclusión una biblioteca debe ser como el conocimiento, un espacio dinámico.

El concepto tradicional de biblioteca, el sentido fundamental de almacenar y archivar libros y documentos, se desvanece ante el hecho de que todo el contenido de una biblioteca se puede almacenar en un solo chip, o de que una sola biblioteca puede almacenar el contenido de todas las bibliotecas del mundo … desde esta perspectiva la función tradicional permanece, pero queda desplazada de lo estático a lo dinámico, el conocimiento y las diversas formas de adquirirlo, serán ahora el objetivo central.

Así la función de una biblioteca es la de organizar, dar sentido espacial a la aparentemente caótica proliferación de la información, los soportes y medios de obtenerla. Lo que se materializa (en este caso) en la definición de 5 áreas, que segregan un grupo de actividades similares, de manera que cada área se ajusta mediante las características físicas del espacio (tamaño, densidad, opacidad, etc.) a las necesidades concretas de los usos asignados.

La primer área se sitúa a nivel de calle y contiene la zona de acceso, registro, información, préstamo, etc. el “Children’s Center”, la zona destinada a los más pequeños, el acceso al auditorio principal y el espacio dedicado a los usuarios que tienen el inglés como segunda lengua, con recursos para el aprendizaje del inglés y contenidos multilingües (libros, prensa, etc).

En la segunda área se sitúa una tienda de regalos y la cafetería, la audioteca y el “team center” con la colección de ficción, que incluye libros y videoteca.

En la tercera se dispone la zona de consulta digital asistida por expertos.

En la cuarta área, que se extiende por cuatro plantas, se sitúa la biblioteca en el sentido clásico. El espacio se organiza en espiral (mediante una suave pendiente), dando una solución de continuidad al recorrido entre estanterías. En el centro, se sitúa un núcleo de comunicación vertical permitiendo el acceso directo alternativo.

La quinta área, situada en la última planta, es el espacio destinado a la administración de la biblioteca.

En los espacios entre plantas se encuentran las zonas destinadas al estudio, la lectura, la interacción y el juego.

Este proyecto forma parte de una serie de experimentaciones espaciales – estructurales que ha desarrollado OMA con Arup simultáneamente con el auditorio de Porto, otra emblemática expresión del estudio holandés.

Raúl Walter Arteca, 2012©

Fotografás: ©OMA / Philippe Ruault

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