Miguel Angel, Florent Facieba

1

 

Los visitantes rodearon la obra con ojos asombrados, extasiados por su belleza. Observaban con fruición. Pusieron atención en cada detalle, en la exactitud de cada parte. Rozaba la perfección.

Eufóricos, no dudaron en afirmar que era un trabajo del artista Lombardo. Del hombre que admiraban. Quien sino él! exclamaron.

Rieron con soltura cuando alguien mencionó el nombre del joven que se atribuía la autoría. Se burlaron de él. No tenía experiencia para hacer algo tan perfecto. Con viva voz lo acusaron de usurpar el trabajo del maestro milanés.

El los miraba con atención. Estaba escondido detrás de las enormes columnas del templo. Fastidiado. Sacado de sí. Se había tomado el trabajo de viajar a la montaña para seleccionar la piedra. Organizo su traslado. La protegió de las inclemencias del clima. La estudio con sumo esmero. Bosquejó cada fragmento para darle entidad a esa masa informe. La modeló. Pulió sus líneas. La trajo a la vida.

Salió furioso hacia su casa. Esperó que oscureciera. Tomo el mazo, un cincel, y camino raudo hacia el templo donde estaba la obra. Se tomó un tiempo para pensar el sitio donde hendir sin afectar la candidez de su trabajo. Tenía que verse claramente lo que quería decir. Que estallara en los ojos de cada uno que la mirara. Que gritara.

Decidió escribir sobre la cinta que cruzaba el pecho de la virgen. Entonces se acercó a la obra, apoyó el cincel en el mármol, y con precisos golpes del mazo grabó:

-Michael Agelus Bonarotus Florent Facieba -*

©Marcelo Gardinetti, 2016

Michelangelo, Pieta, c. 1498-15001

Contrato del 27 de agosto de 1498 para la realización de la Piedad:

“Se pone en conocimiento del lector de este contrato que el ilustrísimo cardenal de San Dionigi ha llegado al siguiente acuerdo con el maestro Miguel Ángel, escultor florentino. El citado maestro se compromete a construir en el término de un año a partir del día de comienzo de la obra y a sus propias costas una Piedad de mármol, concretamente una Virgen María cubierta con Cristo muerto en sus brazos, del tamaño de un hombre normal, por un precio de 450 ducados de oro en oro pontificio. El citado ilustrísimo cardenal promete satisfacer el pago como sigue. En primer lugar, se compromete a entregar 150 ducados de oro en oro pontificio al comienzo de la obra. Una vez comenzada esta se compromete a entregar al citado Miguel Ángel 100 ducados del mismo patrón oro cada cuatro meses hasta abonar los 450 ducados de oro en oro pontificio en un año, cuando se haya concluido dicho encargo. Si la obra se termina antes, su ilustrísima se compromete a abonar toda la suma.

Y yo, Jacopo Galli, prometo al ilustrísimo monseñor que el citado Miguel Ángel terminará la obra en un año y que será a escultura de mármol más bella que haya habido nunca en Roma, y que ningún otro maestro actual podrá superarla. Por otra parte prometo al citado Miguel Ángel que el ilustrísimo cardenal realizará los pagos tal como consta arriba. Para su ratificación yo, Jacopo Galli, ha redactado el presente escrito con mi propia mano, en el año, mes y día que constan arriba. Hay acuerdo en que con este contrato se anula y se invalida cualquier otro texto de mi mano o de la mano del citado Miguel Ángel y que únicamente este tiene validez jurídica. Así lo acuerdan ambas partes. Su Eminencia el Cardenal me entregó a mi, Jacobo Galli en fecha reciente, 100 ducados de oro en moneda pontificia, y hoy me entrega 50 ducados de oro de la misma moneda.”  Zöllner, F. y Thoenes, C., Miguel Ángel. Vida y obra, (Taschen, Colonia, 2010), 33

*-Miguel Ángel Buonarroti, florentino, lo hizo-

Notas:

1 “La Piedad fue realizada por Miguel Ángel con tan solo 23 años. Esta realizada en mármol blanco de Carrara, utilizando la técnica de tallado rebajando el bloque de mármol y usando como instrumentos cinceles dentados para la base, y el trépano para los cabellos. Entre los instrumentos utilizados podemos encontrar también limas y piedra pómez. Las dimensiones de esta obra son 1,74 metros de alto por 1,95 metros de ancho y 69 cm de profundidad. Cuando entregó la obra terminada, algunos dudaron de su autoría debido a la juventud del artista. Miguel Ángel al enterarse de estos comentarios, en un ataque de furia, grabó con un cincel en negativo su nombre en letras mayúsculas en la cinta que cruza el pecho de la Virgen, siendo la única obra firmada del artista. En la cinta puede leerse: “Michael A[n]gelus Bonarotus Florent[inus] Facieba[t]”, que traducido significa “Miguel Ángel Buonarroti, florentino, lo hizo”. Esta obra sufrió un atentado el día 21 de mayo de 1972 cuando Laszlo Toth, geólogo de nacionalidad australiana,  entró a la basílica escondiendo bajo su atuendo un martillo y, tras haber sorteado las medidas de seguridad,  saltó la barandilla de mármol situada delante de la Capilla de San Pedro y propinó a La Piedad 15 martillazos en apenas dos minutos, quedando el brazo izquierdo de la Virgen, el rostro, cejas, nariz y boca especialmente, fragmentados en pequeñas piezas de mármol. La restauración fue llevada a cabo a manos de un brasileño llamado Deoclecio Redig de Campos, en esa época director general de los Museos Vaticanos y experto en escultura renacentista. Salvó el párpado de la Virgen recuperándo la mayor parte de los fragmentos. Para poder realizar esta recuperación de la obra de forma mimética, los restauradores vaticanos utilizaron una réplica de 1964 y millones de fotografías. Se utilizaron los fragmentos originales y una pasta hecha con polvo de mármol y una resina especial traída desde Brasil. Hasta trece meses más tarde, Junio de 1973 La Piedad no volvió a exponerse. Desde el atentado La Piedad se expone protegida por una gruesa pared de vidrio a prueba de balas… Marina Bermejo Gómez, “La Piedad del Vaticano”, mupart.uv.es › ajax › file › oid › fid [Consultado el 08-11-2019]

Fotografía: Stanislav Traykov – Este archivo deriva de: Michelangelo’s Pieta 5450.jpg, CC BY 2.5, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=3694513

Foto detalle: ©Brian J. McMorrow

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