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La abolición del tiempo

Giorgio De Chirico, Piazza d’Italia, 1942

Una piazza desolada.

Una torre cilíndrica señala el punto axial que divide la imagen. A la izquierda un edificio con arcos de una galería clásica y un frente ambiguo. La perspectiva deja ver en el horizonte lejano las siluetas tímidas de algunas viviendas. Dos personas contemplan esa escena. El lado derecho está inhabitado. Un muro de ladrillos impide la visión del horizonte.

Por delante una escultura clásica sobre un pedestal representando el cuerpo de una mujer recostada. Por detrás una locomotora hecha bocanadas de humo mientras arrastra dos vagones bajo un cielo hostil. Las sombras dilatadas acentúan la sensación de abandono. El desánimo es absoluto1.

La escena representa un tiempo inmóvil. Los objetos se trastocan y se enajenan de su propia realidad. Se esparcen en el vació. Chirico hurga en la historia, para remedar una modernidad perturbada. Subraya sus contradicciones en un esbozo invariable, inorgánico, carente de emociones. La inusual representación sofoca cualquier visión lógica2.

Afuera hay una guerra.

En la tela, un paisaje imperturbable y petrificado que ignora el futuro y lamenta el pasado. Esta abúlica parodia incita a la razón a indagar un enigma atemporal. Posiblemente la pregunta sea más importante que la respuesta3.

Chirico decidió enunciarla.

Aboliendo el tiempo

©Marcelo Gardinetti, 2016    

Notas:

1 “De Chirico desarrolla un lenguaje vanguardista, busca nuevas maneras de entender el mundo, pero sin dejar de lado la figuración como continuidad en la tradición europea, asumiendo una línea discursiva que toma como referente la memoria cultural de Occidente. Ejemplo de ello son los artículos que publicó a partir de 1919 sobre la necesidad de una “vuelta al oficio”, desarrollando un discurso reflexivo en defensa de la singularidad del lenguaje pictórico, aprovechándolo como plataforma desde la que reivindicar la dignidad y originalidad de su trabajo. De Chirico, por tanto, no rompe con lo anterior, no pretende una ruptura formal con la iconografía del siglo XIX; innova al entender de una nueva manera de entender los valores occidentales, al desarrollar un lenguaje consciente del legado histórico que lo sustenta. De Chirico gozó ya en vida de reconocimiento. No sólo fue considerado un artista de vanguardia, sino que destacó por su originalidad. Ello se ha reflejado en las múltiples exposiciones individuales que se han organizado de su obra (Apéndice 5, p. 128) así como en la edición de sus escritos. La notoria influencia de De Chirico y con el de los movimientos de vanguardia en la publicidad, el diseño, la decoración, etc., o la gran cantidad de artistas deudores de estos movimientos” Mireia Garcias Buades, “El título artístico en Giorgio de Chirico: el nombrar metafísico (1908-1929)” Dep. Historia del Arte de la Universitat de Les Illes Balears (U.I.B.). Julio de 2011.

2 “El objeto (o, lo que es lo mismo, nuestra manera de percibirlo y comprenderlo), lleva en sí mismo su propio carácter espectral, del mismo modo que el objeto descontextualizado de su significado histórico deja de ser en sí mismo. Para que se produzca un nuevo contexto, alienante, resulta obvio y eficaz la representación no estridente pero sí desorientadora de la imagen (Calvesi, 1990). El nuevo modo de representación desvela una nueva percepción, extraña e inquietante. En palabras de Steiner (2007, p. 46): (un) acto de pensamiento postula su conquista de la verdad únicamente allí donde el proceso es tautológico, donde el resultado es su equivalencia formal, como sucede en las matemáticas o en la lógica simbólica. El retorno de lo mismo de Giorgio de Chirico se concibe como un lenguaje complejo en el cual se origina un pensamiento postulado de manera diferente y a modo de eco de lo existente”. Mireia Garcias Buades, Op. Cit.

3 “La transformación de la pintura de De Chirico en los años veinte y su regreso neometafísico en la vejez. más allá de los episodios comerciales que no nos interesan. – como la proliferación de copias, retratos adulatorios o historias de falsas autentificaciones y viceversa marcan probablemente, con una perfecta sinceridad expresiva, los momentos de este viaje psíquico. Es de hecho en la última vejez, dice Jung, cuando el material arquetípico vuelve a aglutinarse debido a una completa transformación del hombre, esta vez no sólo psíquica. Por lo demás, Jouffroy señalaba que toda la obra de De Chirico está atravesada por un sentido de muerte, donde la noche que desciende sobre la antesala no es sino la inminente noche de Europa: y en esto consiste la forma íntima de vivir el propio tiempo de la que hablaba Lacan. «…» Lejos de perseguir al siglo como lo hace Picasso. y mostrar los signos y las horas de la decadencia de la cultura heredada del siglo XIX. triunfalista y mecanicista. De Chirico denuncia el escándalo y se detiene: su carátula marca la hora enigmática; las manecillas acusadoras indican lo sagrado a un siglo desacralizado ya la deriva”. Gian Carlo Benelli “De Chirico, todavía un enigma” en Revista de la Universidad de México No. 417 octubre (1985) 29-36


Abstract

The scene represents a motionless time. Objects are transformed and alienated from their own reality. They are scattered in the void. Chirico rummages through history to mimic a disturbed modernity. He underlines his contradictions in an invariable, inorganic, emotionless sketch. The unusual representation suffocates any logical vision.

Outside there is a war. On the canvas, an imperturbable, petrified landscape that ignores the future and laments the past.

This abhorrent parody incites reason to investigate a timeless enigma. Possibly the question is more important than the answer.

Chirico decided to enunciate it. Abolishing time


Fotografía: ©palazzoesposizioni.it

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