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Toyo Ito

Toyo Ito

“En esta sociedad que se reconoce como fluida, la arquitectura está demasiado acabada. Incluso en el espacio urbano, donde la densidad de la aglomeración de los edificios es tal que parece como si estuvieran empujándose unos a otros, cada uno de ellos es independiente de los demás, formando respectivamente su propio entorno artificial concluido. Por mucho que se delibere sobre la manera de ser de la arquitectura ecológica, la arquitectura continúa creando su propio entorno independiente, basándose en las nuevas tecnologías”

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Nuevas especies de espacios

Del aire de Newton al aire Prnadtl

Oriente y Occidente han iniciado la búsqueda de un nuevo tipo de espacio que continúa con la intensa reciprocidad que hubo antes entre América y Europa en este mismo asunto. Dicha búsqueda se ha transformado, este último tiempo, en un nuevo laboratorio espacial. Si el laboratorio que unió Amé- rica y Europa fue la patria doméstica, hoy es el del espacio público. En él ha surgido una nueva arquitectura, que se ha transformado con la ciudad y que ha convertido su habitación en un lugar abierto.

El renovado laboratorio ya no investiga sobre aquellos mecanismos de la modernidad que ligaban el espacio de su patria doméstica a un desconocido mundo. La vocación de exterioridad del espacio contemporáneo, convertido en lugar, hace de su anatomía el origen de una modificable materialidad. El logro de este nuevo espacio ganará, para su habitante, el viaje a una nueva patria.

Un quimérico lugar, quizá desconocido a la casa que incorporó al hombre moderno a un nuevo tiempo, pero donde probablemente olvidó otros muchos sueños.

En 1851, el ingeniero Joseph Paxton resolvió el Palacio de Cristal como la construcción resultante de una repetición de elementos metálicos. Un esqueleto férreo, alámbrico y henchido de aire, dio vida a un nuevo lugar. Paxton diseñó una estructura tumbada sobre el suelo que nunca quiso ser arquitectura, pero que logró ser el alma del Palacio de Cristal. El aire que Paxton dibuja alrededor de su estructura en sus primeros croquis, es del mismo color y trazo que el aire de su interior. El aire previo y el aire final, a la estructura propuesta, son el mismo aire. No hay diferencias entre ellos. Es un aire de cualidad newtoniana, que exhibe una materialidad constante y ajena a cualquier posible acción externa. Hasta aquí, este espacio es aire, solo aire. Un gran vacío: “la nada”, escribe Rochon (2010).

El éxito de Paxton fue mostrar este volumen de aire a través de su estructura metálica, convertida en su íntima alma. De la estructura emerge un aire visible. El alámbrico esqueleto se convierte en la anatomía de este primer y visible “especie de espacio”. El resultado es un gran lugar, una nueva patria habitada por hombres y mujeres que buscan sueños que vienen de más lejos. Es obvio que el Palacio de Paxton no es la primera propuesta que une estructura y espacio, pero sí es la primera donde nosotros podemos ver claramente la íntima relación entre espacio, como aire visible, y su estructura, como esqueleto de aquel aire visible.

En 1904, el físico Ludwig Prandtl, un profesor de 29 años de la Technische Hochschule en Hannover, presentó en el Tercer Congreso Internacional de Matemáticas de Heidelberg una nueva teoría que consideraba el aire como un fluido variable de diferentes capas: Boundary Layer. El hasta entonces aceptado concepto newtoniano de igual resistencia de un fluido fue reemplazado por una nueva concepción hidrodinámica (Prandtl, 1952). De acuerdo a esta, la resistencia del fluido resulta de las diferencias de presión e intensidad de fricción alrededor de un cuerpo. De tal manera, el aire es un material de viscosidad y agitación variable e identificable: máxima en su capa límite.

La nueva teoría revolucionó la forma de entender y analizar la dinámica de fluidos. A hombros de esta, la ingeniería aeronáutica desarrolló formas estructurales basadas en nuevas formas de cálculo. A la postre, nuevas capas límite que controlaban la viscosidad y agitación del aire alrededor de sus estructuras aeronáuticas.

La tesis de esta investigación sugiere que a la revolución aeronáutica que Prandtl provocó con su teoría de las capas límite ha seguido una revolución arquitectónica que se reconoce en aquellas nuevas arquitecturas públicas de Oriente. Sus estructuras dan habitación a otra modernidad, ahora líquida, señala Bauman.

A aquellas nuevas estructuras aeronáuticas han seguido nuevas estructuras arquitectónicas. Anatomías para una distinta espacialidad arquitectónica, cuyo aire coagula en una nueva razón estructural. Con ellas, la estructura contemporánea se ha convertido en el origen de un nuevo espacio de manipulable densidad.

Aceptando este paralelismo, se pueden estudiar las diferentes materialidades y configuraciones del fluido-aire que forma esta nueva arquitectura, a través de la manipulación y conformación de sus capas límites, identificadas como su estructura. Es decir, se puede estudiar la materialidad del aire a través de la geometría y la posición de su estructura, como la originaria de su grado de viscosidad y finalmente de su nueva materialidad. El aire es pues, también para nosotros, un fluido de variable y diferente viscosidad.

Después de un tiempo, ciertamente cercano, se construye un mapa de arquitecturas que parece haberse sumergido, directa o indirectamente, en esta nueva concepción hidrodinámica del aire. Es posible reconocer otros tipos estructurales y sus correspondientes materialidades aéreas. Es el momento adecuado para promover una investigación rigurosa de las especies de espacios que, guiados por la teoría de Prandtl, surgen como expresión de su estructura. Esta reciente ecuación que une estructura y materialidad espacial permite identificar un mapa de densidades espaciales prescritas en Occidente y construidas en Oriente.

Mediateca de Sendai

Aire líquido: Anatomía de Vórtices

Noventa años después de la publicación del artículo de Prandtl, Toyo Ito ganó, entre 235 propuestas, el concurso internacional para la construcción de la Mediateca de Sendai. El edificio, situado en el corazón de la ciudad, da habitación a un nuevo programa que combina biblioteca y arte, y en el cual estuvo, finalmente, implicado el propio Ito.

En la propuesta, el arquitecto japonés devela una caja de vidrio, cuyo viejo límite se desvanece en el perímetro que revela el significado de un hueco, el cual es llenado con un aire que se densifica hasta hacerse casi líquido. Lo que caracteriza al proyecto de Sendai son las columnas tubulares (Cortés, 2005), concebidas como algo que se mueve y danza en el agua como algas. El volumen cúbico, que mide 50 m de ancho y 30 m de altura, resulta como un tanque de agua.

El orden repetitivo de la estructura de Paxton, inflado de aire newtoniano, es convertido en el proyecto de Ito en trece columnas sinuosas, que parecen dar vida a una nueva especie de aire. Su visibilidad se reafirma en la ausencia de estructuras horizontales. Diseñadas por el ingeniero Mutsuro Sasaki, las vigas son absorbidas en los 40 cm de espesor que tiene cada forjado. Las trece columnas, pintadas en blanco, son tejidas en finos tubos. Con ellas   y su trenzada materialidad, Ito traslada la previsible posición periférica de la estructura hacia su interior, con el objetivo de “diseñar otro tipo de espacio mediante la inserción de estos tubos en un universo espacial… para insertar naturaleza como un elemento, en términos no solo de figura sino también de función, una función orgánica” (Kobayashi y Mulligan, 2002).

Ito concentra todo el material de la capa límite de Prandtl en estas trece columnas metálicas tejidas. El movimiento de la capa límite, desde la periferia hacia su interior, genera un grupo de vórtices aéreos a su alrededor. Su contorneada elevación, que se origina en el plano del suelo y sigue hasta sobrepasar la cubierta, transforma en sus ondulados movimientos el aire previo, inamovi- ble y vacío, en un medio líquido y en constante cambio.

Las trece columnas se convierten en trece vórtices; en elementos estructurales capaces de transformar la materialidad del volumen de aire. Los cuatro vórtices mayores están situados en las esquinas de las plantas, y sirven como principales medios de apoyo y refuerzo. Cinco de los nueve vórtices menores son continuos y dan paso a los ascensores, mientras los otros cuatro son más ondulados y contienen los conductos y el cableado necesario. Witte (2002) elucubra en las columnas de la Mediateca un edificio en el cual la materia –corpórea y programática– es convertida en un complejo de improbabilidades, viscosidades, pulsaciones y remolinos.

De acuerdo a los modelos de Prandtl estos vórtices resultan ser, como flujos de fluidos, muchas veces turbulentos. La velocidad y el tipo de rotación de este aire fluido –identificable en la disposición geométrica de las luminarias en los techos alrededor de estas columnas-vórtice– son mayores en el centro y decrecen progresivamente con la distancia respecto de él (fig. 5, 6). La ocupación de este nuevo lugar en torno a estos vórtices-columnas sucede en la permanente expectación de ser cambiada por un visitante que resulta ser el “artista de su propio cambio” (Bauman, 2000).

Una investigación paralela en las últimas experiencias sobre dinámica de fluidos, y que manipula gas hidrógeno, son las “Simulaciones Informáticas” de Jo Smiseth, Eivind Smørgrav, Egor Babaev y Asle Sudbø. En ellas transforman el estado gas del hidrógeno a un estado líquido, a través de la manipulación de su viscosidad. Bajo extremos de presión y temperatura, escriben los autores citados, el hidrógeno se convertirá probablemente en un superconductor, llevando la electricidad sin resistencia. Pero además puede, simultáneamente, convertirse en un fluido que fluye sin fricción, un súper fluido. Su video de simulación informatizada nos muestra un baile de vórtices (Lindley, 2005) en el interior de una caja teórica que tiene una increíble similitud con los primeros textos y dibujos del proyecto de Ito.

El color blanco de las columnas en Sendai ilumina en su desplazamiento el interior del vacío, en un viaje que llega hasta descubrir el cielo, para llenarse de una luz que inunda su ausencia de masa. Con las trece columnas el aire transforma su densidad, que llena el tanque de un aire líquido que devuelve a las columnas el movimiento orgánico de las algas. Las columnas sobrepasan el plano de cubierta y, con ella, el nivel líquido, para respirar un cielo inmediato.

La mayor densidad del aire interior marca la diferencia entre el dentro y el fuera, entre el espacio (líquido) y el lugar (gaseoso).

El casi inexistente perímetro es solamente visible por la diferente densidad que promueve la nueva anatomía y su líquida ocupación. El mecanismo estructural de Ito es capaz de transformar el aire en un medio líquido, ganando el acceso a una vida acuática para sus habitantes. (Maffei, 2001)

La fachada de vidrio, transformada en frontera liminar, se hace visible como diferencia del aire exterior y el aire interior en esta nueva anatomía. La estructura hace también visible el aire transformado en fluido líquido, antes no visible como simple aire. La anatomía de la Sendai conquista la cualidad fluida que propuso Prandtl en su nueva teoría de las capas límite. El tanque se llena de un aire fluido, casi líquido, como el mundo en el que vivimos. “Nuestro medio físico es ya un medio líquido donde todo fluye y está disuelto”, escribe Bauman. La Mediateca tiene la vocación de convertirse en el arquetipo de una nueva arquitectura (Ito, 1997). Un nuevo arquetipo de espacio líquido y fluido.

Javier Pérez-Herreras

Referencias:

Estracto de: Javier Pérez-Herreras, “Nuevas especies de espacios” ARQ 82 (2012) 31

Bibliografía

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