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Sarah Deyong, la ciudad viva

Rogers y Piano, Centre Pompidou, 1977, tecnne

En la posguerra, el Congreso Internacional de Arquitectos Modernos (CIAM), fundado en 1928, se había convertido en la organización más grande e importante para promover las ideas de la arquitectura moderna. Entre otras actividades, creó un conjunto de directrices sobre planificación urbana, llamado la Carta de Atenas, que se aplicó ampliamente en la reconstrucción de la Europa de la posguerra. Sin embargo, en el punto álgido de su éxito en los años 50, la organización fue desacreditada desde sus filas por una generación más joven de arquitectos del CIAM, que pronto se llamaría Team X por la reunión que organizaron colectivamente: el décimo congreso del CIAM en Dubrovnik, Yugoslavia, en 1956.

A mediados de la década de 1950, este grupo de arquitectos, que incluía a Alison y Peter Smithson, Jacob Bakema y Aldo van Eyck, criticaron la carta por fragmentar la ciudad artificialmente en cuatro zonas funcionales (trabajo, vivienda, recreo y transporte). En su lugar, establecieron un nuevo programa urbano, subrayando la necesidad de reintegrar las diversas funciones de la ciudad en un “conjunto” jerárquico de “elementos asociativos” (casa, calle, distrito y ciudad)4. Aunque el propio CIAM se disolvió pocos años después, en 1959, fue esta nueva agenda la que sentó las bases de las primeras megaestructuras de Yona Friedman y los Metabolistas5.

Kisho Kurakawa. Helix City,1961, tecnne
Kisho Kurakawa. Helix City,1961

El objetivo de la nueva agenda era revisar lo que la Carta de Atenas había tratado inadecuadamente; como declaró el Team X: “La vida cae a través de la red de las cuatro funciones6“. Esta crítica tenía menos que ver con los preceptos funcionalistas del modernismo que con el modelo tecnológico en el que se basaban esos preceptos. “Seguimos siendo funcionalistas”, escribió el miembro del Team X Peter Smithson, “pero hoy en día la palabra funcional no significa meramente mecánica, como hace treinta años7“. Si la antigua Carta de Atenas abordaba ciertos problemas de la urbanización masiva, como la contaminación, la congestión y las enfermedades, para el Team X también reducía la ciudad a una máquina burocrática, una enorme fábrica desprovista de los ingredientes que hacían de la ciudad un organismo vital y complejo. En sus recetas a sus colegas de Dubrovnik, el Team X escribió: “Hoy cada uno de nosotros reconoce la existencia de un nuevo espíritu. Se manifiesta en nuestra revuelta por los conceptos mecánicos de orden y en nuestro apasionado interés por las complejas relaciones de la vida y las realidades de nuestro mundo8“.

La megaestructura fue un intento de promulgar, a través de la forma construida, “las complejas relaciones de la vida”, concebidas según un nuevo modelo tecnológico. Pero en lugar de ejemplificar una arquitectura y urbanismo que restaurara las “realidades del mundo”, jugó, avant la lettre, la lógica de lo que Jean Baudrillard ha llamado el simulacro.

Cuando el Team X declaró su “rebelión contra los conceptos mecánicos del orden” y su “apasionado interés en las complejas relaciones de la vida”, el grupo abordó la antigua cuestión metafísica: ¿Qué es la vida? Al rechazar los conceptos mecánicos de orden en los que se basaba la Carta de Atenas, desplazaron el modelo cartesiano de vida, que explica los fenómenos vivos en términos de mecanismos de relojería y autómatas, con lo que en biología se denomina el modelo holístico u orgánico.

Partiendo de la suposición de que las ciudades son organismos complejos, el Team X ensayó las especulaciones de biólogos orgánicos, como Ludwig von Bertalanffy, argumentando que la ciudad es más que la “suma de sus partes”, que forma un “todo sintético” que posee las características de una “complejidad organizada”. “El problema”, escribió el Team X, “es el de desarrollar una estructura total distinta para cada comunidad, y no el de subdividir una comunidad en partes… Debemos encontrar formas de tejer nuevas unidades en el conjunto para que se extiendan y renueven los patrones existentes9“. Esta comprensión del proceso de la vida estaba enraizada en una filosofía que se consideró esquiva e inestimable hasta mediados del siglo XX. Con el surgimiento de la cibernética después de la Segunda Guerra Mundial, la vida ya no fue vista como un ideal trascendental, un misterio irresoluble, sino como algo que podía ser cartografiado, y en última instancia, reproducido.

Los arquitectos visionarios, como Arthur Drexler señalaría, estaban en el negocio de la creación, de transformar la visión en realidad o, mejor dicho, los modelos de vida en la realidad misma10. A principios y mediados de los años sesenta, el grupo Archigram y otros jóvenes arquitectos anunciaron el potencial de la nueva tecnología para lograr una transformación utópica de la sociedad, pero no fue sólo un avance tecnológico lo que hizo posible esta ecuación entre visión y realidad, sino un cambio en la conceptualización de la vida desde una unidad indescifrable a una complejidad organizada regulada por un sistema de retroalimentación cibernética11.

Michael Webb, Furniture Manufacturers Association Headquarters, 1957, tecnne
Michael Webb, Furniture Manufacturers Association Headquarters, 1957

En la década de 1950, el modelo de organismo, que se remonta al siglo XIX, fue refundido en términos de cibernética, la ciencia de la comunicación y el control, y como tal, la unidad de la vida llegó a asociarse con sistemas de comunicación autorregulados, similares al mecanismo de guía y control de un misil balístico. En la descripción de la estructura de doble hélice del ADN de James Watson y Francis Crick en 1953, por ejemplo, la vida consistía en una cinta de programa que comprendía las cuatro “letras” del código genético (A, C, T y G) que regulaba “el ensamblaje de veinte aminoácidos en miríadas de proteínas12“. Si bien el concepto de organismo en términos de sistema cibernético potenciaba el discurso científico con un nuevo rigor y precisión, su aplicación era más retórica que práctica y su alcance era limitado: aunque la cibernética podía explicar los procesos químicos a nivel molecular, por ejemplo, no podía explicar la diferenciación celular, es decir, cómo surgen nuevas cualidades en el mundo biológico en cada nivel sucesivo de organización.

Y, sin embargo, a pesar de esta limitación, la noción de la vida como una máquina cibernética logró enmarcar e influir en la investigación en vastas áreas de las ciencias sociales y del comportamiento, y también en la arquitectura y la planificación urbana modernas13. Poco después de asistir al décimo congreso del CIAM en Dubrovnik, Friedman propuso un sistema móvil de planificación urbana, equipado con su propio mecanismo de retroalimentación cibernética14.

Aunque la propuesta pasó en gran medida desapercibida para el Team X, llamó la atención de otros miembros del CIAM, como Eckhard Schulze-Fielitz y David Georges Emmerich, quienes, junto con Friedman, fundaron el Groupe d’Espace et d’Architecture Mobile (GEAM), así como Kenzo Tange, el llamado padre de los Metabolistas15.

Desde el siglo XIX, el discurso de la arquitectura moderna se ha cruzado con una serie de paradigmas científicos: después del modelo mecánico avanzado por la vieja guardia del CIAM vino el modelo orgánico promovido por el Team X, seguido por el modelo cibernético, o neomecánico, adoptado por Friedman y los Metabolistas. Este paso de un modelo a otro es paralelo al relato de Baudrillard sobre las “órdenes de los simulacros” desde el mundo clásico de los mecanismos de relojería y autómatas hasta la era moderna del código genético: “Es en efecto en el código genético donde la ‘génesis de los simulacros’ encuentra hoy su forma más lograda16“.

El relato de Baudrillard no es de ninguna manera una simple historia de modelos científicos, sino más bien una crónica analítica de poder y conocimiento, muy similar a El orden de las cosas de Michel Foucault. La primera etapa de los simulacros identificados por Baudrillard se correlaciona con el sistema clásico de representación, en el que la diferencia soberana entre el original y el modelo, lo vivo y lo no vivo, permanece intacta, “como en el caso de ese autómata perfecto que imitan los movimientos espasmódicos del imperador en el escenario, -de modo que al menos, aunque se invirtieran los papeles, no sería posible ninguna confusión17“. La segunda etapa se corresponde con la edad moderna de la producción en serie o en cadena; y la tercera, con la edad postmoderna del simulacro, en la que el original y la copia “se parecen tanto entre sí que ya no se parecen en absoluto18“.

Según este esquema, la Carta de Atenas, como “la falsificación de la vida”, pertenecería a la primera orden de los simulacros. La megaestructura, sin embargo, aspira a una equivalencia fantasmática19, y por lo tanto juega con la lógica paradójica del tercer orden. Si bien una cosa es comparar la vida con el funcionamiento de un mecanismo cibernético (del que la unidad de la vida sigue siendo un ideal trascendental e inalcanzable), otra es equiparar ambos, como si los términos de la analogía fueran reversibles.

Yona Friedman, Flatwriter, 1971, tecnne
Yona Friedman, Flatwriter, 1971

Como hemos señalado, las primeras megaestructuras de Friedman y los Metabolistas surgieron de los debates con el Team X sobre cómo una ciudad podría crecer y adaptarse a los cambios futuros como si fuera un organismo vivo. Sin embargo, a diferencia del Team X, no fue suficiente para Friedman y los Metabolistas desarrollar grupos de arreglos espaciales, “similares a patrones de formaciones cristalinas o divisiones biológicas20“. Las unidades dentro del “cúmulo total” también tenían que ser móviles para permitir la variabilidad, similar al “metabolismo constante de las células”. “En cuanto al método”, escribió Tange en 1960, “creo que podemos tomar una pista de los diversos enfoques de las ciencias modernas. Una ciencia es el estudio de la vida; la otra, la de la física o las matemáticas. El principio de la vida aún no ha sido descubierto, pero los organismos pueden ser vistos macroscópicamente como estructuras estables compuestas de arreglos ordenados de células. Sin embargo, el organismo vive debido al constante metabolismo de las células, y esto debe ser examinado microscópicamente21.” 

Esta descripción del organismo como una “estructura estable compuesta de arreglos ordenados” forma la base de la famosa definición del metabolista Fumihiko Maki de la megaestructura como una gran estructura que contiene partes móviles22. La definición de Maki forma sólo la mitad de la problemática de la ciudad viva. Lo que falta en esta definición es el ADN de la megaestructura. Para Friedman y sus colegas del GEAM, la megaestructura era análoga al crecimiento celular, tal como lo definen los biólogos moleculares, no sólo en términos de forma, patrón y estructura, sino también en términos del ordenamiento de un número finito de elementos. Como el miembro del GEAM Eckhard Schulze-Fielitz escribió en 1960: “La estructura espacial [o megaestructura] es un macromaterial capaz de modulación, análogo a un modelo intelectual de la física, según el cual la riqueza de los fenómenos puede reducirse a unas pocas partículas elementales23“.

A lo largo de la década de 1960, Friedman ideó programas informáticos para generar patrones espaciales complejos a partir de una taxonomía de elementos y de simples “reglas de composición”24. En su proyecto Flatwriter, presentado en la Expo 1970 de Osaka, por ejemplo, los habitantes hipotéticos podían generar el diseño de sus viviendas individuales seleccionando opciones de un teclado de cincuenta y tres elementos arquitectónicos (suelos, paredes, componentes de enchufe, etc.), combinados según las reglas elementales de un programa informático25.

Podríamos criticar fácilmente el proyecto de Friedman por tomar al pie de la letra lo que en última instancia es una metáfora de la vida, pero también es la propia literalidad del proyecto lo que pone de relieve la paradoja de la representación que planteó Baudrillard en relación con un modelo que se aproxima tanto a la vida que ya no se parece en nada a ella. En el intento de crear la ciudad viva a partir de una percepción a priori, la megaestructura se convirtió en lo que Baudrillard llamó “la nueva configuración operativa” de algoritmos, oposiciones binarias y teorías combinatorias26.

Tal fue la evaluación del propio Baudrillard de una megaestructura tardía, aunque celebrada, construida en la década de 1970: El Centro Georges Pompidou de París, también conocido como el Beaubourg, por los arquitectos Renzo Piano y Richard Rogers. En su ensayo de 1977, “El efecto Beaubourg”, Baudrillard se refirió acertadamente a este notable edificio como una enigmática “carcasa [de] redes y circuitos -el impulso final para traducir una estructura que ya no tiene nombre27“. 

Para Baudrillard, el discurso de la ciencia se basaba en una percepción fantasmática de la vida que trata la metáfora tan substancialmente como la realidad. La paradoja residía en el hecho de que toda la realidad objetiva se basa en una imagen operativa que no representa nada en sí misma28.

Sarah Deyong

Deyong, Sarah “The living city”, Memories of the urban future: The rise and fall of the megastructure en Terence Riley, (ed.) The Changing of the Avant-Garde: Visionary Architectural Drawings from the Howard Gilman Collection, (New York: The Museum of Modern Art, 2002), 23-35

Notas:

4 Alison and Peter Smithson, “Town Structure,” in Jiirgen Joedicke, ed., Documents of Modern Architecture: CI AM ’59 in Otterlo (New York: Universe Books, 1961): 68.

5 The Metabolists included Kiyonori Kikutake, Kisho Kurokawa, and Fumihiko Maki. Kenzo Tange and Arata Isozaki were closely affiliated with the group.

6 Alison Smithson, ed., Team 10 Meetings (New York: Rizzoli, 1991): 9.

7 Peter Smithson, “Cluster City,” Architectural Review (November 1957): 333-

8 Team X, “Instruction to Groups, Dubrovnik 1956,” in Joedicke, Documents of Modern Architecture: CIAM ’59 in Otterlo: 14.

9 Team X, “The Tenth Congress of CIAM, Dubrovnik, August 1956,” in Alison Smithson, Team 10 Out of CIAM (1982): 73-

10 Como Arthur Drexler escribió en una declaración sobre la exposición de Arquitectura Visionaria: “Hoy en día prácticamente nada de lo que un arquitecto puede pensar es técnicamente imposible de realizar. El uso social… disuade de minar lo que es visionario y lo que no… Los proyectos visionarios, como las formas ideales de Platón, proyectan sus sombras en el mundo real de la experiencia, el gasto y la frustración. Si pudiéramos aprender lo que tienen que enseñar, podríamos intercambiar racionalizaciones irrelevantes por estándares críticos más útiles. La visión y la realidad podrían entonces coincidir”. Ver “Visionary Architecture”, The Museum of Modern Art, New York, Press Release No. 108, September 29, i960.

11 Para una excelente discusión sobre la retórica del discurso biológico molecular, ver Richard M. Doyle, “Emergent Power: Vitality and Theology in Artificial Fife”, en Timothy Fenoir, ed., Inscribing Science (Stanford: Stanford University Press, 1988): 304-433.

12 Lily Kay, “How a Genetic Code Became an Information System,” in Agatha C. Hughes and Thomas P. Hughes, eds., Systems, Experts, and Computers (Cambridge, Mass.: MIT Press, 2000): 463.

13 Ibídem: 465: “La representación de los fenómenos en términos de sistemas de información no se limitaba a la biología molecular. Casi todas las disciplinas de las ciencias sociales (sociología, psicología, antropología, ciencias políticas y economía), así como de las ciencias de la vida (inmunología, endocrinología, embriología, fisiología, neurociencia, biología evolutiva, ecología y genética molecular) coquetearon con los ideales seductores de la cibernética y la teoría de la información en el decenio de 1950, con diferentes grados de productividad y compromiso”.

14 Yona Friedman, “L’Architecture mobile,” December 12, 1958, typescript in the Yona Friedman Files, Centre Georges Pompidou, Paris.

15 Los Metabolistas se reunieron por primera vez como el Comité Temático de la Conferencia Mundial de Diseño de 1960 en Tokio. Para este evento, publicaron un manifiesto, titulado “Metabolismo 1960”: Propuestas para el Nuevo Urbanismo. El padre espiritual del grupo era Kenzo Tange, que había sido miembro del CIAM desde 1949. Kurokawa, Maki e Isozaki trabajaban en la oficina de Tange, conocida como ARTEC.

16 Jean Baudrillard, “The Orders of Simulacra,” in idem, Simulations, trans. P. Foss, P. Patton, and P. Beitchman (New York: Semiotext, 1983): 104; orig. pub. in L’Echange symbolique et la mort (Paris: Gallimard, 1976).

17 Ibid.: 94.

18 Rex Butler, Jean Baudrillard: The Defence of the Real (London: Sage Publications, 1999): 35; see also Sara Schoonmaker, “Capitalism and the Code,” in Douglas Kellner, ed., Baudrillard: A Critical Reader (Oxford: Basil Blackwell, 1994): 170: “[The epitome of the simulacrum is the digital code) that trans lates all questions and answers, all of reality, into a binary opposition between zero and one. In the stage of simulation, objects are not merely reproduced through mechanical techniques. They are originally conceived in terms of their reproducibility, using a binary code.”

19 The Metabolists declared: “We are not going to accept the [city] as a natural histori cal process, but we are trying to encourage active meta bolic development of our society through our propos als.” Metabolism i960: Proposals for the New Urbanism (Tokyo: Bijutu Syuppan Sha, i960): 1.

20 James Stirling, “Regionalism and Modern Architecture,” Architect’s Year Book 8 (1957); quoted in Fumihiko Maki, Investigations in Collective Form (St. Louis: Washington University, 1964): 21.

21 Kenzo Tange, “Technology and Humanity: From the Stenographic Record of a Speech at the World Design Conference in Tokyo, May i960,” Japan Architect (October i960): 12.

22 Maki, Investigations in Collective Form: 8.

23 Eckhard Schulze-Fielitz, “The Space City,” in Ulrich Conrads, ed., Programs and Manifestoes on zo^-Century Architecture (Cambridge, Mass.: MIT Press, 1997): 175.

24 Yona Friedman, “L’Urbanisme comme systeme comprehensible,” Revue Technique du Batiment (1964): 7-18.

25 Yona Friedman, Toward a Scientific Architecture, trans. C. Lang (Cambridge, Mass.: MIT Press, 1970).

26 Baudrillard, “Orders of Simulacra”: 103.

27 Jean Baudrillard, “The Beaubourg Effect,” in idem, Simulacra and Simulation, trans. Sheila Glaser (Ann Arbor: University of Michigan Press, 1994): 61.

28 Here, Baudrillard’s theory comes close to that of psychoanalyst Jacques Lacan. As Lacanian theorist Slavoj Zizek has written: “Reality is never directly ‘itself,’ it presents itself only via its incomplete-failed symbolization.” See Slavoj Zizek, ed., “Introduction,” in Mapping Ideology (New York: Verso Books, 1994): 2.

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