Memoria y experiencia en la arquitectura de Peter Zumthor

Nota editorial

Gardinetti, Marcelo

Arquitecto, Editor de Tecnne · La Plata, Argentina

Sobre este documento

El artículo analiza el texto «En busca de la arquitectura perdida», escrito por Peter Zumthor en 1988, como una reflexión sobre el papel de la memoria en la génesis del proyecto arquitectónico. A partir de evocaciones de la infancia, el arquitecto reconstruye experiencias sensoriales vinculadas a materiales, sonidos, texturas, luz y atmósferas que permanecen como referencias para la práctica proyectual. El análisis interpreta estos recuerdos desde una perspectiva fenomenológica, entendiendo que la arquitectura se configura mediante la experiencia corporal del espacio antes que por su representación formal. Asimismo, examina la lectura realizada por Clara Eslava Cabanellas, quien relaciona el texto de Zumthor con la memoria proustiana y con obras como el Pabellón de la Serpentine Gallery, donde el recuerdo se transforma en experiencia compartida. En conjunto, el artículo sostiene que la arquitectura de Zumthor articula memoria, percepción y construcción para producir espacios capaces de generar una presencia material intensa y una relación significativa entre el habitante y el lugar.

Fuente original: Zumthor, Peter “Thinking Architecture” (Basel: Birkhauser, 1999), 9

Palabras clave: Peter Zumthor, memoria arquitectónica, fenomenología arquitectónica, experiencia espacial, Pensar la arquitectura.

La memoria como origen del pensamiento arquitectónico

Cuando me pongo a pensar en arquitectura emergen en mí determinadas imágenes. Muchas están relacionadas con mi formaci6n y con mi trabajo como arquitecto; contienen el saber que, con el paso del tiempo, he podido adquirir sobre la arquitectura. Otras imágenes tienen que ver con mi infancia; me viene a la memoria aquella época de mi vida en que vivía la arquitectura sin reflexionar sobre ella.

Aun creo sentir en mi mano el picaporte, aquel trozo de metal, con una forma parecida al dorso de una cuchara, que agarraba cuando entraba en el jardín de mi tía. Aquel picaporte se me sigue representando, todavía hoy, como un signo especial de la entrada a un mundo de sentimientos y aromas variados.

Recuerdo el ruido que hacían los guijarros bajo mis pies, el suave brillo de aquella madera de roble de la escalera, siempre bien fregada, y todavía retengo en mis oídos cómo la pesada puerta de la calle se cerraba tras de mí, y recorro el sombrío pasillo y entro en la cocina, el único espacio de la casa realmente luminoso. Sólo este espacio -así se me quiere aparecer hoy- tenía un techo que no se difuminaba en una luz indirecta, y las pequeñas baldosas hexagonales del pavimento, de un rojo oscuro y casi sin junta, oponían a mis pasos una inflexible dureza, mientras que del armario de la cocina emanaba aquel singular olor a pintura al aceite.

En esa cocina todo era como suele ser en las cocinas tradicionales. No tenía nada especial. Pero quizá precisamente por ser, de una forma casi natural, una cocina ordinaria, ha quedado tan presente en mi memoria como símbolo de lo que es una cocina. La atmosfera de ese espacio se ha fundido para siempre con mi representación de lo que es una cocina. Y así podría proseguir con una narración continuada que hablara de todos los picaportes que vinieron después de aquel picaporte que abría la puerta del jardín de mi tía; o de los suelos, o de las blandas superficies de asfalto calentadas por el sol, o de los adoquines recubiertos de hojas de castaños en otoño, o bien del particular sonido que cada puerta emitía al cerrarse: algunas lo hacían de un modo suave y elegante, otras con un fino y justo chirrido, y otras, a su vez, con dureza, con magnificencia, intimidantes.

Recuerdos de este género contienen las vivencias arquitectónicas de más hondas raíces que me han sido dadas conocer, y constituyen los cimientos de los estados de ánimo y las imágenes arquitectónicas que trato de sondear en mi trabajo como arquitecto.

Cuando me pongo a proyectar me encuentro siempre, una y otra vez, sumido en viejos y casi olvidados recuerdos, e intento preguntarme: qué exactitud tenia, en realidad, la creación de aquella situación arquitectónica; qué significo entonces para mí, y en qué podría servirme de ayuda tornar a evocar aquella rica atmosfera que parece estar saturada de la presencia más obvia de las cosas, donde todo tiene su lugar y su forma justa. En este proceso no deberíamos destacar, en absoluto, ninguna forma especial, pero si dejar sentir ese asomo de plenitud, y también de riqueza, que le hace a uno pensar: eso ya lo he visto alguna vez, y, al mismo tiempo, sé muy bien que todo es nuevo y distinto, y que ninguna cita directa de una arquitectura antigua revela el secret0 de ese estado de ánimo preñado de recuerdos.

Peter Zumthor

Peter Zumthor, en busca de la arquitectura perdida, tecnne

Fenomenología, memoria y proyecto arquitectónico

La reflexión de Peter Zumthor sobre la memoria se inscribe en una tradición fenomenológica que entiende la arquitectura como una experiencia vivida antes que como un objeto de contemplación. Desde esta perspectiva, el proyecto no surge exclusivamente de procedimientos compositivos o decisiones funcionales, sino de la capacidad para transformar experiencias sensibles en organización espacial. La percepción, el recuerdo y la presencia física de los materiales constituyen, por tanto, dimensiones inseparables del proceso de diseño.

Esta aproximación encuentra afinidades con el pensamiento de Maurice Merleau-Ponty, para quien el cuerpo es el medio a través del cual el ser humano conoce y construye el mundo. La arquitectura deja de concebirse como una forma autónoma para entenderse como un campo de relaciones perceptivas donde la luz, la textura, la temperatura, la escala y la acústica participan en la configuración de la experiencia del lugar. En este marco, la memoria no opera como un archivo de imágenes estáticas, sino como una estructura dinámica que organiza la percepción y orienta la producción del espacio.

La arquitectura como presencia material

En el pensamiento de Peter Zumthor, la memoria adquiere sentido cuando encuentra una expresión concreta en la construcción. Los recuerdos que evoca en En busca de la arquitectura perdida no permanecen como imágenes del pasado, sino que orientan decisiones relacionadas con la elección de los materiales, las proporciones, la incidencia de la luz, la secuencia de los recorridos y la configuración de las atmósferas. El proyecto arquitectónico transforma estas experiencias en cualidades espaciales capaces de ser percibidas y compartidas por quienes habitan la obra.

Esta comprensión del proceso proyectual otorga a la materialidad un papel central. La piedra, la madera, el hormigón o el metal no se seleccionan únicamente por sus propiedades técnicas o constructivas, sino por su capacidad para producir determinadas condiciones perceptivas. La textura, el peso, la temperatura, el envejecimiento y el comportamiento de cada material contribuyen a definir el carácter del espacio y su relación con el contexto. La construcción deja de entenderse como una fase posterior al diseño para integrarse desde el inicio en la concepción arquitectónica.

Esta relación entre materia y percepción puede observarse en obras como las Termas de Vals, el Museo Kolumba o la Capilla Bruder Klaus. En ellas, la organización espacial y la precisión constructiva convergen para generar ambientes donde la luz, el silencio y la presencia física de los materiales configuran una experiencia arquitectónica unitaria. La arquitectura se reconoce, así, por la intensidad de su presencia antes que por la singularidad de su imagen.

Conclusión

En busca de la arquitectura perdida constituye uno de los primeros textos en los que Peter Zumthor formula los principios que posteriormente desarrollará en su obra construida y en publicaciones como Pensar la arquitectura y Atmósferas. En sus páginas, la memoria aparece como una forma de conocimiento capaz de orientar el proyecto mediante la recuperación de experiencias sensibles vinculadas al habitar, la construcción y el lugar.

Esta posición sitúa la experiencia perceptiva en el centro de la disciplina y propone una comprensión de la arquitectura basada en la continuidad entre pensamiento, materia y espacio. Frente a enfoques centrados en la representación formal o en la novedad compositiva, Zumthor reivindica la capacidad de los edificios para construir atmósferas duraderas mediante el control preciso de la luz, la materialidad, la proporción y la secuencia espacial.

La vigencia de este planteamiento reside en considerar que la arquitectura encuentra su significado en la calidad de la experiencia que ofrece. La memoria deja de ser una evocación personal para convertirse en un instrumento proyectual que permite establecer relaciones significativas entre las personas, los materiales y el lugar, consolidando una obra donde la construcción y la percepción forman parte de una misma realidad arquitectónica.

Bibliografía:

Peter Zumthor, “Thinking Architecture” (Basel: Birkhauser, 1999), 9

Fotografía: ©Kunsthaus Bregenz

Una manera de ver las cosas, Peter Zumthor

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Marcelo Gardinetti
Marcelo Gardinetti

Arquitecto, editor y director de Tecnne desde 2011.
Investigador en teoría y crítica de la arquitectura moderna y contemporánea.
La Plata, Argentina.
ORCID: https://orcid.org/0000-0002-6679-7951

Artículos: 1232