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Marcel Breuer, Sol y sombra

Marcelo Breuer, tecnne

La rebelión contra el eclecticismo arquitectónico en bancarrota ha sido un éxito, creo yo; pero, en una rebelión, el objetivo final no es el tiroteo. En efecto, las batallas no tienen interés en sí mismas, no son como “el arte por el arte”. Una cosa es desacreditar lo que ha quedado trasnochado, y otra reemplazarlo por mejores soluciones que resistan un desgate natural a largo plazo.

Junto a la acción dirigida con decisión, junto a la excesiva simplificación del grito de guerra, están las necesidades humanas. Se levantan y se admiran las paredes de vidrio, pero la cuestión que se plantea es: ¿cómo se ajustan a nuestra vida como individuos, a la vida con nuestros hijos, a nuestra necesidad de intimidad y de seguridad, a nuestra cartera, a nuestro deseo a largo plazo de una estética agradable?

El verdadero impacto de cualquier obra reside en su capacidad de unificar ideas contrapuestas, es decir, un punto de vista y su contrario. Y digo “unificar” y no “llegar a un compromiso”. Esto es lo que los españoles dan a entender con una expresión procedente de las corridas de toros: “sol y sombra”. La mitad de los asientos de los cosos taurinos están al sol, y la otra mitad a la sombra. Han hecho de “sol y sombra” casi un proverbio, pero nunca dicen “sol o sombra”. Para ellos, toda la vida –con sus contrastes, sus tensiones, su agitación y su belleza- está contenida en ese proverbio: “sol y sombra”.

El método fácil para resolver problemas contrapuestos es alcanzar un compromiso endeble. La solución para el blanco y el negro es el gris: éste es el camino fácil. Pero para mí no resulta satisfactorio. Sol y sombra no significa cielo nublado. Aún sigue existiendo la necesidad del negro. El sol español no se diluye en la sombra. Ambas cosas, en su claridad no diluida, son parte de la misma vida, parte del mismo ideal.

En nuestro trabajo, a mi entender, éste es uno de los principios básicos de la creatividad. Sin duda resulta fácil simplificar mucho: encaminarse en una dirección y lograr determinado efecto. Ya lo sabemos. Estamos expuestos por doquier a una propaganda especializada: técnicas de venta que destacan sólo un aspecto de un producto excluyendo todo lo demás. Así se venden los automóviles, incluso cierta arquitectura, pero no se dice toda la verdad.

Lo que nos interesa aquí no son los “éxitos” fugaces, sino los logros históricos. Lo que nos interesa son las mejoras a largo alcance, el progreso de largo alcance, y no esos triunfos pasajeros que se consiguen gracias a las fórmulas mágicas de unas acciones miopes.

Este problema no es un rasgo exclusivo de nuestra época; es algo permanente. El problema de la gran arquitectura siempre es éste. A veces puede cambiar de orientación, suponiendo, por ejemplo, que haya cierto número de polos conceptuales inherentes al mismo problema.

Cuando escogemos algunos de ellos, esta selección nos indica la orientación característica de nuestra época. Pero esto es cuestión de énfasis. La enérgica oposición de fuerzas de las ideas –todas ellas expuestas claramente, sin compromiso alguno, y unificadas en una sola cosa- es lo que siempre ha constituido la base del verdadero arte. Así era en 1900, en 1500 o en los tiempos de la gran arquitectura griega. Los antiguos griegos construyeron sus templos con mármol liso en lo alto de la Acrópolis, con columnas cuyo diámetro variaba entre 1,5 y 1,8 metros. Algunas de las juntas cóncavo – convexas de estas columnas siguen siendo invisibles después de 2000 años. Incluso hoy en día sería difícil igualar esas medidas y ajustar las uniones con tal precisión. Y, sin embargo, con todo su amor por la precisión en los edificios, los griegos llegaban hasta los templos caminando sobre granito en bruto. Era granito sin pulir. No le dieron ninguna forma regular ni arquitectónica. Lo dejaba tal como estaba y luego colocaban esas obras de precisión cristalina que eran sus edificios en lo alto de la roca en bruto.

Ésa es la clase de tensión, el sol y sombra, que hace de la arquitectura griega algo grandioso. Y los griegos la aplicaban a todas las obras: mientras que los edificios públicos mostraban su expresión hacia fuera y estaban diseñados para interactuar con otros situados en el exterior, las casas (los edificios privados) eran justo lo contrario. Desde la calle, las casas griegas eran tan sólo un muro ciego de piedra. La única variación o ruptura de ese muro de piedra era un marco que se colocaba en esa superficie rugosa: un simple marco rectangular que era la puerta por donde la gente entraba a la casa. La casa tenía un patio, en este patio había columnas y esculturas, y en él se desarrollaba la vida cotidiana. Todas las habitaciones se abrían al patio. Las casas particulares estaban completamente volcadas hacia el interior, igual que los edificios públicos estaban claramente orientados hacia el exterior. Esto es lo que hace de la arquitectura griega algo más que simple arquitectura, más que un estilo. Es una filosofía, con todos sus aspectos materiales, técnicos y físicos; es el arte de vivir, es la satisfacción del pensamiento.

Podríamos explicar estas marcadas oposiciones analizando las diferentes funciones. Lo que nuestra explicación no incluirá es el resto de los factores que forman parte de esa filosofía: la elección de las funciones, las decisiones, la selección de los contrastes (ésta era la manera griega), así como los factores TIEMPO, EDAD y EVOLUCIÓN forman parte de ella. Los métodos de PRODUCCIÓN forman parte de ella, al igual que el vocabulario proporcionado por los MEDIOS de la época. Actualmente tenemos otros ideales, otros extremos, otras realidades peculiares de nuestro tiempo, y elegimos de acuerdo con nuestra propia manera de vivir.

Pongamos un ejemplo: ahora podemos lograr transparencia gracias al uso del vidrio. La idea de la transparencia en un edificio está a nuestro alcance; pero la pregunta es: ¿qué hacemos con ella? Por supuesto, lo más fácil es hacer que todo esté encerrado en vidrio. A mi parecer, esta solución no tiene en cuenta muchos otros aspectos de la forma, la creación y la vida. Es una idea brillante y resulta eficaz, pero, en mi opinión, no supone un progreso. No es una solución completa, no es la creación de una cosa. Todavía no es mucho más que una idea, un estilo que será reemplazado por otro estilo. Carece de universalidad, de “sol y sombra”. La transparencia es, sin duda, uno de nuestros objetivos. De las nuevas posibilidades tecnológicas, es una de las más fascinantes. Podemos hacerla realidad con los medios de que disponemos, con nuestros materiales, con nuestros sistemas de colección, con todo; pero la transparencia también necesita de la opacidad. Y no sólo por razones estéticas, sino también porque la transparencia total excluye aspectos como la intimidad, las superficies con reflejos, la transición del desorden al orden, el mobiliario o la creación de un fondo para nosotros y para nuestra vida cotidiana. La transparencia se hace más transparente cuando está junto a algo opaco, y la opacidad logra que sea eficaz. Sol y sombra.

Lo mismo ocurre con muchos otros elementos de los edificios. En nuestras construcciones hay soportes y cargas; compresiones y tracciones. En las superficies que usamos hay colores y texturas. Hay formas y espacios. Hay edificios y paisajes.

La mayoría de los problemas que hemos de resolver presentan un dualismo inherente.  Por ejemplo, en el proyecto de una casa hay dos ideas básicas: la conservación de la especie (lo que implica la importancia de los hijos) y la conservación de nuestra existencia (lo que implica la importancia de la propia vida). Queremos vivir con nuestros hijos, pero también queremos no estar atados a ellos, y ellos no quieren estar atados a nosotros. Así pues, en el proyecto de una morada para la familia hay dos necesidades obvias y completamente opuestas: una es que los padres quieren vivir con los hijos, divertirse con ellos y ayudarles a crecer; y la otra es que tanto los padres como los hijos han de tener su propia vida. No basta con encontrar una solución que pueda funcionar en unas u otras condiciones. Los edificios duran muchos años, varias generaciones. Los cambios son inherentes a ellos, al igual que su estructura resistente y duradera.

Ni la simplificación excesiva y unilateral ni el compromiso poco afinado ofrecen una solución. La búsqueda de una respuesta clara y firme que satisfaga necesidades y propósitos opuestos es lo que saca a la arquitectura del reino de la abstracción y le da vida, y arte.

Marcel Breuer

Referencias:

Breuer, Marcel “Sun & Shadow” (New York: Dodd, Mead & Company, 1955)

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