Observatorio Museo de Arte Buenos Aires: Arquitectura Perceptiva de Margot Krasojević

Gardinetti, Marcelo

Arquitecto, Editor de Tecnne · La Plata, Argentina

Resumen

El Observatorio Museo de Arte de Buenos Aires, proyectado por Margot Krasojević, plantea una revisión crítica de la arquitectura entendida como objeto estable y autónomo. El proyecto propone una espacialidad variable definida por relaciones ópticas, condiciones atmosféricas y transformaciones perceptivas vinculadas al paisaje hídrico del Río de la Plata. A través de geometrías fragmentadas, superficies reflectantes y sistemas de transparencia parcial, la obra desarticula las jerarquías compositivas tradicionales y construye una experiencia espacial basada en desplazamientos, refracciones y cambios de profundidad visual. La investigación formal se articula con tecnologías derivadas de la ingeniería naval, incorporando estructuras semi-monocasco de aluminio y sistemas hidráulicos capaces de regular dinámicamente la estabilidad del edificio. El observatorio establece vínculos conceptuales con las exploraciones experimentales de Lebbeus Woods y las prácticas críticas de la arquitectura radical contemporánea. La obra configura una arquitectura procesual donde estructura, percepción, agua y atmósfera operan como componentes interdependientes.

Palabras clave: Margot Krasojević, arquitectura experimental, percepción espacial, tectónica naval, arquitectura contemporánea.

De la Forma Estable a la Espacialidad Variable

La producción teórica y proyectual de Margot Krasojevic se articula en torno a una revisión crítica de la estabilidad del objeto arquitectónico, proponiendo una arquitectura entendida como proceso transitorio y condición perceptiva variable. En el Observatorio Museo de Arte de Buenos Aires, esta posición se traduce en una crítica a la concepción tradicional de la imagen arquitectónica, históricamente asociada a la permanencia material, la composición estable y la legibilidad volumétrica. El proyecto desplaza el interés desde la configuración formal concluida hacia las variaciones espaciales derivadas de la percepción, entendiendo el espacio como una condición dinámica sometida a transformaciones ópticas, atmosféricas y temporales. La obra se organiza mediante una superposición de capas visuales y registros espaciales que modifican continuamente la relación entre figura, fondo y profundidad, produciendo una experiencia perceptiva fragmentaria e inestable.

La propuesta introduce una fragmentación deliberada de la geometría arquitectónica. La manipulación de escala, volumen y continuidad formal altera las referencias tipológicas convencionales y evita cualquier composición basada en principios de simetría o proporcionalidad clásica. A través de herramientas digitales de modelado paramétrico y simulación ambiental, Krasojević descompone la coherencia unitaria del objeto construido para configurar un entorno definido por variaciones lumínicas, reflejos y distorsiones ópticas. El observatorio aparece así como un sistema mutable, cuya percepción depende de la posición del observador, de las condiciones atmosféricas y de la interacción con el paisaje hídrico circundante.

Esta concepción sitúa el proyecto dentro de una línea teórica vinculada a las exploraciones contemporáneas sobre arquitectura performativa, inestabilidad visual y espacialidad reactiva. La obra establece afinidades con ciertas investigaciones desarrolladas desde finales del siglo XX en torno a la desmaterialización de la fachada y la disolución de los límites entre envolvente, estructura y paisaje. En este contexto, la imagen arquitectónica deja de operar como representación fija para convertirse en una condición temporal y relacional.

La relevancia conceptual del proyecto reside en la modificación del rol perceptivo del usuario. El observador deja de ocupar una posición exterior y estable frente al objeto arquitectónico, incorporándose a un sistema de relaciones donde la experiencia espacial se produce a través de desplazamientos, refracciones y variaciones ambientales. La arquitectura se define entonces como un campo de interacción entre tecnología, materia y percepción, antes que como una forma autónoma y conclusa.

Margot Krasojevic, Observatorio Museo de Arte Buenos Aires

Arquitectura Experimental y Genealogías Críticas

La arquitectura de Margot Krasojević se inscribe dentro de una tradición crítica vinculada al dibujo especulativo y a la comprensión de la disciplina como un campo de investigación conceptual. El Observatorio Museo de Arte de Buenos Aires mantiene una relación directa con la noción de “arquitectura impía” desarrollada por Lebbeus Woods, particularmente en su rechazo a los modelos normativos de producción urbana y a las lógicas funcionalistas que subordinan la arquitectura a criterios de eficiencia inmediata. Woods (2012) planteó una práctica orientada hacia las posibilidades futuras de la disciplina, entendiendo el proyecto arquitectónico como un instrumento de cuestionamiento antes que como una respuesta estabilizadora. Desde esta perspectiva, el observatorio comparte afinidades con las propuestas radicales de Superstudio, especialmente en la utilización de la arquitectura como dispositivo crítico capaz de problematizar las relaciones entre tecnología, territorio y percepción.

El lenguaje tectónico desarrollado por Krasojević se construye mediante una relación compleja entre superficies de gran escala y sistemas fragmentarios que alteran la continuidad espacial. Esta condición remite a la observación formulada por Woods sobre la coexistencia entre estructuras generalizadas y una proliferación de elementos menores que las ocupan, las tensionan o las interrumpen. La composición evita la estabilidad formal y privilegia una espacialidad discontinua, definida por planos quebrados, variaciones geométricas y cambios abruptos de orientación. La fragmentación no aparece como un recurso expresivo aislado, sino como un mecanismo de desarticulación perceptiva que modifica la relación entre cuerpo, escala y profundidad.

En sus comentarios sobre la producción digital contemporánea, Woods (2012) identifica en los dibujos de Krasojević una condición mecánica y aparentemente anónima, asociada a las herramientas de representación computacional y a cierta inaccesibilidad espacial de la imagen. Sin embargo, esa cualidad técnica constituye uno de los aspectos centrales de su propuesta arquitectónica. La precisión algorítmica y el modelado digital no se utilizan para reforzar una imagen homogénea del edificio, sino para producir un sistema espacial de múltiples lecturas, donde estructura, envolvente y percepción operan de manera simultánea. La obra desplaza así el interés desde la habitabilidad convencional hacia una experiencia de interpretación crítica.

El observatorio se configura como una arquitectura de alta densidad formal y conceptual. Sus volúmenes, superficies reflectantes y discontinuidades espaciales exigen un proceso activo de lectura por parte del observador. En este sentido, el proyecto introduce una crítica implícita a la estandarización de la arquitectura comercial y a la reducción de la disciplina a criterios de rendimiento o representación icónica. La investigación formal adquiere autonomía como campo de producción arquitectónica, articulando una obra que funciona tanto como objeto construido como aparato teórico.

Fragmentación Territorial y Paisaje Portuario

La implantación del Observatorio Museo de Arte en el borde portuario de Buenos Aires, entre las infraestructuras industriales y la Reserva Ecológica, se formula a partir de una relación de contraste antes que de continuidad contextual. El proyecto evita las operaciones de integración paisajística basadas en criterios de mimetización material o adaptación formal al entorno inmediato. Krasojević introduce el edificio como un objeto autónomo dentro de un territorio caracterizado por la superposición de infraestructuras obsoletas, vacíos urbanos y sistemas naturales de borde. La obra se incorpora así a una lógica de fragmentación metropolitana próxima al “collage urbano”, donde piezas heterogéneas coexisten sin resolver completamente sus discontinuidades espaciales o históricas.

La presencia del observatorio altera la lectura convencional del frente costero. Su configuración volumétrica, compuesta por planos oblicuos, superficies reflectantes y geometrías discontinuas, interrumpe la horizontalidad dominante del paisaje portuario e instala un nuevo foco perceptivo sobre el estuario del Río de la Plata. La arquitectura no busca estabilizar el sitio mediante un orden compositivo reconocible; por el contrario, enfatiza las tensiones existentes entre infraestructura, agua y reserva natural. Esta condición refuerza la autonomía formal del edificio y redefine el entorno como un campo activo de relaciones visuales y atmosféricas.

La interacción con el paisaje hídrico se desarrolla mediante una secuencia espacial que desdibuja los límites entre interior y exterior. La composición de volúmenes yuxtapuestos, transparencias parciales y superficies especulares produce una percepción fluctuante, donde las referencias urbanas pierden estabilidad. El recorrido introduce variaciones constantes de escala, profundidad y orientación visual, configurando una experiencia espacial marcada por la indeterminación perceptiva. En este contexto, el espacio museístico se integra a la propia lógica arquitectónica del observatorio: la contemplación de las obras y la observación del paisaje forman parte de una misma operación fenomenológica.

El muelle y el río participan activamente en la construcción visual del proyecto. La superficie opaca y sedimentada del estuario funciona como un plano reflectante variable que amplifica la fragmentación geométrica del edificio y modifica continuamente su percepción. La arquitectura se transforma así en un dispositivo óptico donde estructura, atmósfera y paisaje operan de manera interdependiente. El observatorio no establece una relación de pertenencia con el puerto de Buenos Aires en términos tradicionales; utiliza el contexto como un campo de interacción capaz de intensificar su propia lógica espacial basada en superposición, discontinuidad y transformación perceptiva.

Morfología Fragmentaria y Disolución Compositiva

Una de las operaciones morfológicas centrales del proyecto consiste en la eliminación de jerarquías espaciales estables. El diseño desarrollado por Margot Krasojević evita la organización compositiva basada en un núcleo ordenador o en la subordinación de espacios secundarios a un volumen dominante. La distribución espacial se construye mediante una secuencia de fragmentos interdependientes, donde las relaciones entre interior, circulación y envolvente permanecen abiertas y variables. Esta disposición cuestiona la estructura cartesiana tradicional, sustentada en ejes, simetrías y relaciones de centralidad, para producir una espacialidad dispersa y de lectura múltiple.

La composición formal privilegia condiciones de inmaterialidad perceptiva antes que afirmaciones tectónicas de permanencia. El edificio reduce la presencia de masas compactas y enfatiza vacíos, discontinuidades y superficies reflectantes que modifican constantemente la percepción de sus límites. La arquitectura adquiere así una condición atmosférica, próxima a una construcción óptica en transformación continua. Esta operación desplaza el interés desde la monumentalidad entendida como estabilidad formal hacia una arquitectura definida por variaciones perceptivas y estados transitorios.

Desde una perspectiva analítica, el proyecto puede interpretarse como una superposición de capas espaciales y visuales que evita consolidar recintos completamente definidos. El recorrido no establece una secuencia lineal ni una organización programática jerarquizada; las transiciones espaciales se producen mediante cambios graduales de escala, orientación y profundidad visual. Los límites aparecen desdibujados por transparencias parciales, refracciones y encuentros oblicuos entre planos, generando una experiencia espacial fragmentaria. La percepción del edificio se construye por episodios sucesivos antes que por una comprensión totalizadora de la forma arquitectónica.

Krasojević describe este procedimiento como un “vistazo”: una composición de espacios superpuestos que activa asociaciones parciales e imaginarias. La arquitectura se presenta entonces como un ensamblaje perceptivo donde cada desplazamiento modifica las relaciones entre volumen, luz y paisaje. Esta morfología abierta permite una interacción particularmente sensible con las variaciones atmosféricas del Río de la Plata. Las geometrías facetadas y las superficies reflectantes capturan las modificaciones lumínicas del estuario y alteran continuamente la apariencia del edificio, reforzando su condición de estructura inestable y mutable.

Tectónica Naval y Construcción Semi-Monocasco

Aunque el discurso conceptual del Observatorio Museo de Arte de Buenos Aires se concentra en la inestabilidad perceptiva y la desmaterialización formal, el proyecto se sustenta en una resolución tectónica de alta precisión técnica. Margot Krasojević incorpora procedimientos constructivos derivados de la industria naval como respuesta a las condiciones específicas del emplazamiento fluvial, caracterizado por humedad constante, salinidad y variaciones dinámicas vinculadas al borde portuario. Esta transferencia tecnológica establece una relación directa entre arquitectura e ingeniería marítima, reforzando la condición del edificio como infraestructura vinculada al agua y al movimiento.

El sistema estructural se organiza mediante una configuración semi-monocasco de aluminio. La elección de este material responde tanto a criterios de resistencia mecánica como a la necesidad de reducir cargas estructurales sobre el soporte portuario. El aluminio permite combinar ligereza, durabilidad y capacidad de adaptación geométrica, condiciones fundamentales para una envolvente definida por superficies oblicuas y continuidades curvas. La estructura no funciona como un soporte oculto tras revestimientos autónomos; participa activamente en la definición espacial y formal del edificio.

El proceso constructivo se desarrolla a partir del ensamblaje in situ de módulos de aproximadamente tres metros de ancho, posteriormente soldados para conformar una carcasa continua. Esta metodología permite mantener precisión geométrica en una estructura de elevada complejidad formal y, al mismo tiempo, optimizar el transporte y montaje sobre el muelle. La envolvente metálica recibe un recubrimiento blanco de alta reflectancia que modifica la percepción del volumen según las condiciones atmosféricas del Río de la Plata. La superficie adquiere una apariencia difusa y variable, atenuando visualmente la densidad material de la estructura y favoreciendo su integración lumínica con la bruma y los reflejos del estuario.

La circulación se articula mediante rampas y conexiones mecánicas directamente vinculadas al muelle, integrando estructura portante y recorrido arquitectónico en un único sistema operativo. Esta resolución enfatiza el carácter infraestructural del proyecto y evita separar soporte técnico y experiencia espacial. La tectónica del edificio permanece visible, exponiendo un lenguaje constructivo basado en ensamblajes, tensiones y continuidad estructural.

Un aspecto determinante de la propuesta es la inclinación de veinticinco grados incorporada en los paños transparentes de la envolvente. Esta decisión responde a un control preciso de las condiciones lumínicas del entorno fluvial. La inclinación reduce el deslumbramiento producido por la reflexión solar sobre la superficie del agua y regula el ingreso de luz natural al interior del museo. El tratamiento de la envolvente no obedece únicamente a criterios formales; constituye un dispositivo óptico y ambiental que condiciona la percepción de las obras expuestas y del paisaje portuario circundante.

Infraestructura Hídrica y Equilibrio Dinámico

La relación del observatorio con el agua constituye uno de los aspectos centrales de su configuración técnica y conceptual. El edificio no se implanta sobre el Río de la Plata como un objeto aislado, sino como un sistema arquitectónico cuya estabilidad depende de una interacción constante con el medio hídrico. La gestión del agua se incorpora al funcionamiento estructural del proyecto y participa activamente en la definición de su comportamiento espacial y material.

El diseño integra una abertura en el coronamiento destinada a la captación de agua de lluvia. Este recurso alimenta un sistema interno de esclusas y conductos que redistribuye el flujo hacia plataformas inferiores preparadas para inundaciones controladas. La acumulación regulada de agua funciona como un mecanismo de lastre variable capaz de compensar cambios de nivel, movimientos de oleaje y alteraciones dinámicas del entorno fluvial. La estabilidad de la sala principal depende así de un equilibrio hidromecánico que adapta continuamente la masa del edificio a las condiciones ambientales del estuario.

La incorporación del agua como componente operativo transforma la lógica tectónica del proyecto. El sistema estructural deja de concebirse como una condición rígida y autosuficiente para funcionar mediante relaciones de ajuste y compensación permanente. Esta interacción entre estructura, peso y fluidez refuerza la condición anfibia del observatorio y establece una continuidad entre infraestructura portuaria, ingeniería naval y arquitectura experimental.

A pesar de la complejidad técnica de sus anclajes y de la robustez de la estructura semi-monocasco de aluminio, el edificio mantiene una apariencia visual ligera. La regulación hidráulica de las plataformas inferiores contribuye a esta percepción de suspensión sobre el agua, acentuada por las superficies reflectantes y la fragmentación geométrica de la envolvente. La arquitectura parece modificar continuamente su relación con el río, respondiendo a variaciones atmosféricas y mecánicas mediante desplazamientos casi imperceptibles.

El agua deja de operar como un contexto exterior o paisajístico para convertirse en un componente activo del sistema constructivo. La ingeniería hidráulica y el control de flotación permiten sostener la complejidad formal del proyecto mediante una lógica operativa precisa. En este sentido, el observatorio puede interpretarse como una arquitectura de equilibrio dinámico, donde estabilidad y transformación funcionan de manera simultánea. La obra consolida así una concepción procesual de la arquitectura, definida por intercambios constantes entre materia, infraestructura y entorno ambiental.

Arquitectura Procesual y Cultura Contemporánea

El Observatorio Museo de Arte de Buenos Aires ocupa una posición relevante dentro del debate contemporáneo sobre los límites disciplinares de la arquitectura y sobre el papel de los espacios culturales en contextos urbanos en transformación. La importancia del proyecto no reside únicamente en la complejidad de sus herramientas digitales o en la singularidad de su configuración formal, sino en su capacidad para articular una investigación crítica sobre percepción, tecnología y experiencia espacial. En este sentido, la obra se aproxima a las reflexiones formuladas por Lebbeus Woods (2012) acerca de la arquitectura experimental y de su relación ambigua con las nociones convencionales de habitabilidad.

El proyecto desplaza la idea de habitabilidad desde parámetros asociados al confort doméstico o a la eficiencia funcional hacia una comprensión perceptiva del espacio. La experiencia arquitectónica se construye mediante variaciones atmosféricas, fragmentaciones visuales y recorridos no lineales que modifican constantemente la relación entre cuerpo, estructura y paisaje. La arquitectura deja de concebirse exclusivamente como refugio o contenedor programático para operar como un medio de exploración cognitiva y sensorial.

Uno de los aportes centrales de la obra consiste en demostrar que la investigación formal y tectónica puede sostener una estructura conceptual rigurosa sin reducirse a un ejercicio de representación digital. La complejidad geométrica del observatorio se encuentra respaldada por sistemas constructivos, hidráulicos y estructurales derivados de tecnologías navales, integrados coherentemente en la lógica general del proyecto. La articulación entre procesos fenomenológicos y precisión ingenieril permite comprender la obra como una síntesis entre experimentación espacial y viabilidad técnica.

Dentro del contexto de la arquitectura contemporánea, el observatorio propone una interpretación alternativa de la relación entre edificio y territorio. El Río de la Plata deja de operar como fondo paisajístico para convertirse en un componente activo de la experiencia arquitectónica y del funcionamiento material del museo. La interacción entre agua, estructura y atmósfera produce una arquitectura definida por estados variables antes que por configuraciones permanentes.

El proyecto de Margot Krasojević puede entenderse, finalmente, como una reflexión sobre la condición transitoria del espacio contemporáneo. El museo no funciona únicamente como contenedor de obras, sino como un dispositivo perceptivo que reorganiza la relación del observador con el entorno. La arquitectura se presenta así como un sistema abierto de transformaciones, donde materia, luz, movimiento y paisaje participan de un proceso continuo de redefinición espacial.

Marcelo Gardinetti

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Actualizado en mayo de 2020

Marcelo Gardinetti
Marcelo Gardinetti

Arquitecto, editor y director de Tecnne desde 2011.
Investigador en teoría y crítica de la arquitectura moderna y contemporánea.
La Plata, Argentina.
ORCID: https://orcid.org/0000-0002-6679-7951

Artículos: 1231

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