La promenade en Casa Curutchet

Gardinetti, Marcelo

Arquitecto, Editor de Tecnne · La Plata, Argentina

Resumen

El artículo examina la noción de promenade architecturale en la obra de Le Corbusier como un principio organizador basado en la experiencia dinámica del espacio. A partir de la crisis del modelo perspectivo clásico, se plantea una lectura fenomenológica en la que el desplazamiento articula la percepción arquitectónica. El análisis reconstruye su genealogía a través de los viajes del autor, identificando en contextos como la Acrópolis y la arquitectura vernácula mecanismos de secuencia, oclusión y revelación. Esta lógica se consolida en proyectos como la Villa Savoye, donde la rampa estructura una continuidad perceptiva. En la Casa Curutchet, este dispositivo adquiere una dimensión urbana al vincular espacio público y programa doméstico. La articulación entre luz, estructura y recorrido configura un sistema donde la forma se comprende como proceso temporal, integrando técnica y percepción en una síntesis espacial coherente.

Palabras clave: promenade architecturale, Le Corbusier, percepción espacial, rampa arquitectónica, fenomenología del espacio.

De la génesis fenomenológica a la síntesis espacial

1. Introducción: El Desplazamiento como Ontología Arquitectónica

La interpretación de la arquitectura moderna implica sustituir la contemplación estática, propia del clasicismo y de su organización axial, por una lectura basada en la experiencia dinámica del espacio. En el pensamiento de Le Corbusier, la arquitectura se configura como un sistema en el que el desplazamiento del sujeto articula la comprensión del conjunto. El espacio deja de concebirse como una totalidad aprehensible desde un único punto de vista y pasa a estructurarse como una secuencia.

En este marco, el concepto de promenade architecturale adquiere una precisión terminológica que justifica el uso del original francés, ya que define un mecanismo de conocimiento espacial basado en la experiencia progresiva (Miralles Jori, 2015). No se trata únicamente de un recorrido físico, sino de una construcción perceptiva donde el tiempo, el movimiento y la relación entre planos, volúmenes y entrepisos organizan la lectura arquitectónica.

Esta noción cuestiona el modelo perspectivo heredado de la tradición académica, centrado en un observador fijo y en la estabilidad de la composición. Frente a esa abstracción, la arquitectura moderna introduce una condición fenomenológica: el espacio se revela mediante el tránsito. La percepción se produce de forma fragmentada y acumulativa, en correspondencia con la modulación de la estructura, la disposición de los elementos verticales y la articulación de la fachada.

En consecuencia, el recorrido se integra en la lógica proyectual como un principio organizador. La secuencia espacial ordena el programa y establece relaciones jerárquicas entre los distintos ámbitos, definiendo un sistema en el que la forma construida se comprende a través de su desarrollo en el tiempo.

2. Genealogía de la Mirada Cinética: Raíces y Descubrimientos Fenomenológicos

La génesis de la promenade architecturale se vincula con los viajes de formación de Le Corbusier, en los que el contacto con contextos ajenos a la tradición académica occidental propició una revisión crítica de la composición axial. Las experiencias en la casbah de Argel y en el valle del M’zab evidenciaron una organización espacial basada en la secuencia y la adaptación topográfica. En estos entornos, la arquitectura se comprende a través del desplazamiento corporal; el trazado irregular, la continuidad de los muros y la articulación de llenos y vacíos configuran una lectura progresiva del espacio (Benton, 1987).

Esta aproximación fenomenológica desplaza la primacía del dibujo como instrumento de conocimiento y sitúa la experiencia del recorrido en el centro del análisis. La observación de la Acrópolis de Atenas refuerza esta interpretación: la disposición de los templos introduce variaciones angulares y ajustes perspectivos que generan una secuencia rítmica, en contraste con la estabilidad de la simetría axial neoclásica. El conjunto no se percibe como una composición frontal, sino como una concatenación de episodios espaciales.

En sus recorridos por la arquitectura otomana, particularmente en Adrianópolis, identificó en los recintos religiosos y en el tejido urbano mecanismos de oclusión y apertura. Los muros, tratados como planos continuos, interrumpen y encuadran la visión, produciendo transiciones que intensifican la percepción del volumen y la profundidad. El desplazamiento activa así una lectura basada en la alternancia entre ocultamiento y revelación.

Este marco analítico sustenta su crítica a la escenografía barroca desarrollada por Carlo Maderno y Gian Lorenzo Bernini en la Basílica de San Pedro, donde la composición se orienta hacia un efecto frontal y unitario. Frente a ello, valora la obra de Miguel Ángel por su capacidad de articular planos superpuestos que se modifican con el movimiento del observador. La percepción se construye mediante la sucesión de vistas parciales, en las que los volúmenes aparecen y se ocultan de manera alternada, generando una profundidad que no puede reducirse a un único punto de vista.

A partir de estas observaciones, se configura una sensibilidad proyectual que entiende el espacio como una secuencia en transformación. La asimetría, la modulación de los volúmenes y la variación de los ejes visuales establecen un sistema en el que la arquitectura se define por su desarrollo temporal y por la interacción entre cuerpo y entorno.

3. La Dialéctica entre la Planta Generadora y la Imaginación Espacial

En la obra de Le Corbusier se reconoce una tensión entre el orden abstracto de la planta y la percepción secuencial del habitante. Afirma el carácter generador del plano, entendido como un sistema regulador que organiza la estructura desde un principio interno. Sin embargo, sostiene que la arquitectura se concibe previamente en la mente, lo que introduce una dimensión cognitiva que desborda el dibujo técnico (Benton, 1987). Esta dualidad establece una relación entre la lógica algebraica de la modulación —visible en la disposición de ejes, proporciones y entrepisos— y la condición fenomenológica de la experiencia espacial.

La planta, operando de dentro hacia fuera, articula la distribución programática y define la estructura portante. No obstante, la anticipación del recorrido no se agota en esa matriz geométrica. La imaginación proyectual construye una secuencia de percepciones que luego se verifican en el desplazamiento del cuerpo, donde intervienen factores como la variación de alturas, la compresión y expansión de los espacios y la relación entre planos opacos y transparentes.

Este pensamiento presenta una evolución reconocible. En una primera etapa, se aproxima al urbanismo pintoresco de Camillo Sitte, atento a la irregularidad y a la construcción escénica del espacio urbano. Posteriormente, en Urbanisme, defiende la línea recta como principio ordenador asociado a la racionalidad moderna. Esta transición no elimina la dimensión secuencial, sino que la reconfigura dentro de un marco geométrico más estricto.

En este contexto, la promenade architecturale no se define como un trazado fijo establecido de antemano. Con frecuencia emerge durante el proceso de proyecto, a partir de ajustes vinculados a condicionantes funcionales, estructurales o topográficos, que adquieren posteriormente coherencia formal. La arquitectura se configura como un sistema en el que la estabilidad del orden geométrico coexiste con la variabilidad de la experiencia perceptiva. La planta fija relaciones; el recorrido las activa.

Casa Curutchet, la rampa como estructurante del paseo arquitectonico

4. Primeras Materializaciones: De la Villa La Roche a la Villa Stein/de Monzie

El periodo comprendido entre 1923 y 1928 constituye un campo de experimentación en el que la promenade architecturale se consolida como principio organizador del espacio en la obra de Le Corbusier. Durante estos años, varios proyectos domésticos evidencian un desplazamiento desde configuraciones volumétricas estáticas hacia sistemas articulados por la secuencia y el movimiento.

En la Villa La Roche, la configuración espacial responde en parte a condicionantes del solar que inducen una fragmentación del volumen y una organización no axial. El acceso se produce a través de un vestíbulo definido por una marcada concavidad, que actúa como espacio de recepción y, al mismo tiempo, como umbral de transición. Desde este punto se inicia un recorrido ascendente cuidadosamente modulado, en el que la alternancia entre luz y penumbra, junto con la variación de alturas y la continuidad de los planos, construye una secuencia perceptiva dirigida. El itinerario culmina en la biblioteca, concebida como ámbito de concentración intelectual.

La incorporación de la rampa curva y del puente interior introduce una dimensión cinética que reorganiza la relación entre los distintos niveles. Estos elementos permiten una continuidad visual y espacial que vincula los entrepisos, evitando interrupciones bruscas en la experiencia del recorrido. La disposición de las obras pictóricas —vinculadas al cubismo y al purismo— se integra en esta lógica secuencial, de modo que su percepción depende de la posición y del desplazamiento del observador (Benton, 1987). En este contexto, el balcón interior adquiere un papel específico como punto de inflexión visual, marcando un momento de apertura dentro de la progresión ascendente.

Por su parte, la Villa Stein de Monzie desarrolla la promenade en relación con el paisaje, articulando una transición vertical entre el jardín, la terraza y el solárium. La organización de las fachadas mediante una modulación rigurosa y la disposición de planos profundos configuran una serie de relaciones visuales que se activan con el movimiento. El recorrido extiende su lógica hacia el exterior, integrando el entorno como parte de la experiencia espacial.

La dimensión temporal de estos proyectos fue registrada tempranamente por Pierre Chenal, cuya aproximación cinematográfica evidencia la imposibilidad de comprender estas obras desde una visión fija. La arquitectura se presenta como una secuencia de encuadres en transformación, donde el montaje visual y el desplazamiento del observador constituyen condiciones necesarias para su interpretación.

Le Corbusier Villa Savoye

5. La Villa Savoye y la Metáfora Urbana de la Rampa

La Villa Savoye constituye una formulación depurada de la promenade architecturale en la obra de Le Corbusier, donde se integran referencias a la arquitectura vernácula mediterránea dentro de un sistema moderno. En este proyecto, la rampa adquiere un papel central como elemento articulador del recorrido, al establecer una continuidad espacial que contrasta con la secuencia discontinua de la escalera.

Desde el punto de vista perceptivo, el plano inclinado permite una relación estable entre el cuerpo y el entorno construido. A diferencia del escalón, que exige una atención dirigida al apoyo inmediato, la rampa favorece una percepción sostenida del espacio, en la que las variaciones de altura, distancia y ángulo se producen de manera gradual (Quetglas, 2004). Este dispositivo introduce una experiencia tridimensional continua, donde la mirada puede mantenerse orientada hacia los planos, los volúmenes y la configuración de la fachada.

El origen de este recurso responde a una lógica funcional previa, vinculada a los proyectos industriales desarrollados por Le Corbusier en 1917, como los mataderos de Challuy y Garchisy, donde los planos inclinados facilitaban el desplazamiento. En la Villa Savoye, este principio técnico se reinterpreta en clave arquitectónica, adquiriendo una dimensión formal que trasciende su condición utilitaria.

La rampa organiza la secuencia desde el acceso bajo los pilotis hasta el solárium, estableciendo una correspondencia entre el movimiento peatonal y la circulación vehicular en planta baja. Esta relación remite a las formulaciones urbanas de la Ville Radieuse, donde los flujos se ordenan en distintos niveles según su velocidad y función. En este sentido, el recorrido interior reproduce, a escala doméstica, una lógica de circulación continua.

La articulación de elementos como los vanos triangulares hacia la terraza, la modulación de la fachada y los encuadres controlados del paisaje introduce variaciones en la percepción durante el ascenso. Estos recursos operan como dispositivos de encuadre que regulan la relación visual con el exterior, integrando el entorno en la secuencia espacial. El recorrido culmina en la cubierta, donde la continuidad del plano y la apertura al horizonte establecen una síntesis entre orden arquitectónico y condición natural.

6. El Dispositivo Rampa en la Casa Curutchet: Continuidad y Umbral

En la Casa Curutchet, la rampa se configura como el eje organizador del sistema arquitectónico, articulando las dos funciones principales —vivienda y consultorio— y estableciendo su vínculo con el espacio urbano. Este elemento no se limita a resolver la conexión entre niveles; prolonga la vereda hacia el interior del lote e incorpora el recorrido público en la lógica interna del proyecto, generando una condición espacial singular dentro del tejido residencial de La Plata.

El acceso se produce a través de un pórtico que define un umbral preciso y marca el inicio de la promenade architecturale, conforme a los principios desarrollados por Le Corbusier. A partir de este punto, el recorrido se estructura como una secuencia de episodios en la que la arquitectura se manifiesta de forma gradual. La variación de la luz acompaña el desplazamiento y modifica la percepción de los planos y de los elementos constructivos. Pilotis, losas, planos verticales opacos y superficies transparentes se disponen en capas superpuestas que se reconfiguran según el punto de vista.

La rampa introduce una continuidad perceptiva que transforma el espacio en una sucesión de encuadres. La profundidad, la distancia y la altura se modifican de manera progresiva, estableciendo una lectura secuencial próxima a una lógica de montaje. Cada tramo del recorrido produce una configuración específica, definida por la relación entre estructura, cerramientos y vacío.

En el descanso intermedio, el giro hacia el volumen de los consultorios reorganiza el campo visual. El segundo tramo de la rampa expone un sistema de planos, aristas y soportes que, bajo condiciones lumínicas distintas, adquieren una nueva definición. La variación de los ángulos de observación y de la intensidad de la luz introduce una percepción cambiante que se prolonga hasta la conexión con la circulación horizontal del área profesional. En este punto, la organización en planta redefine las relaciones entre luz, sombra y perspectiva.

El patio central, articulado en torno a un árbol preexistente, actúa como regulador ambiental y perceptivo. El follaje filtra la radiación solar y produce una luz variable que introduce una dimensión temporal en la experiencia del recorrido. Esta condición incide directamente en la lectura de los volúmenes y en la definición de los planos, que adquieren cualidades cambiantes a lo largo del día.

La articulación entre recorrido, luz y materialidad configura un sistema en el que la arquitectura se comprende como una construcción progresiva. La forma no se presenta de manera inmediata; se revela a través de variaciones continuas en la percepción. El desplazamiento del observador organiza la experiencia y establece una relación activa entre estructura, espacio y programa.

Casa Curutchet, la promenade architecturale

7. Conclusión: Relevancia Contemporánea y Dimensión Territorial

La vigencia de la promenade architecturale se fundamenta en su capacidad para redefinir la relación entre el cuerpo y el entorno construido, incorporando una dimensión que trasciende lo estrictamente formal para inscribirse en el ámbito social y territorial. En la obra de Le Corbusier, este concepto plantea que la arquitectura debe entenderse como una organización jerárquica de elementos —planos, volúmenes, estructura— cuya significación se despliega en el espacio y en el tiempo (Curtis, 1987).

La introducción de una experiencia cinemática sitúa el desplazamiento como condición de conocimiento. El habitar se configura como un proceso activo, en el que la percepción se construye de manera secuencial mediante la relación entre el cuerpo, la escala y la modulación del espacio. Cada variación en el recorrido —ya sea a través de rampas, entrepisos o cambios de nivel— activa nuevas relaciones visuales y espaciales, integrando estructura, programa y forma en una lectura progresiva.

En este marco, la arquitectura se distancia de una concepción objetual y se aproxima a un sistema de relaciones dinámicas. La proliferación contemporánea de imágenes estáticas tiende a fijar la obra en una condición bidimensional; sin embargo, la lógica de la promenade insiste en la necesidad de una experiencia situada, donde el tiempo y el movimiento son variables constitutivas. La comprensión del espacio no se agota en la fachada ni en la representación gráfica, sino que depende de la interacción directa con sus dispositivos espaciales.

De este modo, la arquitectura se define como un medio que organiza la experiencia del habitar, articulando la relación entre el individuo, su entorno inmediato y el paisaje. La técnica constructiva, lejos de limitarse a una resolución material, se integra en una dimensión fenomenológica donde estructura y percepción convergen en la producción de sentido.

Marcelo Gardinetti

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