Dovecote Studio: ruina, autonomía estructural y proyecto

Gardinetti, Marcelo

Arquitecto, Editor de Tecnne · La Plata, Argentina

Tecnne · Año 2020, n.º 12

Resumen

El artículo analiza el Dovecote Studio de Haworth Tompkins, construido en 2009 sobre los restos de un palomar del siglo XIX en Snape Maltings, Suffolk. La intervención renuncia a reconstruir el volumen perdido y conserva la fábrica de ladrillo como una ruina activa, mientras introduce en su interior una estructura autónoma de acero corten. El estudio identifica tres operaciones articuladas: aceptar la pérdida, construir sin dependencia estructural de lo existente y convertir la distancia entre ambas arquitecturas en un espacio con valor propio. El intervalo funciona simultáneamente como junta constructiva, cámara técnica, espacio de mantenimiento, dispositivo perceptivo y mediador entre temporalidades. La investigación examina además el carácter estructural del acero corten, su relación con la tectónica y el riesgo de reducir los materiales asociados al patrimonio industrial a signos convencionales. A partir del caso, el artículo propone cinco variables de lectura: permanencia, pérdida, autonomía, distancia y legibilidad temporal.

Palabras clave: Dovecote Studio, Haworth Tompkins, arquitectura y ruina, intervención patrimonial, reutilización adaptativa.

La ruina como materia activa de intervención

¿Qué sucede cuando una intervención no busca recuperar la forma perdida de una arquitectura, sino incorporar la ruina como condición activa del proyecto? El Dovecote Studio permite abordar esta cuestión a partir de una intervención de pequeña escala, en la que conservación, transformación y nueva construcción establecen relaciones precisas entre materia existente y arquitectura contemporánea.

Obra del estudio londinense Haworth Tompkins, el Dovecote Studio se encuentra en el complejo de Snape Maltings, en la costa de Suffolk, actualmente sede de un campus musical fundado por el compositor Benjamin Britten. Finalizado en 2009, el proyecto interviene sobre los restos de un pequeño palomar de dos plantas perteneciente a una antigua planta maltera del siglo XIX. En lugar de reconstruir el volumen perdido, introduce en su interior una estructura autónoma de acero corten y conserva la fábrica de ladrillo en su estado de deterioro, incluyendo las huellas de erosión y colonización vegetal. El proyecto recibió el AJ Small Project Award, que destacó la continuidad de su desarrollo desde la concepción hasta la fabricación y la instalación.

Esta operación puede analizarse a partir de tres decisiones relacionadas: no reconstruir, construir con autonomía y establecer una distancia legible entre lo existente y lo nuevo. En conjunto, permiten plantear una cuestión disciplinar más amplia: ¿puede una intervención evitar tanto la restitución formal de aquello que se ha perdido como la integración indiferenciada de distintas temporalidades, para construir su coexistencia como condición espacial? El análisis del proyecto permite examinar esta cuestión desde las operaciones concretas que articulan su arquitectura.

Haworth Tompkins, Dovecote Studio fachada de calle
Haworth Tompkins, Dovecote Studio

Aceptar la pérdida y conservar la condición de ruina

La decisión que organiza el proyecto consiste en no restituir al palomar una integridad formal que el edificio ya había perdido. La intervención conserva los fragmentos de la fábrica, las discontinuidades del volumen, la erosión de los materiales, la vegetación y las huellas acumuladas durante el período de abandono. En consecuencia, la ruina no funciona como una fase transitoria hacia una reconstrucción, sino como el estado material sobre el cual se desarrolla la nueva intervención.

Esta posición se inscribe en un debate de larga duración dentro de la teoría de la conservación. Frente a la restitución de una supuesta completitud histórica, Viollet-le-Duc formuló en el siglo XIX una concepción restaurativa orientada a recuperar la unidad formal del edificio (Viollet-le-Duc 1854), mientras Ruskin cuestionó esa operación al considerarla una forma de destrucción de la autenticidad material de la arquitectura (Ruskin 1849). Riegl introdujo una posición de mayor complejidad al distinguir diferentes valores patrimoniales, cuya coexistencia podía producir conflictos entre conservación material, memoria histórica y percepción estética (Riegl 2008). Rivera Blanco ha señalado la persistencia de esta tensión en la tradición española, donde las posiciones favorables a la restitución y aquellas centradas en la conservación han configurado un debate continuo sobre la intervención en edificios históricos (Rivera Blanco 2001).

En el Dovecote Studio adquiere particular relevancia el valor de antigüedad formulado por Riegl, ya que la condición patrimonial del palomar no depende de recuperar su configuración original, sino de hacer perceptible el paso del tiempo sobre su materia. La pérdida, por tanto, forma parte de aquello que la intervención conserva. El ladrillo erosionado, las discontinuidades de la fábrica y las partes ausentes dejan de constituir anomalías respecto de un estado ideal y pasan a integrar la lectura arquitectónica del conjunto.

Esta concepción también puede relacionarse con la categoría de patrimonio desarrollada por Choay, para quien los bienes patrimoniales operan como dispositivos alegóricos mediante los cuales las sociedades construyen y transmiten una relación con la memoria colectiva (Choay 2007). En este caso, la conservación no depende de restablecer una imagen histórica completa, sino de mantener legible la condición fragmentaria del edificio.

Brandi aporta un criterio adicional para comprender la relación entre la materia existente y la nueva arquitectura. Su principio de reconocibilidad establece que las incorporaciones contemporáneas deben poder distinguirse de la sustancia original, al tiempo que deben preservar la unidad potencial de la obra (Brandi 1963). El Dovecote Studio comparte este principio, pero lo lleva hacia una condición específica: la nueva intervención no intenta compensar las pérdidas de la fábrica mediante una reconstrucción formal. La diferenciación entre lo existente y lo incorporado permite conservar precisamente aquello que una restitución habría eliminado: la evidencia material de la transformación.

Muñoz Viñas permite situar esta operación dentro de una concepción contemporánea de la conservación, en la que el énfasis puede desplazarse desde la preservación estricta de la sustancia original hacia la continuidad de los significados culturales asociados al bien patrimonial (Muñoz Viñas 2005). Desde esta perspectiva, una transformación formal considerable puede resultar compatible con la conservación cuando mantiene los valores que justifican la permanencia del objeto en la memoria colectiva.

El Dovecote Studio articula así dos operaciones simultáneas. Por un lado, conserva la materia deteriorada del antiguo palomar y mantiene visibles sus transformaciones; por otro, introduce una arquitectura completamente nueva que modifica su función y su configuración espacial. La ausencia de partes construidas no se corrige. Se incorpora al proyecto como una condición física y perceptiva que determina la relación entre la ruina y el nuevo volumen.

Haworth Tompkins, Dovecote Studio vestigios

La autonomía estructural de la nueva arquitectura

Si la primera operación consiste en aceptar la pérdida, la segunda consiste en evitar que la nueva arquitectura dependa de ella. El proyecto no convierte el edificio existente en un contenedor que deba ser rehabilitado para alojar un nuevo programa. La fábrica superviviente conserva su condición espacial, mientras una estructura contemporánea se introduce en su interior y establece un sistema constructivo independiente. La intervención, por tanto, no adapta el antiguo palomar mediante la recuperación de su integridad, sino que inserta una arquitectura nueva dentro de la materia que ha permanecido.

Dentro de las posiciones que Solà-Morales distingue entre analogía estricta, basada en la continuidad formal y material entre lo antiguo y lo nuevo, y contraste radical, donde la nueva construcción se afirma como un objeto autónomo sin recurrir al mimetismo (Solà-Morales 1985), el Dovecote Studio ocupa una posición intermedia. La estructura de acero corten no reproduce los materiales ni la configuración constructiva de la arquitectura victoriana. Sin embargo, su geometría retiene parcialmente algunas relaciones volumétricas reconocibles del palomar desaparecido. La operación no reconstruye la forma perdida, sino que recupera determinadas relaciones espaciales vinculadas a ella. Esta diferencia resulta fundamental: la continuidad se establece en el orden de las relaciones, no en la reproducción de una imagen histórica.

La consideración de lo existente como material activo del proyecto, y no como una condición subordinada a la nueva construcción, constituye uno de los problemas centrales de este tipo de intervenciones. Scott plantea esta cuestión al reclamar una lectura de lo construido como parte efectiva de las operaciones proyectuales contemporáneas (Scott 2008). En términos constructivos, Cramer y Breitling proponen distinguir entre la capacidad de la fábrica histórica para conservar su estabilidad y la capacidad de la nueva arquitectura para sostenerse mediante su propio sistema estructural (Cramer y Breitling 2007).

En el Dovecote Studio, esta distinción se traduce en dos sistemas independientes. La fábrica de ladrillo requiere intervenciones puntuales de estabilización, principalmente reparaciones localizadas en juntas y paramentos comprometidos, mientras la nueva estructura se resuelve como un sistema autoportante que no transfiere sus cargas a los muros históricos. La autonomía estructural establece así una relación de contigüidad sin dependencia: la ruina permanece en pie por sus propias condiciones de estabilidad y la nueva arquitectura responde a su propio esquema resistente.

De esta condición deriva una secuencia espacial que permite comprender la lógica constructiva del proyecto:

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El intervalo constituye la consecuencia espacial de esta independencia. Es allí donde la relación entre ambas arquitecturas adquiere una dimensión perceptiva y constructiva específica.

Haworth Tompkins, Dovecote Studio fachada en escorzo
Haworth Tompkins, Dovecote Studio

El espacio intermedio entre ruina y nueva construcción

Entre la fábrica histórica de ladrillo y la estructura contemporánea de acero corten se establece una separación física que impide su fusión. El proyecto no resuelve la relación entre ambas mediante continuidad material ni mediante un contraste basado exclusivamente en la oposición formal. La diferencia queda incorporada al espacio mediante un vacío deliberadamente conservado.

Este intervalo cumple varias funciones simultáneas. Opera como junta entre sistemas constructivos, cámara técnica y espacio de mantenimiento, pero también establece una distancia visual entre las dos arquitecturas y regula su relación ambiental. Su dimensión no es, por tanto, exclusivamente geométrica. El vacío permite que cada material mantenga una presencia diferenciada y que las dos temporalidades puedan percibirse dentro de una misma experiencia espacial.

La secuencia de aproximación hace visible esta condición. Desde el exterior, la percepción se concentra inicialmente en la superficie erosionada de la fábrica: el ladrillo irregular, las juntas deterioradas y la vegetación que ocupa sus discontinuidades. Al atravesar el umbral, aparece la envolvente continua del nuevo volumen, cuya superficie de acero corten establece una relación material distinta con el cerramiento histórico. En el interior, el revestimiento de contrachapado de abeto introduce una tercera condición táctil y visual. La arquitectura organiza así una transición entre superficies y temperaturas materiales diferentes, sin eliminar las huellas del edificio existente.

Pallasmaa permite precisar esta dimensión de la experiencia arquitectónica al entender la percepción como una actividad corporal vinculada al movimiento y a la interacción simultánea de distintos sentidos, no exclusivamente de la visión (Pallasmaa 2006). En el Dovecote Studio, el recorrido entre la fábrica exterior y el volumen interior articula una secuencia perceptiva en la que textura, temperatura, materialidad y escala contribuyen a distinguir los distintos estratos de la intervención. La rugosidad de la mampostería y la superficie oxidada del acero preceden a la condición más cálida y homogénea de la madera interior.

El intervalo adquiere así una función arquitectónica propia. No constituye un espacio residual producido por la incompatibilidad entre dos sistemas, sino una condición deliberadamente construida que mantiene legibles sus diferencias. La distancia permite percibir simultáneamente la ruina y la nueva arquitectura sin reducirlas a una única imagen.

Esta operación amplía la lectura habitual del proyecto como ejercicio de reutilización adaptativa. El interés del Dovecote Studio reside, en términos espaciales y constructivos, en cómo articula la permanencia de una fábrica deteriorada con la autonomía de una nueva estructura mediante una separación que adquiere espesor arquitectónico. La coexistencia entre tiempos distintos no se resuelve eliminando sus diferencias, sino organizándolas mediante estructura, materia y espacio.

El acero corten entre expresión material y función estructural

Desde el punto de vista constructivo, una de las operaciones más específicas del proyecto reside en la fabricación del volumen interior como una pieza monocasco de acero corten. La envolvente se suelda de manera continua mediante procedimientos próximos a la construcción naval y, según la documentación del estudio, se concibe como un casco soldado en una única pieza para garantizar su estanqueidad. Una vez fabricado, el volumen se iza y se introduce en el interior de la ruina. El procedimiento reduce las operaciones de montaje dentro de la fábrica existente y permite mantener una separación precisa entre ambos sistemas durante la ejecución.

La técnica constructiva adquiere así una relación directa con la autonomía estructural planteada anteriormente. Al llegar al sitio como una unidad previamente fabricada, la nueva arquitectura limita la intervención sobre los muros históricos y evita que el proceso de construcción requiera modificar sustancialmente la fábrica superviviente. La continuidad de la envolvente tampoco responde únicamente a una decisión formal: concentra en una misma pieza las funciones resistentes y de cerramiento, y resuelve la estanqueidad como parte integral del sistema.

El empleo del acero corten introduce, sin embargo, una cuestión material que resulta relevante para la lectura del proyecto. Su asociación con el envejecimiento, la memoria industrial y la intervención sobre edificios históricos se ha consolidado dentro del repertorio contemporáneo hasta adquirir un valor reconocible por sí mismo. En este contexto, el material puede operar como una imagen previamente codificada. Frampton advierte sobre esta posibilidad cuando analiza la conversión de determinados materiales en efectos superficiales capaces de producir significados de autenticidad histórica independientemente de su lógica constructiva (Frampton 1995).

En el Dovecote Studio, el acero corten presenta una condición más compleja. No constituye un revestimiento aplicado sobre una estructura convencional, sino que conforma la propia estructura autoportante del volumen. La misma pieza integra estructura, cerramiento, estanqueidad y protección frente a la intemperie. El material adquiere, por tanto, una dimensión constructiva que excede su valor como superficie asociada a la memoria industrial, aunque su utilización tampoco puede desvincularse por completo de las convenciones culturales que el corten ha acumulado dentro de la arquitectura contemporánea.

La resolución interior introduce una materialidad deliberadamente distinta. El volumen de acero se reviste con paneles de contrachapado de abeto, cuya superficie establece una condición espacial más homogénea y cálida frente a la textura irregular de la mampostería y la rugosidad oxidada de la envolvente exterior. A esto se suma un sistema de drenaje perimetral ejecutado antes de la inserción del volumen, destinado a conducir el agua que circula entre la fábrica histórica y la nueva estructura.

La aparente simplicidad geométrica del Dovecote Studio depende, por tanto, de una construcción técnicamente precisa. La continuidad del monocasco, la autonomía resistente, la estanqueidad y el drenaje forman parte de un mismo sistema de resolución. La separación entre ruina y nueva arquitectura no constituye únicamente una condición visual: requiere una definición constructiva capaz de mantener la independencia de ambos sistemas y controlar las condiciones ambientales que surgen entre ellos.

Cinco variables para analizar intervenciones sobre lo existente

El interés disciplinar del Dovecote Studio no reside en establecer una forma que deba reproducirse en futuras intervenciones. Su utilidad se encuentra en las operaciones que permite identificar. A partir del caso pueden formularse cinco variables de análisis aplicables, con las modificaciones correspondientes, a otras arquitecturas existentes:

  1. Permanencia. ¿Qué materia debe conservarse porque contiene información histórica, espacial o constructiva relevante?
  2. Pérdida. ¿Qué partes ausentes pueden permanecer como tales sin comprometer la legibilidad del edificio? La pregunta también permite determinar cuándo una reconstrucción produciría una continuidad histórica que la propia materia ya no puede sustentar.
  3. Autonomía. ¿En qué medida el nuevo programa, la estructura y los sistemas contemporáneos pueden resolver sus propias exigencias sin transferir cargas o dependencias innecesarias a la fábrica existente?
  4. Distancia. ¿Qué separación física, visual y constructiva permite mantener diferenciadas las arquitecturas de distintas épocas?
  5. Legibilidad temporal. ¿Cómo puede la intervención hacer perceptibles, dentro de una misma experiencia espacial, las transformaciones acumuladas y la presencia de la arquitectura contemporánea?

Estas variables no constituyen un protocolo universal de conservación. Funcionan como una matriz de lectura derivada de las operaciones concretas del Dovecote Studio y permiten trasladar sus problemas a otros contextos sin convertir sus soluciones formales en modelos normativos. Su utilidad reside precisamente en separar las decisiones de proyecto de las imágenes particulares mediante las cuales cada intervención las resuelve.

Brooker y Stone incorporan el Dovecote Studio a su estudio sobre el diseño interior en edificios existentes como ejemplo de una modalidad de inserción, entendida como la introducción de un volumen autónomo dentro de una envolvente preexistente sin que ambos elementos lleguen a fusionarse estructural o formalmente (Brooker y Stone 2004). Esta clasificación permite situar el proyecto frente a otras operaciones de intervención, como la inserción parasitaria, la instalación superpuesta o la infiltración, en las que varía el grado de dependencia física entre lo existente y lo incorporado.

La categoría de inserción confirma desde otra perspectiva la relación entre las tres operaciones analizadas: la conservación de la ruina, la autonomía de la nueva estructura y la construcción de un intervalo entre ambas. Capitel permite ampliar esta lectura al considerar la intervención sobre lo existente como una operación propiamente proyectual, en la que conservar y transformar forman parte de un mismo problema arquitectónico (Capitel 1988). La preexistencia deja así de funcionar como un límite externo del proyecto y pasa a constituir uno de sus materiales de trabajo.

Las cinco variables pueden sintetizarse de la siguiente manera:

El programa, la materialidad y la técnica constructiva no constituyen variables independientes dentro de esta matriz. Operan como campos concretos mediante los cuales se resuelven, en cada proyecto, las condiciones de autonomía y legibilidad temporal. En el Dovecote Studio, por ejemplo, la elección del monocasco de acero corten responde simultáneamente a una exigencia estructural, a una condición de montaje y a la necesidad de preservar la independencia entre la nueva arquitectura y la fábrica histórica.

La matriz permite, finalmente, desplazar la atención desde la apariencia de la intervención hacia las relaciones que la hacen posible. Permanencia, pérdida, autonomía, distancia y legibilidad temporal describen distintos aspectos de un mismo problema: cómo incorporar arquitectura contemporánea a una preexistencia sin borrar las condiciones materiales que permiten reconocer su transformación histórica.

La ruina como condición para el proyecto contemporáneo

El Dovecote Studio no propone una solución formal aplicable de manera directa a la intervención sobre ruinas. Su interés reside en la articulación de tres decisiones: no reconstruir la pérdida, construir con autonomía estructural y proyectar el intervalo como espacio. Consideradas conjuntamente, estas operaciones desplazan el problema habitual de la relación entre arquitectura existente y nueva arquitectura. La cuestión deja de centrarse exclusivamente en cómo integrar lo nuevo con lo antiguo y se orienta hacia las condiciones espaciales, materiales y constructivas necesarias para mantener diferenciadas ambas temporalidades.

Esta perspectiva tiene consecuencias concretas para la intervención sobre arquitecturas existentes, particularmente aquellas cuyo valor no depende de una integridad monumental. Antes de definir una configuración formal, resulta necesario determinar qué pérdidas deben permanecer visibles, qué elementos de la nueva arquitectura pueden resolver su propia estructura y qué distancia física y perceptiva debe establecerse entre ambos sistemas. La separación deja así de entenderse como una condición residual del proyecto y adquiere una dimensión deliberadamente proyectual.

En este sentido, el Dovecote Studio puede leerse como una referencia analítica antes que formal. El proyecto no proporciona un modelo de intervención que deba reproducirse, sino un conjunto de relaciones que permite examinar otros casos: la permanencia de la materia deteriorada, la independencia de la nueva construcción y la construcción de un intervalo capaz de mantener legibles distintas temporalidades. Su aportación reside, precisamente, en mostrar que intervenir sobre una preexistencia también implica decidir qué diferencias deben conservarse y cómo esas diferencias pueden convertirse en materia arquitectónica.

Fotografías: ©Haworth Tompkins

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Marcelo Gardinetti
Marcelo Gardinetti

Arquitecto, editor y director de Tecnne desde 2011.
Investigador en teoría y crítica de la arquitectura moderna y contemporánea.
La Plata, Argentina.
ORCID: https://orcid.org/0000-0002-6679-7951

Artículos: 1259

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