Cementerio de San Cataldo: Tipología, Memoria y Racionalidad en Aldo Rossi

Gardinetti, Marcelo

Arquitecto, Editor de Tecnne · La Plata, Argentina

Resumen

El Cementerio de San Cataldo, proyectado por Aldo Rossi y Gianni Braghieri en Módena, constituye una de las formulaciones más rigurosas de la relación entre tipología, memoria y permanencia dentro de la arquitectura contemporánea. El proyecto surge como respuesta crítica al agotamiento del funcionalismo moderno, proponiendo una arquitectura basada en geometrías elementales, continuidad histórica y racionalidad urbana. A través de cubos, galerías, pórticos y vacíos axiales, Rossi construye una “ciudad de los muertos” organizada mediante referencias a la morfología de la ciudad italiana y a la tradición romana del cardo y decumano. La composición enfatiza la repetición modular y la autonomía tipológica de los volúmenes, eliminando jerarquías monumentales y ornamentación anecdótica. El osario central, concebido como un cubo vacío abierto al cielo, sintetiza la dimensión fenomenológica y metafísica del proyecto. San Cataldo articula memoria colectiva, abstracción geométrica y experiencia espacial mediante una arquitectura austera, analítica y profundamente vinculada a la permanencia cultural.

Palabras clave: Aldo Rossi, Cementerio de San Cataldo, tipología arquitectónica, memoria urbana, racionalismo italiano.

Memoria Urbana y Racionalidad Tipológica

El proyecto para la ampliación del Cementerio de San Cataldo en Módena se desarrolla en un momento de revisión crítica del pensamiento arquitectónico contemporáneo. A finales de la década de 1960, el desgaste de los postulados del movimiento moderno había puesto en evidencia las limitaciones de una concepción funcionalista incapaz de establecer vínculos consistentes con la memoria urbana y las condiciones históricas del territorio. La estandarización tipológica y la subordinación de la forma a criterios exclusivamente operativos derivaron en una progresiva pérdida de espesor simbólico dentro de la ciudad europea. En ese contexto, la obra de Aldo Rossi adquiere relevancia por su intento de reconstruir una lógica disciplinar fundada en la permanencia, la tipología y la continuidad histórica.

La propuesta para San Cataldo se inscribe dentro de esta revisión teórica. El cementerio constituye la materialización de una posición crítica que entiende la arquitectura como un sistema racional susceptible de ser transmitido y reconocido colectivamente. Rossi plantea que la disciplina encuentra legitimidad en su capacidad para organizar la experiencia urbana mediante formas estables, comprensibles y persistentes en el tiempo. La ampliación del cementerio no aparece, por tanto, como un episodio autónomo, sino como parte de una reflexión más amplia sobre la ciudad y sus estructuras permanentes.

Rossi sostiene que el “carácter progresivo” de la arquitectura reside en su inserción dentro de un proceso histórico racional y en su capacidad de consolidarse como conocimiento colectivo (Rossi, 1977). Desde esta perspectiva, el proyecto arquitectónico surge de la interpretación de los hechos urbanos y de la decantación de formas sedimentadas en la memoria de la civilización. La arquitectura se configura entonces a partir de elementos tipológicos reconocibles, cuya permanencia excede las contingencias estilísticas y funcionales. En San Cataldo, esta racionalidad se expresa mediante una composición austera, basada en volúmenes primarios, geometrías elementales y una economía formal que remite a los arquetipos del habitar y del espacio funerario.

La dimensión tipológica adquiere un papel central en la construcción del proyecto. Según Braghieri (1981), la arquitectura de Rossi alcanza su condición concreta cuando los elementos permanentes de la disciplina encuentran correspondencia con un lugar específico. El pórtico, la galería, el cubo o el cono operan como formas sedimentadas históricamente que, al implantarse en Módena, establecen una relación precisa entre abstracción tipológica y realidad urbana. El concepto de locus define precisamente esa convergencia entre memoria colectiva, configuración física y singularidad histórica.

A partir de esta operación, el cementerio deja de entenderse como un recinto aislado para incorporarse a la continuidad estructural de la ciudad. Rossi organiza el conjunto mediante una lógica de entrepisos, galerías porticadas y vacíos interiores que remiten tanto a la tradición de los cementerios italianos como a la construcción morfológica de la ciudad histórica. La composición enfatiza la autonomía de los volúmenes y la claridad de la modulación, evitando cualquier recurso expresivo ajeno a la estructura conceptual del proyecto. La memoria no actúa como evocación nostálgica, sino como mecanismo operativo capaz de articular forma, historia y permanencia dentro de una construcción arquitectónica rigurosamente racional.

Aldo Rossi y Gianni Braghieri, Cementerio de San Cataldo Osario vista es escorzo

Crónica, Estructura y Analogía Arquitectónica

La concepción de San Cataldo mantiene una relación directa con una experiencia biográfica que modificó la percepción espacial y material de Aldo Rossi. En 1971, durante el desarrollo del concurso para la ampliación del cementerio, el arquitecto sufrió un grave accidente automovilístico que derivó en un prolongado período de inmovilidad. La estancia hospitalaria en Slawonski Brod lo condicionó a una percepción restringida del espacio, limitada a la observación fragmentaria del entorno inmediato: el cielo visible desde la ventana, la presencia aislada de un árbol y la conciencia persistente de la propia estructura corporal. Rossi reinterpretó posteriormente esta experiencia como un proceso de aprendizaje vinculado a la fragilidad física y a la comprensión del cuerpo desde su dimensión estructural (Rossi, 1984).

Durante este período, la imagen del esqueleto adquirió una relevancia conceptual decisiva. El cuerpo dejó de entenderse como organismo pleno para ser percibido como una construcción compuesta por soportes, articulaciones y vacíos. Esta condición osteológica se trasladó al pensamiento arquitectónico mediante una lógica de fragmentación y recomposición. La arquitectura surge entonces como una estructura elemental en la que cada pieza conserva autonomía formal, aunque integrada dentro de un orden mayor. En San Cataldo, esta interpretación se traduce en una composición basada en volúmenes primarios, repeticiones modulares y relaciones rigurosas entre llenos y vacíos.

La referencia a Le bleu du ciel de Georges Bataille introduce una dimensión intelectual complementaria dentro del proyecto. La elección de este título como lema para el concurso remite a una reflexión sobre el vacío, la distancia y la experiencia de la muerte. El “el azul del cielo” adquiere en Rossi una condición perceptiva asociada a la inmovilidad y a la contemplación de una dimensión inalcanzable observada desde el espacio hospitalario. La arquitectura opera  como una mediación entre la materialidad construida y la conciencia de lo finito. La solidez de los muros, la geometría desnuda de los volúmenes y la sequedad compositiva del conjunto intensifican esa relación entre permanencia física y ausencia.

La morfología del cementerio desarrolla estas ideas mediante una organización que remite simultáneamente a la estructura urbana y a una configuración ósea. La repetición de nichos, galerías y cuerpos prismáticos construye una imagen de serialidad donde el individuo se integra dentro de un orden colectivo permanente. Rossi proyecta una “ciudad de los muertos” configurada a partir de los principios formales de la ciudad histórica, aunque privada de las dinámicas funcionales propias de la vida urbana. La composición enfatiza la continuidad de los recorridos, la modulación de las fachadas y la autonomía geométrica de cada volumen, estableciendo una correspondencia precisa entre tipología funeraria y construcción urbana.

Esta articulación entre experiencia biográfica y elaboración tipológica permite comprender San Cataldo como una investigación sobre la permanencia y la descomposición. El cementerio no incorpora elementos decorativos orientados a la representación sentimental de la muerte. Su lenguaje arquitectónico se apoya, por el contrario, en la reducción formal y en la claridad tectónica, utilizando la geometría elemental como instrumento para organizar la relación entre memoria, ausencia y tiempo histórico.

Aldo Rossi y Gianni Braghieri, Cementerio de San Cataldo planta

Ciudad Funeraria y Continuidad Territorial

La implantación del proyecto de Aldo Rossi y Gianni Braghieri en Módena establece una relación precisa con las preexistencias funerarias del lugar. El punto de partida lo constituye el cementerio diseñado por Cesare Costa en 1880, cuya configuración perimetral y carácter monumental organizaban el conjunto mediante un gran vacío central. Rossi retoma esta lógica de recinto, aunque sometiéndola a una reinterpretación tipológica y urbana. La ampliación no busca reproducir literalmente la estructura decimonónica, sino prolongar sus principios espaciales a través de un lenguaje arquitectónico depurado y abstracto.

Entre el cementerio histórico y la nueva intervención se sitúa el Cementerio judío, cuya presencia introduce una discontinuidad física, histórica y religiosa dentro del conjunto. Esta separación adquiere un papel relevante en la organización del proyecto. Rossi incorpora esta distancia como una pausa dentro de la composición general, evitando cualquier intento de continuidad formal inmediata. El vacío intermedio funciona como un espacio de transición y reconocimiento de las distintas temporalidades que convergen en el lugar. La composición asume así una condición estratificada, donde cada recinto conserva autonomía dentro de una estructura territorial unitaria.

La ampliación reproduce la tipología del perímetro cerrado como mecanismo de delimitación frente a la expansión urbana de Módena. La construcción en “U” establece un borde continuo que define el límite entre el espacio funerario y el paisaje periférico de la ciudad. Esta operación de clausura otorga al conjunto una condición introspectiva, reforzada por la regularidad de las fachadas, la repetición modular de las galerías y la severidad de los volúmenes. El recinto no actúa únicamente como límite físico, sino como dispositivo de separación simbólica entre la ciudad de los vivos y la ciudad de los muertos.

La organización del plano responde a una estructura axial derivada de la tradición urbana romana. La intersección entre cardo y decumano introduce un sistema geométrico que ordena los recorridos y jerarquiza las distintas piezas del conjunto. Esta referencia clásica no se presenta como evocación historicista, sino como recuperación de una matriz organizativa capaz de establecer continuidad entre tipología, espacio colectivo y construcción urbana. Rossi utiliza esta estructura para conferir legibilidad al conjunto y para controlar la relación entre vacíos, recorridos y cuerpos edificados.

Dentro de este ordenamiento, la calle central constituye el principal elemento articulador del proyecto. A pesar de las modificaciones sufridas entre 1971 y 1978 (García Estévez, 2014), este eje permaneció como núcleo invariable de la propuesta. Su función excede la mera circulación longitudinal: organiza la secuencia ritual del recorrido funerario y estructura la percepción progresiva de las geometrías elementales que componen el cementerio. La perspectiva axial intensifica la relación entre los distintos volúmenes, vinculando el cementerio de Costa con la nueva ampliación mediante una continuidad espacial cuidadosamente controlada.

La disposición de los edificios responde a una lógica de autonomía tipológica. Cada pieza mantiene una identidad formal definida dentro de una composición general basada en relaciones proporcionales y correspondencias geométricas. Cubos, galerías y cuerpos lineales se distribuyen sobre el terreno con precisión casi abstracta, enfatizando la claridad del trazado y la estabilidad del orden compositivo. El conjunto adquiere así la condición de una estructura urbana permanente, donde la arquitectura funeraria se integra a la tradición morfológica de la ciudad italiana mediante un lenguaje reducido a sus componentes esenciales.

Geometría Axial y Organización Morfológica

La arquitectura de San Cataldo se organiza a partir de un repertorio de geometrías elementales —cuadrados, triángulos y círculos— utilizadas como instrumentos de orden y permanencia. Rossi recurre a estas formas primarias para construir una composición de gran abstracción, donde cada volumen adquiere claridad tipológica y autonomía formal. El eje longitudinal del conjunto articula esta estructura mediante una secuencia rigurosamente controlada, funcionando como el elemento ordenador que regula proporciones, recorridos y relaciones espaciales entre las distintas piezas del cementerio.

Resulta significativa la referencia al dibujo de la espina de pescado mencionado por Rossi y analizado posteriormente por Lampariello (2013). Este esquema sintetiza la organización interna del proyecto mediante una disposición lineal de fragmentos subordinados a una estructura principal. La representación reduce la arquitectura a una condición casi anatómica, donde los cuerpos edificados aparecen como elementos repetitivos ensamblados sobre un eje estable. La importancia del boceto reside en su capacidad para revelar la lógica compositiva del conjunto: una agregación de partes autónomas articuladas dentro de un sistema unitario y permanente.

La secuencia espacial comienza en el pórtico de acceso, concebido como una reinterpretación abstracta de la entrada monumental tradicional. El elemento se alinea con los tres niveles de la construcción perimetral y se compone de dos cuerpos laterales macizos que sostienen una cubierta inclinada invertida respecto de la tipología clásica. Rossi reemplaza la columnata convencional por una serie de planos transversales de hormigón, transformando la noción de pórtico en una sucesión de pantallas estructurales que modulan la luz y la percepción del ingreso. La monumentalidad deriva aquí de la proporción, la masa y la repetición, evitando cualquier recurso ornamental.

A partir de este acceso, el recorrido se prolonga hacia los columbarios dispuestos perpendicularmente al eje central. Estos bloques prismáticos responden a una organización basada en variaciones proporcionales precisas: los cuerpos de mayor longitud presentan menor altura, mientras que los volúmenes más breves alcanzan cotas superiores. La alternancia entre dimensiones y alturas introduce una tensión rítmica que intensifica la profundidad de la perspectiva y dirige la mirada hacia el núcleo central del cementerio.

Los muros de los columbarios se perforan mediante una retícula de vanos cuadrados desprovistos de carpinterías o marcos, configurando superficies de gran austeridad tectónica. La repetición modular de estas aberturas produce un efecto de serialidad que remite a ciertas composiciones urbanas de Mario Sironi, particularmente en la relación entre masa, vacío y sombra. La variación de escala entre los vanos altera la percepción homogénea del plano murario y convierte la fachada en una superficie vibrante, donde la incidencia de la luz adquiere un papel compositivo decisivo.

Esta organización espacial y volumétrica concentra progresivamente la carga simbólica del proyecto hacia el osario central. El recorrido axial, la repetición de los elementos y la reducción geométrica de las formas construyen una experiencia espacial basada en la continuidad y la permanencia. La arquitectura se presenta así como una estructura esencial, despojada de referencias anecdóticas, donde la claridad tipológica y la precisión compositiva articulan la relación entre espacio funerario y orden urbano.

El Osario y la Construcción Atmosférica del Vacío

El osario de San Cataldo constituye el núcleo conceptual y compositivo del conjunto, así como la pieza donde el lenguaje arquitectónico de Aldo Rossi alcanza su mayor grado de reducción formal. Concebido como un gran cubo vacío, abierto al cielo y perforado por una retícula regular de vanos cuadrados, el edificio se presenta como una estructura deliberadamente incompleta. La ausencia de cubierta y de cerramientos transforma el volumen en una construcción suspendida entre edificio y ruina, donde la arquitectura abandona su función tradicional de refugio para convertirse en un dispositivo de confrontación con el vacío.

Rossi (1984) describe el osario como una “institución incierta”, una definición que remite a la interrupción de toda actividad vinculada a la vida cotidiana. El cubo carece de programa doméstico o funcional en sentido convencional; su condición espacial depende de la relación entre masa construida, aire y luz. La fábrica de ladrillo y hormigón configura un volumen severo y compacto cuya materialidad contrasta con la inmaterialidad del espacio interior abierto. Esta tensión entre solidez y vacío constituye uno de los aspectos centrales de la obra.

La construcción lumínica del osario revela una estrecha relación con las investigaciones pictóricas de Angelo Morbelli. Rossi toma como referencia obras como Il Natale dei rimasti y Pio Albergo Trivulzio, donde la luz penetra en interiores silenciosos mediante haces oblicuos que enfatizan la quietud de los espacios. En San Cataldo, esta reflexión se traslada a una arquitectura basada en la modulación de sombras y vacíos. Los rayos de luz que atraviesan los vanos superiores no cumplen una función utilitaria de iluminación homogénea; su papel consiste en registrar el transcurso del tiempo sobre la superficie desnuda del edificio.

La repetición geométrica de las perforaciones genera un sistema variable de proyecciones lumínicas que modifica continuamente la percepción interior del cubo. Las sombras adquieren así una dimensión tectónica y compositiva, definiendo planos temporales sobre los muros y el suelo. El espacio interior se configura mediante relaciones cambiantes entre opacidad y transparencia, densidad y vacío, incorporando la luz como componente estructurador de la experiencia espacial.

La radicalidad formal del osario también le confiere una fuerte presencia urbana. Su volumetría prismática, aislada y desprovista de ornamentación, opera como un hito visible dentro de la composición general del cementerio. La claridad geométrica del cubo intensifica su condición tipológica y establece una imagen de permanencia vinculada a la tradición de las arquitecturas funerarias monumentales. Sin embargo, Rossi evita cualquier monumentalidad retórica mediante una reducción extrema de recursos formales y materiales.

El vacío interior constituye el elemento decisivo de esta operación arquitectónica. No se trata de una ausencia entendida como carencia funcional, sino de una espacialidad construida a partir de la suspensión y la indeterminación. La apertura superior incorpora el cielo como parte activa de la composición, estableciendo una relación directa entre el espacio funerario y la dimensión atmosférica. En este punto, la experiencia biográfica del arquitecto y su concepción analógica de la arquitectura convergen en una estructura donde evocación y ruina se articulan mediante una gramática geométrica elemental. El osario se convierte así en la expresión más depurada de la relación entre arquitectura y muerte dentro de la obra de Rossi.

Repetición Modular y Desactivación del Icono

Una de las metodologías proyectuales más incisivas en San Cataldo es la operación de vaciado icónico que Rossi ejerce sobre las formas tradicionales. Como bien analiza Eisenman (2011), la repetición sistemática de elementos arquetípicos no busca ensalzar la singularidad de la forma, sino precisamente minar su aura y su condición de objeto único. Al multiplicar el vano cuadrado o la galería porticada de manera rítmica y casi obsesiva, Rossi permite que estos elementos funcionen como piezas de un lenguaje textual y racional. La repetición actúa aquí como un mecanismo de desmitificación: cuando una forma icónica se reproduce hasta el infinito, pierde su carácter de icono sagrado para convertirse en un elemento gramatical dentro de un discurso colectivo. La arquitectura deja de concebirse como un espectáculo formal para configurarse como un sistema de signos vinculado a la historia de la disciplina. En San Cataldo, cada elemento remite a una tradición tipológica reconocible y participa de una construcción lógica donde las formas adquieren significado a través de su permanencia histórica. Rossi reduce el lenguaje arquitectónico a una serie limitada de geometrías elementales y relaciones proporcionales, eliminando cualquier componente expresivo ajeno a la estructura conceptual del proyecto.

Esta condición se materializa en lo que Lampariello (2013) define como la squelette o esqueleto arquitectónico: un organismo unitario capaz de persistir independientemente de sus transformaciones funcionales o temporales. El esqueleto no opera aquí como metáfora biológica literal, sino como principio organizador de la composición. La agregación de cubos, prismas, galerías y vacíos responde a una lógica estructural donde cada fragmento conserva autonomía formal mientras participa de una totalidad coherente.

Uno de los aspectos centrales de esta organización es la ambigüedad escalar de los elementos arquitectónicos. En San Cataldo, las dimensiones de vanos, pórticos y cuerpos edificados no se subordinan a una referencia antropométrica estable, sino a la jerarquía interna del conjunto. Esta indeterminación produce una oscilación perceptiva constante entre objeto y monumento. Un vano cuadrado puede leerse simultáneamente como abertura doméstica, nicho funerario o acceso monumental, alterando la relación habitual entre escala, función y representación.

La atmósfera metafísica del cementerio surge en gran medida de esta condición de extrañamiento. La autonomía geométrica de los volúmenes y la repetición sistemática de los elementos generan una imagen desligada de referencias contextuales inmediatas. Rossi construye así una arquitectura cuya temporalidad parece suspendida, donde las formas remiten tanto a ruinas arcaicas como a estructuras aún inacabadas. La permanencia del conjunto no depende de la durabilidad material de sus componentes, sino de la claridad conceptual de su organización tipológica.

La persistencia de esta configuración osteológica responde al interés de Rossi por explorar las posibilidades latentes del esqueleto arquitectónico como estructura permanente de la ciudad. Al reducir los edificios a volúmenes elementales y operaciones geométricas básicas, la arquitectura conserva únicamente aquello que considera esencial: proporción, repetición, ritmo y relación entre masa y vacío. El proyecto adquiere así una condición abstracta que permite interpretar cada elemento como fragmento de una construcción histórica más amplia.

Las referencias a la ruina ocupan un lugar importante dentro de esta operación, aunque alejadas de cualquier lectura pintoresquista o sentimental. Los volúmenes de San Cataldo aparecen como construcciones suspendidas en un estado de permanencia silenciosa, donde la ausencia de actividad humana intensifica la autonomía de las formas. La repetición modular y el vaciamiento programático desactivan el carácter icónico de los edificios y transforman el cementerio en una estructura analítica, legible a través de las relaciones internas entre sus partes.

En este sentido, San Cataldo puede entenderse como una arquitectura construida a partir del lenguaje de la ciudad histórica, aunque reducida a sus componentes esenciales. La geometría elemental funciona como instrumento para reflexionar sobre la continuidad de la cultura frente a la desaparición física del individuo.

Dimensión Colectiva y Crítica Urbana

La dimensión política y social constituye un componente central en la comprensión del Cementerio de San Cataldo. Aunque el proyecto se presenta mediante una gramática formal extremadamente reducida, la organización espacial y tipológica del conjunto expresa una concepción colectiva de la arquitectura vinculada a la formación intelectual de Aldo Rossi . Según Lampariello (2013), la austeridad geométrica y la repetición sistemática de los elementos responden a una idea del espacio común asociada a una visión igualitaria de la ciudad. La arquitectura se entiende como una construcción pública basada en principios de permanencia, racionalidad y accesibilidad colectiva.

En San Cataldo, esta concepción se manifiesta a través de la homogeneidad de los espacios funerarios y de la ausencia de jerarquías monumentales entre los distintos enterramientos. La repetición modular de nichos y columbarios elimina diferencias representativas entre individuos, integrando cada unidad dentro de un orden general uniforme. La composición evita cualquier exaltación singularizada de la muerte y sustituye el monumento individual por una estructura colectiva organizada mediante reglas geométricas comunes. La igualdad frente a la muerte se traduce aquí en una igualdad espacial y tipológica.

La práctica proyectual de Rossi se desarrolla precisamente en la tensión entre análisis histórico y elaboración formal. García Estévez (2014) señala que su arquitectura oscila constantemente entre la ciudad entendida como depósito de memoria y la autonomía del lenguaje arquitectónico como construcción intelectual. En San Cataldo, esta dualidad se resuelve mediante un sistema de formas abstractas que, aun derivando de experiencias biográficas y referencias personales, mantiene una clara vocación pública. La geometría elemental del conjunto adquiere así una dimensión ideológica vinculada a la duración de las instituciones colectivas y a la capacidad de la arquitectura para construir continuidad histórica.

La organización del cementerio expresa también una crítica implícita a la fragmentación funcionalista de la ciudad contemporánea. Frente a la lógica de la expansión indiferenciada y de la producción arquitectónica subordinada a criterios exclusivamente económicos, Rossi propone una estructura basada en permanencias tipológicas y en relaciones espaciales estables. La arquitectura funeraria recupera de este modo una dimensión cívica y simbólica, integrándose nuevamente en la tradición urbana italiana como espacio de representación colectiva.

El cono situado al final del eje principal concentra gran parte de la carga simbólica y política del proyecto. Concebido como memorial para los muertos abandonados durante la guerra y asociado a una fosa común subterránea, este elemento introduce una referencia explícita al recuerdo de los excluidos y de las víctimas anónimas de la historia. Aunque la fosa nunca llegó a construirse, su inclusión en el proyecto original revela la intención de otorgar al conjunto una dimensión ética vinculada a la responsabilidad histórica de la ciudad.

De este modo, el cono actúa simultáneamente como referencia territorial, elemento memorial y cierre de la perspectiva del eje principal. Su geometría primaria intensifica la abstracción del conjunto, mientras que su posición axial le confiere una presencia casi ceremonial dentro del recorrido funerario. Rossi transforma así una figura elemental en un signo cargado de significado colectivo.

San Cataldo trasciende la condición de equipamiento funerario municipal para constituirse como una reflexión sobre la ciudad, la evocación y la dimensión pública de la arquitectura. La reducción formal, la repetición modular y la claridad geométrica no responden únicamente a criterios compositivos, sino a una concepción de la arquitectura entendida como estructura colectiva de permanencia histórica.

Permanencia Tipológica y Cultura Arquitectónica

La relevancia del Cementerio de San Cataldo dentro de la cultura arquitectónica contemporánea radica en su capacidad para reconstruir una relación entre forma urbana, memoria colectiva y racionalidad tipológica. Aunque el proyecto se ejecutó de manera parcial —limitándose principalmente a los pabellones perimetrales, el pórtico de acceso y el osario—, la consistencia conceptual de la propuesta permanece intacta. La obra demuestra que la vigencia de una arquitectura no depende exclusivamente de su grado de completitud material, sino de la solidez de las relaciones disciplinarias que es capaz de establecer entre espacio, historia y ciudad.

La propuesta de Aldo Rossi y Gianni Braghieri se consolidó como una referencia fundamental para el debate arquitectónico posterior precisamente por su rechazo a una concepción de la arquitectura subordinada a la novedad formal o tecnológica. San Cataldo recupera la dimensión histórica de la disciplina mediante el uso de tipos elementales, geometrías primarias y estructuras compositivas derivadas de la tradición urbana. La arquitectura se configura como un sistema de signos legibles, donde cada elemento participa de una continuidad cultural más amplia.

Uno de los aspectos más significativos del proyecto reside en su aceptación de la fragmentación y de la condición inacabada como situaciones inherentes a la ciudad contemporánea. Rossi no plantea una arquitectura cerrada sobre sí misma ni dependiente de una imagen final acabada. Por el contrario, el conjunto se concibe desde una lógica de permanencia donde la ruina, el vacío y el fragmento forman parte de la experiencia arquitectónica. Esta condición resulta particularmente visible en el osario y en las piezas perimetrales, cuya austeridad geométrica intensifica la percepción de una arquitectura suspendida entre construcción y abandono.

Los dibujos realizados por Rossi para San Cataldo adquieren en este sentido un papel fundamental dentro del proyecto. Más que simples instrumentos de representación, funcionan como elaboraciones teóricas donde se condensan las relaciones entre memoria urbana, geometría y tipología. En muchos casos, estas imágenes poseen una capacidad de síntesis conceptual superior a la materialización parcial de la obra construida, revelando que el núcleo del proyecto reside en la formulación de una estructura intelectual antes que en la resolución exhaustiva de cada detalle constructivo.

La importancia de San Cataldo también se vincula a su capacidad para articular dimensiones aparentemente heterogéneas dentro de una composición unitaria. La tradición urbana italiana, la experiencia biográfica del arquitecto y una reflexión política sobre el espacio colectivo convergen en una arquitectura reducida a formas esenciales. Cubos, conos, galerías y pórticos se convierten en arquetipos capaces de condensar significados históricos y culturales sin recurrir a mecanismos representativos explícitos.

El legado de Rossi puede entenderse, en última instancia, como una reafirmación de la arquitectura en tanto hecho cultural y construcción racional de la ciudad. La reducción formal de los edificios, la claridad de la modulación y la continuidad de las estructuras tipológicas constituyen una posición crítica frente a la pérdida de continuidad histórica producida por gran parte de la urbanización contemporánea. San Cataldo propone una arquitectura que entiende la historia urbana como un instrumento operativo para organizar el presente.

El cementerio de Módena permanece como una de las formulaciones más precisas del pensamiento rossiano sobre la ciudad. La obra demuestra que, mediante la reinterpretación de los tipos históricos y la utilización rigurosa de geometrías elementales, la arquitectura puede construir espacios capaces de establecer vínculos duraderos entre experiencia colectiva, territorio y tiempo histórico. En esa continuidad entre ciudad, memoria y permanencia reside la dimensión más significativa del proyecto.

Marcelo Gardinetti

El azul del cielo, Aldo Rossi y Gianni Braghieri

Marcelo Gardinetti | 10 de mayo de 2019

“Creo que cuando la arquitectura se plantea el objetivo de poder ser trasmitida, de poder interpretar las situaciones de la realidad y se sitúa dentro del proceso histórico racional, está en condiciones de tener carácter progresivo1 «

A partir de los años 60, los textos de expresan una manera de ver la arquitectura que contradice el criterio unidireccional del movimiento moderno. Su preocupación por una construcción lógica, aunque revela en algún sentido una visión cándida de la arquitectura, vertió un repertorio de nociones que reabrieron un debate arquitectónico estancado. El carácter progresivo, en la idea de Aldo Rossi, está ligado a la búsqueda de una arquitectura intemporal construida con pocos elementos que proceden de arquetipos de la memoria colectiva. Aldo Rossi entiende cada proyecto como una parte de la ciudad, y como tal, debe ser resultado del carácter histórico y técnico de la arquitectura que la constituye2. Esa atención crítica a los hechos de la ciudad concluye en una arquitectura que es consecuencia de tamizar las formas de la historia local: “el continuo rediseño de los elementos fijos: el pórtico, la galería, el cubo, el cono, las columnas que se componen y se sobreponen hasta formar los elementos reales y cotidianos, en el momento que descienden o escogen “il locus” en el que deben realizarse e incluso para el que no han sido pensados, es cuando se transforma en arquitectura3

Aldo Rossi y el proyecto para San Cataldo

En 1971, cuando se formalizó el llamado a concurso para la ampliación del Cementerio de San Cataldo en Módena, Aldo Rossi se encontraba convaleciente de un accidente automovilístico. Esta circunstancia resultó determinante en la estructuración del proyecto:

“Estaba en la planta baja, en una pequeña habitación, junto a una ventana a través de la cual veía el cielo y un pequeño jardín. Casi inmóvil, pensaba en el pasado, pero también contemplaba el árbol y el cielo sin pensar en nada. Esa presencia y, al mismo tiempo, esa lejanía de las cosas —unida, además, a la dolorosa conciencia de mis propios huesos— me transportaba a la infancia. Al verano siguiente, durante el estudio del proyecto, tan solo conservaba esa imagen y el recuerdo del dolor de huesos: veía la conformación osteológica del cuerpo como una serie de fracturas a recomponer. En el hospital Slawonski Brod identifique la muerte con la morfología del esqueleto y las alteraciones de que puede ser objeto4” 

Aldo Rossi junto a Gianni Braghieri presentaron el proyecto bajo el lema “L’azurro del cielo” () inspirados en la novela del escritor francés Georges Bataille “Le bleu du ciel”. Un relato que habla sobre el aprendizaje de la muerte y la profundidad absorbente del cielo azul, escrito en 1935 y publicado en 1957. El terreno donde se construirá la obra se emplaza a uno de los lados de un antiguo cementerio construido por Cesare Costa en 1880, un edificio perimetral que encerraba un gran espacio abierto en su interior. En medio de las dos parcelas se encuentra el Cementerio judío. El proyecto repite las características del Cementerio Costa pero la planta se establece a la manera de las históricas ciudades romanas, a través de dos ejes perpendiculares.

Imbuido del recuerdo de su estadía en el hospital, Aldo Rossi piensa un sistema similar al de un cuerpo depositado. Establece el límite con la ciudad mediante una construcción perimetral en forma de “U”. El eje central del proyecto ordena las geometrías elementales empleadas en la planta: cuadrado, triangulo y circulo. También ordena el recorrido. Un pórtico señala el lugar de acceso; la secuencia continua con el osario en forma de cubo; los columbarios con forma de paralelepípedos, ubicados de manera perpendicular al eje en una secuencia de orden decreciente en tamaño y creciente en altura, de modo que las construcciones más largas son las más bajas y por el contrario, las más pequeñas son las más altas; y la fosa central, un enorme cono que corona el recorrido. El cubo y el cono trascienden la composición para transformarse en referencias urbanas. Ese eje central es la columna vertebral de la estructura osificada que traza en planta. Una sucesión de elementos tipológicos que no tienen escala ni tiempo, ajenos a un contexto. Los vanos cuadrados realzados en los muros son elementos de escala variable. Revelan figuras que tienen semejanza con las composiciones pictóricas urbanas que Mario Sironi realizó en la década del 20. El pórtico de acceso tiene carácter monumental. Está alineado en planta y altura a los tres niveles de la construcción perimetral. Es la analogía de un pórtico clásico: dos cuerpos macizos a cada lado soportan un techo a dos aguas colocado en sentido inverso al clásico y una serie de planos de hormigón dispuestos de manera transversal reemplazan las columnas cilíndricas tradicionales.

El osario es el elemento destacado de la composición. Fue concebido como un cubo vacío, sin techo, con vanos sin ventanas. Una construcción inacabada que ejemplifica la ausencia de vida. El tratamiento de la luz filtrada en los vanos, Rossi lo relaciona con las pinturas de Angelo Morbelli:

“siempre me habían impresionado los cuadros como il natale dei rimasti y Pio Albergo Trivulzo, de Angelo Morbelli: los observaba fascinados sin poder juzgarlos. Ahora me servía de ellos como medios plásticos y figurativos, útiles para este proyecto. El estudio de las luces, los grandes rayos que caen sobre los bancos, las precisas sombras de las figuras geométricas de esos mismos bancos y de la estufa, todo parecía extraído de un manual de teoría de las sombras… Siempre tuve presente este hospicio durante la redacción del proyecto de Módena, y la luz que penetra por sus vidrieras es la misma que en aquél atraviesa, con precisos rayos la sección del cubo. Era en fin una construcción abandonada en la que se detenía la vida, quedaba en suspenso el trabajo, se volvía incierta la propia institución5” 

Los bloques de columbarios personalizan la conformación osteológica. Ubicados a cada lado de la espina dorsal, su altura progresiva proporciona una tensión creciente, recreando la disposición tipológica de otros cementerios históricos. El cono constituye un signo referencial. Representa un memorial a los muertos abandonados en la guerra. En los subsuelos se propuso una fosa común que nunca fue construida.

“Aldo Rossi hace uso de formas icónicas, pero vaciándolas de su iconicidad mediante la repetición, una técnica que mina el aura y la singularidad de los elementos arquitectónicos. Cuando se saca a estos elementos de su contexto estético y funcional, pueden emplearse potencialmente como elementos textuales. Su importancia visual se ve minada mediante la repetición de elementos arquetípicos que no tienen una escala fija o determinada. Rossi consigue cambios de escala de varios modos, tanto en los dibujos como en los edificios6

Entre 1971 –año que se premió el concurso- y el comienzo de su construcción en 1978, el proyecto sufrió varias alteraciones7, aunque siempre preservó la calle central, que invoca la solemnidad de un espacio dramático según el ritual de la tradición italiana. El proyecto de Aldo Rossi y Gianni Braghieri sólo fue construido parcialmente – los pabellones perimetrales, el pórtico y el osario- pero manifiesta indicios de la enorme fuerza expresiva de la composición global. Aldo Rossi se nutre del contexto para recrear la monumentalidad clásica mediando su visión analógica8. Sus obras asumen el desafío de recuperar la identidad de la ciudad mediante una semántica que surge de la lectura racional de sus hechos urbanos. Sin embargo, el proyecto para el cementerio de Módena trasciende por la expresividad de sus dibujos, en los que Rossi, más que representar un edificio, expone la fuerza de una idea.

©Marcelo Gardinetti, 2017  

    

Fotografía: ©Diego Terna / Dibujos: ©Fondazione Aldo Rossi

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Marcelo Gardinetti
Marcelo Gardinetti

Arquitecto, editor y director de Tecnne desde 2011.
Investigador en teoría y crítica de la arquitectura moderna y contemporánea.
La Plata, Argentina.
ORCID: https://orcid.org/0000-0002-6679-7951

Artículos: 1217

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