La disolución social de Siqueiros

Por Marcelo Gardinetti

junio de 2012

TECNNE

“José David Alfaro Siqueiros fue un artista e intelectual integral: teórico y práctico, en lo político y lo artístico. Su postura ideológica lo llevó a considerar el arte y sus herramientas como instrumentos para las luchas sociales y los llamó “vehículos de la pintura dialéctica subversiva”. Para él, arte y política eran indisolubles.” Guillermina Guadarrama Peña (1)

En el mes de mayo de 1962, después de un dilatado proceso que duró más de 20 meses, un juez del fuero común de la ciudad de México condeno al genial pintor muralista David Alfaro Siqueiros a 8 años de prisión por supuestos delitos que jamás había cometido. Siqueiros, en ese entonces, presidia el “Comité de Presos Políticos y la Defensa de Libertades Democráticas”, y  se encontraba encarcelado por “disolución Social” desde el 9 de agosto de 1960 en la cárcel de Lecumberri.

Por César Chamma y Marcelo Gardinetti

En la República Argentina, la creciente indignación por este hecho motivó la realización de una exposición en homenaje al maestro y en reclamo a su inmediata liberación, denominada “David Alfaro Siqueiros, exposición Homenaje” realizada el 25 de julio de 1962 en el SAAP, Sindicato Argentino de Artistas Plásticos, encuentro al que llegaron manifestaciones de adhesión de todas partes del mundo.

Como parte de la exposición se realizó la conferencia “Homenaje por la libertad de Siqueiros”, donde el maestro Juan Carlos Castagnino fue el principal orador. El texto que transcribimos a continuación forma parte del programa de la muestra, que se encuentra en el Archivo Siqueiros, propiedad del Dr. César Chamma.

 

 

HE AQUÍ DAVID ALFARO SIQUEIROS

“Allí donde haya un hombre preso estaré yo”. (Walt Whitman)

CUANDO la ley no es justa tampoco es ley, sino herramienta caprichosa al servicio del mal, que sólo puede engendrar mayores males.

Pero el caso de David Alfaro Siqueiros condenado a ocho años luego de un procesamiento sin hipocresía aunque con alta dosis de cinismo, es la reedición en América latina de lo que téc­nicamente cayó hace diecisiete años, cuando Berlín fue conquistada.

La justicia no entiende de abstracciones. Encara actos concretos y condena injurias cometidas contra la sociedad. El pensamiento y la ideología —como la fe religiosa o el ateísmo, como el gusto estético o la libre investigación científica— escapan al dominio de la sanción legal. Son conquistas que mucho y caro pagó la Humanidad a través de centurias, y hoy no es compatible con la civilización encarcelar a un individuo por su manera de ver el hecho político. El episodio de México llega al extremo de aplicar así la ergástula a uno de los más grandes pintores contemporáneos, con lo cual también se alcanza el ridículo de amordazar su arte. Declamar por un lado la defensa de la comunidad mediante artilugios medievales y brindar por otro lado esta bajísima prueba de anti­humanismo, es algo que lastima la ciudadanía del mundo.

No pudiéndolo interpretar de otra suerte, los plásticos, jurisconsultos e intelectuales argentinos, con clara noción de responsabilidad social, afirman desde el Meridión de América su solidaridad hacia Siqueiros, reiterando que a esta altura de la historia deviene tarea imposible la de pretender disociar el hombre del artista creador. Es precisamente porque tiene la dimensión de un cabal hombre de esta época que Siqueiros emite su mensaje desde hace cincuenta años, y que eso mensaje corre sostenido por la raigambre humana donde aquél se nutre para reintegrarla al pueblo convertida en vigorosa expresión plástica.

 DAVID ALFARO SIQUEIROS nació hace sesenta y seis años en Chihuahua. El padre, don Cipriano Alfaro, conocedor de los tesoros artísticos monacales, orientó a sus hijos con documentadas explicaciones alusivas. Una copia de LA VIRGEN DE LA SILLA, de Rafael, fue el primer trabajo del adolescente, que en premio mereció la enseñanza de un maestro particular. Ingresó poco después al curso de Arqui­tectura de la Escuela Nacional Prepa­ratoria, y en clases nocturnas a la Academia de San Carlos, donde estudió el óleo, el desnudo, el paisaje y la Historia del Arte.

Para esa época —1910 — se alista con varios compañeros y sigue al maestro Atle las filas del Ejército Constitucionalista, y durante la tremenda guerra civil asciende de soldado raso a teniente y a miembro del estado mayor de una división. Se habían iniciado en México los movimientos hacia la pintura mural, y sin abandonar la campaña militar Siqueiros encara el pastel, el carbón y el retrato, mientras asiste al Centro Bohemio y toma parte en las fructíferas polémicas iniciadas por Guadalupe Zuño, de la Cueva y otros.

En carácter de agregado militar a la embajada mexicana, viaja a España en 1919, pero prontamente corta su carrera diplomática. Sigue a Francia de la posguerra y allá conoce a Diego Rivera, nueve años mayor que él y a la sazón figura prominente en los medios vanguardistas de Montparnasse.

Siqueiros ha dejado atrás la burocracia pero no su militancia progresista: Ayuda a Rivera como trashumante mensajero de la Revolución Mexicana y Rivera le amplia con sus consejos la nueva perspectiva del arte pictórica. Tiene Siqueiros veinticuatro años cuando visita Bélgica e Italia, admirando a los clásicos y penetrando en el estudio del cubismo, del futurismo y de la dimensión teórica de los italianos —revalorización del plano, síntesis del tempo-espacio, empleo de las leyes de la perspectiva esférica, etc. Poco más tarde, en Barcelona, publica sus TRES LLAMAMIENTOS DE ORIENTACION ACTUAL A LOS PINTORES Y ESCULTORES DE LA NUEVA GENERACION AMERICANA, y edita la revista VIDA AMERICANA.

El primer llamamiento, INFLUENCIAS PERJUDICIALES Y NUEVAS TENDENCIAS, exige un reordenamiento mental de los artistas. El segundo, PREPONDERANCIA DEL ESPIRITU CONSTRUCTIVO SOBRE EL ESPIRITU DECORATIVO, así como el tercero, ABANDONEMOS LOS MOTIVOS LITERARIOS: HAGAMOS PLASTICA PURA, anticipan el contenido renovador de su obra toda y refirman su postura realista y crítica. De regreso a su tierra, en 1922, trabaja en sus primeros murales. Bajo el aliciente de Vasconcelos pero con el sarampión de la alegoría y del neoclasicismo, los muralistas inician su cruzada y bien pronto desembocan en la línea popular y nacionalista de sustancia cívica y revolucionaria.

Para entonces se funda el Sindicato Revolucionario de Obreros Técnicos y Pintores, y en él se nuclean los mayores artistas del país, con Siqueiros en el cargo de secretario y editor del periódico EL MACHETE. De ese momento —1923-1925— son sus óleos LLAMADO A LA LIBERTAD y ENTIERRO DE UN OBRERO, definitorios de su nueva concepción expresiva. Después toma parte en las experiencias del cineasta soviético Eisenstein, con quien cultiva una honda amistad junto al poeta norteamericano Hart Crane.

Los postulados contra el arte comercial del “Mexican Curious” estimulan su labor durante este fecundo período: en menos de un año entrega más de cien cuadros, realiza litografías y —recluido en la cárcel de Taxco— grabados (ZAPATA, DESNUDO, etc.). Ana Brenner, prestigiosa escritora, se convierte en su gran crítica y prologa la primera gran exposición de 1932, donde figuran piezas como TREN DE TROPAS, MADRE PROLETARIA, MADRE CAMPESINA, EL GRITO, ACCIDENTE EN LA MINA, etc., algunas de éstas exhibidas en Amigos del Arte, de Buenos Aires, con motivo de su muestra de 1933. En el acto clausural de aquella exposición, Siqueiros ataca al “Mexican Curious” como expresión cultural degradada que desem­boca en el pintoresquismo sin trascendencia. Su postura combativa molesta a los de arriba; se le persigue nuevamente y es obligado a alejarse de México.

Emigra a Estados Unidos y en Los Angeles trabaja con los arquitectos Neutra y Spolding en pintura cementada, empleando por primera vez el aerógrafo. Pinta el mural MITIN OBRERO y crea un elenco experimental llamado MURAL BLOCK PAINTERS. El éxito es extraordinario y la fama se transforma en celebridad pa­ra este hombre de treinta y cinco años, que en el Plaza Art Center ejecuta otro mural, de 30 por 9 metros, con el tema AMERICA TROPICAL. Vuelve fugazmente a su país, pero como acaba de pintar en Santa Mónica RETRATO ACTUAL DE MEXICO, el caciquismo reaccionario lo exila nuevamente y se instala en Montevideo, donde trabaja con materiales al duco y a la piroxilina.

Por sugestión de Falcini, la señora Sansinena de Elizalde lo invita a la tribuna de Amigos del Arte y presenta a la vez cuadros, litografías reproducciones de sus murales. Dirigiendo un equipo integrado por Spilimbergo, Berni, Lázaro y Castagnino y el cineasta Klimovsky, en 1933 entrega el mural EJERCICIO PLASTICO, sobre revoque de cemento y utilizando proyector eléctrico en el trazado y aeró­grafo en la aplicación del color, y silicatos para el terminado; Siqueiros no pretendía calcar la vida en el muro sino romper el estatismo arquitectural, confiriendo a la imagen una inestabilidad virtual sobre una superficie ópticamente activa para un espectador móvil y dinámico. Vuelto a Nueva York —1934-1936—, expone en los “Studios” dirigidos por Reed, enuncia públicamente sus discrepancias estáticas con Rivera y funda el SIQUEIROS EXPERIMENTAL WORKSHOP, en el que abunda el empleo de la piroxilina e investiga la química de los materiales. En 1937 sienta plaza en el Ejército Republicano Español.

Después de la guerra va a Francia, invitado por la Casa de la Cultura, y de inmediato retorna a Nueva York, donde triunfa con su exposición en la Galería Matisse, y ejecuta un gran mural en el Sindicato de los Electricistas. Ha tenido en tanto “unos minutos” para visitar Chile, y en la Escuela México, de Chillán, decora la biblioteca con MUERTE AL INVASOR. En La Habana —1943— realiza ALEGORIA DE LA IGUALDAD Y DE LA CONFRATERNIDAD DE LAS RAZAS BLANCA Y NEGRA. El infatigable trabajador viajero, que ya tiene cincuenta años, pinta en México, en el Palacio de las Bellas Artes, los murales NUEVA DEMOCRACIA, EL CENTAURO DE LA CONQUISTA y CUAUHTEMOC CONTRA EL MITO.

En 1945 contribuye a fundar el Instituto de Ensayo de Materiales y publica NO HAY MAS RUTA QUE LA NUESTRA. Su figura es ya rectora: artista, polemista, pedagogo y escritor se aúnan en ella. En la Bienal de Venecia, 1950, obtiene el segundo premio. Dos años más tarde ejecuta los murales de la Ciudad Universitaria y del Teatro de la Asunción, ambos trabajos inconclusos en la actualidad. EL HOMBRE AMO Y NO ESCLAVO DE LA TECNICA, en el Instituto Politécnico y POR UNA SEGURIDAD COMPLETA PARA TODOS LOS MEXICANOS, en el Hospital del Seguro Social, corresponden a 1952-1954. La celebridad también queda rezagada; como Goethe e Ibsen en vida, David Alfaro Siqueiros conquista la gloria.

El 9 de agosto de 1960 se le encarcela, mientras deja sin concluir el mural del Museo Nacional de Historia. Todavía en julio de 1962, en este mes de la libertad para tantos americanos, sigue en la prisión. Ha creado más de quinientas obras. Ha hecho conocer más a México que muchos diplomáticos y ha voceado el nombre y a los hombres de México por todo el mundo.

Es urgente liberar al muchacho de sesenta y seis años de aquellos barrotes tan torpes como indignos.

Carlos Luis Daudet

 

Referencias: (1) Guillermina Guadarrama Peña, La Ruta de Siqueiros, Etapas de su Obra Mural, pag. 189 México, 2010.

 

Imágenes: ©Colección César Chamma

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Publicado en TECNNE

Junio de 2012.

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Escrito en: Archivo Siqueiros
Autor: Marcelo Gardinetti
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