Convergencia Siqueiros Portinari

Por Marcelo Gardinetti

julio de 2012

Prácticamente nada se ha escrito e investigado sobre el paso de David Alfaro Siqueiros en Brasil. El profesor Domingo Tellechea ha realizado este trabajo de investigación que certifica el paso del mexicano en tierras Cariocas, y el encuentro de dos de los más grandes artistas Latinoamericanos del siglo XX.

Por Domingo Tellechea

                Las fuentes que revelan el paso del muralista mejicano David Alfaro Siqueiros por Rio de Janeiro y el primer encuentro con sus correligionarios comunistas de Brasil son constatadas en el transcurrir de su viaje naviero,  de regreso a su tierra después de sus trabajos y posterior detención en Buenos aires. En la época, así como en la actualidad los buques mercantes que hacían la ruta de Argentina a Estados Unidos y viceversa, calaban en el puerto carioca donde a veces llegaban a permanecer  semanas.

                En la época, a sabiendas de que el navío en que el muralista mejicano  permanecería en el puerto de Rio llevando en su equipaje sus enseres de trabajo y una cartera con cartones de dibujo y fotos, se había programado oficialmente una visita al cantero de obras edilicias y particularmente muralísticas, que se venían realizando para la construcción y decoración del Palacio que albergaría al Ministerio de Educación Nacional de Brasil.  La obra había sido encargada por el presidente de la Republica Getulio Vargas, quien Había comisionado para la planificación al Ministro de Educación Gustavo Capanema.

               A la postre, los trabajos fueron  llevados a cabo por los arquitectos Oscar Niemeyer y Lucio Costa (que más adelante  serían los idealizadores de la Capital Federal de Brasil) con el asesoramiento de Le Corbusier, que visito el país durante un mes a solicitud de estos. En cuanto al realce decorativo del moderno edificio se encontraba  a cargo del  pintor-muralista Cándido Portinari que era el artista brasileño de mayor predicamento en Brasil y muy reconocido en Europa. En principio eran dieciséis metros de pintura monumental. Algunos murales evidenciaban una fuerte “influencia picassiana”, menos colorista, mientras otros exhibían una marcada tendencia americanista de contenido social que recuerda el inveterado muralismo mexicano, mas colorido. Debe recordarse que Portinari era un estudioso del Arte mejicano y en 1944 había decidido adoptar una posición estética semejante a la de Tamayo (el genio indio de Oxaca.)  En realidad Portinari se situaba en una posición opuesta a la de los grandes pintores posteriores y en especial a Siqueiros, Orozco y Rivera. Estos pensaban que el arte autóctono de los latinoamericanos estaba suficientemente desenvuelto para conferir un lenguaje universal y, principalmente, popular.

Sin embargo, lo que más anhelaba Siqueiros obedecía a un  triple interés: desarrollar su notable capacidad creativa, dar libertad a su fanatismo por la pintura y cultivar una posición socio-política de extrema izquierda capaz de redimir a los olvidados.

La revolución de los años 30 que había terminado con la Vieja República e, instalado el Gobierno Provisorio de Vargas llevo a Portinari, (nacido en la  humilde Bródosqui) que se encontraba en Paris, a manifestar: “En Brasil debemos acabar con el orgullo de hacer un arte para media docena. El artista debe educar al pueblo, mostrándose accesible a ese público que,  por la ignorancia tiene miedo del arte, debido a la  ausencia de una información adecuada que debe comenzar en los cursos primarios. Nuestros artistas tienen que dejar sus  torres de marfil, deben ejercer una fuerte acción  social, interesando por la educación del pueblo  brasileño. Todos los hombres de espirito viven en Brasil aislados sin sentimiento de colectividad, por eso son ellos los que tienen menos fuerza”.

Es evidente que la idiosincrasia de Siqueiros coincidía plenamente  con la de Portinari.

En los días que Siqueiros permaneció en Rio de Janeiro, enfrentó una serie de reuniones informales con la pléyade de intelectuales que adherían a su ideología marcadamente izquierdista. Entre ellos  estaban los literatos Apolonio Carvalho, Graciliano Ramos, intendente de Palmeiras dos Indios (preso acusado de ser parte de movimientos izquierdistas); Gilberto Freire sociólogo y escritor que se encontraba concluyendo su célebre obra Casagrande e senzala, publicación que poco después le costara su libertad; Mario de Andrade musicólogo y ensayista; Oswal de Sousa Andrade el periodista involucrado en los recientes  movimientos de la Semana  de  Arte Moderna  de 1922 en São Paulo que apodó a Portinari  de coronel Candinho  y otros.

Según lo informa Marilia Balbi en su libro Portinari O pintor del Brasil, hubo quien sugiriese que “al retratar a los trabajadores con pies y manos agigantados, Portinari acababa por ‘transmitir’ imágenes comprometedoras”.

Sin embargo mayor repercusión tuvo una extensa palestra llevada a cabo en la Associação Brasileira de Imprensa  (ABI) donde Siqueiros había sido invitado por “el comandante” como le llamaban al pintor Emiliano Di Cavalcanti. Fue él, junto con proprio Portinari  quien se ocupó de organizar el acto de recepción de Siqueiros  en Rio de Janeiro y también de difundir una “conferencia magistral que dictaría el célebre muralista mexicano y sería publicada por la revista Rumo.

La disertación fue considerada de “relevante importancia”. Siqueiros se refirió a las pinturas y métodos que, “hasta entonces eran obsoletos debiendo emplearse  nuevos instrumentos que permitieran facilitar operaciones en grandes espacios usando colores especiales con el uso de aerógrafos y sopletes de aire”.

Según lo comentó el italiano Henrico Bianco que años después se convirtió en un acérrimo  alumno de Portinari, durante la palestra se generaron momentos de gran esparcimiento como corresponde  a un encuentro  con el virtuosismo de los mejicanos.

Cuenta Bianco que, Portinari, que en esas ocasiones siempre se mostraba jocoso le lanzó al mejicano  una pregunta “capciosa” que se propago por el ambiente:   Siqueiros, tú que defiendes tanto esa renovación de materiales en la pintura, yo te pregunto: tú prefieres la poesía escrita a mano o a máquina?

Los encuentros posteriores se realizaron en un ambiente de camaradería que reunió un numeroso grupo de camaradas intelectuales muchos de los cuales, entre ellos Di Cavalcanti, habían adherido al PC a partir de los movimientos  político-sociales que antecedieron a la Revolución del 30. Es muy  probable que a partir de estos encuentros, que no fueron casuales, hayan surgido nuevos horizontes en la creatividad de estos genios.

Domingo Isaac Tellechea

INDICE FOTOGRAFICO

 Fotos 1 y 2 – Frescos de Portinari cuyos cartones-patrón se encontraban en el cantero de obras del Palacio Capanema en ocasión de la visita de Siqueiros al lugar. Son las obras: “Aula de Canto” y “Coro” que se encuentran en el Salón de Conferencias Gilberto Freire. Las obras fueron restauradas por el Instituto Domingo Tellechea en 1999.

Foto 3 – La Pescadora de David Alfaro Siqueiros 1933. Pintura nitro celulósica sobre Mazonite de 166,5 X 122cm. Obra pintada en Buenos Aires en 1933. Propiedad del Dr. Cesar Chamma.

Fotos 4 y 5 – Descubrimiento del oro  de Cándido Portinari de 1942.

Mural a la témpera sobre panel de 495 X 463 cm- Biblioteca del Congreso de Washington DC    Sector Hispánico    Estados  Unidos.

Foto 6 – Labrador de café oleo sobre lienzo de 100 X 81 cm. Museo de Arte de São Paulo  Assis Chateaubriand  SP.

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Publicado en TECNNE

julio de 2012.

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Escrito en: Archivo Siqueiros
Autor: Marcelo Gardinetti
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