Arquitectura en todo, urbanismo en todo

Le Corbusier en Buenos Aires, tercera conferencia

Por Marcelo Gardinetti

Fotografía: FLC/ADAPG

marzo de 2016

Hay entre el auditorio gran cantidad de estudiantes de arquitectura. Por lo tanto pesaré exactamente mis palabras y seleccionaré elementos de discusión que sean como piedras angulares de la percepción arquitectónica. Días pasados hemos seguido el crecimiento del organismo portante. Hoy seguiremos el plástico; y próximamente el biológico.

Lo que voy a decir impresionará para siempre e intensamente a los jóvenes que están flotando entre las dudas propias de su edad. Algunos conceptos oídos a los veinte años han dejado en mí una impresión indeleble.

¿Habré venido a esta facultad para perturbar profundamente a algunos jóvenes?

Precisemos el tema de esta conferencia. He prometido, después de las ideas generales de la primera, que en adelante sería a toda costa objetivo. La razón de esta objetividad, no es exclusivamente mecánica, práctica o utilitaria. Tengo la arquitectura en mi corazón, allí en lo más denso de mi sensibilidad. Al fin de cuentas no creo sino en la belleza, que es la única fuente de alegría, verdadera fuente de goce.

Tercera conferencia TECNNE

El arte, producto de la ecuación “razón-pasión”, es para mí donde reside la felicidad humana.

Pero ¿qué es el arte? Por el momento sólo les puedo asegurar que el artificio, está constantemente en torno nuestro. Que él nos aprisiona. Por mi parte no puedo tolerarlo: esconde la bestia, la pereza y el espíritu de lucro.

La arquitectura es un acto de voluntad consciente.

Arquitectura es “poner en orden”.

¿Poner en orden qué?: funciones y objetos. Ocupar el espacio con edificios y caminos. Crear receptáculos para abrigar al hombre y crear comunicaciones útiles para encontrarse. Actuar sobre nuestro espíritu por la habilidad de las soluciones, sobre nuestros sentidos por las formas propuestas a nuestros ojos y las distancias impuestas a nuestra marcha. Emocionar por el juego, de percepciones a las cuales somos sensibles y a las que no podemos sustraernos. Espacios, distancias y formas; espacios interiores y formas interiores; andar por los interiores; formas y espacios exteriores; cantidades, pesos, distancias, atmósferas; es con esto que actuamos. Tales son los hechos en causa.

Involucro solidariamente, desde luego, en una sola noción, arquitectura y urbanismo. Arquitectura en todo, urbanismo en todo.

Este acto de voluntad aparece en la creación de todas las ciudades. Sobre todo en América, donde la decisión fue venir y llegando, de actuar, se crearon las ciudades geométricamente; porque la geometría es lo propio del hombre.

Mostraré a ustedes como surgió la sensación arquitectónica: por reacción –de afinidad– a las cosas geométricas.

Dibujo un prisma alargado. Luego éste otro cúbico. Afirmo que ahí está lo definitivo, lo fundamental de la sensación arquitectónica. El choque se ha producido.

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Erigiendo ese prisma con sus proporciones en el espacio, hemos dicho, “he ahí como yo soy”. Lo sentiréis más netamente si el prisma cúbico se adelgaza y se eleva, y si el prisma alargado se achata y se aplasta.

Os enfrentaréis así a caracteres, habréis creado caracteres. Y cualquier cosa que agreguemos a la obra sea en firmeza o robustez, en complicaciones o claridad todo está ahí determinado de antemano; no podremos ya modificar la sensación primaria.

Admitamos que vale la pena compenetrarse de una verdad tan trascendental. Y antes de que nuestro lápiz dibuje… no importa lo que podamos amar los estilos de todas las épocas, repitamos: “He determinado mi obra”.

Verifiquemos, meditemos, apreciemos, y precisemos antes de ir más lejos. […] Pero, ¿Cómo se reciben las sensaciones arquitectónicas? Se reciben por el efecto de las relaciones que percibimos. ¿Y cómo se establecen tales relaciones?: ¡Se establecen por las cosas, por las superficies que vemos!

Y vemos esas cosas y superficies porque están iluminadas. Y más aún, la luz solar actúa sobre el ser humano con una eficacia que tiene sus raíces en el fondo mismo de la especie humana.

Luz sobre las formas, intensidad luminosa específica, volúmenes sucesivos actúan sobre nuestro ser sensible, provocando sensaciones físicas, fisiológicas que sabios han registrado, clasificado y especificado.

Esta horizontal o esta vertical, esta línea dentada, de dientes brutalmente quebrados o esta línea suavemente ondulada, esta forma cerrada y centrada del círculo y del cuadrado, he aquí que actúan profundamente y califican nuestras creaciones y determinan nuestras sensaciones.

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Ritmo, diversidad o monotonía, coherencia o incoherencia, sorpresa arrebatadora o deprimente, alegría de la luz o frío de la oscuridad, quietud de la habitación iluminada o angustia de la habitación llena de rincones sombríos, entusiasmo o depresión, he ahí el resultado de las cosas que he dibujado y que afectan nuestra sensibilidad por una serie de impresiones a la que nadie puede sustraerse.

Quisiera haceros apreciar la elocuencia todopoderosa de la línea, a fin de que en adelante vuestro espíritu se sienta desembarazado de los pequeños hechos decorativos y, sobre todo a fin de que en la composición de vuestra futura arquitectura, establezcáis la verdadera cronología, la jerarquía que hace prevalecer lo esencial.

Y que lleguéis a establecer que ese esencial arquitectónico, reside en la calidad de vuestra elección, en la fuerza de vuestro espíritu y ni por un momento en los materiales ricos, mármoles o maderas raras; ni el ornato, cuyo rol no aparece sino en última instancia, cuando ya todo ha sido dicho; es decir, que el ornato sirve para poco. […] ¡Extensión, altura…!

Y de aquí, he partido a la búsqueda de verdades arquitectónicas más vastas. Percibo que la obra que levantamos, no está sola ni aislada, la atmósfera que la envuelve ha levantado otras paredes, otros pisos, otros techos, que la armonía que me detuviera súbitamente frente a la roca de Bretaña, existe, puede existir, en todas partes y siempre. La obra no está hecha de ella misma; el exterior existe.

El exterior me envuelve en su todo, que es como una cámara. La armonía tiene sus fuentes a lo lejos en todas partes, en todo. ¡Qué distantes estamos de los “estilos” y del dibujo precioso sobre el papel! Volvamos a aquel primer prisma rectangular. Ese prisma es una casa. Estamos en el llano, en el llano raso, Apreciad como el sitio compone juntamente conmigo. Estamos ahora, en la costa boscosa de la Touraine. La misma casa es otra.

Hela aquí, vigilando los perfiles salvajes de los Alpes.

¡De qué manera nuestros corazones sensibles han percibido tesoros distintos en cada oportunidad!

He aquí estas realidades inmanentes dirigiendo la atmósfera arquitectónica; siempre presente para aquellos que saben ver y quieren extraer su fecundo beneficio. La misma casa –prisma rectangular– la tenemos ahí en el cruce de dos calles, sufriendo la presión de las construcciones circundantes.

Hela aquí al final de una avenida de álamos, con un donaire de solemnidad. Ahora, al final de una calle desnuda sostenida de derecha a izquierda por cercos vivos. Y finalmente, la vemos aquí aparecer a boca de jarro, inesperadamente, al término de una calle. Un hombre pasa frente a ella; sus gestos se recortan claramente, como los de un actor en escena, íntimamente ligados a la “escala humana” que rige su fachada.

Le Corbusier, tercera conferencia en Buenos Aires, Facultad de Ciencias Exactas, 8 de octubre de 2919

Fotografías: ©FLC/ADAPG

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Escrito en: Biblioteca
Autor: Marcelo Gardinetti
Fotografía: FLC/ADAPG
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